Signos del creador, los seres aparecerán de la manera más variada y más rica al término de la cuarta vía.
Ésta parte de toda especie de perfección finita cuya noción pueda implicar un modo infinito: por ejemplo, la belleza y la bondad de los seres, incluso en el orden sensible, el pensamiento y el amor en el orden espiritual. Por vía de casualidad, el resplandor real, pero limitado, de las perfecciones conocidas por nosotros, será referido como un reflejo, a un resplandor absolutamente perfecto, a un principio de todo bien.
Históricamente esta prueba proviene del platonismo.
Platón se eleva del mundo sensible al mundo inteligible, es decir a las ideas, tales como la belleza y la justicia, dominadas por la idea suprema de bien; Ésta son modelo que contempla y reproduce el demiurgo, artífice del universo.
En el banquete, platón invita al iniciado a remontarse de grado en grado a la idea de lo bello en sí: <Belleza a la cual, primeramente, corresponde una existencia eterna, que ignora la generación y la destrucción, crecimiento y decrecimiento...; Esta belleza, no se la representará... existiendo en algún sujeto distinto, por ejemplo, en un ser viviente, sobre la tierra o en el cielo, o en cualquier otra cosa; pero se la representará más bien en sí misma y por sí misma, eternamente unida a sí misma por la unicidad de su forma, mientras que las otras cosas bellas participan todas de esta de que se trata, de modo tal que la generación y la destrucción de las otras realidades no produce nada, ni en más ni en menos, en esta de que hablo y que no sufre tampoco ninguna consecuencia>56
Según la republica, los hombres son semejantes a unos principios, encadenados desde su infancia en el fondo de una caverna, incapaces de ver algo más que las sombras de las cosas relacionadas producidas sobre la pared por un fuego
exterior; si se libra de sus ligaduras, si salen de la caverna, percibirán los verdaderos objetos y la luz misma.
Es el símbolo de la ascensión del alma hacia las ideas y hacia la más alta de todas, el bien en sí: <en los últimos confines del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe difícilmente, pero que no puede percibirse sin concluir que es la causa universal de todo lo que hay de bueno y bello; que en el mundo visible es ella la que ha creado la luz y el dispensar de la luz; y que en el mundo inteligible, es ella la que dispensa y procura la verdad y la inteligencia>57.
San Agustín; en la ciudad de Dios, alaba a los platónicos por haberse elevado desde las formas susceptibles de más y de menos, y por consiguiente mutables, a la forma primera e inmutable58.
Santo Tomas de Aquino sitúa el argumento en un contexto filosófico diferente: aunque reconoce los grados de perfección de las esencias, lo que pretende explicar es la existencia de las realidades más o menos perfectas; su acto de existir requiere una causa, el ser por sí y perfecto. Llegando así a un Dios ser necesario, Santo Tomas hace la síntesis de los aspectos del ser divino que Platón había percibido, aunque sin haberlos referido claramente a un solo y mismo Dios: por una parte, belleza, bondad, inteligible supremo e intelecto supremo, toda perfección, ser en plenitud; Por otra parte, artífice del universo que ordena y forma. Dios es todo esto, porque es el ser que no puede no ser; y por consiguiente, mucho más que un simple demiurgo que había organizado el mundo, es el creador del que proviene todo ser y toda perfección.
Así la doctrina de la participación adquiere un sentido nuevo, y el ejemplarizo halla su razón profunda en la idea de creación.
He aquí el texto de Santo Tomas:
Quaria via sumitur ex gradibus qui in rebus inveniuntur59.
El punto de partida, como siempre, está sacado de la realidad.
Invenitur enim in rebus aliquid magis et minus bonum, et verum, et nobile; et sic de aliis huiusmodi60.
Hay grados de perfección en las cosas; ahora bien, estos grados no solamente invitan a concebir un máximo de perfección, sino que también requieren su existencia; pues una perfección que existiera por sí misma, existiría sin límite; todo grado, todo limite denotan dependencia; una perfección limitada ha de ser participada de un ser que la posee en plenitud y al que ella se aproxima más o menos.
57 Platón, republica, VII, III, 517bc.
58 <Viderut omnem speciem in re quacumque mutabili... non esse posse nisi abillo qui vere est, quia
incommutabiliter est... quod autem recepit magis et minus, sine dubitatione mutabile est> (de civit. Dei, VIII, 6; P.l., 41, 231).
59 <La cuarta vía procede de los grados que se observan en las cosas.>
60 <En efecto, vemos que las cosas son más o menos buenas, más o menos verdaderas, más o menos
Sed magis et minus dicuntur de diversis secundum quod appropinquant diversimode ad aliquid quod máxime est: sicut magis calidum est, quod magis apropinquat máxime calido61.
La comparación con el calor sólo tiene aquí valor de imagen
Est igitur aliquid quod est verissimum, et optimum, et nobilissimum, et per consequens maxime ens: nam quae sunt maxime vera, sunt maxime entia, ut dictur 2 metaph. (1. cap. 1)62.
Sin embargo, santo Tomas demuestra explicitamente que la relación de lo perfecto a lo imperfecto es una relación de causalidad: se da comunicación de ser por una causa suprema, ejemplar y eficiente a la vez.
Quod autem dicirtur máxime tale in aliquo genere, est causa omnium quae sunt ilius genereis: sicut igniss, qui est máxime calidus, est causa omnium calidorum, ut in eodem libro dicitur (ib.). ergo est aliquid quod est causa esse, et bonitatis, et cuiuslibet perfectionis in rebus ómnibus: et hoc dicimus deum63
Esquematicemos el argumento siguiendo el mismo plan de siempre: el hecho, la aplicación del principio de causalidad y la conclusión.
1.el hecho de los grados de perfeccion. ¿A qué perfecciones va a referirse la
prueba?
Se las llama perfecciones simples; son aquellas cuyos nombres designan una perfeccion sin defecto: Absoluto perfectionem absque defectu designant (C.G. 1, 30). Se oponen a las perfecciones mixtas, que se las están necesariamente mezcladas con imperfecciones.
Entre las perfecciones simples aparecen dos grupos distintos.
En primer lugar, las perfecciones trascendentales, es decir, aquellas que, resultando directamente de las noción de ser, convienen a todo ser, cualquiera que sea: Todo ser posee, por lo menos en cierto grado, la unidad, puesta que, aunque sea compuesto, sus partes son correlativas; la verdad, por ser inteligible; La bondad, ya que la perfección que implica es objeto de apetito; la belleza puesto que la facultad cognoscente se complace al ver esta perfección. En segundo lugar, se recogen las
perfecciones no trascendentales, que, por tanto, no convienen a todo ser, pero que no
implican por sí misma ninguna limitación, y pueden ser elevadas a un modo infinito: así la inteligencia, la voluntad, la justicia, la misericordia; éstas sólo pertenecen a los seres
61 <Ahora bien, el más y el menos se dicen de las cosas diversas según que diversamente estas cosas se
acerquen a aquello que realiza el máximo; por ejemplo, se dirá que es más caliente aquello que se acerque más al máximo de calor.>
62 <Hay pues, alguna cosa que es soberanamente verdadera, soberanamente buena, soberanamente
noble, y por consiguiente también, soberanamente ser, pues, como hace ver Aristóteles en la metafísica, lo que es supremo en cuanto a la verdad, lo es también en el ser.>
63 <Por otra parte, lo que se dice soberanamente tal, en ungénero cualquiera, es causa de todos los
casos de este género, como el fuego, caliente hasta el máximo, es causa del calor de todo lo demás, tal como se dice en el mismo libro. Por tanto, hay alguna cosa que es para todos los seres causa de ser, de bondad y de toda perfección. Es lo que llamamos Dios.>
personales, pero su concepto no implica que sean medidas o participadas: pueden no tener limites.
Serán compatibles también con el modo supremo de las perfecciones trascendentales: así puede concebirse una inteligencia que se piensa a sí misma en la unidad perfecta, sin estar, como la nuestra, dispersa en lo múltiple.
A estas perfecciones simples, trascendentales o no, se oponen las perfecciones mixtas, que conservan por esencia alguna imperfección: así la magnitud espacial, el poder de razonar, etc.; los términos sólo las expresan de un modo propio a las criaturas: cum modo proprio creaturis (C.G. 1, 30). Pueden tener grados: las magnitudes del espacio varían del minúsculo elemento de átomo a los campos de galaxias; sin embargo, estas magnitudes no poseen jamás la unidad perfecta, pues todo ser extenso en el espacio está compuesto de partes cuantitativas. Asimismo, el poder de razonar, es decir, de pasar de varios juicios a otro, puede ser más o menos rápido y penetrante, pero denota una inteligencia imperfecta cuyo avance se produce en el tiempo. Los grados de perfecciones mixtas podrían ser tomados como signos de contingencia y fundar una prueba de Dios; no obstante, puesto que estas perfecciones no son formalmente aplicables a la causa primera, no las vamos a tener en cuenta aquí. A fortiori excluiremos las perfecciones que no son susceptibles de grados, como los géneros y las especies: el animal o es águila o león, o no lo es, no hay grado posible.
Es evidente que las perfecciones simples tienen grados: la unidad de un montón de piedras no es la de la de un ser vivo; la verdad o la inteligibilidad de un encuentro fortuito (tal planta que está en tal anfractuosidad) no es tan perfecta como la de una correlación de órganos (así, en el ojo, el iris y el cristianismo); los objetos son más o menos buenos o deseables, las voluntades más o menos nobles, y así toda perfección.
el principio de causalidad interviene: Todo lo que no existen por sí, existe por otro.
Aquí hay que demostrar que si existe una perfección limitada, el ser que la posee es necesariamente dependiente, que ha debido recibir esta perfeccion, participarla de otro.
En efecto, si una perfeccion existiese por sí misma, sería ilimitada. Una perfección no puede ser el principio de su propia limitación. Por sí mismo, el ser no podría limitarse por el no ser; lo que es por su esencia, se identifica con el ser infinito. Por sí, el bien es asimismo positivo por entero; no implica limite alguno, especialmente, ningún mal. Así, tampoco la belleza está de sí limitada por su ausencia por su privación, la fealdad. Una perfección que existiese de manera absolutamente independiente, no podria ser sino infinita.
Ahora bien, en nuestra experiencia, las perfecciones son limitadas. La belleza, por ejemplo, que en sí misma no implica límite alguno, está sin embargo, limitada a tal orden y a tal grado; hay la belleza de un edificio, de una melodía, de un discurso, de una acción moral, y, en cada uno de estos géneros, predicciones más o menos acabadas. La perfeccion se realiza en los seres, pero no se agota nunca; la belleza es un ideal que no colma, en el artista, nada de lo que él puede ver o producir. Pero estas
perfecciones limitadas que el atraen y el decepcionan a un tiempo, lo orientan a una realidad más alta; no tienen la existencia por sí mismas, son participadas.
Así se desprende la conclusión. Hay una causa de las perfecciones limitadas: la perfección infinita no es un mero ideal. Las perfecciones que implican grados no tendrían razón de ser si no fueran comunidades, en último, por un ser absolutamente perfecto.
Podria parecer que, por este camino, se llega a una pluralidad de perfecciones, que son del ser, deben coincidir en la noción de ser por sí mismo, que no puede limitarse por el no ser y posse toda perfeccion concebible.
¿Cómo la perfeccion, infinita en la causa, es finita en los efectos? Queda limitada por la capacidad de las esencias que la reciben: una catedral sólo puede recibir la belleza que el es propia, y que no es la de una sinfonía. El don del ser y de las perfecciones que implica se limita, en cada esencia, a aquello que le conviene: hay simple participación de las criaturas en la perfección divina. Únicamente el acto por sí, ser por sí, que no es un ser recibido, medido, participado por alguna esencia determinada, existe más allá de toda medida y sin ningún limite.
Actus in nullo existens, nullo terminatur, escribe santo Tomas (C.G. 1, 43).
Las nociones de contingencia y de necesidad no son extrañas a esta andadura. El limite de una perfeccion es de contingencia. Por si, la belleza no está determinada a ser la de una catedral más bien que la una sinfonía; si se determina, no es en virtud de una necesidad, sino por contingencia; pues entonces se da unión de elementos diversos, la perfección misma (la belleza) y la naturaleza definida, limitada en que se realiza (la catedral). En este edificio la belleza no se actualiza sino por una posible intervención de otro. Ahora bien, el ser contingente depende de un ser que existe por sí mismo. En éste, la perfección no es ya un posible entre una infinidad de otro posible; pues él es todo los posible, el necesario absoluto y, más allá de todo grado, el absolutamente perfecto.