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Críticas a las aportaciones de John Money y Anke Herdhart

5. Proceso de sexuación

5.2 Desarrollo de la identidad sexual y de género en la infancia

5.2.2 Críticas a las aportaciones de John Money y Anke Herdhart

En el inicio de sus estudios, estos autores concedieron una extraordinaria importancia a la influencia del sexo de crianza en la génesis de la identidad de género. Tanto fue así, que llegaron a pensar que era tal la fuerza del en- torno sociocultural que bastaba con cambiar el signo del sexo de crianza para lograr el cambio de identidad de género. En este sentido se apoyaron en un caso descrito por ellos mismos. Se trató de una pareja de gemelos univi- telinos, es decir, idénticos genéticamente. uno de ellos perdió el pene por un accidente en el momento de realizar una fimosis a una edad muy temprana, en torno a los tres años. Desde el punto de vista científico, este caso tenía un gran valor puesto que el otro gemelo sirvió de «grupo control».

Ante el dilema de qué hacer con este niño, si permitir que se desarrolla- se como un hombre sin pene, o tratar de reasignarlo al sexo contrario. Se decidió lo segundo. Apoyándose en sus argumentos, esta reasignación se- xual era posible porque la edad del niño estaba próxima al periodo crítico o sensible. La prescripción a la familia consistió en cambiar el sexo de crian- za. Hubo que modificar los elementos tipificados, vestirle de niña, cambiar el nombre, dejarle el pelo largo, etc. y, lo más importante, tratarle como una niña. En la descripción de este caso, sus autores afirman que este niño de- sarrolló una identidad de género de mujer. Sin embargo, y como es eviden- te las cosas no fueron ni tan fáciles ni tan claras. No solo se cambió el sexo de crianza, también se realizó un cambio quirúrgico de sexo, con extirpa- ción de los testículos, y la aplicación de un tratamiento hormonal en la pu-

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Psicología de la sexualidad

bertad. Aun así, la identidad no se desarrolló de una manera, digamos es- tándar, sino que mostraba lo que se conoce como rasgos viragos, es decir, pautas de comportamiento atribuibles al sexo masculino como la impulsivi- dad y otros.

otra evidencia que pone en cuestión las afirmaciones respecto a la in- fluencia del género en la adquisición de la identidad, es el caso conocido como las «niñas dominicanas». Se trata del síndrome de insuficiencia del enzima «5 alfa reductasa». Este síndrome se corresponde con una rara alte- ración congénita que consiste en la ausencia de este enzima. Para la dife- renciación de los genitales externos masculinos en el periodo intrauterino, se necesita un componente androgénico de mayor potencia que la testoste- rona, como es la dihidrotestosterona. Esta se genera a partir de la acción del enzima 5 alfa reductasa sobre la testosterona. En su ausencia no se pro- duce este nuevo tipo de andrógeno y, en consecuencia, la testosterona no es suficiente para la diferenciación genital. Por tanto, los niños afectados por esta enfermedad nacen con genitales externos de apariencia femenina.

En la pubertad la masculinización de los genitales no requiere de dihi- drotestosterona sino de testosterona, de ese modo las niñas afectadas se «transforman» en niños. Las que durante su infancia habían sido tratadas como niñas, a partir de la pubertad son tratados como niños. El seguimiento de estas personas demuestra que adquirieron identidad masculina a lo lar- go de la adolescencia y se desenvolvieron como hombres con bastante faci- lidad, se vistieron y se comportaron como tales en relación a las pautas de su propia cultura, se relacionaron con mujeres y llegaron a casarse y a tener hijos.

otro caso similar es referido por Levay (1993), quien a su vez cita a su descubridor D. C. Gajdusek. Se trata de una familia con el mismo trastorno (deficiencia del enzima 5 alfa reductasa). Este caso es interesante puesto que contrasta con las «niñas dominicanas», en el sentido de que forman parte de culturas radicalmente distintas. Esta familia pertenece al pueblo simbari anga de las tierras altas occidentales de Papúa Nueva Guinea. En- tre ellos los ritos de iniciación en la adolescencia consisten en separar rigu- rosamente a los chicos de las chicas para su preparación a la vida adulta. El grupo de hombres practica el sexo oral entre los adultos iniciadores y los adolescentes iniciados. Esta práctica tiene un sentido simbólico de transmi- sión de la fertilidad. Bien, pues las niñas afectadas por este síndrome fue- ron incluidas en el grupo de mujeres en la pubertad, pero luego se transfor- maron en hombres y ejercieron como tales posteriormente. Este hecho no dejó de causar un gran revuelo en esta sociedad, tal y como indica su des- cubridor.

Refiriéndose a estos casos, Levay (1993) considera que el hecho de que estas personas adoptaran una identidad de género masculino en la pubertad

3. Identidad sexual

indica que la exposición prenatal del cerebro a la testosterona, unida a los fenómenos normales de activación de la pubertad masculina, anula cual- quier efecto de la educación en la determinación de la identidad de género adulta.

Posteriormente, Money y Ehrhardt llegaron a conceder menor importan- cia a las condiciones de crianza en el desarrollo de la identidad de género que en sus trabajos iniciales. Ahora bien, hechas estas consideraciones, no podemos dejar de reconocer las aportaciones de estos autores y sus colabo- radores en este campo.

5.3 Aportaciones desde los distintos marcos teóricos