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Las posturas que toman los niños y niñas, así como la forma en que realizan los movimientos dependen del control postural, que a su vez dependen de:

 Las capacidades físicas básicas de cada individuo (fuerza, velocidad, resistencia y flexibilidad).

 La capacidad neuromuscular de respuesta a los estímulos.

 El grado de satisfacción obtenido en experiencia similares anteriormente vivenciadas.  Su capacidad de expresión verbal y corporal, en definitiva, de las características propias

que le identifican.

Por ello, cada persona adopta una postura concreta que la diferencia de los demás (hombros caídos, actitud escoliótica, excesiva tensión en la musculatura maxilar, etc.).

El control postural se refiere a la capacidad de adaptar o adecuar la postura del cuerpo a las diversas actividades y al hecho de ser capaz de mantenerla durante un cierto periodo de tiempo que da paso a la atención y concentración.

El control de la postura, y el equilibrio como forma habitual de mantener ese control son dos de los elementos que configuran el esquema corporal. Ambos se fundamentan en las experiencias sensoriomotrices del niño y la niña y constituyen lo que se denomina el sistema postural. La postura es la posición que adopta nuestro cuerpo para actuar, para comunicarse, para aprender, para esperar, etc.. (García Núñez, J. A., Berruezo, Pedro Pablo, Psicomotricidad y Educación Infantil, 2007, CEPE).

El equilibrio está totalmente relacionado con el control de la postura. Benos (1979) manifestaba “el equilibrio está formado por el conjunto de fenómenos activos destinados a luchar contra la gravedad, tanto en la posición de pie como en la sentada, gracias a las contracciones compensatorias. Estas contracciones son reflejas y van unidas a las variaciones del tono muscular”. Esto básicamente se resume en que el equilibrio es la capacidad de mantener el cuerpo en la postura que deseamos, sin dejarlo caer.

Es por esta razón que el equilibrio va ligado muy cerca de la postura y el tono muscular, que se ven afectados cuando un niño o niña siente inseguridad y desconfía de sí mismo, automáticamente se muestran las contracturas cuando se angustia o teme realizar una actividad desconocida y se observa la sensación de ansiedad de manifiesto.

Las emociones son el resultado de la actividad postural y vierten sobre ésta una orientación propia extendiéndose a todo lo que es tónico. Las actitudes posturales constituyen la manifestación de la emoción y la afectividad cuyo fundamente se encuentra en la actividad tónica. Ajuriaguerra (1986) se refirió a esto al hablar del diálogo tónico que se establece entre el recién nacido y su madre como primera conducta comunicativa del bebé que, mediante la actividad postural, expresa sus emociones de manera tónica.

Para poderse relacionar con el espacio circundante, el niño o la niña necesita tener una clara equilibrada referencia postural del propio cuerpo. El equilibrio y el control de la postura son la base de la autonomía motriz, pero en el caso del control postural, puede depender la calidad del aprendizaje y de las relaciones interpersonales.

2.2.3. Percepción

Para el desarrollo de las funciones básicas en el aprendizaje, la percepción es la función psíquica que permite a niños y niñas, a través de sus sentidos, recibir, elaborar e interpretar la información que hay en su entorno. La información se la recibe como un estímulo que permite construir todo un proceso cognoscitivo donde se organizan los datos, los interpreta y complementa a través del recuerdo, en base a sus experiencias previas.

“La percepción es una respuesta a un estímulo físicamente definido. Implica un proceso constructivo mediante el cual el sujeto (niño o niña) organiza los datos que entregaron sus modalidades sensoriales y los interpreta sobre las bases de experiencias previas”. 32

Por lo tanto, la percepción es toda la información que se recopile por los sentidos, que será procesada y permitirá formar una idea única del objeto. Esto es más complejo tomando en cuenta que se logrará una destreza perceptiva sólo cuando la información que llega a través de las modalidades sensoriales se estructure para ser finalmente organizada en un todo significativo que será el conocimiento de lo real.

Esta estructuración es conocida también como la integración sensorial, que es la capacidad que tiene nuestro cerebro para integrar y armonizar las percepciones que generan los

distintos impulsos sensoriales de un solo objeto o de un entorno determinado, y que implican a todos los sentidos. Combinar toda la información proveniente de nuestros sentidos e integrarla en una percepción para que la asuma como única es un ejercicio que nuestro cerebro realiza continuamente para construir la realidad percibida y es una de las claves de nuestra estructura cognitiva. El proceso total de percibir requiere de atención, organización, discriminación y selección. La integración sensorial es una práctica inherente a nuestro sistema sensorial, imprescindible para optimizar la representación de la realidad que realizamos mediante la información que fluye hacia nuestros sentidos. La ausencia de integración sensorial en cambio, sí dificulta la relación del niño o niña con el entorno.

El cuerpo de cada niño es un mundo de sensaciones que no se descubren sino hasta que se lo vivencia. Este proceso de vivenciación con lo concreto permite recibir información de todo tipo que a su vez le aporta al niño el determinar (por sí mismo) características o propiedades de los objetos como forma, tamaño, color, textura. La percepción se forma gracias a las sensaciones exteroceptivas (facilitadas por los sentidos), las interoceptivas (provenientes de la cinestesia de 32 http://books.google.com.ec/books?id=GyG7OewpxokC&pg=PA6&lpg=PA6&dq=percepción+de+la+ posición+en+el+espacio&source=bl&ots=xBlkqZWlCo&sig=DnUlvTyobL76UhSoZFPb‐ HrorMk&hl=es&sa=X&ei=ivAdT7bAEMLgsQKhmJHVDg&ved=0CDwQ6AEwBA#v=onepage&q=perc epción%20de%20la%20posición%20en%20el%20espacio&f=false 

cada ser) y finalmente las sensaciones interoceptivas (provenientes de la recepción de estímulos de los órganos internos).

Para llegar a la percepción entonces, primero el niño deberá tener diversas sensaciones y ante esto, cuando un bebé conquista la marcha, su mundo de sensaciones se amplía y a su vez también su percepción del espacio, de los objetos, de todo lo que lo rodea.

En resumen, la percepción es el proceso mediante el cual la conciencia logra integrar los estímulos sensoriales de distinta índole o proveniencia y los convierte en una experiencia útil a ser evocada cuantas veces sea necesaria ante nuevos estímulos.

Las percepciones están clasificadas en tres modalidades: la háptica, la visual y la auditiva. 2.2.3.1. Percepción Háptica

La percepción háptica involucra el sentido del tacto de manera activa para extraer información sobre los objetos aunque también involucra la percepción kinestésica.

Condemarín manifiesta en su libro Madurez Escolar: “el concepto de tocar sugiere un sentido exploratorio activo como opuesto a receptor pasivo”. Así mismo en el ya citado libro dice de otros autores “kinestesia es la sensibilidad profunda mediante la cual se perciben el movimiento muscular, el peso y la posición de los distintos segmentos corporales”.

La percepción táctil se refiere a la información adquirida exclusivamente a través del sentido cutáneo. En cambio la kinestésica se refiere a la información que proporcionan los músculos y tendones.

El sistema háptico permite percibir en gran cantidad, un cierto número de propiedades de los objetos que rodean a un niño o niña que no pueden ser percibidos a través de otro sistema que bien podría ser el visual, porque permite apreciar la forma o el tamaño pero no la dureza, textura, rugosidad, superficies, temperaturas. Pero para que funcione el sistema háptico, debe existir una cierta intencionalidad en el movimiento sobre el objeto, se debe ser activo en tocar. Aquí aparecerían la mano y sus dedos como órganos receptores reales porque su propósito es localizar información y aparecen a través de lo táctil y kinestésico, proporcionando dicha información para la formación de la imagen mental del objeto. Cuando el tacto es pasivo, los componentes kinestésicos desaparecen y el sistema se convierte en mero receptor de los estímulos en una situación estática.

Estudios actuales sobre la capacidad del sistema háptico para reconocer objetos (Klatzky, Lederman y Metzler, 1985) apoyan lo que Montessori (1964) y Fernald (1943) enfatizaban sobre las experiencias táctiles asociadas con el desarrollo de la percepción de forma. Ellos han demostrado que hay una precisión de casi el 100% cuando se percibe hápticamente un objeto tridimensional familiar. Se podría decir que la mano es a la percepción háptica, lo que el ojo es para la percepción visual y ante esto resulta imperioso realizar actividades con los niños y niñas que les permitan adquirir sensaciones que refuercen los aprendizajes a través de este medio.