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CUADRO 1 ÁREAS QUE REPRESENTAN EL SUELO INCULTO DEL PAÍS, SEGÚN EL RELATÓRIO ACERCA

Maria Carlos Radich*

CUADRO 1 ÁREAS QUE REPRESENTAN EL SUELO INCULTO DEL PAÍS, SEGÚN EL RELATÓRIO ACERCA

DA ARBORIZAÇÃO GERAL DO PAÍS…, 1868 (ha)

Arenales incultos y dunas de la costa marina 72 000

Superficie de cumbres incultas y eriales 4 242 000

Total 4 314 000

Superficie continental del reino 8 962 000

A la vez, el mapa que acompaña al Relatório representa, en la esca- la 1/500 000, y en dos hojas, una para el sur y otra para el norte, las manchas de los terrenos incultos: la verde para los terrenos del litoral, la castaña para las cumbres incultas y la amarilla para los terrenos impro- ductivos o eriales.

Concluido el trabajo, lo que se logró con notable rapidez, ni Filipe Folque, por una parte, ni Carlos Ribeiro y Nery Delgado, por otra, intenta- ron disimular sus limitaciones. En un informe de Folque, se prevenía al ministro de que el mapa «no era la representación gráfica exacta del suelo inculto de todo el país; ni tampoco el informe era su fiel descripción […]». Una y otro constituían sólo «una base aprovechable para posteriores estudios».

Se repetían, así, las reservas de los dos geólogos relatores: «Más de una vez hemos dicho que las manchas que en nuestro mapa representan el suelo inculto están lejos de una rigurosa exactitud, no sólo con respec- to a su dimensión absoluta, sino también con respecto a su situación». Los autores de los informes parciales expusieron también algunos reparos sobre el problema de la exactitud.

A las dificultades de medir, mejor dicho, de estimar, se añadían las de criterio. Carlos Ribeiro y Nery Delgado son igualmente claros en este punto:

Por ejemplo, ¿deberá considerarse como terreno cultivado aquel que sólo recibe cultivo y se trabaja al cabo de muchos años, y por eso se conserva la mayor parte del tiempo cubierto de matorral? ¿Las pequeñas manchas de suelo cultivado alrededor de los diferentes pueblos, y que hacen de transición al terre- no siempre inculto que las circunda por medio de otro que sólo se cultiva al cabo de mucho tiempo, se deberán considerar aparte, o se añadirán a éste último? En el segundo supuesto, ¿como trazarle los límites?

Para salir de esta dificultad, porque era necesario adoptar un criterio, con- sideramos como terreno inculto no sólo el que nunca recibe cultivo sino también el que sólo lo recibe en largos intervalos de tiempo; e ignoramos las pequeñas manchas de cultivo incluidas en el terreno inculto, así como las de éste último ubicadas en el suelo cultivado. Pero es evidente que, si no se explican con cla- ridad estos puntos, muchos de nuestros ingenieros podrán considerar estas y otras cuestiones de modo distinto al nuestro, lo que dará lugar a enormes erro- res en la evaluación de las superficies que vamos a conocer.

Igualmente por una cuestión de criterio, Ribeiro y Delgado elevan el área total de los terrenos incultos del país de 4 314 000 ha, contabiliza- das por la suma de las indicaciones de los empleados e ingenieros, a 5 millones, en números redondos. En la parte no coloreada del mapa, sa- bían de la existencia de muchos terrenos «con masa forestal permanen- te» o «cultivados sólo tras largos intervalos» y de «una inmensa área sometida al tradicional sistema de barbecho, que no ha sido posible

excluir». Los cinco millones de hectáreas de terrenos incultos co- rrespondían, por fin, a la «parte del país que en un determinado año queda por cultivar». Se debe añadir a este punto el hecho de que para el cómputo de los terrenos considerados incultos resultó indiferente su esta- tuto jurídico.

Como ya se ha señalado más arriba, en el Relatório no hay referen- cias al área forestal; sólo se tuvo en cuenta el artículo 1.° del decreto de 21 de septiembre de 1867. Sobre la materia del artículo 2.° muy poco se adelanta. Carlos Ribeiro y Nery Delgado abren y cierran el tema en pocas líneas: «Sin embargo, ¿cuál es la extensión y el valor de nuestros mato- rrales y bosques?», preguntan. «Poco o nada se sabe a este respecto, y lo poco que sabemos revela una realidad muy triste».

3. LOS DATOS GLOBALES EN 1868

El mismo año en que se publicó el Relatório, Luis Augusto Rebello da Silva sacó a la luz su Compêndio de Economia Rural, que contiene una evaluación, en términos globales, de la ocupación del territorio del país, con lo que ofrecía una visión más amplia que en el Relatório, la cual se limitaba a los terrenos incultos.

La posible fragilidad de la información en que se basaba mereció algunos reparos de Rebello da Silva. «Es de momento poco exacta nuestra estadística oficial […]», reconoce. Parte de los datos que le faltaban, los obtuvo del director general de los departamentos de agri- cultura, comercio e industria, el consejero Rodrigo de Moraes Soares, de quien era amigo, por lo que indica. Sobre el valor de dichos datos es prudente: «A tales datos estadísticos no se puede de momento atribuir una exactitud absoluta, exactitud que incluso fuera de Portugal no siem- pre se alcanza. Basados tan sólo en cálculos y conjeturas, sería arries- gado concederles más alcance del que realmente tienen […] Casi siem- pre inferiores a la verdad, y a veces muy inferiores, las capacidades de producción aparecen atenuadas por los informadores, recelosos de la acción del fisco». A tales «cálculos y conjeturas», Rebello da Silva añade otros, de su propia elaboración, cuyo proceso de realización se explica y expone a través de los resultados globales comprendidos en el cuadro 2:

CUADRO 2. SUPERFICIE DE PORTUGAL. SU DIVISIÓN AGRÍCOLA,

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