Si bien la presencia de la cooperación no gubernamental en El Salvador y Centroamérica data de la época de la colonia, se puede afirmar que hasta la década de los años 70 tenía una connotación caritativa, asistencialista y filantrópica.
La crisis socio-política en la región centroamericana a finales de los setenta y la década de los ochenta, conformó un entorno caracterizado por la sucesión de regímenes autoritarios de corte militar y la violación sistemática de derechos humanos; y como respuesta, la gestación de movimientos socio-políticos y militares que propugnaban cambios estructurales. Ocurrió el triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua en 1979; y vivimos el auge de los movimientos de liberación nacional en El Salvador y Guate- mala.
La conjugación del entorno nacional-regional fue también influenciado por el campo internacional. En consecuencia, inci- dió en el incremento en los flujos de cooperación no gubernamen- tal, con carácter de ayuda humanitaria y de emergencia que circu- ló en la región. A la base de esta consideración subyace un ele- mento clave en la cooperación, y es que ésta tiene un carácter para ese período, político-solidario. Las políticas de cooperación esta- ban vinculadas a ese ambiente que se vivió de protección a dere- chos humanos, medio ambiente, protección de derechos sociales y servicios básicos. En síntesis, el enfoque fue de procuración de derechos.
La cooperación no oficial acompañó el proceso de reconstruc- ción y reinserción. Sin embargo, a corto plazo, fue insuficiente para consolidar procesos iniciados. Nuevas demandas formales y requerimientos empiezan a ponerse en boga. El entorno interna- cional va dejando atrás épocas de conflictos sociales y el modelo económico se impone con fuerza. El Salvador comienza a dejar de ser un país de interés para la cooperación internacional.
La atención internacional vuelve a El Salvador a raíz de los desastres. Entendidos éstos como situaciones en donde la socie- dad no tiene capacidad de resarcir los daños por sí misma, en tan- to no existe capacidad interna para responder a sus consecuen- cias. Se movilizaron fuertes contingentes de recursos con ocasión del Mitch y los terremotos de 2001. En este contexto, emergen otros temas como gestión de riesgos, migraciones, la desnutrición y las cuadros de pobreza extrema en zonas deprimidas por la cri- sis del café, temas que son sensibles a la cooperación y mantienen algún nivel de interés por El Salvador.
En los ochenta, efectivamente, se consolidan las relaciones de cooperación entre las agencias de cooperación no oficial y los grupos locales, denominadas en esa relación como «contrapar- tes»; aún sobreviven los conflictos armados y el apoyo va orienta- do a proyectos que contribuyan a la sobrevivencia, la defensa de derechos humanos principalmente el derecho a la vida, e iniciati- vas para el fortalecimiento de la organización social y política de los sectores. En esta década surgen muchas ONGs locales y se da el surgimiento y proliferación de organizaciones de mujeres, con
lo que el «enfoque de género» comienza a difundirse, por lo me- nos en la región centroamericana.
En los noventa, el escenario del mundo tiene cambios impor- tantes, que son también un factor de análisis en la cooperación. En ese entorno, muchas agencias de cooperación no oficial han avanzado en la especialización por temas, cuentan con agenda de incidencia fuerte en el norte y son actores importantes en los terri- torios donde operan. Al mismo tiempo son reconocidos en sus propios países de origen:
La asociatividad entre agencias de cooperación no oficial es un elemento que comienza a gestarse en los noventa. Se constitu- yen amplias redes que buscan influenciar políticas a nivel interna- cional, que se ocupan también de dar seguimiento a temas y/o acuerdos que se toman en las cumbres internacionales, etc. Entre ellas podemos citar a Oxfam Internacional, Action Aid Alliance, entre otras.
En el caso de El Salvador, con la firma de los Acuerdos de Paz, se inicia la introducción de acciones destinadas a apoyar la re- construcción económica, social, material y psicológica de la po- blación. Por otro lado, se apoya la construcción de institucionalidad vinculada a derechos humanos: Procuraduría de Derechos Huma- nos, Reforma del Sistema Judicial, Policía Nacional Civil, etc.
Es prácticamente imposible hacer un recuento de las líneas de trabajo que fueron apoyadas por la cooperación no oficial, dada la multiplicidad y el lenguaje tan propio que cada una acuña. Sin embargo, es importante por lo menos señalar los grandes ejes programáticos bajo los cuales se implementaron las más variadas y enriquecedoras acciones:
En ese proceso, se acelera el paso del cambio de la emergencia al desarrollo, de manera que por parte de las agencias de coopera- ción no oficial y contrapartes (ONGs locales) se renuncia pronta- mente al «paternalismo», a los subsidios. Se incorporan las pri- meras ideas de sostenibilidad, autosostenibilidad, y el valor agre- gado.
No bien se ha abordado el tema de la autosostenibilidad, cuan- do el retiro gradual de la cooperación se presenta con fuerza; sin
embargo, también con los desastres naturales se movilizan otros flujos de cooperación. Con ello se introducen temas como: Ges- tión del Riesgo, Manejo de cuenca, de micro cuenca, minimización de riesgos y vulnerabilidades, por ejemplo. Las emergencias de Mitch y terremotos han situado a muchas ONGs locales con las capacidades para trabajar en situaciones de emergencia, que algu- nos donantes han aprovechado para canalizar ayuda que inicial- mente aborda la emergencia, rehabilitación, mitigación y en algu- nos casos se extiende hasta la fase de desarrollo.
Se considera que no hay un cambio radical en los temas que se apoyan, sino que hay un cambio de calidad a partir de la situación política que experimenta el país, como por ejemplo: se pasa de seguridad alimentaria a hablar ahora de soberanía alimentaria con énfasis en la lucha por la tierra. De alfabetización se dio paso a la defensa del derecho a la educación. Ya no se trabaja con maestros populares, pero sí se apoya la presión social para que el derecho a la educación se concrete. De servicios de salud y medicamentos esenciales se ha dado paso a la defensa del derecho de la salud.
Hay una constante en todas las agencias de cooperación no oficial, referida a su deseo de aproximarse a abordajes regionales de trabajo, tanto a nivel temático como geográfico. En varios ca- sos, lo ven como un potencial todavía no explorado suficiente- mente y también lo ven como una oportunidad de continuar ele- vando el perfil de la región centroamericana.
No faltan las opiniones que mencionan que el abordaje de la problemática de desarrollo no puede hacerse únicamente desde la perspectiva nacional, sino que debe trascenderse al ámbito regio- nal e internacional. En ese sentido, ven un déficit de las organiza- ciones salvadoreñas en el peso del debate internacional. La posi- bilidad de incursionar en el entorno y debate internacional, ama- rrado a los intereses de las sociedades y pueblos del Norte y del Sur, en torno a temas como agua, medio ambiente, educación, etc., se ve como un enorme potencial. En ello se piensa en trabajar con organizaciones o contrapartes ya consolidadas y que pueden desarrollar capacidades para entrar al juego global. No está exen- to este abordaje de posibles choques entre las posiciones políticas de contrapartes y de las agencias.