Y FORMAS POLÍTICAS
1. Una cuestión de historiografía
1.2. El problema de la pluralidad
El problema que plantea esta aproximación es que las formas con- cretas adoptadas por la vida social y política de las póleis griegas es extra- ordinariamente diversa y la forma en que esas formas de acción social y política se reflejan en una forma de pensamiento concreto pueden ser también muy diversas. En este sentido, aun situándonos como historia- dores en una perspectiva, marxista o durkheimniana, tendente a encon- trar un referente social de las formas del pensamiento, la perspectiva de Vernant parece limitada. Una reciente crítica filosófica de Vernant nos sirve de apoyo para nuestra propuesta ubicada en el ámbito histórico. Afirma André Laks:
Más allá de las objeciones que se pueden plantear a cada una de las dos justificaciones de la primacía de lo político y de las correcciones o matices que convendría en caso de necesidad aportar, el principal problema que presentan es que no cohabitan fácilmente. La concepción procedimental, o formal, de la relación entre «ciudad» y «racionalidad» exige en efecto la superación de una
perspectiva que pretende identificar —en virtud del principio de analogía transversal— las huellas dejadas por las representaciones políticas en el seno de los sistemas filosóficos. Esta concepción es perfectamente compatible con la idea de que la razón griega haya podido ser teórica, e incluso experimental, en caso de que debiera serlo. Podemos sostener sin duda que es en la medida en que Vernant estaba guiado por una problemática de la alteridad «política» de la razón griega que fue llevado a subestimar el efecto principal de la solidari- dad entre descubrimiento del espacio político y emergencia de la racionalidad sobre la cual él mismo había llamado la atención.
En efecto, basta con considerar las implicaciones de la perspectiva pro- cedimental (o agonística), y en particular las formas de radicalización intelec- tual que hace posible, para percibir que ni la categoría de lo positivo (natura- lización o secularización) ni la de la publicidad permiten dar cuenta del desa- rrollo específico del pensamiento «filosófico». Ahora bien, de lo que se trata es precisamente de dar cuenta de esa especificidad, necesariamente vinculada con contenidos determinados, aunque no fuese más que por no sacrificar las «ela- boraciones específicas» a la generalidad de una fórmula que solo pone fin al milagro griego al precio de una determinación todavía mayor (A. Laks 2006, pp. 98-99).
Seguidamente Laks (2006, pp. 99-105) compara el proceso intelec- tual de Vernant (la explicación del surgimiento de la racionalidad a par- tir del mito en un contexto socio-político determinado), con el de Max Weber (la explicación del surgimiento de la racionalidad económica moderna a partir de un contexto religioso en un momento socio-político preciso). Para terminar André Laks (2006, pp. 105-106) enfatiza la importancia de las Ideas y de las «imágenes del mundo» en el proceso de racionalización. Estas ideas permiten comprender los inicios de la filoso- fía griega y por qué la diferenciación intelectual que supone está marca- da por un muy alto grado de heterogeneidad. La idea de Vernant de la primacía de una razón política no permite dar cuenta de esto, pues en los textos de los filósofos presocráticos leemos una diversidad de imágenes del mundo que trascienden las categorías de la ciudad en multitud de aspectos.
En un capítulo anterior A. Laks había abordado la diferenciación como elemento axial de las propuestas de los primeros filósofos; en el pasa- je recién citado la retoma referida a la obra de Vernant. Laks se inspira en Herbert Spencer, uno de los pioneros de la sociología, quien destacaba la virtualidad del concepto de «diferenciación» aplicado a las más diferentes manifestaciones del espíritu humano (artes plásticas, creaciones literarias, vida religiosa, etcétera). Spencer presentaba la relación entre evolución y
diferenciación como sigue: «se puede definir la evolución como un cam- bio de una homogeneidad incoherente a una heterogeneidad coherente, que acompaña la disipación del movimiento y la integración de la mate- ria».4 Laks aplica esta conceptualización a la diferenciación entre mito y
razón, indicando que en el marco de esa diferenciación se diseña un nuevo campo de fuerzas que abre nuevas posibilidades, induciendo una redistri- bución de las posiciones discursivas (A. Laks 2006, p. 59): esto es lo que son los distintos sistemas presocráticos y sus relaciones, como conjunto, con el conjunto de las formas de racionalidad religiosa propia de la polis (según expresiones de Vernant).
En este contexto, más que la tradicional diferencia entre mito y lógos (A. Laks 2006, pp. 60-63), es pertinente la diferenciación entre actitudes o expresiones de conocimiento, pues hacen su aparición filósofos «puros» como Heráclito, sabios como Hecateo de Mileto, matemáticos como Hipó- crates de Quíos o Teodoro de Cirene, astrónomos como Enópides de Quíos, Metón y Euctemón de Atenas, médicos… Aunque, como afirma Geoffrey Lloyd, las fronteras disciplinares antes de Platón son fluidas, cues- tionándose la autonomía de la filosofía como saber específico, debido, tam- bién a la indeterminación intrínseca del objeto de la filosofía pues, a dife- rencia de la medicina o la astronomía, la filosofía tiene una prehistoria, pero más difusa, menos evidente (A. Laks 2006, pp. 63-67).
Este autor presenta de forma cómoda esos antecedentes concluyendo que hasta el último tercio del siglo Vno se constituye la filosofía como una
actividad claramente identificable en el conjunto de la sociedad griega. Lo cual no quiere decir que el objeto de la actividad filosófica se hubiese cir- cunscrito de forma precisa. Al contrario, para la Antigua Medicina la filo- sofía es el estudio de la naturaleza, para Gorgias la justa dialéctica y para Pródico (según el Eutidemo de Platón) la actividad teórica, mientras que para Sócrates era el instrumento para la felicidad del hombre (A. Laks 2006, p. 75).
Ahora bien, esta diversidad de pensamientos se produce en una no menos diversa serie de póleis. Pero de la misma forma que no existe «una»
4 H. Spencer, First Principles, 1862, párrafo 127. Ideas semejantes a las de Laks pue- den leerse en S. C. Humphreys (1975) y L. Brisson (1990).
filosofía presocrática, tampoco existe «una» pólis. Lo que ocurre es que aparecen propuestas de racionalidad dispersas de la misma manera que tie- nen existencia histórica una multiplicidad de ciudades con particularida- des sociales e institucionales. Se trata, pues, de sendas muestras de «hete- rogeneidades coherentes» que se mueven en dos órdenes diferentes, uno de formalización de «imágenes del mundo» más o menos poderosas, otro de exploración de las formas más idóneas de relación social en el seno de cada polis concreta. Por ello la cuestión ahora es observar cómo se relacionan en el proceso histórico concreto estos generadores de diferenciación (el pensamiento y la praxis institucional) que, en principio, se presentan autó- nomos ante nuestra mirada.