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Cuadro 9.5 ¿Qué dice la resolución 1325 sobre las negociaciones de paz? […]

Processes. October 2005 <http://www.womenwarpeace.org/issues/peaceprocess/Securing_the_Peace.pdf>

tuerca que quienes están en la posición de terceros incorporen este tema a la agenda y hagan ver a las par- tes la necesidad de trabajar desde este enfoque inclusivo.

¿Cuál debe ser, por tanto, el papel de la comunidad internacional, desde su posición privilegiada, para lograr que los procesos de paz no se conviertan en reproductores de la discriminación y la exclusión? La resolución 1325 establece un marco claro al respecto, apuntando a las responsabilidades que deben ser asumidas no sólo por los Gobiernos, sino también por el Secretario General de la ONU, y en general por todos aquellos que de alguna manera intervienen en estos procesos de negociación.

Por otra parte, UNIFEM, reconociendo este papel crucial de la comunidad internacional, ha elaborado una serie de recomendaciones para lograr la participación efectiva de las mujeres en los procesos de paz24. Con

estas recomendaciones pretende orientar la actuación de la comunidad internacional en la incorporación de la perspectiva de género en aquellos procesos de paz en los que ésta se involucre de una u otra manera y desde los momentos más iniciales de los procesos. En primer lugar, UNIFEM apunta a una serie de factores clave necesarios tanto para garantizar la intervención de las mujeres como para la inclusión de la perspec- tiva de género: la creación de una base social de mujeres con una agenda sensible a las cuestiones de géne- ro y su incorporación a las negociaciones de paz (especialmente en los primeros momentos del proceso); el establecimiento de estructuras que faciliten las aportaciones de las mujeres y proporcionar un apoyo estra- tégico (a lo largo de las negociaciones); abordar las prioridades de las mujeres en el acuerdo de paz y ase-

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Cuadro 9.4. Las negociaciones de paz en Sri Lanka

Las negociaciones de paz que pretenden poner fin al conflicto armado que asola el norte y el este del país desde el año 1983 se iniciaron en el año en el año 2002, con la facilitación de Noruega, después de que el Gobierno y el grupo armado de oposición LTTE firmaran un acuerdo de alto el fuego en febrero del mismo año. En el mes de diciembre, durante la celebración de la terce- ra ronda de negociaciones se acordó la creación de un subcomité que permitiera la participación de las mujeres. Hasta ese momento, la única mujer que había participado en éstas había sido A. Balasingham, esposa de A. Balasingham, líder del equipo negociador del LTTE.

¿Qué llevó a la creación de este subcomité, que posteriormente fue bautizado por las mujeres que lo integraron como subcomi- té de género? La conjunción de varios factores explica esta decisión. En primer lugar, la existencia de la resolución 1325 del Con- sejo de Seguridad de la ONU que insta a la participación en igualdad de condiciones de las mujeres en todas las dimensiones y fases de los procesos de paz. La existencia de este instrumento, que apela a la responsabilidad de los Estados para facilitar esta participación, sumada a la existencia de un movimiento de mujeres muy activoen sus presiones para la inclusión de esta cues- tión en la agenda de las negociaciones llevó a un Gobierno como el de Noruega, sensibilizado con el tema, a promover la cre- ación de este espacio. Además, Noruega nombró a una facilitadora para dinamizar este subcomité en el que participaron repre- sentantes del LTTE y del Gobierno de Sri Lanka.

Cuadro 9.5. ¿Qué dice la resolución 1325 sobre las negociaciones de paz?

[…]

Reconociendo que la comprensión de los efectos de los conflictos armados en las mujeres y las niñas, unos mecanismos institu- cionales eficaces para garantizar su protección y la plena participación en el proceso de paz pueden contribuir considera- blemente al mantenimiento y el fomento de la paz y la seguridad internacionales,

[…]

Alienta al Secretario General a que ejecute su plan de acción estratégico (A/49/587) en el que se pide un aumento de la parti- cipación de la mujer en los niveles de adopción de decisiones en la solución de conflictos y los procesos de paz; […]

Pide a todos los que participen en la negociación y aplicación de acuerdos de pazque adopten una perspectiva de géne- ro, en que se tengan en cuenta y se incluyan, entre otras cosas:

a)Las necesidades especialesde las mujeres y las niñas durante la repatriación y el reasentamiento, así como para la rehabili- tación, la reintegración y la reconstrucción después de los conflictos;

b)Medidas para apoyar las iniciativas de paz de las mujeres localesy los procesos autóctonos de solución de conflictos y para hacer participar a las mujeres en todos los mecanismos de aplicación de los acuerdos de paz;

c)Medidas que garanticen la protección y el respeto de los derechos humanos de las mujeres y las niñas, particularmente en lo relativo a la constitución, el sistema electoral, la policía y el sistema judicial;

gurar una implementación de éste sensible al género (para garantizar beneficios para las mujeres en la fase posbélica).

Así, es más probable que las opiniones de las mujeres sean tenidas en cuenta si éstas disponen de una agen- da común que agrupe a los diferentes colectivos de mujeres, más allá de sus diferencias sociales, políticas y geográficas, y la comunidad internacional puede jugar un papel clave facilitando la construcción de una red entre las mujeres que se han visto afectadas por un conflicto armado. Otra contribución clave puede ser la de ofrecer apoyo para que estas organizaciones puedan pedir un espacio de participación en las negocia- ciones o presionar a los actores armados para que incluyan a mujeres en sus delegaciones.

El reto no sólo está en incrementar la presencia de las mujeres en las negociaciones de paz, sino en lograr una mayor atención a las cuestiones de género en todas las dimensiones de los procesos de paz

por parte de todos los actores, incluyendo la fase de rehabilitación posbélica25.

Pero más allá de las consideraciones de justicia, ¿qué puede aportar a los procesos de negociación de paz la participación de las mujeres? En todas las sociedades que se ven afectadas por los conflictos armados las mujeres son motor impulsor de multitud de iniciativas cotidianas de mediación y construcción de paz, espe- cialmente en aquellas sociedades profundamente divididas, en las que algunas mujeres han sido capaces de tender puentes de diálogo y de empatía más allá de los motivos que llevaron a la confrontación armada y de los profundos ejes de odio y polarización.

Este acervo de experiencia que las mujeres han acumulado a lo largo de la historia y a través de sus prácti- cas cotidianas, supone una contribución a la construcción de la paz enormemente valiosa, que desgracia- damente, en la mayoría de ocasiones, permanece invisibilizada y en un segundo plano. Si las prácticas de mediación de las mujeres cobraran un mayor protagonismo en el desarrollo de los procesos de negociación y acercamiento entre las partes enfrentadas, tal vez algunas de las dificultades con las que diariamente deben lidiar las personas que deciden emprender la aventura de transformar los conflictos armados (la des- confianza, la falta de empatía, el desprecio por el enemigo que impide su consideración como interlocutor legítimo, entre otras), serían más fácilmente subsanables. Repensar cómo incorporar este saber, que per- mita dejar atrás dinámicas viciadas y obstáculos insalvables, supone un reto al que se deberá hacer frente si se quiere explorar nuevos caminos y nuevas herramientas que lleven al fin de la violencia armada.

Feminizar los procesos de mediación en los conflictos armados no sólo supone una mayor participación de las mujeres, sino la incorporación de toda una serie de valores que afortunadamente y a pesar de todo, han quedado a resguardo de las sociedades patriarcales y su fascinación por la violencia. Esto implica afrontar los procesos que llevan a la firma de los acuerdos de paz no sólo desde una nueva mirada y metodología, sino incorporando a las negociaciones cuestiones, tal vez ajenas a la agenda de la alta política, pero que forman parte de la vida cotidiana de toda la población que se ha visto afectada por un conflicto armado.

25. Division for the Advancement of Women, Peace agreements as a means for promoting gender equality and ensuring participation

of women. Report of the Expert Group Meeting. <http://www.womenwarpeace.org/issues/peaceprocess/EGM2003Agreements.pdf> 135

Cuadro 9.6. El empoderamiento de las mujeres

Uno de los conceptos cuyo uso se ha extendido más en los últimos años es el del empoderamiento de las mujeres, como herra- mienta de transformación para la obtención de autonomía. ¿Pero qué significa esta palabra? Desde Naciones Unidas el empode- ramiento se ha entendido como aumento de poder para, poder cony poder desde(en contraposición al poder sobre), como estrategia y objetivo del desarrollo. Se entiende que el empoderamiento, por su carácter transformador, busca no sólo una mejo- ra de la condición de las mujeres a través de la satisfacción de sus intereses prácticos; sino también, una mejora de su posición en las relaciones de género a través de la satisfacción de sus intereses estratégicos.

El empoderamiento es sobre todo un procesoque debe partir de las propias mujeres y cuyo objetivo final sea la plena participa- ción en igualdad de condiciones en la toma de decisiones y en los beneficios que los procesos de desarrollo tengan para las socie- dades. El empoderamiento supone también la capacidad de cuestionar los poderes y las estructuras establecidos que generan opresión y exclusión.

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Géner

o

Países con graves desigualdades de géner

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Conclusiones

Al finalizar 2005, se constataba la existencia de 21 conflictos armados, cuatro menos que en 2004, siguiendo la tendencia a una disminución de los conflictos armados que se está dando en los últimos años. En cuanto al análisis regional, el continente asiático es donde se ha producido un cambio de tendencia más remarcable, ya que la mayoría de los conflictos armados asiáticos se encuentran estancados o en reducción de la violencia, destacando la firma del acuerdo de paz en Aceh (Indonesia); por otra parte, el continente africano es el que en términos absolutos ha experimentado una mayor reducción del número de los con- flictos armados en los dos últimos años: Sudán (SPLA), Liberia y Nigeria (centro y norte). Además, de los res- tantes conflictos africanos, Burundi y Côte d’Ivoire están atravesando procesos que pueden llevarles a supe- rar los conflictos que padecen. Los conflictos armados contemporáneos continúan caracterizándose por ser mayoritariamente de carácter interno, aunque el fenómeno del terrorismo debe incorporarse al análisis debido a la distorsión y la contaminación que ha provocado en la comprensión de los conflictos armados actuales. Este hecho ha supuesto una nueva lectura de las relaciones internacionales y la deslegitimación y simplificación de los discursos de los grupos armados de oposición que utilizan la violencia para conseguir unos objetivos políticos determinados.

Las situaciones de tensión y disputas de alto riesgoa lo largo del 2005 han estado presentes en 56 escenarios a escala mundial, casi la mitad de ellos en el continente africano. Efectivamente, África ha segui- do albergando buena parte de los contextos de tensión, en donde se reflejan situaciones de especial vio- lencia que hacen temer un recrudecimiento de la situación, como es el caso de República Centroafricana, pero en donde también aparecen algunas oportunidades esperanzadoras como la de Liberia. La celebra- ción de períodos electorales en varios de los contextos analizados ha venido a menudo acompañada de des- estabilización, ya que con frecuencia se han desarrollado entre acusaciones de fraude y manipulación, a la vez que de violencia y represión, como ha sido el caso de Egipto o de Kirguistán. De entre el total de con- textos de tensión, destacan por su intensidad 23 escenarios situados en 29 países. Dichos escenarios han merecido una especial mención y análisis por su susceptibilidad de escalada a conflicto armado, teniendo en cuenta la especificidad de cada dinámica regional a la hora de considerar este potencial. En este sentido, cabe señalar la atención concedida por Naciones Unidas a la prevención de conflictos durante el año 2005, que ha puesto de relieve la necesidad de reforzar el papel de la sociedad civil y de las organizaciones regio- nales en materia de prevención, a la vez que del propio Consejo de Seguridad.

El año 2005 pasará a la historia de los procesos de pazpor haber finalizado uno de los conflictos armados más letales de la historia contemporánea, el que ha afectado al sur del Sudán durante más de veinte años. En enero, el Gobierno sudanés y el SPLA firmaron un acuerdo de paz definitivo, después de tres años de negociación en Kenya. El otro hecho destacable es el rápido y sorpresivo desenlace del conflicto de la región indonesia de Aceh, gracias a los buenos oficios de Finlandia, y que ha permitido el desarme del GAM al fina- lizar el mismo año. Por su simbolismo en Europa, es de mencionar igualmente la renuncia de la lucha arma- da por parte del IRA y su posterior desarme, poniendo fin al conflicto de Irlanda del Norte. 2005 finaliza así con 35 negociaciones en marcha, aunque se ha prestado una atención preferente a aquellos procesos sobre los que existe suficiente información como para observar su evolución a lo largo del año. De las 26 nego- ciaciones consideradas en este sentido, 18 correspondían a conflictos armados, seis a conflictos no resuel- tos y dos a conflictos que han finalizado. Es de destacar, además, que existen negociaciones en dos de cada tres conflictos armados. Finalmente, en lo concerniente a la temperatura de la paz, los procesos del conti- nente asiático han tenido una evolución bastante más positiva que los africanos, que han presentado una tendencia a la baja.

A lo largo del año los países en rehabilitación posbélicay en fase de transición se han caracterizado por unos altos índices de violencia e inseguridad y unos Gobiernos provisionales con poca capacidad de ges- tión y generalmente con tendencias de marcado interés partidista. Estos factores han coartado la puesta en marcha de las tareas propias de un proceso de rehabilitación, como ha sido el caso en Cote d´Ivoire, Con- go y RD Congo, principalmente. Es interesante constatar que las enormes necesidades humanitarias de la población propias de un contexto de transición han condicionado el destino del dinero a tareas de emer-

gencia y asistencia humanitaria, en detrimento de otros aspectos más propios de la rehabilitación, un fac- tor que contribuye a perpetuar la dependencia del país de las contribuciones exteriores. En cuanto a los paí- ses en fase de rehabilitación, su evolución se ha visto condicionada por: la debilidad del Estado de derecho y, por ende, del sector de la seguridad; Gobiernos con marcadas tendencias autoritarias y de control de las voces disidentes, como los de Rwanda y Tayikistán; y por último, la lentitud en la puesta en marcha y eje- cución de procesos de reconciliación y reparación de las víctimas, así como de respuesta a los requerimien- tos de los tribunales penales internacionales, como ha sido el caso de Bosnia y Herzegovina. Por último, es necesario destacar la necesidad de adoptar un enfoque más estratégico y coordinado de la respuesta inter- nacional a este tipo de contextos.

En cuanto a las crisis humanitarias se desprenden dos constataciones. En primer lugar, la existencia de un leve descenso por lo que se refiere al número total de escenarios de crisis (que han pasado de 44 en 2004 a 43 en 2005), registrándose además un pequeño aumento de dichos contextos en el continente asiático. En segundo lugar, la mejora de algunas de estas crisis (Angola, Sierra Leona, Rwanda o Kosovo) se produjo principalmente en países que se encuentran en situación de rehabilitación posbélica; mientras que el mayor deterioro lo sufrieron aquellos que atravesaban un conflicto armado o una situación de tensión (Sudán, Uganda, Zimbabwe, Colombia, Indonesia o Iraq, entre otros), o bien habían sido víctimas de los desastres naturales más virulentos del año (Níger, Malawi o Pakistán). Por lo que respecta a la acción humanitaria

cabe subrayar los crecientes y graves problemas de inseguridad sufridos por el personal humanitario (espe- cialmente en Darfur y Afganistán) que suponen un continuado problema que compromete las tareas huma- nitarias y despierta innumerables dilemas. Por otra parte, la constante falta de fondos y el desvío de ayuda provocado por la crisis del tsunami, han vuelto a tener su principal víctima en las llamadas crisis olvidadas, principalmente en el continente africano. Todo este panorama desembocó de nuevo en cuantiosos foros y encuentros que plantearon numerosas lecciones aprendidas (a posteriori poco aplicadas), así como una interesante reforma del sistema humanitario destinada a responder con mayor rapidez y eficacia ante las cri- sis humanitarias actuales.

Respecto la situación en materia de desarme, la tendencia internacional mayoritaria respecto el ciclo arma- mentista presenta un panorama muy desolador, que difiere en gran medida de las iniciativas internaciona- les en materia de proliferación de armamento ligero. La tendencia de estos últimos años muestra el aumen- to del gasto militar mundial a unas cifras que ya superan el billón de dólares y se sitúan en los mismos niveles de la Guerra Fría. Este aspecto va en detrimento de políticas más sociales, sobre todo en materia de I+D. Por su parte, la política de exportaciones de las principales potencias también mostró una tendencia al alza, recordando que cuatro de las cinco primeras son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. A este aspecto hay que añadir que las políticas de exportaciones no vienen amparadas por nin- gún tipo de legislación al respecto, lo que también ha llevado a una proliferación ilícita de armamento lige- ro. Este panorama tan negativo presenta algunos aspectos más esperanzadores, tanto a partir de la implan- tación de un Tratado Internacional de Comercio de Armas, como del hecho de que el Código de Conducta de la UE pase a ser legalmente vinculante. También se han venido realizando iniciativas de desarme y de implementación de programas de DDR, las cuales están siendo seguidas y analizadas para así intentar con- seguir una óptima realización en los presentes y futuros casos.

A finales de 2005 volvía a reabrirse el debate sobre la protección y garantía de los derechos humanosen el contexto de la lucha antiterrorista como uno de los principales retos que afronta la comunidad interna- cional. La falta de respuesta unánime y las acciones adoptadas por determinados Gobiernos occidentales está provocando una grave amenaza a todo el sistema global de derechos humanos construido durante más de 60 años por Naciones Unidas debido a prácticas como la tortura o la detención secreta. La acción de estos países tienen un gran impacto en la comunidad internacional hecho que puede provocar una ame- naza aún mayor como es el debilitamiento de esta legislación. En un momento de debate sobre la reforma de Naciones Unidas (y de la Comisión de Derechos Humanos), en el que la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos aboga por la necesidad de pasar a la era de aplicación de la normativa de derechos humanos, todos los Estados, pero en especial aquellos con una gran capacidad de acción exte- rior (como EEUU o la UE), deben cumplir más que nunca con el compromiso adquirido en 1948 con la

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