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La cuestión de Dios entre el ateísmo y la idolatría

In document Tesis Doctoral Jorge Costadoat (página 170-174)

II. El mal como idolatría

1. La cuestión de Dios entre el ateísmo y la idolatría

prójimo se da la verificación del amor a Dios" (JL, 248).

908 "¿Quién es Dios, pues, para Jesús? En positivo ya lo hemos visto antes: un misterio que es Padre y un Padre que sigue siendo Dios. Esa es la realidad de Dios, inintercambiable en sí misma con ninguna otra cosa. Pero para poder afirmar eso tan positivo, Jesús ilustra sobre cómo los seres humanos tendemos a tergiversarlo y a manipularlo. Descriptivamente lo hemos visto en sus controversias, desenmascaramientos y denuncias. La conclusión, en lenguaje sistemático, es la siguiente. Ese Dios-Padre es antagónico y está en lucha con otros dioses, y por ello, la fe tiene que ser antiidolátrica. Ese Dios no tiene imagen, pero tiene voz, y por ello la fe tiene que ser práxica, responder a la voluntad de Dios. Ese Dios tiene una palabra que permanece constante: que los seres humanos hagan real en la historia su propia realidad, que consiste en defender a los pequeños, y por ello, la fe tiene que ser realización de la misericordia, de la justicia, del amor. Y ese Dios sí tiene -desconcertantemente- una imagen, un lugar privilegiado en la historia: los rostros de los pobres y oprimidos, y por ello, la fe tiene que ser encarnada y parcial" (JL, 249-250).

909 El tema ha sido tratado particularmente en H. Assmann et al., La lucha de los dioses; los ídolos de la opresión y la búsqueda del

Dios liberador, San José, 1980; V. Araya, El Dios de los pobres. El misterio de Dios en la Teología de la Liberación, San José, 1983;

J.J. Tamayo-Acosta et al. "Dios de la vida, ídolos de la muerte", [V Congreso de Teología], Misión Abierta 5-6 (1985). G. Gutiérrez,

Según J. Sobrino, Jesús realizó una verdadera "ilustración sobre Dios"910. Pero, ilustró acerca del Dios verdadero, no acerca de la existencia o no existencia de Dios.

El pensamiento occidental, sin embargo, siguió el camino de la desmitificación de Dios hasta desembocar en el ateísmo que, además, se propuso como liberador. Pero el ateísmo no ha sido liberador, y se ha convertido esto no obstante en el "polo referencial dialéctico"911 de la teología occidental. Del mismo modo que para Jesús, para las grandes mayorías de América latina la existencia de Dios es algo que no se cuestiona; la cuestión de Dios se plantea aquí de frente a la idolatría.

J.L. Segundo fue -según J. Sobrino- el primero en levantar el problema912. Segundo "formuló la sospecha que la teología estaba encubriendo el problema de la idolatría"913. Años después J.L. Sicre en su tesis doctoral Los dioses olvidados (1979) puso de manifiesto que, bajo un concepto meramente cultual del fenómeno de la idolatría en el Antiguo Testamento, la teología occidental habría sepultado la existencia de la idolatría como cosa de otros tiempos914.

En su lugar, el polo dialéctico de la teología sistemática para pensar la cuestión de Dios ha sido el ateísmo. En el pensamiento de W. Kasper -dice J. Sobrino- "el polo dialéctico más radical para la teo-logía" sería el ateísmo, esto es, "el problema más universal del hombre"915, al menos en el alcance lógico del término. Pero esta manera de ver las cosas puede ser que "esté haciendo el juego a la opresión"916, pues en definitiva lo que de verdad importa no es declararse creyente o no creyente, sino serlo o no serlo en la práctica917.

910 Cf., JL, 235.

911 Cf., JL, 236. J. Sobrino remite a su artículo "Reflexiones del significado del ateísmo y de la idolatría para la teología", Revista

latinoamericana de teología 7 (1986) 45-81.

912 Cf., JL, 236-237. Según hemos visto en Nuestra idea de Dios, (1970-1983). 913 JL, 236.

914 Cf., JL, 237. 915 JL, 237-238. 916 JL, 238.

917 "La idolatría, aunque mencionada [por Kasper], no es más que la otra cara de la moneda del ateísmo: siempre que se da verdadera negación de Dios se absolutiza lo que no es Dios y, entonces, se le convierte en ídolo".

En América latina, sin embargo, J. Sobrino hace ver que es preciso determinar qué se entiende por Dios y qué es lo que verdaderamente se le opone:

"En América latina, el análisis de Jesús ha llevado a dar suma importancia a la realidad concreta del reino de Dios y del Dios del reino, y a analizar como cosa absolutamente central qué es lo que se les opone. Al reino se le opone el antirreino, y al «Dios de vida» se le oponen las «divinidades de muerte». De esa forma -además de que lo exige la clamorosa realidad histórica- se introduce por necesidad el tema de la idolatría, y se introduce desde el principio un criterio jerarquizador. Si Dios es el Dios de la vida justa, el analogatum

princeps de los ídolos se determina según su capacidad para generar muerte por necesidad. Los ídolos y las

víctimas históricas se tornan realidades correlativas"918.

El documento de Puebla (1979) tuvo la osadía de hablar de ídolos y de jerarquizarlos919. Monseñor Romero fue aún más lejos. Sostuvo que «la idolatría ofende a Dios y destruye al hombre»920; distinguió "la capacidad subjetiva de absolutizar lo que no es Dios de la realidad concreta objetiva que se absolutiza"921; a su vez, distinguió los ídolos de "la riqueza/propiedad privada y el de la seguridad nacional", del ídolo de "las organizaciones populares"922; jerarquizó los ídolos según "aquello que más se opone al Dios de la vida, y por ello, a la vida de los pobres"923, esto es, el analogatum princeps de la idolatría: "la absolutización de la riqueza/propiedad privada estructural, que se convierte, en lenguaje de Medellín, en «violencia institucionalizada»"(Paz,16)924; y, por último, al analizar el fenómeno desde el punto de vista de las víctimas

"Esta afirmación transcendental es verdadera, pero estéril, pues no se dice qué es lo que verifica a qué, si el ateísmo a la idolatría, o la idolatría al ateísmo. Esto, sin embargo, es muy importante, pues en términos históricos no es claro que quien se declare ateo ya sea inmediatamente idólatra, o que quien no se declare idólatra -cosa que no lo hará nadie en un mundo secularizado- sea ya automáticamente creyente" (JL, 239).

918 JL, 239.

919 Cf. Puebla nºs 405, 491, 493, 497 y 500. (cf., JL, 240).

920 Agrega J. Sobrino: "siendo lo segundo verificación de lo primero" (JL, 240). Remite a Mons. Romero "Desenmascarar las idolatrías de nuestra sociedad", La voz de los sin voz, 1980.

921 JL, 240. 922 Cf., JL, 240.

923 J. Sobrino gusta recordar la visión de Dios de monseñor Romero: "Ese criterio, a su vez, supone una determinada visión de Dios que monseñor Romero afirmó lapidariamente: «la gloria de Dios es el pobre que vive». «Es preciso defender lo mínimo que es el máximo don de Dios: la vida»" (JL, 241).

establece que éste deshumaniza a quien rinde culto a los ídolos, pero toda su maldad se hace patente en "un mundo de pobres y oprimidos, sujetos a la muerte lenta de la pobreza y a la muerte violenta de la represión"925, consecuencia dramáticamente necesaria del culto de los ídolos926.

J. Sobrino afirma que no se trata de un problema meramente ético, sino teologal. Se trata de ídolos no en sentido figurado, sino real, de "divinidades de la muerte" con existencia histórica, a las que se opone la noción de Dios como "Dios de la vida"927. En América latina se ha hecho historia del fenómeno. En los orígenes el ídolo fue el oro928. Por esta razón la actual fe en Dios debe ser "activamente antiidolátrica", a la que ha de corresponder la tarea de ilustración no como desmitificación, sino como "desidolatrización de Dios"929. En conclusión, se impone al quehacer teológico latinoamericano ser esencialmente dialéctico, porque no basta con afirmar positivamente que hay un Dios, sino que es preciso determinar "en qué dios no se cree y qué dios se combate"930.

925 JL, 241.

926 "Esas víctimas son producidas por necesidad, pues los ídolos las necesitan para subsistir -de ahí que ídolos y víctimas sean correlativos" (JL, 241).

927 Cf., JL, 242. La Teología de la liberación sostiene, en resumen, lo siguiente: "a) ante todo afirma -y grita con clamores- que los ídolos no son cosa del pasado ni realidades que sólo aparecen en el ámbito religioso, sino que en verdad existen: son realidades históricas que configuran la sociedad y determinan la vida y la muerte de las mayorías populares; b) esas realidades son denominadas ídolos en sentido estricto, porque se presentan con las características de la divinidad: ultimidad (son «trascendentes» y no se puede ir más allá de ellas, como aparece en la afirmación estrictamente teologal business is business), autojustificación (no necesitan justificarse a sí mismas ante los seres humanos), intocabilidad (no pueden ser cuestionadas y quien lo haga queda destruido); c) el ídolo por antonomasia, originante de todos los demás, es la configuración económica de la sociedad, injusta, estrutural, duradera, al servicio de la cual están otras muchas realidades: el poder militar, el político, el cultural, el judicial, el intelectual y, también, con frecuencia, el religioso, los cuales participan análogamente de la realidad del ídolo; d) esos ídolos exigen un culto (las prácticas crueles del capitalismo imperante en nuestros países, y las correspondientes de los socialismos reales) y una ortodoxia (la ideología acompañante), y prometen salvación a sus adoradores (asemejarlos a los pudientes y poderosos del Primer Mundo), pero los deshumanizan, los deslatinoamericanizan y los desfraternizan; e) por último, y lo decisivo, esos ídolos, a través de sus adoradores, producen millones de víctimas inocentes, a quienes envían a la muerte lenta del hambre y a la muerte violenta de la represión" (o.c., 242-243).

928 Cf. especialmente G. Gutiérrez Dios o el oro de las Indias (1989). 929 Cf., JL, 243.

In document Tesis Doctoral Jorge Costadoat (página 170-174)