El cerebro intenta desesperadamente desviar nuestra atención de la ira que se halla en el inconsciente Esta es una reacción automática de la mente que
R: Continúas con dolor porque el cerebro no ha abandonado su estrategia El
dolor se mantendrá mientras no hayas establecido una conexión entre los acontecimientos físicos y los psicológicos. Tu psicoterapeuta,
independientemente de su especialización, no ha sido educado para realizar diagnósticos físicos y, por lo tanto, no puede ayudarte a efectuar esa conexión crucial. Puedes acudir a tus sesiones de psicoterapia, pero si sigues tomando antiinflamatorios, si continúas con tu tratamiento para corregir las anormalidades estructurales y si no reconoces que tu dolor es causado por una inofensiva alteración circulatoria inducida por el cerebro, el dolor va a continuar. En resumen, el cerebro no va a abandonar su estrategia de distracción a menos que se vea obligado a hacerlo.
P: Sé que estoy enfadado. Puedo sentirlo. De hecho, a menudo lo demuestro.
¿Por qué sigo teniendo dolor?
R: Porque la rabia que conoces y que expresas no es la que está causándote el dolor. El SMT es una respuesta; a la rabia-ira generada en el inconsciente (en cuyo caso no eres consciente de ella), o a la rabia consciente que ha sido reprimida. El SMT no es una respuesta a la rabia consciente que es
sentida o expresada.
Esta es una distinción sutil pero importante. De hecho está en el corazón del enfoque divergente respecto a las investigaciones mente-cuerpo. Los psicólogos interesados en trastornos como la fibromialgia y el dolor crónico se centran en las emociones percibidas como la ansiedad, la depresión y la hostilidad. La teoría del SMT considera que estos trastornos —y trastornos físicos como el SMT— son la manifestación externa de un proceso más fundamental que tiene lugar en el inconsciente.
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Ten en cuenta que reprimimos la rabia que daña nuestra imagen de nosotros mismos. Por ejemplo, si tengo una gran necesidad de buscar la aprobación de los demás y alguien hace algo que me enfurece, voy a reprimir automáticamente esa rabia porque destruye la imagen de «buena persona» que tengo de mí mismo. La represión es una consistente reacción inconsciente que nunca falla. Nos enfadamos por dentro y no lo exteriorizamos.
Finalmente, la rabia de la que eres consciente puede ser lo que se conoce como rabia desplazada. Es decir, te enfadas con algo relativamente poco importante, como un embotellamiento de tráfico o el mal servicio en un restaurante, en lugar de enfadarte con tu pareja o tus padres, porque tu psique simplemente no permite esta última opción. Esto es muy común entre mis pacientes.
P: Todo el mundo sabe que soy una persona tranquila y controlada, que sé llevar
muy bien las cosas y que nunca estoy preocupado. ¿Por qué diablos tengo dolor de espalda?
R: Porque todos los rasgos de tu personalidad que hacen de ti alguien tranquilo están estimulando interiormente una gran cantidad de ira. El niño que hay en ti dice: «Me estás presionando demasiado y eso me enfurece. Quiero que me dejen tranquilo, que cuiden de mí, y tú me estás obligando a cuidar de otros. Yo sólo me preocupo por mí mismo».
P: No hay nadie mejor que yo para superar las dificultades. ¿Cómo es posible que
me duela la espalda?
R: Porque la gente como tú se presiona mucho, y eso es algo que no le gusta nada al yo.
P: Creo saber de dónde proviene mi ira interior; de hecho, estoy seguro de que
tiene que ver con el hecho de que mi madre siempre me estaba denigrando cuando era niño. ¿Por qué entonces no desaparece el dolor?
R: Las preguntas como ésta son muy comunes. Existen tres razones posibles para la persistencia de los síntomas. Una de ellas es que los pacientes no
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saben lo enfadados que están interiormente. Ser consciente de esto puede resultar de gran ayuda, ya que los pacientes experimentan una reducción del dolor cuando se dan cuenta de que hierven de rabia por dentro. Además de reconocer su rabia, algunas personas necesitan sentirla directamente. Luego, si su sintomatología no mejora, podrían pensar en seguir un tratamiento de psicoterapia. Algunas veces, aquello que está estimulando la ira no es lo que el paciente piensa. En estos casos, la psicoterapia puede ser también la mejor opción.
P: ¿Cómo puedo detectar la diferencia entre un dolor muscular ordinario y el
SMT?
R: El dolor muscular que viene después de una actividad física inhabitual suele desaparecer en uno o dos días. El SMT continúa durante días, semanas o meses.
Sustitución de la localización del dolor
Ocasionalmente, los pacientes con SMT desarrollarán dolor en nuevas localizaciones. En las conferencias describo las múltiples variaciones del síndrome y cómo éste afecta a distintos músculos, nervios y tendones, de modo que los pacientes reconozcan un nuevo dolor cuando se presente como una manifestación alternativa del SMT. Pese a mis advertencias de que esto puede ocurrir, y mi consejo de llamarme cuando lo haga, la tendencia a atribuir el nuevo dolor a alguna otra cosa parece ser irresistible.
Una antigua paciente mía pasó un año con un dolor en el pie derecho que le causó muchísimos problemas. Por ejemplo, tenía que conducir usando el pie izquierdo para frenar y acelerar. Cuando finalmente se le ocurrió que podía ser SMT, vino a verme. Una vez quedó establecido el diagnóstico, regresó a casa usando el pie derecho para conducir.
Otra paciente me llamó por teléfono. Su dolor de espalda había desaparecido hacía un par de años y hoy en día salía a correr regularmente. Tres semanas antes de su llamada, le había comenzado a doler el lado derecho de la cadera después de haber salido a correr. Fue a un médico que le diagnosticó bursitis del trocánter. El tratamiento: una inyección local de esteroides y antiinflamatorios por
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vía oral. Como el dolor continuaba, comenzó a pensar en el SMT y llamó a mi consultorio. Le dije que ésa era una localización común del SMT y que con toda certeza se trataba de un sustituto del dolor de espalda. Colgó el teléfono y — según me contó en una carta— «me enfurecí tanto con mi cerebro por haber jugado sucio conmigo que le di un buen grito, y el dolor desapareció».
A menudo la gente se somete a una cirugía a causa de una manifestación sustituía del SMT. Recibí otra llamada de teléfono de una mujer a la que había tratado con éxito hacía tres años. Unos tres meses antes había comenzado a tener dolor en el hombro. Acudió a varios especialistas, se hizo una resonancia magnética que mostró un desgarro del manguito rotador del hombro y se sometió a una cirugía para «reparar el desgarro». .
El dolor desapareció, pero cuando, unas semanas después, desarrolló exactamente el mismo en el otro hombro, comenzó a desconfiar y decidió llamarme. Le dije que el hombro era una localización común para la tendinitis del SMT y le recomendé que viniese a verme. Unos días después, en mi consulta, me dijo que el dolor había desaparecido al día siguiente de nuestra conversación telefónica.
La rápida desaparición del dolor experimentada por estos pacientes al saber que sus síntomas eran una manifestación del SMT se produjo porque ellos ya estaban familiarizados con el síndrome. Habían pasado por el período de asimilación progresiva de los conceptos y no necesitaban repetir ese proceso. Apenas reconocieron que el dolor era parte del SMT, aquél perdió su capacidad de distracción y desapareció rápidamente.
A propósito, la desaparición casi instantánea del dolor en estos casos tiene algo que decirnos sobre la patofisiología del SMT. El dolor no podría ser el resultado de un proceso inflamatorio ni de una anormalidad estructural que produjese síntomas por compresión, ya que ninguno de estos trastornos podría desaparecer en cuestión de minutos o de horas. Pero es totalmente compatible con un proceso en que el dolor es debido a una leve privación de oxígeno, ya que el sistema autónomo puede cambiar la tasa de flujo sanguíneo en cuestión de segundos si así lo quiere. í
La sustitución también puede tener lugar con los síntomas psicológicos. Una joven que está actualmente bajo tratamiento me dijo que no tenía dolor hacía días pero que durante ese tiempo había sido emocionalmente un «caso perdido». Quería comenzar un tratamiento de psicoterapia para poder lidiar con la conmoción emocional mientras la «herida está abierta». Me sentí gratificado al ver que había aprendido tan bien los conceptos del SMT. Sin duda, el dolor y los estados emocionales son creaciones del cerebro para desviar la atención, y éstos pueden tomar el lugar de aquél.
Sigo advirtiendo a los pacientes sobre la posibilidad de una sustitución de la localización del dolor, pero cuando han pasado dos o tres años, suelen olvidarse
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—y experimentan unas molestias innecesarias.
Reincidencia
¿Puede volver el dolor? Sí, pero es muy poco frecuente. Los controles de seguimiento así lo indican. El índice de curaciones «permanentes» está entre el 90 y el 95%.
Este alto índice de «curación» se halla muy influenciado por el hecho de que durante mucho tiempo mis pacientes han tenido que pasar por una preselección antes ser admitidos en mi programa. No tendría sentido tratar a personas que, sea por el motivo que sea, no son capaces de aceptar la idea de que un trastorno físico pueda ser psicológicamente inducido. El reconocimiento y la aceptación de esa idea es esencial para la recuperación.
Cuando se produce una reincidencia (rara vez grave), puedo realizar o no un examen, dependiendo de las circunstancias. El paciente ha de regresar a las conferencias y a las sesiones de grupo durante las que se discutirá y se descubrirá la razón de la vuelta del dolor. Algunos deciden comenzar un tratamiento de psicoterapia.
El sine qua non del tratamiento
Al final de las conferencias les digo a mis pacientes que no se pueden considerar «curados» hasta que puedan afirmar inequívocamente que:
El dolor del SMT ha desaparecido por completo o casi por completo. Un pequeño dolor, sin consecuencias físicas o emocionales, es admisible. Después de todo, sólo somos humanos.
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Ya no sienten ningún miedo hacia cualquier tipo de actividad física.
Han abandonado todos los tratamientos físicos o farmacológicos.
Como aprendimos en la primera parte de este libro, el miedo funciona mejor como maniobra de distracción que el dolor. Por lo tanto, a menos que se cumplan estos requerimientos, el dolor no desaparecerá o acabará regresando. Debemos probarle a nuestro cerebro que sabemos lo que está ocurriendo, que no nos hemos dejado engañar y, sobre todo, que no estamos intimidados ni tenemos miedo. Esto es una lucha entre nuestra conciencia lógica y nuestro inconsciente irracional. Es la historia de dos mentes.
Medicina alternativa
Millones de estadounidenses acuden a practicantes de lo que se ha venido en llamar medicina alternativa o no convencional. ¿Por qué? La respuesta es obvia. La medicina convencional ha fracasado. Y esto es especialmente cierto en relación con los trastornos musculoesqueléticos abordados en este libro. La medicina ha fracasado al tratar de curar a estos pacientes porque no ha sabido ofrecer un diagnóstico atinado. No puedes curar a tus pacientes si no has identificado la naturaleza de la enfermedad o del trastorno que padecen.
La mayoría de los tratamientos de la medicina alternativa deben sus éxitos (sean cuales fueren) al efecto placebo. Si éste no existiese, tampoco existirían la mayoría de estos tratamientos. Son potencialmente útiles pero no curan porque el efecto placebo es siempre transitorio.
Como la mayoría de los trastornos musculoesqueléticos son manifestaciones del SMT, cualquier método de tratamiento que se centre en el cuerpo va a perpetuar el dolor en lugar de eliminarlo. De modo que, paradójicamente, aunque el tratamiento alternativo puede ofrecer un alivio transitorio (generalmente parcial), a menudo garantizará la continuación del proceso subyacente porque mantiene la atención del paciente centrada en la parte del cuerpo que le duele.
Esta es la razón por la cual no apruebo la mayoría de los métodos de tratamiento de la medicina alternativa. El diagnóstico y el tratamiento del SMT no son un ejemplo de medicina no convencional u holística, sino de buena medicina clínica. El reconocimiento del papel causativo de las emociones lleva a un diagnóstico acertado y a un tratamiento exitoso.
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Uno de los enfoques alternativos respecto a la enfermedad es básicamente correcto. Andrew Weil, un graduado de la Facultad de Medicina de Harvard, enseña, al igual que Norman Cousins, que cada uno de nosotros tiene una gran capacidad para la autocuración y que somos, como decía Cousins, «más fuertes de lo que pensamos». En libros como Spontaneous Healing (La curación espontánea), el doctor Weil ha documentado las muchas maneras en que podemos luchar contra la enfermedad y mejorar nuestra salud usando métodos que están más allá de la medicina convencional.
El enfoque terapéutico respecto al extendido problema médico descrito en este capítulo es un ejemplo específico del potencial para la autocuración que todos poseemos. Es una prueba de que somos, en efecto, más fuertes de lo que creemos.
Una advertencia y una sugerencia: las numerosas cartas que he recibido de la gente que ha leído mis libros sobre el dolor de espalda y que ha mejorado representan una buena prueba del poder del conocimiento para revertir trastornos psicosomáticos. Sin embargo, no debes dar por sentado que tu problema sea el resultado de un proceso psicosomático a menos que hayas sido debidamente examinado por un médico y se haya comprobado que no tienes ninguna enfer- medad grave.
Esto no quiere decir que los diagnósticos psicosomáticos se realicen por eliminación, es decir, porque no hay ningún otro. Sin embargo, como hay tan pocos médicos que hagan un diagnóstico psicosomático, un individuo puede verse forzado a llegar a esa conclusión por sí solo. Por esta razón es esencial eliminar antes cualquier trastorno no psicológico.
Recibo muchas cartas y llamadas de personas que han llegado a la conclusión de que tienen SMT y buscan una orientación adicional. Desgraciadamente, por motivos tanto éticos como médicos me es imposible aconsejarlas. Lo que sí puedo aconsejar (en el caso de que estén convencidas de tener SMT o uno de sus equivalentes, hayan seguido los tratamientos de su médico y continúen teniendo síntomas) es que consideren la posibilidad de iniciar un tratamiento psicoterapéutico con un psiquiatra o un psicólogo de orientación analítica.
Conclusión
¿Cuáles son los puntos más importantes que hay que recordar sobre los trastornos psicosomáticos y sobre la forma de curarlos?
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El SMT y los numerosos síndromes equivalentes son esencialmente
inofensivos, aunque esto resulte difícil de creer dada la intensidad de los síntomas.
Los síntomas psicosomáticos están extremadamente extendidos en la sociedad occidental y no indican la presencia de ninguna enfermedad mental o emocional ni constituyen ninguna anormalidad.
Somos mucho más fuertes de lo que creemos, y tenemos la capacidad para influenciar en aquello que sucede en nuestros cuerpos. Pero debemos aprender la forma de hacerlo.
En lo que respecta al grupo de trastornos psicosomáticos descritos en este libro, el conocimiento del proceso, y sobre todo el conocimiento de los orígenes emocionales, es esencial y casi siempre acaba en una «curación».
Nuestros mayores enemigos son el miedo y la información errónea. En el ámbito de las emociones, tenemos dos mentes y no debemos cometer el error de juzgar la mente inconsciente con las reglas aceptadas de la lógica y de la racionalidad que son características de la consciente.
La mente y el cuerpo son un todo indivisible y están en constante interacción. Esto da lugar a un maravilloso y asombroso organismo, poseedor de una complejidad infinita.
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