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CUBA TABACO Vol.20, No 2, Pág 54-59, 2019 Reseña B

In document ISSN: Vol. 20, No. 2, 2019 (página 56-58)

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ción, trae como consecuencia la intrusión de agua de mar, fundamentalmente en las zonas más profundas (Lamz y González, 2013), lo cual provoca una salinidad secun- daria que además se puede intensificar con otras fuentes adicionales de electrolitos, como el uso de fertilizantes (Otero et al., 2007).

Esto representa una seria amenaza para el cultivo del tabaco debido al deterioro de las propiedades químicas y físicas de la materia prima, pues afecta la combustión del pro- ducto terminado, la cual constituye una de sus principales cualidades organolépticas.

deSARROLLO

¿Cómo ocurre la salinización?

Se define como salinización del suelo al conjunto de procesos mediante los cuales se acumulan las sales solubles en su solu- ción. Estos procesos pueden darse de for- ma natural en zonas deprimidas topográ- ficamente, suelos pobremente drenados, y clima árido, semiárido o seco-subhúmedo donde la evaporación supera a la precipita- ción (Otero et al., 2007).

Las sales se concentran en el suelo como resultado de la evaporación y transpiración de la planta, y provocan un aumento del potencial osmótico del agua del suelo. Este incremento afecta la absorción del agua por las plantas y las obliga a consumir una energía extra para poder extraer el agua de la solución (García de la Garma, 2013). En todos los lugares donde el agua está presente, existen sales en solución de modo natural. El hombre, al hacer uso del agua y emplear grandes cantidades de fer- tilizantes para el desarrollo de numerosas actividades, introduce sales o incrementa su concentración en los sistemas acuosos naturales. De ahí que las fuentes de las sa- les se pueden distinguir por su origen na- tural o como resultado de la actividad hu- mana (salinidad secundaria) (Álvarez et al., 2008).

Afectaciones en el suelo causadas por los diferentes tipos de salinidad

La salinidad afecta a la agricultura desde

el inicio de la humanidad. Existen registros históricos de migraciones provocadas por la salinización del suelo cultivable (Lamz y González, 2013). La presencia de sales solubles en él afecta su estructura química y su biología, aumenta la plasticidad y el porcentaje de dilatación de las partículas, lo que conlleva a afectaciones marcadas en sus propiedades agroproductivas (Durán y Acosta, 2016).

Gran parte de las áreas afectadas por la salinidad se han originado por causas na- turales. La salinización natural o primaria suele darse en zonas áridas o semiáridas donde, por factores naturales a lo largo del tiempo, se han acumulado sales solubles en los suelos y las aguas subterráneas, ya sea por la cercanía y la altura sobre el nivel del mar como por la intemperización (Álvarez

et al., 2008).

De acuerdo con Otero et al., (2007), la sali- nidad en forma natural (primaria) está am- pliamente distribuida en el globo terráqueo y se incrementa a medida que se presen- tan cambios climáticos mayores, procesos geomorfológicos de sedimentación, erosión y redistribución de materiales, así como cambios en la hidrología superficial y sub- terránea.

En Cuba hay pocos suelos con procesos de salinidad primaria y están asociados, según Álvarez et al. (2008), con pantanos litorales y lagunas costeras. Los suelos salinos natu- rales son una consecuencia de las mareas altas, que ocurren frecuentemente durante los períodos de huracanes.

Existe otro tipo de salinización provocada por la actividad humana, que se conoce como salinización secundaria. Es el resul- tado de la aplicación incorrecta de prácti- cas agrícolas en el suelo y del mal manejo del agua para el riego. Por estas razones se considera a la salinización secundaria de los suelos como una consecuencia del de- sarrollo de la sociedad humana (Álvarez et

al., 2008).

La salinización secundaria es propia de zo- nas de regadío y deriva principalmente de un uso inadecuado de las aguas de riego y

de su mala calidad, lo que conduce a un in- cremento paulatino en la concentración de iones salinos en el suelo, que afecta a la agricultura (Tujeta, 2007).

Este proceso conduce cada año al deterioro de aproximadamente dos millones de hec- táreas de suelos (Tujeta, 2007) y se agudi- za especialmente en franjas costeras, don- de se acentúa el contacto con las aguas del mar, lo cual incide directamente en la com- posición química de las aguas subterráneas (Cabrera et al., 2015). Este comportamien- to alerta sobre la explotación continuada y el efecto del sodio sobre la permeabilidad del suelo alterando su estructura (Fernán- dez et al., 2011). La dispersión del suelo puede ser una de las causas del lavado y transporte de los coloides, y con ello pro- ducirse el movimiento al ambiente de sus- tancias fuertemente adsorbidas por estos, como metales pesados y ciertos plaguicidas (Palancar et al., 2012).

Una de las causas más frecuentes de esta salinización secundaria es la instalación de sistemas de riego sin haber previsto los sistemas de drenaje, lo que provoca el in- cremento de la salinidad de los suelos (Du- rán y Acosta, 2016). Esto, unido a la defo- restación de zonas semiáridas y al empleo de elevadas cantidades de fertilizantes, especialmente los más solubles, más allá de las necesidades de los cultivos, provo- ca situaciones de altas concentraciones de sales que contaminan los acuíferos y como consecuencia, los suelos que reciben estas aguas (Dajic, 2006).

Calidad del agua para riego

La calidad del agua para riego tiene una im- portancia vital desde el punto de vista agro- nómico (Sarabia et al., 2011; Lamz y Gon- zález, 2013), debido a las consecuencias prácticas negativas que derivan del empleo

te inservible para la agricultura (Marín et

al., 2002). Por estas razones, contar con

información detallada sobre la calidad del agua de riego es imprescindible para reali- zar una correcta planificación de su uso, ya sea a nivel agronómico o medio ambiental (Lesser-Carrillo et al., 2011) y finalmente evitar el desarrollo de un proceso de salini- zación secundaria.

En Cuba se ha observado que, indepen- dientemente de las condiciones climáticas existentes, la utilización de aguas subterrá- neas para el riego de forma continuada con la única fuente de abasto en la Llanura Sur Occidental de Pinar del Río (Las Martinas), puede acarrear procesos de degradación muy negativos (Hernández, 1996).

Estas aguas, clasifican en su totalidad como salinas, con restricciones severas para el riego por aspersión en más del 95 % de las fuentes, por la alta concentración de los iones tóxicos sodio y cloruros (Cabrera et

al., 2015)

Impacto en la productividad o sobre los cultivos

La salinidad secundaria de los suelos es uno de los principales factores abióticos que li- mitan la productividad de los cultivos en muchas áreas alrededor del mundo, lo cual resulta racional si se tiene en cuenta que la Tierra es un planeta salado, y que la mayo- ría de su agua contiene aproximadamente 30 g/L de cloruro de sodio (NaCl). Esta con- dición salina ha afectado y continúa afec- tando los cultivos que crecen o pueden cre- cer (Flowers, 2004).

La sal disuelta en el suelo provoca dos efec- tos sobre las plantas: un efecto osmótico y un efecto ión-específico (Shabala y Cuin, 2008). El efecto osmótico es consecuencia del bajo potencial hídrico de las soluciones con altas concentraciones de sales, que

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