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B. ANTECEDENTES, ESTADO DE LA CUESTION, REVISION

5. Estrategias generales de branding aplicables a nuestro objeto de estudio

6.2. The Criterion Collection

En el artículo de Schauer y Arosteguy (2005) se aportan valiosísimos datos sobre esta colección, no demasiado documentada en la literatura científica. The Criterion Collection fue fundada en 1983 con el objetivo de editar en Laser disc (un formato de

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cine doméstico que apenas tuvo difusión en Europa pero que consiguió aceptables resultados de ventas en Estados Unidos y Japón) las películas fundamentales de la historia del cine que hasta entonces sólo se podían recuperar en reposiciones en salas de exhibición, filmotecas o pases televisivos. El pujante mercado del video doméstico no prestaba, en ese momento, demasiada atención a los clásicos del cine ya que centraba todas sus energías en la edición de novedades recientemente estrenadas en el cine.

Criterion eligió este formato porque su capacidad permitía incluir documentales, making of y comentarios en audio de cineastas, críticos y estudiosos, valores añadidos que han caracterizado a la colección desde sus inicios, según afirma Crowdus (1999). Sin embargo, este formato presentaba algunos inconvenientes: era muy caro, aparatoso e incómodo. Por ello, los fabricantes de Laser discs apelaron principalmente a una audiencia de nicho, concretamente la de los cinéfilos y académicos que apreciaban la mayor calidad de imagen y sonido con respecto al video doméstico, así como su capacidad de contener las características especiales antes mencionadas. Sobre la relevancia y correcta utilización, aplicación e imbricación de los comentarios de los directores en la estructura del DVD resulta especialmente interesante el trabajo de Parker (2004).

Lo que ha hecho pasar a la historia de la industria del video a Criterion es su condición de pionero en el lanzamiento de ediciones especiales. Así su Laser disc de Ciudadano Kane (1941), editado en 1984 y que incluía guiones gráficos y menús para comparar escenas, se cita a menudo, entre otros por Neapolitan (2003) como el precursor de las ediciones especiales de DVD de hoy en día, que normalmente cuentan con horas y horas de extras, algunos de ellos ocultos (los llamados easter eggs), de tal manera que encontrarlos jugando con el menú y el mando a distancia forma parte de la experiencia de disfrutar del DVD adquirido. Otra acción empresarial de Criterion que indicó el camino a futuros editores de video fue su propensión a asociarse con distribuidores cine de arte y ensayo como Janus Films y propietarios de licencias de éxitos de Hollywood de los diferentes estudios. Ello le permitió editar una mezcla de grandes películas extranjeras (Al final de la escapada, 1960), éxitos de Hollywood (Cantando bajo la lluvia, 1952) y títulos más oscuros y desconocidos como Robinson Crusoe en Marte, 1964.

A partir de 1998 Criterion comenzó a editar en formato DVD, y éste sustituyó rápidamente al disco láser en el mercado de los coleccionistas y explotó en popularidad. Según Schauer y Arosteguy (2005), aproximadamente el 70% de los hogares

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estadounidenses tenían un reproductor de DVD de algún tipo en 2005. Dato que contrasta con la penetración de mercado del Laser disc que nunca pasó del 2% de penetración en el mercado y que, según Crowdus (1999), hace evidente que el Criterion de principios del siglo XXI debe lidiar con una base de clientes mucho más grande y diferente de lo que lo hizo en los años 80 y 90. De esta forma, las películas de Criterion ya no son propiedad exclusiva de la élite: mientras que los coleccionistas de Laser Disc pagaban unos 150 dólares por disco, el DVD Criterion promedio se puede comprar por unos 25 dólares. Sigue siendo caro, comparado con los DVD de otras editoras, pero supone 5 veces menos que el Laser disc. A pesar de los cambios en la industria del video, Criterion ha mantenido un calendario de lanzamientos que refleja la variedad de su colección, con películas que van desde Armageddon (1998) a El séptimo sello (1957).

La expansión del mercado de vídeo también ha suscitado debates sobre el papel de Criterion en la cultura cinematográfica. Kendrick (2001) argumenta que, a través del eclecticismo de su catálogo ha luchado activamente contra lo que él llama las restricciones y modas marcadas por el pensamiento dominante, el gusto, la geografía y el tiempo, aunque admite su sesgo autoral ya que predominan las obras de autores antes que la de los artesanos. Si bien es cierto que Kendrick tiene razón al destacar la notable variedad de la colección, se podría argumentar que la empresa podría introducir de forma aún más decidida títulos de épocas y naciones menos representadas con el fin de ampliar el canon que ha ayudado a crear. De hecho, se podría argumentar que Criterion siempre ha otorgado privilegios, en número y calidad, en sus ediciones a dos tipos de cine muy marcados, el cine de autor europeo y japonés de los años 1950 y 1960, a expensas de otros cines nacionales, géneros y épocas. Criterion parece conocer muy bien su target y ha sido capaz de lograr el éxito con títulos semidesconocidos y poco populares a través de una combinación de altos precios (que convierten sus productos en objetos de lujo), la promoción inteligente, y una base de fans leales, muchos de los cuales tienen suficiente fe en la marca para llegar a comprar títulos a ciegas. Según D'Alessandro (2004) esto permite a la empresa obtener beneficio a partir de la edición de películas de nicho de mercado como el film mudo de 1928 La pasión de Juana de Arco de Carl Theodor Dreyer que vendió quince mil copias en DVD.

Schauer y Arosteguy (2005) concluyen que The Criterion Collection ha llegado a simbolizar la calidad en video casero, pero la industria está cambiando rápidamente a medida que se ha extendido el DVD. En un momento en que los estudios lanzan sus

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propias ediciones de películas clásicas en DVD, Criterion debe navegar a través de la expansión de los mercados de consumo y la competencia de empresas mucho más grandes si se quiere continuar su notable éxito. Y como señala D'Alessandro (2004) tomar nota de sus propias cifras de ventas para asumir que quizá su target ha cambiado. Hasta 2002, la edición más vendida de la colección era Los siete samuráis (1954). En 2003 fue superada ampliamente por Persiguiendo a Amy (1997) y un año después, las cifras fueron pulverizadas por el lanzamiento de Miedo y asco en Las Vegas (1998). Quizá su nuevo público sea gente más joven que disfruta haciéndose con ediciones lujosas y rigurosas de sus éxitos generacionales.