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In document Objetivo Felicidad Gretchen Rubin (página 166-169)

Mientras buscaba otras formas de «Ser generosa» se me ocurrió intentar aplicar mi Primer Mandamiento: «Sé Gretchen». No, no me gustaba ir de compras en busca de regalos, pero ¿cómo podía ser más generosa?

adquirida en enero de ordenar la casa. Muchas de mis amigas estaban agobiadas por el desorden y yo podía echarles una mano. Estaría encantada de hacerlo. Me puse a ofrecer mis servicios a todo quisqui. «¡Venga, déjame hacerte una visita! —les decía—. Necesito el colocón de ordenar un armario. ¡Confía en mí, te alegrarás de haberlo hecho! ¡Verás que es adictivo!» Mis amigas estaban intrigadas y a la vez avergonzadas. No querían que viera su hogar hecho una leonera. Pero en cuanto lograba colarme en su casa, era una experiencia de lo más agradable para ambas.

Una noche, por ejemplo, estuve ayudando a una amiga a limpiar un armario de su casa durante tres horas. Detestaba tanto su armario a punto de estallar que nunca lo abría. En vez de intentar usarlo, llevaba la misma ropa de siempre, y dejaba las prendas que se ponía apiladas en la cómoda o en el borde de la bañera.

—¿Necesitas que haga algo antes de pasarte por casa? —me preguntó el día antes de reunirnos—. ¿Quieres que compre cajas, perchas especiales o cualquier otra cosa?

—N o compres nada de nada —repuse—. Todo cuanto necesitas son varios paquetes de bolsas de basura grandes. ¡Ah!, y una cosa más, piensa a quién le vas a dar toda la ropa de la que te desprenderás.

—¿No puedo decidirlo más tarde?

—No, es mejor saberlo de antemano. Te será más fácil desprenderte de ella si imaginas quién se beneficiará.

—Vale, lo haré. ¿Eso es todo?

—Bueno, si quieres cómprame una Coca-Cola Light. Al día siguiente me presenté en su casa.

—No tengo idea de por dónde empezar —dijo después de soltar las disculpas habituales por el desorden.

—¡No te preocupes! Ordenaremos el armario por etapas, y en cada una te desharás de la ropa que no uses, hasta quedarte sólo con la que quieres conservar —repuse.

—Bien —dijo dudosa.

perchas que te sobren. —Sabía por experiencia que era mejor que nos lo tomáramos con calma.

Como de costumbre, este primer paso creó una montaña de perchas inútiles y un montón de espacio en el armario. Era mi rápido método para subirme la moral.

—Vale. Ahora revisaremos todas las prendas una por una. Lo más sospechoso será la ropa por estrenar, la regalada, la que te haya quedado pequeña o la que asocies con el embarazo.

Habíamos terminado una etapa. Se había formado una buena pila de ropa para dar.

—Ahora buscaremos ropa duplicada. Si tienes cuatro pantalones negros, ¿te pondrás los que menos te gustan? ¡Claro que no! —Mi amiga se desprendió de varios pantalones caqui, de varias camisas y de varios suéteres de cuello de cisne.

—Sé que me dirás que me deshaga de ella —exclamó mi amiga agarrando una camiseta para que no se la quitara—. No me la pongo nunca, pero es mi camiseta preferida de la universidad.

—¡No, consérvala si quieres! Puedes quedarte con algunas prendas que tengan un valor sentimental, pero guárdalas en otra parte. No tienen por qué estar en el armario de la ropa que usas.

Después de meter la ropa que quería guardar como recuerdo en una caja, la colocamos en un estante alto que no usaba.

—¡Caramba, el armario tiene un aspecto fabuloso! —exclamó mientras lo inspeccionaba.

—Aún no hemos terminado —le advertí—. Ahora intentaremos que quede más espacio libre aún. Este armario es un bien fabuloso. Pongamos la esterilla eléctrica y la bolsa en otra parte. —Los metió en un armario del recibidor—. ¿Utilizas alguna vez estas cajas vacías de zapatos?

—¡No! No tengo idea de por qué las conservaba —dijo echándolas a la pila de papel para reciclar—. ¿Qué más?

—Esto sólo ha sido el precalentamiento. Revisemos de nuevo el armario, ya verás cómo hay más cosas que querrás sacar.

Poco a poco el fondo del armario se fue despejando. Al terminar de ordenarlo, el armario parecía el de una revista. Mi amiga hasta pudo darse el gran lujo de dejar un estante vacío. Las dos nos sentíamos entusiasmadas y triunfantes. Algunas semanas más tarde oí que cuando invitó a unos amigos a cenar a su casa, los llevó a ver el armario.

No estaba exagerando cuando dije que ordenar su armario me produjo un colocón increíble. Esta clase de generosidad me resultaba mucho más fácil que dar un regalo de cumpleaños, y también era mucho más valiosa para el que la recibía.

Busqué otras oportunidades de ser generosa. El mes anterior, como parte de mi decisión de «Sé innovadora», empecé a llevarme la cámara a todas partes para sacar más fotos. A una amiga le encantó la foto que le había hecho semanas antes de dar a luz: era la única que tenía del embarazo de su segundo hijo. Este regalo no me exigió ningún esfuerzo, pero para ella fue muy importante.

In document Objetivo Felicidad Gretchen Rubin (página 166-169)

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