El movimiento de los refugiados guatemaltecos desde El Quiché, Huehuetenango, San Marcos, Petén fue originado en la acción a sangre y fuego del ejército de Guatemala. Ante la imposibilidad de la guerrilla de contener al ejército y garantizar la vida de la población y de sus comunidades, la guerrilla apoyó la salida ma- siva al refugio, como una forma de autodefensa y protección de la vida individual y colectiva que estaban seriamente amenazadas. Algunas comunidades quedaron resistiendo en las montañas ixiles y en las selvas del norte con un grado de organización, autodefensa, dinámica productiva, educativa, sólo explicable a la luz de una experiencia de resistir siglos a diferentes invasiones. Pero la ma- yoría no estaba en condiciones de resistir las políticas de tierra arrasada y genocidas del ejército de Guatemala. Por esa situación emprendieron un épico peregrinaje por las selvas hombres, muje- res –muchas de ellas embarazadas–, cargando a sus niños, apo- yando a ancianos y enfermos; salvando algunos animalitos do- mésticos, elotes de las primeras cosechas de maíz y pequeñas per- tenencias posiblemente de los ancestros. ¿Cómo no vamos a rete- ner en la memoria y en nuestra retina histórica esos ríos de gente caminando con paso triste y difícil bajo la lluvia tropical de esa
región selvática, y en algunas ocasiones bajo los bombardeos de la aviación guatemalteca, buscando la solidaridad mexicana, los amplios brazos de las comunidades cristianas de la Diócesis de Don Samuel Ruiz en Chiapas, del gobierno mexicano y de la soli- daridad internacional?
Aquí es donde se entrecruzan y unen caminos de la solidari- dad, de Mundubat y muchos guatemaltecos y guatemaltecas que acompañaron estos procesos. Para responder a esta población, a sus extremas necesidades, la solidaridad internacional y nuestras organizaciones necesitaban tener estructuras efectivas y prepara- das para movilizar recursos, entablar contactos y sacudir la con- ciencia de otros pueblos y otros gobiernos con esta información. Se requería de liderazgos y activistas que entendieran este entor- no, que no se quedaran contemplándolo o lamentándolo, sino trans- formándolo en renacidas esperanzas. Había que ayudar a sobrevi- vir, a organizarse, a reconstruir comunidades en territorio extra- ño. Había que gestionar y cabildear las condiciones para volver a Guatemala, pues desde el comienzo el retorno estuvo en la pers- pectiva de los refugiados. Fue un compromiso de las organizacio- nes de URNG hacer las gestiones y compromisos necesarios con el gobierno mexicano para crear las condiciones del retorno. En esos momentos, el mismo se veía a corto plazo pues la guerra interna concluiría o en una negociación en el marco de Esquipulas II, que planteaba soluciones políticas a los conflictos del área, o en un triunfo al que nos resistíamos a renunciar. Todavía mero- deaba en nuestras mentes el mito de Sísifo que Susan Jonas, la siempre solidaria investigadora norteamericana, asemeja con el es- fuerzo del pueblo de Guatemala para tocar la cima de las conquistas revolucionarias no alcanzadas en otros intentos de nuestra historia.
Refugio parece sinónimo de desbandada, desesperanza, desor- ganización. Es lógico que tenga algo de estos elementos, por las circunstancias que llevan al mismo. Pero curiosamente no fueron esas las características dominantes de los refugiados de Guatema- la. Fue un refugio organizado, comunitario, para proteger la vida colectiva y con la esperanza y perspectiva de retorno a corto plazo. En tejer los hilos y las condiciones para un retorno con futuro y sustento se metió de cabeza la solidaridad, compañeros y com-
pañeras ligados a las organizaciones revolucionarias y guerrille- ras, cuadros organizadores, gestores financieros, equipos del sec- tor cristiano con el que teníamos una alianza estratégica bastante bien conceptualizada y estructurada, las comisiones de refugia- dos y equipos políticos diplomáticos. Había que tomar en serio y cumplir con lo prometido a la población cuando se apoyó el refugio. En esa encrucijada tan importante para abrir puertas, crear con- diciones y posibilidades comienza a sonar PTM (Mundubat) con todas sus letras. Aparecen más visibles pero con cautela por Gua- temala y por México Iñaki Markiegi, Francisco Rodríguez. La tarea era enorme, motivadora, en alguna medida incierta. Yo los veía en mis idas furtivas a México, por las cercanías de Niños Héroes, con compañeras de la Oficina de Servicios de Solidari- dad, OSS. Trabajaban intensamente creando nuevas infraestruc- turas como Capacitación y Desarrollo Comunitario (CADECO) que se ubicaría directamente en el sur, como fuerza de tarea para cumplir con estos compromisos con los refugiados y su trabajo de retorno organizado.
P-T-M comenzaron a ser siglas fáciles y familiares para noso- tros. Hirugarren Mundua ta Bakea eran palabras más misteriosas y fuertes que no sabíamos pronunciar, pero que nos infundían cer- teza. Hoy Mundubat nos parece una buena síntesis histórica; y más fácil para todos.
No sé exactamente qué pasó con Mundubat al comienzo de la década de los noventa antes de la firma de la paz en Guatemala. Pero por diferentes conductos los veíamos remangándose para poner manos a la obra, es decir, al quehacer de retorno y del futu- ro reasentamiento en Guatemala. Posiblemente ya no había tanto tiempo para pláticas del contexto. Aunque tengo que confesar -y valga como otra conclusión adelantada- que siempre valoré el que se acompañara el trabajo práctico de gestión con un marco de análisis, a veces más iluminado a veces más opaco, del acontecer político en Guatemala y del horizonte de nuestro trabajo. Valoro mucho este aspecto, que ha sido un hábito en el núcleo de Mundubat, de buscar un marco estratégico y conceptual a la ac- ción común desde la cooperación. Especialmente lo aprecio hoy, cuando con frecuencia la cooperación bosteza cuando se habla de
la realidad y de nuestros entornos. A veces pareciera que ya se supiera todo y todo estuviera perfectamente explicado en la justi- ficación o en el presupuesto de los programas y proyectos que emprendemos, sin indagar y escudriñar lo que se mueve debajo de los mismos. A veces se cae, casi impulsivamente en armar pro- yectos, adelantarse a otros, movilizar recursos aunque sea a tien- tas y sin rumbo.