• No se han encontrado resultados

Las mutaciones medioambientales del siglo

Paul Arnould*, Pascal Marty** y Laurent Simon*

MAPA 1. SITUACIÓN GEOGRÁFICA DE LAS REGIONES ESTUDIADAS

2.1. Las mutaciones medioambientales del siglo

afectan a medios triplemente marginales

Los nombres de lugares que figuran en los mapas de Cassini y Belleyme del siglo XVIIIy del Estado Mayor en el XIXdan indicaciones sóli- das y claras acerca de los paisajes rurales dominantes al inicio del XIX. En el inmenso espacio sudaquitano en forma de delta comprendido entre el estuario del Gironda al norte y el curso bajo y medio del Adour al sur, con su parte más baja en la orilla del océano Atlántico, la más rectilínea de Europa, y su mayor altura en las colinas del Bajo Armañac, en la peque- ña ciudad de Nérac en la Baïse, los términos Landas de Gascuña, Gran

Landa, Pequeñas Landas, Landas del Marensin, del Bazadais, del Born, del Marsan, del Médoc... son la firma toponímica de un paisaje vegetal

omnipresente. Mientras que en otros lugares de Francia las landas no suelen ocupar sino una pequeña parte de los términos comunales, a menudo los más ingratos en el plano ecológico, aquí es el terreno casi único. El bosque está limitado, en efecto, a los valles, en la forma de bos- ques-galería de fuerte originalidad ecológica y fisionómica, o bien subsis- te sobre los inmensos llanos interfluviales en forma de pequeños bosquecillos aislados. La estructura paisajística fundamental es la de una matriz de landas punteada de islotes forestales y surcada por las estruc- turas lineales de los bosques-galería. La imagen económica y social emblemática de estas landas del siglo XIXes la del pastor con el chaleco de piel, plantado sobre sus zancos y vigilando su rebaño de ovejas mien- tras éste pasta.

Esta supremacía aplastante de la landa sobre las tierras de labor y el bosque depende, por un lado, de un contexto ecogeográfico de una sor- prendente singularidad, y por otro, de herencias históricas milenarias.

La recuperación del bosque de las Landas se inscribe en un medio con fuertes condicionantes. Más que el clima, clemente tanto por sus constantes térmicas como hídricas, lo que imprime a las Landas de Gascuña su singularidad ecológica es la conjunción de la presencia aplas- tante de la arena y el agua. Se trata de medios a la vez acidófilos e hidro- morfos en los que se acumulan los problemas para la mercantilización agrícola. Dentro del territorio templado de llanuras y mesetas de la facha- da oceánica occidental del continente europeo, pertenecen a la gran fami- lia de las landas y las turberas, espacios que las sociedades campesinas han dejado vacantes o han utilizado de manera muy extensiva para activi- dades pastoriles.

Su originalidad depende en parte del tamaño gigantesco de este sis- tema espacial y de la paradoja que supone la existencia de vastos espa- cios pantanosos sobre sustratos arenosos y, por tanto, permeables en apariencia. Este megasistema areno-pantanoso se creó esencialmente a lo largo del último período frío del cuaternario, el Würm, partiendo de apor- tes considerables de materiales arenosos por los cursos de agua que bajan del piedemonte pirenaico y de una redistribución debida a los fuer- tes vientos del oeste, en forma de placajes en capas que evocan condi- ciones de gran aridez. El término Sáhara interior, utilizado a menudo por literatos del siglo XIXescasos de metáforas impactantes, caracteriza bien

la incongruencia de este vasto manto arenoso de factura desértica en el corazón de un medio templado.

La concreción de las condiciones de una sorprendente marginalidad ecológica está ligada a la conjunción de múltiples factores que se suman para contrariar la circulación vertical y oblicua del agua:

— Débil pendiente, en conjunto, de la llanura del oeste que no favo- rece en absoluto el deslizamiento lateral del agua.

— Existencia de múltiples contrapendientes y minidepresiones, for- madas en condiciones de erosión periglaciares por el agua, el viento y el hielo. El emplazamiento de las innumerables charcas, llamadas localmente lagunas o lagües, es muy a menudo una herencia de la fusión de una lentilla de hielo llamada pingo por los geomorfólogos.

— Efecto de barrera del poderoso cordón litoral, formado por nume- rosas generaciones de sistemas eólicos, tras el que se instala un verdadero rosario de estanques (Biscarosse, Hourtin, Cazaux, Aureilhan, Leon, Soustons, Seignosse, Mimizan, Uza...), que sólo se comunican con el océano a través de estrechos emisarios lla- mados localmente corrientes.

— Carácter embrionario del equipamiento hidrográfico. El único curso de agua de importancia es el modesto Leyre, con un siste- ma de afluentes restringido. El término areísmo húmedo, pro- puesto por autores canadienses, se aplica particularmente a este sistema de flujo lineal indigente.

— Nivel de arcillas y de margas impermeables sobre el velo areno- so que bloquean la infiltración.

— Horizonte endurecido e impermeable por acumulación de hierro y de materia orgánica a poca profundidad, caracterizando el hori- zonte B de los podsoles ferro-húmicos y llamado localmente alios o garluche, que dificulta la percolación vertical de las aguas. Todos estos parámetros, actuando a escalas diferentes de tiempo y de espacio, concurren para hacer de las Landas de Gascuña un medio aparte. La singularidad ecológica abre la puerta a experiencias de orde- nación poco comunes.

A la marginalidad ecológica se superpone una marginalidad social y económica. Las descripciones de Arthur Young en sus viajes por Francia en 1787-1789 trazan el retrato de un desierto humano, es decir, un espa- cio prácticamente vacío de hombres.

Las descripciones de pastores del siglo XIX realizadas por Edmond About en Maître Pierre o por Jean-Baptiste Lescarret en Le dernier pasteur

des Landes, fijan la imagen de un modo de vida en vías de desaparición.

Hippolyte Taine, en su Voyage aux eaux des Pyrénées, pinta una humani- dad de seres sufrientes y degenerados. Entre exaltación romántica, des- cripciones sumarias y caricaturescas, alegato en defensa de unos géneros de vida tradicionales o condena de una economía al margen de los nuevos circuitos financieros, es muy difícil captar la realidad socioeconómica de las Landas en el siglo XIX. Su sistema agropastoril se apoya en una original

estructura de la propiedad rústica: en la Landa Central, 117 000 ha, es decir, el 44 % del territorio, son comunales. La reforestación en las Landas

no será solamente una proeza técnica, sino que corresponderá fundamen- talmente a una gigantesca operación de reparto de los comunales, de ena- jenación, de privatización. Subastas, concesiones, cesiones de grandes o pequeños lotes, siguiendo los contextos locales, desembocarán en un espectacular traspaso de la propiedad.

Para superar la marginalidad económica, el principal proyecto de los siglos XIXy XXapunta a la construcción de un canal, la gran infraestructu- ra pesada de circulación por excelencia. La idea de un enlace Burdeos- Bayona por Arcachon, por detrás del cordón de dunas, paralelamente al litoral, se propone por motivos tanto estratégicos como económicos o incluso ecológicos. El proyecto nunca verá la luz.

Finalmente, lo que contribuye de manera decisiva a integrar las Landas en el espacio nacional es la conexión de estos espacios margina- les gracias al ferrocarril. La línea de ferrocarril Burdeos-Bayona, pasando por Arcachon y Dax, en la cual se inserta una densa red de líneas secun- darias, va a tener un papel decisivo para permitir la evacuación de los pro- ductos leñosos del macizo forestal de las landas en gestación.

2.2. Los tiempos y los lugares de la reforestación:

Documento similar