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En tierras de Guatemala

Mundubat apoyó el mayor número de retornos habidos, por me- dio de proyectos de emergencia (ECHO) que consistían en crear las condiciones mínimas para la instalación y sobrevivencia de los primeros 6-7 meses desde su llegada. Copaláa, Nueva Genera- ción Maya, San Juan Ixcán, Chaculá, Pocobastic, Chancolín... y otros más. Tremendo esfuerzo el de las comunidades en acarrear a hombro los materiales de construcción, semillas, utensilios, me- dicamentos, molinos de nixtamal, camillas, alimentos básicos como azúcar, fríjol, arroz, sal, aceite. Todo esto, a la par de sembrar y hacer producir sus tierras para contar con recursos alimenticios mínimos para cuando se terminara la ayuda de emergencia.

Y luego de eso, gestionar proyectos para seguir adelante, pro- yectos que priorizaban la organización comunitaria como la ga- rantía para poder sacar adelante la vida de las comunidades. En las asambleas se decidía el futuro. En ellas se trataba de cuáles tierras se asignarían para sembrar, en dónde ubicar la clínica, el molino, cuáles pozos para preservar limpia el agua de consumo, los horarios de atención a las radios de comunicación, quiénes y en qué orden se capacitarían y en qué. Incluso en una de estas comunidades se abordó un proyecto de construcción de viviendas en un lugar a donde se accedía únicamente por un caudaloso río. Fue muy difícil pero finalmente se construyeron 123 viviendas, una para cada familia, fue un trabajo intenso y a la par satisfac- torio.

Contamos siempre con la valiosa colaboración de contrapartes locales, quienes asignaban personal permanente en cada lugar para trabajar junto a cada población. Y por supuesto, con las personas integrantes de las comunidades, con sus directivos, con los miem- bros de los innumerables comités: de agua, de orden, de vivienda, de educación, de salud, etc. Don Miguel, Marisela, Ricardo y Ramiro, Doña Juana, María, Teresa, y tantas y tantos más, llenos de un espíritu de servicio, contribuyendo con su tiempo, ideas, viajes, mucho trabajo para que se fueran transmitiendo y realizan- do las metas fijadas en sus muchas y enriquecedoras asambleas.

A la par de los retornos, Mundubat cobra conciencia que la población que no se había ido al refugio estaba en tan malas con- diciones como los retornados. A veces, incluso peor. Entonces, fue empezar a trabajar con las poblaciones aledañas. Hubo de todo, mucha solidaridad y recelos, muchas solicitudes y era difícil en- contrar el equilibrio, pero finalmente, con trabajo de muchas ma- nos y voluntades, entre todas y todos, se fue tejiendo el apoyo ya no solamente para unos, sino para los más que se pudiera.

Ya no nos quedamos restringidos a las áreas de retorno, nos encontramos en estos retorcidos caminos del campo guatemalte- co con comunidades de Alta Verapaz: Cobán, Tucurú, Cahabón. Son ya largos años acompañando y apoyando a poblaciones de Sololá. Seguimos como al principio en el Ixcán, con poblaciones aledañas a Playa Grande o Polígono 14 como se le llamaba en tiempos del refugio y retorno. Barillas, Nueva Generación Maya, Chaculá, Chancolín de Huehuetenango. Fray Bartolomé de las Casas en la Franja Transversal del Norte y hasta en el Departa- mento de Guatemala con doce pequeños proyectos en municipios muy pobres de los alrededores.

Nos hemos hecho adultos en este andar. Sabemos distinguir nuestras capacidades y hasta dónde podemos cumplir con lo que nos piden. No siempre podemos decir sí, pero al hacerlo nos com- prometemos hasta alcanzar las metas, sean éstas inmediatas o por el contrario, a plazos mayores. No siempre pudimos hacer todo lo que nos era requerido, son tantas las necesidades y, finalmente, aún cuando los recursos puedan ser o parecer suficientes, ha falta- do voluntad del Estado para facilitar la vida de muchos de sus

pobladores. Falta de comunicación vial o en pésimo estado las existentes; carencia de maestros para las aulas ya construidas; fal- ta de personal médico para atender de mejor manera en las peque- ñas clínicas de cada lugar. Y tantas ausencias más.

Al cabo de estos años hemos crecido, sabemos a dónde vamos, qué tanta fuerza tenemos, cuáles son nuestras posibilidades reales y hemos buscado y encontrado buenos apoyos con las contrapar- tes, cada vez mejores y cada vez más cercanas. En fin, estos 20 años de Mundubat han sido plenos y consecuentes, y aún nos falta mucho camino por recorrer al lado de nuestras poblaciones.

Quiero, al final de estas notas, registrar algunos de los nom- bres de nuestras compañeras y compañeros que bajo distintas cir- cunstancias han contribuido para que el espíritu de servicio de Mundubat haya quedado a la altura de su razón de ser, de sus principios. A quienes no haya incluido será únicamente porque los 20 años recorridos hacen mella en la memoria, pero no en el corazón:

Juan, Emilio, Ascen, Rosa, Olvido, Iñigo Egiluz, Eugenia, Javi, Mikel, el Chuchi, Atxito, Chema, Teresa, Josean, Javi, Gorka, Aitor, Eli, María del Mar, Iratxe, Jorge, el Beto, Aitziber, Elena, Iñigo, Betzabé, Fátima, Ángel, Dina, Angelito, Helena, Yoli, Carolina, Carla, Carlos, Walfre, Daniel, Paty, Rocío, Damaris, María Eugenia, Nagore, Itziar.

A cada una y uno de las expatriadas y expatriados y del perso- nal local, gracias por haberle dado su tiempo y su cariño a Guate- mala. Unas y unos contratados, otras y otros voluntarios, quienes más de prácticas. Todas y todos importaron, todas y todos apor- taron.

Las guerras y las paces que nos