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Descripción de los sistemas de vacuno en los Pirineos Centrales

CAPÍTULO 3. DESCRIPCIÓN DE LOS SISTEMAS DE VACUNO EN LOS PIRINEOS CENTRALES

1. Introducción y objetivos

4.2. Características de los sistemas de vacuno practicados

4.2.3. Costes, resultados económicos y productividad

Como hemos mencionado, los sistemas de vacuno en zonas de montaña son capaces de aprovechar los recursos que el medio les brinda, y en este sentido, puede afirmarse que son altamente sostenibles (Sierra, 2002), por su alto grado de autosuficiencia. Sin embargo, al mismo tiempo, una de sus principales limitaciones es la disponibilidad variable de alimentos para el ganado, tanto en el espacio (diversos tipos de recursos) como en el tiempo (variación a lo largo del año). Esta situación hace que la alimentación invernal represente la mayor proporción de los costes totales de alimentación, y a su vez del total de costes variables en sistemas de vacuno de carne (Caballero, 1998; Serrano et al., 1998). Aunque oscilan ampliamente entre explotaciones, en el caso de las explotaciones de producción de terneros destetados pueden ascender al 50-55% de los costes variables (Serrano et al., 2002) y el 75- 80% en explotaciones de ciclo completo (Gárriz et al., 1997; Nazábal, 2000; Casasús et al., 2003).

En nuestro caso, los costes de alimentación comprada suponen entre el 17% y 50% de los costes variables, pero si añadimos los costes de pastoreo (puertos) los costes de alimentación oscilan entre el 42% en las explotaciones de menor dimensión y el 64% en las mayores, aunque hay que tener en cuenta que entre éstas últimas aproximadamente el 50% de las explotaciones son de ciclo completo y por tanto tiene mucho peso el coste de los concentrados para el cebo.

Es importante señalar que en las explotaciones pequeñas, donde la actividad de cebo no tiene lugar, el coste del puerto es superior al coste de alimentación comprada, mientras que en el momento que existen explotaciones de ciclo completo, esta relación se invierte. Es decir, separada la actividad de cebo, los costes de alimentación comprada en muchas de estas explotaciones serían inferiores al coste que supone el pastoreo.

Los costes sanitarios tienen también gran importancia, sobre todo en las explotaciones más pequeñas, oscilando entre el 13% de los costes variables en éstas y el 18% en explotaciones de mayor rebaño; estás cifras son similares a las ofrecidas por Serrano et al. (1998) que indica un 14,4%, aunque superiores a las de Bernués (1991) que apunta al 9,2% de los gastos de fuera de la explotación, como media.

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De manera similar, los costes de cultivo son proporcionalmente mayores en las explotaciones de menor dimensión y decrecen claramente en importancia relativa conforme aumenta el tamaño de rebaño. En este sentido, en las zonas de montaña el coste de producción del heno de pradera es relativamente alto, debido a la baja productividad por ha y los costes asociados al transporte y almacenamiento, por lo que resulta más eficiente aprovecharlo directamente mediante el pastoreo (Casasús et al., 2001b).

Así pues, la importancia de los costes de alimentación asciende a medida que se incrementa el rebaño (debido a la actividad de cebo fundamentalmente), lo que provoca una tendencia inversa en el resto de costes variables. Esto provoca también que en conjunto los costes variables sean comparativamente más importantes respecto a los costes fijos conforme aumenta la dimensión del rebaño, como por otra parte es esperable en términos de economías de escala.

Tras el abandono de la producción de leche, la base económica de las explotaciones se fundamenta en la venta de terneros destetados y añojos, como se ha especificado en trabajos previos en ésta (Casasús, 1998; Sanz, 2000; Villalba, 2000) y en otras zonas de montaña (Serrano et al., 2002; Manrique et al., 2003), en las subvenciones percibidas a través de la PAC (Sineiro, 2003; Iráizoz y Atance, 2004) y de otras actividades económicas realizadas por la familia, como el turismo y los servicios en general (Álvarez-Fernández, 2003).

En las zonas de estudio, la Producción Final Agraria (PFA) de las explotaciones de menor dimensión proviene de la venta de terneros destetados, mientras que en los estratos de mayor dimensión los ingresos procedentes del cebo predominan en función de la mayor o menor orientación hacia el ciclo completo de producción. Esta actividad de cebo se realiza directamente en la explotación, un bajo porcentaje de manera cooperativa y algunas explotaciones ejercen lo que hemos denominado “cebo en pensión” (20%), una estrategia que les permite obtener, de manera general, el 50% de las primas percibidas por cada ternero sacrificado.

En consecuencia, el cebo de terneros se ha convertido en una de las principales fuentes de ingresos en estas explotaciones de vacuno (Echevarría, 2005). Esta actividad incrementa los requerimientos de mano de obra, cada vez más escasa en la ganadería de montaña debido a la mayor pluriactividad de la familia y al reducido uso de mano de obra contratada, evidenciando una mayor intensificación del factor trabajo sobre todo en las explotaciones de mayor dimensión que se especializan en el cebo, caracterizado normalmente por mayor grado de tecnificación (Sierra, 2002). Sin embargo, existen numerosas dudas sobre la eficiencia técnica de estos sistemas en condiciones de montaña, dónde el sistema convencional de cebo con concentrados y paja aumenta de manera considerable los costes de transporte. De hecho, hay trabajos que muestran que los márgenes obtenidos en el cebo son reducidos o incluso negativos, circunstancia que puede ser trascendental a partir de la aplicación del desacoplamiento parcial de las ayudas al cebo de terneros (Casasús et al., 2007b),

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111 especialmente en situaciones de mercado como la actual, caracterizada por la volatilidad de los precios de los cereales.

La cría de terneros destetados es fundamental para abastecer a los cebaderos, e incluso existen explotaciones de nodrizas que compran terneros para cebar (23%). El total de explotaciones que ceban es de aproximadamente el 50%, porcentaje superior al reportado por Manrique et al. (2003) en La Rioja, ya que el 85% de las explotaciones no cebaban. Esta actividad se caracteriza por un flujo dinámico de terneros, ya que pueden ser adquiridos en las mismas zonas de montaña, directamente de las explotaciones o a través de intermediarios (Barato, 2003), o fuera de ellas e incluso de los sistemas lecheros (Tabuenca et al., 2003). En esta situación, el precio del ternero destetado se convierte en fundamental a la hora de obtener resultados económicos positivos o negativos tanto en la fase previa al destete (explotaciones de nodrizas) como durante el cebo (explotaciones de ciclo completo o sólo de cebo) (Bernués

et al., 2001). Esta circunstancia tiene especial interés pues no existe precio establecido de

mercado para el ternero destetado.

Por otro lado, es necesario destacar que el cierre del ciclo de producción en las propias explotaciones de montaña, bien de manera individual, cooperativa o bajo fórmula de integración, ha permitido el desarrollo de marcas privadas de calidad como las 3 que se mencionan en este trabajo, si bien estas marcas no están ligadas a un sistema de producción particular (por ejemplo, alimentación en pastoreo). La comercialización de carne y productos cárnicos de calidad permite no solo la captura de mayor valor añadido a través de un moderado sobreprecio y un canal de comercialización más estable, sino que además constituye una ventaja comparativa frente a otros productos estándar, sobre todo en situaciones de crisis y desconfianza de los consumidores (Bernués et al., 2003).

En cualquier caso, la sostenibilidad económica de la actividad del cebo se encuentra en estos momentos en entredicho, al ser sistemas muy intensivos en capital y extremadamente dependientes de insumos externos (en las condiciones mediterráneas) y de subvenciones. En cuanto a éstas últimas, suponen entre el 42 y 44% del total de ingresos de la explotación, descendiendo ligeramente con el tamaño de rebaño, aunque las diferencias son escasas. Estos valores son ligeramente superiores a los ofrecidos por Veysset et al. (2005b) en Francia y referidos al año 2003, que apuntaban que las subvenciones bovinas suponían el 32% de los ingresos, aunque es probable que consideradas todas las subvenciones conjuntamente esta cifra sería significativamente superior. Queda claro pues el importante papel que las subvenciones juegan en el desempeño económico de las explotaciones.

La productividad de la explotación presenta variabilidad entre estratos, y en función de los indicadores estudiados. En general, la productividad del ganado suele ser superior en los sistemas más intensivos. En los años 90, las explotaciones de vacuno de montaña más orientadas hacia la producción lechera eran las que obtenían una mayor productividad del ganado (Olaizola et al., 1995). En los sistemas actuales, la productividad animal fue superior en

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las explotaciones de menor dimensión ganadera que son las que no realizan el cebo, siendo inferior en las que ceban.

La productividad de la tierra varia enormemente entre estratos, pero esta circunstancia se debe a la disimilar relación entre dimensión de rebaño y dimensión física de la SAU de los mismos. Por ultimo, la productividad del trabajo aumenta con la dimensión del rebaño de las explotaciones; a mayor tamaño de rebaño el margen económico por unidad de trabajo invertido en la explotación es superior. Esto se debe fundamentalmente a que, conforme aumenta el tamaño del rebaño, lo hace paralelamente el número de animales manejados por unidad de trabajo (20, 40, 57 y 79 UGT/UTA, en los estratos 1 a 4 respectivamente). El factor trabajo suele presentar menor dispersión entre las explotaciones, por lo que las de mayor dimensión de la actividad son las que obtienen una mayor productividad del trabajo, es decir son más eficientes (Olaizola et al., 1995). A pesar del elevado peso de las subvenciones sobre los resultados económicos obtenidos por las explotaciones, dado que su importancia es muy similar en los diferentes estratos, aún sin subvenciones la productividad del trabajo sería superior en las explotaciones de mayor dimensión, sobre todo las del estrato 4.

4.3. Tipología de las explotaciones de vacuno para carne

De los resultados del ACP se han obtenido tres factores que juntos explican el 71% de la variabilidad total y que confirman diversas relaciones entre variables.

El Factor 1 expresa las relaciones entre carga ganadera y disponibilidad de superficies, e indica que mayores presiones ganaderas sobre la tierra favorecen un uso más intensivo de la misma. Este uso más intensivo se traduce en un mayor aprovechamiento mediante siega de las superficies de pastoreo, pero se ve también acompañado por un uso más prolongado de pastos en zonas intermedias, lo cual puede interpretarse como un proceso de extensificación. Es decir, aquellas explotaciones con elevados tamaños de rebaño en relación a la SAU disponible se ven forzadas a intensificar la conservación de forrajes y utilizar recursos naturales alternativos, como pueden ser los pastos arbustivos y con arbolado. La escasez de tierra ha sido señalada frecuentemente como un factor desencadenante de procesos de intensificación en el uso de la tierra y el sistema de producción en general en sistemas basados en pastoreo (Castel et al., 2003), al convertirse la tierra en el factor más escaso (Manrique et al., 1992a). El Factor 2 es expresión de la dimensión física de la explotación, en rebaño, SAU y unidades de trabajo, que a su vez está relacionada con la mayor importancia de la utilización de los pastos en zonas Intermedias. Esta característica adquiere relevancia especial actualmente, no sólo porque de acuerdo con Casasús et al. (2003) son recursos de muy bajo coste adecuados para la alimentación del ganado en determinados estados fisiológicos, sino que son además recursos estratégicos desde el punto de vista del mantenimiento del paisaje y la prevención de incendios forestales (Riedel et al., 2005).

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113 Finalmente, el Factor 3 destaca la importancia de la actividad de cebo de terneros, lo que se relaciona, como era esperable, con un mayor gasto en concentrado por unidad de ganado bovino. De nuevo se pone en evidencia la clara relación que existe entre el cebo convencional de terneros, con base a paja y concentrados, y la intensificación de este proceso productivo, lo que repercute en una intensificación global en las explotaciones de ciclo completo. Esto a pesar de que el rebaño de nodrizas siga una tendencia contraria, hacia la extensificación, como se discute en mayor profundidad en el siguiente capítulo.

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5. Conclusiones

1. Existe una relación evidente entre demografía, evolución de la actividad económica, en particular el sector turístico, y la agricultura. Durante el periodo de estudio, en el valle de Benasque, de mayor y más temprano desarrollo turístico, la población ha crecido y se ha reducido el envejecimiento, pero la ganadería ha descendido enormemente, en particular el número de explotaciones. En el valle de Broto, de desarrollo turístico más tardío y con un carácter menos masivo, la población ha permanecido más estable, la reducción de explotaciones ha sido menor y el censo de vacuno ha aumentado. En Baliera-Barrabés, donde el desarrollo turístico es incipiente, la población ha descendido notablemente y se ha envejecido, pero el número de explotaciones ha descendido en menor grado y ha aumentado considerablemente el censo de ganado vacuno.

2. Las explotaciones de vacuno estudiadas presentan gran diversidad con relación a sus características estructurales. La utilización de las superficies y distribución de los aprovechamientos es característico de las zonas de montaña, es decir, una gran importancia de la superficie forrajera y de la utilización de los pastos de puerto, así como mayor utilización de zonas intermedias. Las explotaciones de mayor dimensión ganadera hacen una mayor uso de estos recursos de pastoreo, la carga ganadera sobre las superficies propias es menor, son más extensivas respecto al factor trabajo y más intensivas en capital. Al mismo tiempo, son explotaciones más modernas con relación a las técnicas de conservación del forraje. En estas explotaciones la continuidad está asegurada en mayor proporción que en las explotaciones de menor dimensión y la pluriactividad tanto del titular como de la familia tiene menor importancia. 3. En general, el manejo técnico del ganado es característico de sistemas extensivos. El sistema principal de cubrición es la monta natural y el origen de la reposición de las vacas es fundamentalmente propio en las explotaciones de menor dimensión, mientras que la reposición comprada aumenta a medida que se incrementa el tamaño de rebaño. Respecto a la alimentación, puede destacarse el escaso uso de concentrados en el rebaño de nodrizas, la inclusión de ensilado en la ración y el largo periodo de pastoreo (estabulación invernal muy reducida). Con relación a éste último, si bien las explotaciones de mayor dimensión ganadera hacen mayor uso de los pastos de puerto y zonas intermedias, el periodo de pastoreo no es superior al de explotaciones de menor dimensión. En general, puede afirmarse que los resultados técnicos mejoran conforme aumenta la dimensión del rebaño.

4. La producción de terneros destetados sigue siendo la única opción productiva en las explotaciones de menor dimensión. No obstante, el cebo de terneros se realiza en la mitad de las explotaciones y su importancia relativa aumenta en las explotaciones de mayor dimensión. El cebo se realiza mayoritariamente de forma individual, de manera convencional con base a concentrados, y gran parte del producto final se comercializa bajo marcas de calidad. Sin embargo, existen dudas sobre al eficiencia técnico-económica de esta orientación productiva, sobre todo en escenarios de desacoplamiento de las ayudas e incertidumbre de los mercados de materias primas.

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115 5. Los ingresos de las explotaciones aumentan con la dimensión del rebaño y la contribución de las subvenciones en dichos ingresos es muy elevada, sin embargo es proporcionalmente menor en los estratos de mayor dimensión. Los costes totales, lógicamente, también aumentan con la dimensión del rebaño pero la importancia relativa de los costes fijos sobre los costes totales disminuye. A pesar de que los resultados económicos obtenidos son superiores en los estratos de mayor dimensión, la productividad animal es mayor en las explotaciones de menor dimensión. Sin embargo, la productividad del trabajo es muy superior en los estratos de mayor dimensión. Las subvenciones suponen un porcentaje muy importante de los resultados económicos obtenidos en todas las explotaciones, por lo que condicionan de manera decisiva su viabilidad.

6. La tipología establecida confirma la diversidad en los sistemas de vacuno estudiados respecto a sus características estructurales, de manejo y tipo de producción. El tamaño de rebaño y de tierra, la orientación productiva (mayor o menor orientación hacia el cebo), la diferente utilización de superficies de pastoreo y la carga ganadera media de las explotaciones son factores que permiten explicar buena parte de esa diversidad.