II. La teología como "hablar de Dios"
2. El lenguaje teológico en general
A raíz del análisis de la experiencia de Job, G. Gutiérrez deduce la existencia de, fundamentalmente, dos lenguajes teológicos, el profético y el contemplativo110. Antes de referirnos a ellos, sin embargo, es preciso señalar algunas características generales del lenguaje que Gutiérrez asume como lenguaje apropiado para hablar de Dios.
Ante todo, es necesario notar que G. Gutiérrez emplea la expresión "hablar de Dios" tanto en su sentido espiritual como teológico propiamente tal. Si con esta expresión se designa el hablar sobre Dios como objetivo último de la obra111, ella empero proviene de la experiencia de balbucear a Dios desde el sufrimiento112. Por el contrario, si la expresión "camino hacia Dios" refiere preferentemente a la espiritualidad, también es usada en su denotación metodológica, esto es, como caracterización de la misma teología113. "Hablar de Dios" en todo caso, aun cuando sea equivalente a "pensar a Dios", a "reflexión teológica", a "discurso sobre Dios", a "inteligencia de la fe"114, incorpora un matiz a la vez de humildad y reverencia.
109 Cf., HD, 24.
110 "De este modo dos lenguajes sobre Dios se perfilan como las mejores aproximaciones: el lenguaje profético y el lenguaje de la contemplación. No pretendemos con esto «racionalizar» indebidamente una obra profundamente poética y rica en matices. Esos lenguajes recogen y se oponen -en el libro de Job- a otros modos de hablar de Dios, se alejan y se entrecruzan, se adelantan y por momentos vuelven atrás" (HD, 57).
111 Cf., HD, 25. 112 Cf., HD, 36, 107, 175. 113 Cf., HD, 103 y 17; cf., 71. 114 Cf., HD, 13, 175, 57 y 25.
Un lenguaje sobre Dios es cosa difícil, más aún si se trata de hacerlo desde una experiencia de sufrimiento inocente115. En semejante circunstancia la tentación será, por el contrario, maldecir a Dios116. Hablar de Dios será siempre una ardua tarea; no se lo podrá hacer jamás con arrogancia117. Depende de la experiencia, y cuando la experiencia es tortuosa el hablar no puede ser sino complejo118. Por esto mismo, el lenguaje que procede a través de la interrogación119, el diálogo120, la discusión121, convienen sobremanera al hablar de Dios. Aún más si la interrogación, el diálogo y la discusión122 son establecidos con Dios mismo. En tal caso incluso la queja, el atrevimiento, la lamentación y el llanto123 pueden ser formas adecuadas en el proceso de hablar correctamente de Dios, porque se está en ruta, en búsqueda del lenguaje adecuado124, y tal
115 "Era un difícil, e incluso tortuoso, camino para hablar de Dios" (HD, 151). 116 Cf., HD, 35, 38, 75.
117 Cf., HD, 13. 118 Cf., HD, 125.
119 La pregunta bajo la forma de una apuesta pone en movimiento la historia de Job: "Esa es la apuesta: a partir del sufrimiento ¿el ser humano es capaz o no de relacionarse auténticamente con Dios y de encontrar un lenguaje correcto sobre El?" (HD, 54). Pero la interrogación continuará a través de toda la obra sea como recurso literario sea como método teológico. Las interrogaciones se sucederán entre los personajes de la obra, incluso entre Job y Yahvé (o.c., 77, 132). A partir de la pregunta acerca de cómo hablar de Dios en América latina, G. Gutiérrez pretende encontrar una respuesta en la experiencia de Job (o.c., 20, 30, 49, 50, 169). 120 Los discursos que se suceden entre Job y sus amigos tienen la forma de un diálogo teológico. Aun cuando parezca un diálogo de sordos, el proceso de cuestionamiento mutuo tiene valor en sí mismo toda vez que de aquella confrontación Job va descubriendo el lenguaje profético y el contemplativo. (HD, 56).
121 Del diálogo iniciado con los amigos que vienen a consolar a Job -diálogo comenzado con un callar respetuoso de éstos por la situación que Job padece-, se pasa a menudo a la discusión áspera, incluso a las acusaciones mutuas (cf. HD, 61, 77, 171-172). Todo esto forma parte de la experiencia espiritual de Job y merece, por tanto, ser valorado positivamente en orden a la elucidación del lenguaje teológico.
122 Cf., HD, 132 (cf. 134 y 135), 118 y 112ss.
123 Cf., HD, 111 (cf. 119, 121), 114, 153 (cf. 176ss) y 120. 124 Cf., HD, 104 y 75 (cf., 176).
exigencia quedará siempre abierta a la novedad de la revelación del amor de Dios125. La teología de Gutiérrez es itinerante126, una verdadera teología del "camino", el método queda abierto constantemente al designio de Dios127.
La expresión "camino" designa principalmente el ámbito de la espiritualidad, aquel proceso dominado por la contemplación y la práctica de la voluntad de Dios128; "el camino de la cruz"129. En su acepción bíblica derek, camino, se distingue de "la ruta de los perversos y significa la conducta, el caminar hacia Dios cumpliendo su voluntad"130. G. Gutiérrez utiliza el término innumerables veces. Job debe encontrar un camino para hablar de Dios, pues es importante no equivocar el camino de la reflexión teológica131. Job es figura de Cristo, ya que ha sabido balbucear lo que en Cristo será "un hablar firme" sobre Dios desde la experiencia del sufrimiento inocente132. Jesucristo, "crucificado públicamente en el cruce de los caminos"133, es el camino al Padre134.
Volviendo una vez más a lo anterior, es necesario distinguir analíticamente en el "hablar de Dios" dos aspectos: un camino hacia Dios y un lenguaje sobre Dios. A G. Gutiérrez resulta odiosa tal separación,
125 Cf., HD, 175; cf. 57, 128. 126 Cf., HD, 174.
127 "Quisiéramos subrayar esta maduración paulatina, a lo largo de la obra, conscientes sin embargo de que, desde ciertos ángulos, la cuestión inicial sobre el hablar de Dios permanece abierta; es demasiado honda para que no sea así. «Mis planes no son sus planes, sus caminos no son mis caminos», dice el Señor (Is 55, 8). Estamos llamados constantemente a lo inesperado" (HD, 57). 128 "El andar profético y el andar contemplativo son eso, un camino" (HD, 175).
129 Cf., HD, 182. 130 HD, 85.
131 Cf., HD, 23, 30, 104, 128. "Leyendo los discursos de Job y sus amigos se puede percibir que estamos ante dos caminos diferentes del razonar teológico". A Job, "los argumentos de sus amigos le parecen deleznables" (o.c., 71).
132 El lenguaje contemplativo y profético a la vez es el "lenguaje de Jesús, prefigurado ya en Job, para hablar del amor del Padre. El autor del libro de Job balbucea lo que en Cristo será un hablar firme" (HD, 175).
133 HD, 181.
pues para él no es posible la teología sin la espiritualidad (y viceversa)135. Pero su crítica se dirige precisamente contra las teologías que se fundan en sus propias palabras, lejos de la experiencia de Dios: "Habría que decir igualmente que ella [la cuestión inicial de hablar de Dios] exige respuesta en
otros niveles; porque la verdad es que no todo se juega en el terreno del lenguaje. El discurso sobre Dios supone, y al mismo tiempo conduce a un encuentro vital con El dentro de condiciones históricas determinadas"136.
La cuestión del hablar de Dios no se agota en la cuestión del lenguaje. De nada está más lejos G. Gutiérrez que del racionalismo teológico. A Gutiérrez interesa un lenguaje para llegar al Dios que salva, al Dios liberador137; la teología en sí misma no le interesa. El caso de Job le mostrará que el Dios que está al origen del lenguaje -porque sólo El conoce el camino de la sabiduría, «sólo El conoce su yacimiento»(28,23)138-, es el Dios justo, el liberador de los pobres.
El lenguaje poético, por último, expresa mejor que cualquier otro a Dios mismo139. Así como la lamentación es también una forma de oración140, la poesía permea con la gratuidad de la fe del autor sagrado todo el libro de Job, aun en los momentos en que abunda el sufrimiento141.