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1 msnm = metros sobre el nivel del mar.

2.2.2. Manejo de los sistemas ganaderos de montaña

Los sistemas ganaderos de montaña están experimentando una serie de cambios que han afectado tanto a la orientación de la producción como a las técnicas de manejo. En un principio, las explotaciones se caracterizaba por un sistema mixto con la presencia de ovino y vacuno (Olaizola, 1991); posteriormente se fueron especializando en una sola especie animal, aunque las explotaciones de vacuno se distinguían por la presencia de razas de aptitud mixta; leche y carne (Sierra, 2002); hasta llegar a ser sistemas eminentemente especializados, orientados a la producción de leche o carne, cada uno con características propias y razas específicas (Casasús et al., 2002c).

En este sentido, el sector del vacuno de carne se desarrolló en dos vertientes. Por un lado, sistemas de cebo intensivo en zonas de mayor producción de cereales (Sierra, 2002), donde terneros procedentes de las zonas de montaña y de sistemas lecheros especializados eran engordados con base a paja y piensos compuestos (Bardají, 2003). Por otra parte, un sistema extensivo en montaña correspondiente a vacas nodrizas, productoras de terneros que nacían normalmente en primavera y eran destetados al final del verano y otoño, coincidiendo con la bajada del puerto, para ser vendidos a las explotaciones de cebo con 5 o 7 meses de edad y entre 180 y 250 kg de peso vivo (Casasús et al., 2003; Manrique et al., 2003).

Capítulo 1. Antecedentes y Objetivos

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2.2.2.1. Manejo de la alimentación y el pastoreo

Los recursos forrajeros de la explotación constituyen la oferta principal de alimentos para satisfacer, mediante el pastoreo y la siega, los requerimientos nutricionales de los animales. La producción de forrajes es pues fundamental, ya que determina la estructura y la dimensión de las explotaciones (Olaizola, 1991; Teruel, 1998). La compra de alimentos (forrajes y concentrados) supone una estrategia de los ganaderos para superar los desajustes en el sistema anteriormente descrito (Revilla, 2002).

El manejo de la alimentación de los sistemas de vacuno es muy diverso, aunque se definen claramente dos periodos: el periodo primavera-verano y el periodo otoño-invierno (Revilla, 1987). Durante la época invernal el ganado es alimentado con forrajes, normalmente de la propia explotación, y además reciben concentrados, sobre todo aquellos animales de necesidades más elevadas (peri-parto) (Bernués, 1994; Casasús, 1998). Durante la primavera el ganado inicia el pastoreo, aprovechando directamente los pastos de fondo de valle y, en ocasiones, de zonas intermedias. Al final de la primavera o inicio del verano el ganado sube a los pastos de montaña y regresa en el otoño a los pastos de fondo de valle (y zonas intermedias), hasta que se estabula de nuevo (Revilla, 1987; Olaizola, 1991).

Durante el periodo de estabulación es característico que las vacas presenten pérdidas de peso y disminución de la condición corporal, sin embargo, la salida temprana del rebaño a los prados en fondo de valle durante la primavera puede compensar estas pérdidas (Casasús et al., 2002b; Sanz et al., 2003a).

La alimentación de los terneros hasta el destete se basa en la leche materna (Sanz, 2000). Los terneros nacidos en primavera también pueden alimentarse con forrajes y pasto, si están junto a la madre, mientras que los nacidos en invierno pueden consumir paja y bajas cantidades de concentrado, si lo tienen en oferta, previo al inicio del cebo (Casasús et al., 2002a).

El manejo del ganado en pastoreo es complejo y heterogéneo. Generalmente se maneja un sólo grupo de animales; la formación de más grupos, depende de la especialización y dimensión de los rebaños. En algunos casos, para optimizar el uso de los recursos es necesario separar las vacas madre de la reposición y de los terneros. Siguiendo este esquema, cada grupo seguirá un patrón particular durante el periodo de pastoreo o estabulación en el que los mejores pastos serán aprovechados por vacas en el segundo y tercer tercio de gestación (Casasús et al., 2003). Otra alternativa es que vacas y terneros (dependiendo de la época de partos) aprovechen tanto pastos en fondo de valle, en zonas intermedias y en puerto y se evite que la reposición suba a puerto y sólo aprovechen parte de las superficies en fondo de valle y zonas intermedias, para evitar cubriciones antes de los dos años (Revilla, 1987).

Si las condiciones son adecuadas el pastoreo puede prolongarse durante la mayor parte del año (Casasús, 1998; Pienkowski y Biegnal, 1999); sino es así, se puede realizar un aprovechamiento rotativo en su forma más simple, en el que se consideran las necesidades del ganado, la conveniencia de su permanencia en áreas sensibles y la disponibilidad de tierra

Capítulo 1. Antecedentes y Objetivos

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(Borbouze y Gibon, 1999; Casasús, 1998). De manera genérica, el manejo del pastoreo trata de buscar mejores estrategias de alimentación para el ganado y aprovechar cada espacio cuando las condiciones para esta actividad son las mejores (Gibon et al., 1999a).

2.2.2.2. Manejo de la reproducción

El manejo reproductivo en los sistemas de vacuno en zonas de montaña gira principalmente alrededor de la planificación de la época de partos. La época de partos tradicional transcurre en primavera, entre febrero y mayo, y coincide con la mayor oferta de forraje en los pastos de valle y la posterior subida de las vacas a los pastos de puerto en verano (Casasús et al., 2001a; Sanz et al., 2001a). Sin embargo, las vacas lactantes en puerto presentan menores ganancias en pastoreo y tienen que recuperar buena parte de las reservas en la fase de estabulación previa al siguiente parto para que los índices reproductivos futuros no se vean afectados (Casasús, 1998; Sanz, 2000). Además, parte de las cubriciones deben tener lugar en el puerto, donde es mucho más difícil la supervisión. También se distingue la paridera de otoño-invierno, principalmente de septiembre a diciembre, tras la bajada de los animales del puerto. Los animales no lactantes en puerto presentan mayores ganancias de peso por lo que llegan en buen estado corporal al momento del parto si éste se produce al comienzo del otoño; si es más tardío es posible suplementar para mejorar la condición de las vacas y garantizar futuras gestaciones. Una ventaja adicional es que la cubrición transcurre en la explotación, por lo que es más fácil de supervisar. Por todo ello, Sanz et al. (2003b) indican la mejor adaptación de los partos de otoño a las condiciones de montaña seca.

La primera cubrición de las novillas se realiza entre los dos y tres años de edad. Esta actividad puede realizarse antes de iniciar la cubrición de las vacas adultas, con el propósito de tener mayor control y atención de éstas durante el parto (Sanz et al., 2001b; Casasús et al., 2002c). Las cubriciones se realizan principalmente por monta natural, aunque en algunas explotaciones se realiza inseminación artificial, sobre todo en novillas (Revilla, 1987; Bernués, 1994). Los machos más utilizados son de raza Parda de Montaña, aunque también se practica el cruzamiento con otras razas cárnicas para mejorar el rendimiento de la canal, como Charolais y Limousine, entre otros (Manrique et al., 1987).