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La cuestión social y el proyecto del Museo Social Argentino

EL MUSEO SOCIAL ARGENTINO ASPECTOS INSTITUCIONALES

1. PROYECTO DE UN MUSEO SOCIAL EN BUENOS AIRES

1.3 La cuestión social y el proyecto del Museo Social Argentino

Tomás Amadeo había nacido en Dolores, en la provincia de Buenos Aires y mantuvo siempre su vinculación con la elite terrateniente. Se graduó como ingeniero agrónomo por la Universidad de La Plata en 1903 con una tesis sobre cooperativas agrícolas y posteriormente obtuvo el título de doctor en Jurisprudnecia por la Universidad de Buenos Aires, presentando la tesis Los

sindicatos profesionales en la República Argentina y en el extranjero. En 1905 fue

comisionado por el gobierno nacional en Europa para estudiar las cajas rurales de crédito, así como la enseñanza y experimentación agrícolas. Allí conoció al Musée

Social parisino, algunas iniciativas belgas de enseñanza y crédito agrícola, y entró

en contacto con el Instituto Agrícola Internacional de Roma, entre otras

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Janet Horne habla del carácter híbrido del Musée Social parisino y se refiere a él como a “fundación financiada de manera privada con estatuto de servicio público" HORNE, 2002, 55. Cuando Topalov menciona la explosión de asociaciones, sociedades, congresos y organismos en la Francia de 1880, señala que “nacen de la iniciativa tanto de particulares como de los poderes públicos, a menudo en el medio, donde la diferencia es borrosa: asociaciones de iniciativa gouvernamental o reconocidas como de utilidad pública, conferencias internacionales convocadas por orden ministerial, pero organizadas por sociedades particulares o dándoles nacimiento, grupos informales donde se reunían notables y funcionarios, parlamentarios y técnicos, y dónde se se desarrollan los proyectos de ley del gobierno. El Musée Social decían, era ‘la antecámra de la Cámara [de diputados]’”. TOPALOV (dir.). 1999, 357.

117 instituciones. En 1909 ingesó como inspector a la División de Enseñanza agrícola del Ministerio de Agricultura, y posteriormente dirigió dicha división. Como docente, fue creador de la cátedra de Economía rural de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires y de Legislación agraria en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales Universidad de La Plata.

Hizo público su proyecto para la creación de un museo social263 en el mismo año del Centenario, con el conflicto social candente, la cuestión obrera ocupó un lugar central en el texto fundador del Instituto. La referencia a los “disturbios” de 1910 se incorporó al relato propio de la historia del MSA y se reactualizó en cada discurso público del fundador264. También lo rememoraba hacia el final del período que estudiamos, Manuel Montes de Oca – entonces su presidente - y rescataba la idea alrededor de la cual Amadeo había reunido a quienes formarían la institución:

El Museo Social fue creado como una necesidad de las circunstancias (…) En un momento de turbación, que anubló transitoriamente los espíritus, llegó a pensarse que bastaba apelar a la fuerza para sofocar las protestas y mantener la tranquilidad general. De las variadas emociones de esos días nació el Museo Social Argentino. Un grupo de hombres, animado por la voluntad firme de nuestro Secretario el doctor Tomás Amadeo, comprendió que aún en la Argentina, país joven donde superabundan las facilidades de vida, existía una cuestión social y que ella no podía resolverse con turbiones de hierro y de sangre, sino con medidas conciliatorias, a base de estudios

serenos que consultaran todos los intereses respetables de grandes y humildes, de

patronos y obreros265.

En efecto, la primera tarea que se impuso Tomás Amadeo, fue la de afirmar la existencia de una cuestión social en Argentina, desgranar sus componentes, y justificar la necesidad de una institución como el MSA en el país. Con ello abría sus

Fundamentos y anteproyecto del Museo Social de Buenos Aires; el autor comenzaba

preguntándose sobre la organización social argentina y las “cuestiones sociales” del país, para luego evaluar críticamente las políticas concretas que se habían

263

AMADEO, 1910.

264

Por ejemplo: AMADEO, Tomás. 1924. “Discurso de Apertura” en Primer Congreso Internacional de

Economía social. II Actas de las sesiones plenarias. Resoluciones sancionadas. Buenos Aires: MSA, 7-

8; AMADEO, Tomás. 1928. "Despedida de Vandervelde. Discurso", BMSA, XVI, 77-78, 305; AMADEO. 1935. “Palabras de bienvenida dirigidas a los delegados de la Conferencia Comercial Panamericana por el presidente del Museo Social” BMSA. XXII, 153-154, 126-128.

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MONTES DE OCA y THOMAS. 1925. "El director de la Oficina internacional del trabajo en Buenos Aires. Almuerzo ofrecido en su honor por el Museo Social Argentino: Discursos de los señores Manuel A. Montes de Oca y Albert Thomas." BMSA no. XIV (49), 73.

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implementado frente a ellas y señalar la dirección que debería dárseles en un futuro.

En los párrafos iniciales, el agrónomo afirmaba: “la armonía absoluta, constituye la gran base de la organización social ideal, (y) como tal (es) irrealizable. Todos los problemas cuyas resoluciones tiendan a ese noble ideal son los que llamamos cuestiones sociales”. La tendencia hacia la cohesión social “está en la naturaleza misma del progreso humano”, los antagonismos no son entonces sino vicios en la organización social. De acuerdo a esta evolución, las sociedades más ‘avanzadas’ son las más armoniosas y por ello, “sólo los países retrógrados pueden carecer de cuestiones sociales (y) la República Argentina, no puede contarse en este número”266.

De acuerdo con las reflexiones que se venían elaborando desde la ciencia social de finales del XIX, que hallaba en el “ambiente” y ya no en los individuos las causas de los males sociales, y aunque veía con alarma la constitución de organizaciones obreras, Amadeo consideraba que el antagonismo de clases tenía un origen social y no su fuente en las ‘pasiones’ humanas267; por ello sostenía que el ideal de la paz y armonía sólo podía construirse a partir de una organización social justa.

Amadeo realizaba luego un recuento de “las cuestiones sociales”: existían algunas cuestiones universales y otras específicas de cada sociedad. Las cuestiones sociales eran en Argentina “infinitas”, cada una de ellas representaba una lucha de antagonismo y a cada una le correspondía una “obra”, que simbolizaba el triunfo de la cohesión social; entre estas “obras” mencionaba el Estado, la codificación, la legislación, el régimen escolar, la organización universitaria, la acción sindical, la acción patronal y la aduana. Distinguía las cuestiones del ambiente urbano de las grandes ciudades -“preñado de cuestiones de Economía social”: servicios comunales, habitaciones obreras, organización del trabajo, higiene social, espacios libres, enseñanza general, instrucción industrial, práctica del sindicalismo y de la cooperación-; las de las ciudades secundarias y pueblos -que “sólo tienen

266

Ibid., 10.

119 apariencia exterior de organizaciones sociales”268-; las de la zona rural –en las que Amadeo y el núcleo inicial del MSA tenían especial interés-; y las del ambiente internacional, que afectaban a la organización social local por las exigencias que imponían los intereses de los factores constituyentes de dicho ámbito269.

El autor insistía en la existencia de una cuestión social en Argentina, desmontando las argumentaciones de aquellos que la consideraban una cuestión exótica y ajena a la organización del país, y se lamentaba de las consecuencias que el no haberlo asumido con anterioridad había traído. Se dirigía a los “intelectuales” que negaban la existencia de una cuestión obrera análoga a la europea en Argentina merced a las posibilidades de movilidad social que el país ofrecía y las oportunidades en la campaña. Para el autor, había que atenerse a “lo cierto y lo práctico”, y aunque a él mismo le resultaba difícil comprender el porqué de la inmigración rural (desde el “campo fecundo y desierto”) y de la instalación de los inmigrantes extranjeros en las ciudades; la realidad era la concentración demográfica en las urbes, el aumento de los alquileres y artículos básicos de consumo, y el que la vida para el pobre “a pesar de las remuneraciones optimas”, fuera más difícil que en Europa270. Para aquellos a quienes estos argumentos no llegaran a convencer, Amadeo espetaba: “las bombas serán exóticas, pero al fin y al cabo son bombas”271.

Las críticas sobre la manera en que la cuestión obrera venía siendo tratada, era diferenciada de acuerdo a los destinatarios, pero la constatación común era la falta de estudios sistemáticos y de previsión. Un grupo de reproches apuntaban directamente a la acción del Estado; a los ojos de Amadeo, después de ignorar “hechos visibles y palpables” como el desarrollo de órganos periodísticos socialistas y anarquistas, la concentración urbana, la creación de federaciones obreras de defensa y resistencia, el Estado se había visto sorprendido por la acción reivindicativa y había actuado sin estudios y con improvisación: “y por eso las primeras manifestaciones obreras tumultuosas y sangrientas, la primeras huelgas, originaron la ley de residencia como medida punitoria y la Oficina de Trabajo como

268 Ibid., 13. 269 Ibid., 16-18. 270 Ibid., 16. 271 Ibid., 19.

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institución de previsión. La evolución siguió su curso y se quiso ahogar el socialismo expulsándolo del congreso”. Amadeo demandaba una revisión urgente de esta legislación, para él, el camino no podía la represión, pero rechazaba igualmente la posibilidad de una compensación de las desigualdades a través de una intervención estatal “exagerada”. La fórmula que proponía era la reglamentación, sin excesos, de las condiciones higiénicas, sociales y económicas del obrero272.

Reprobaba además a los “intelectuales del libro, del periódico y de la cátedra”, que “da(ban) soluciones diametralmente opuestas sobre una misma cuestión” debido a “las divergencias bibliográficas y a recoger datos sobre diferentes regiones europeas”. Tampoco quedaban exentos de sus apreciaciones los promotores de obras sociales de la burguesía y el proletariado urbano y rural, que no podían con su altruismo suplantar la “carencia de nociones prácticas de economía social”273. Su diagnóstico final: “desarmonías, divergencias, improvisaciones e impersistencias”274.

Con críticas específicamente dirigidas a los distintos actores sociales, su impulsor estaba reservando al futuro MSA unos roles también definidos frente a cada uno de ellos: si podría proveer al Estado de los estudios necesarios para abordar adecuadamente la cuestión social, se arrogaba un papel educador y director frente a la sociedad civil sin distinción de clases; a diferencia del conocimiento provisto por “los intelectuales del libro y el periódico” el que vendría a aportar el proyectado instituto estaba avalado por los métodos de la nueva ciencia social; y frente a acciones altruistas pero carentes de dirección de la filantropía, ofrecía una planificación experta de las intervenciones sociales.

El MSA acometería el estudio sistemático y científico de la cuestión social apoyado en dos herramientas imprescindibles: los antecedentes europeos y norteamericanos, y la observación empírica de los hechos; a partir de ella “crearía, reuniría, sintetizaría y catalogaría” documentación “de nuestros hechos económicos y sociales, de las causas, factores y rumbos de las respectivas cuestiones”275, y sobre esa base generaría propuestas concretas de intervención y asumiría un papel

272 Ibid. 273 Ibid., 24. 274 Ibid., 27. 275 Ibid.

121 conductor de la organización social argentina. La política, ausente en el texto, quedaba así apartada de la búsqueda de respuestas a aquellas consecuencias no deseadas de la sociedad industrial.

1.4 “Un tipo de Museo ideal”

En los fundamentos de la proyectada institución Tomás Amadeo la llamaba Museo Social de Buenos Aires. Así cómo la élite intelectual tenía como misión esclarecer al pueblo, era “la gran ciudad que sintetiza nuestra riqueza y civilización” la que podía proyectar su halo sobre el resto del territorio. La opinión contraria de quienes se sumaron a la iniciativa, modificó rápidamente el gentilicio hacia el más incluyente Museo Social Argentino.

La denominación de “museo” era, y aún lo es hoy, algo más equívoca. El concepto generó confusión e incluso reticencias entre los contemporáneos. Aunque era evidente la referencia a la institución homóloga francesa, la elección del nombre mereció aclaraciones en varios textos publicados. En ellos se reivindicaba un uso a la vez “originario” –en referencia a al museo alejandrino- y “moderno”, del término y se lamentaba la “vulgarización” de la palabra museo como “un sitio donde se exponen permanentemente objetos o figuras”. Florencio T. Molinas apuntaba que la nueva misión de los museos era promover el bien público –sin dejar de lado la base documental, el estudio y la investigación especializados- exteriorizando una acción concreta ante los poderes públicos o la sociedad y sus instituciones276. El español Adolfo Posada, evocaba la experiencia de otros “museos modernos” como el pedagógico español277 y subrayaba el carácter predominantemente “activo, docente, vivo, y dinámico”278 del MSA. Aún así, para

276

"Crónica y archivo." 1912a. BMSA no. I (8), 331-338.

277

El Museo Pedagógico Nacional español fue creado en 1882 durante el primer gobierno liberal de la Restauración; vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, fue un foro que desarrolló una notable influencia en la renovación de la escuela española, reuniendo a personas y movimientos que intentaron aproximar la educación a las nuevas exigencias científicas y sociales. Al igual que otros museos pedagógicos europeos albergaba una biblioteca de obras de educación, legislación y administración escolares, junto a colecciones de material de enseñanza y de mobiliario escolar.

278

Carta abierta de Adolfo Posada a Tomás Amadeo del 15 de marzo de 1911, publicada en POSADA. 1915. “El Museo Social Argentino” en MSA, Algunas informaciones que conviene leer enseguida. Buenos Aires: Oceana.

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evitar incomprensiones y reticencias se agregó al nombre la coletilla de “Instituto de información, estudios y acción sociales”.

La justificación del nombre, habilitaba la reflexión sobre la organización de los museos sociales, su naturaleza y función. El MSA produjo innumerables textos de presentación y un relato sobre sí mismo que atestiguan la necesidad de dar carta de naturaleza a una forma institucional específica y novedosa en el país que buscaba instaurarse en el espacio social. Más allá del insistente tono propagandístico y la constante búsqueda de legitimación, tanto en la vertiente que presenta al MSA como guía de la organización social argentina, como en aquella que los muestra inserto en las redes reformistas internacionales; este discurso de la institución forma parte de su aporte a la construcción del campo de lo social en Argentina.

La propuesta institucional del MSA, cristalizó en la sección Museos Sociales e Instituciones Similares del I Congreso Internacional de Economía social, donde el MSA presentó “un tipo de museo ideal”. No es un momento propicio para ello, en el mismo año, se celebraba en Europa el I Congreso Internacional de Política Social cuyo nombre ya revelaba que los organismos de participación gubernamental ganaban terreno a los laboratorios de reforma279. El Instituto argentino sin embargo, mantiene su cruzada y seguirá trabajando bajo esa forma institucional por dos décadas más.

En su presentación al congreso, el MSA propugnaba por la instalación en cada país de un museo social – la recomendación de centralizar las instituciones similares era repetida con ahínco-, su existencia era indicadora del progreso de la civilización. Su misión: ser laboratorios y guías de pueblos y gobiernos en las cuestiones de carácter económico y social que “mantienen a las sociedades actuales en una ansiosa expectativa” 280.

Por encima del diagnostico de la emergencia de la cuestión social y de la diferenciación de clases sociales que se enfrentaban abiertamente, el MSA defendía la prevalencia de la unidad de la sociedad nacional, cuyo bienestar final debía ser

279 Ver capítulo VI. 280

"Decima asamblea anual ordinaria." 1921. Libro de Actas de Asambleas ordinarias no. I, 145-156, publicada en "Memoria correspondiente al décimo ejercicio social. 1920 -1921." 1921. BMSA no. X (12), 193-195.

123 común. Los museos sociales venían a constituirse en casas de paz y conciliación entre clases, propiciando “una comprensión que engendraría la paz social”; codo a codo trabajarían en su interior hombres de cualquier grupo social “convencidos de que todos necesitan mejorarse, por motivos y con fines diversos, de que todos son elementos de una unidad, el conglomerado social, por cuyo total mejoramiento trabajan”281.

Para que en los museos sociales constituyeran verdaderos “organismos de conciliación y de síntesis social”, a la cooperación entre clases debía unirse la “absoluta neutralidad religiosa, política y filosófica”:

Siempre hemos buscado la colaboración de todos los hombres buenos, cualesquiera que fueran sus doctrinas, dispuestos a trabajar en común por aquellos ideales que se elevan como una aspiración colectiva, sobre todas las luchas y sobre todas las tendencias. Hemos querido constituir un templo de paz y de trabajo para todos los hombres de buena voluntad282.

Que “socialistas y conservadores, capitalistas y obreros, católicos y protestantes, pudieran reunirse para estudiar problemas de interés general”283 se derivaba de un necesario espíritu de solidaridad humana que los museos sociales tenían que promover; pero sobretodo del gobierno de la ciencia social que lograría que “la simiente sana fructificara vigorosa y pudieran impedir que reformas felices fracasaran entre violentos espasmos y arrebatos de pasiones”284.

En efecto los museos sociales estaban abiertos a todos los grupos y tendencias sociales, pero a cada quien correspondían funciones bien diferenciadas. En lo alto, se ubicaban los expertos en la ciencia social y los técnicos con experiencia en oficinas de gobierno o emprendimientos particulares, bajo sus designios los museos sociales estaban llamados a

objetar respetuosamente las leyes, reglamentos y direcciones oficiales que no consulten la real necesidad de los intereses generales, sugerir la sanción de las leyes que falten y sean necesarias, aportar a los hombres de gobiernos, legisladores y estadistas en general, el proceso material de antecedentes documentarios de sus

281

MSA, 1925.

282

AMADEO. 1928. "Despedida de Vandervelde. Discurso." BMSA no. XVI (77-78), 305.

283 MONTES DE OCA y THOMAS. 1925. "El director de la Oficina internacional del trabajo en Buenos Aires.

Almuerzo ofrecido en su honor por el Museo Social Argentino: Discursos de los señores Manuel A. Montes de Oca y Albert Thomas." BMSA no. XIV (49), 73.

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bibliotecas y archivos, así como el de las opiniones que resulten predominantes del análisis de sus encuestas, congresos y reuniones sociales285.

Se establecía un papel de guía y supervisión, tanto con respecto al gobierno como a los legisladores, que debían mantener un “contacto íntimo y permanente con estos institutos”286.

Con respecto a la sociedad civil, la tarea era “agitar la opinión pública respecto de nuestros problemas sociales e ilustrarla respecto a la manera de resolverlos”287. Si asesorarían a los hombres de acción que llevaran adelante obras sociales; reservaban hacia el pueblo llano el diagnóstico de sus necesidades y el “sentir sus anhelos”, para " conciliar sus intereses encontrados, combatir sus egoísmo, instruirle por los ojos y por los oídos, asesorarle, predicarle la solidaridad, inculcarle la conciencia social”288. Su cercanía con el pueblo (aunque comprobasen en la realidad dificultades para atraer la participación de las clases populares), los hacía sus intermediaros natos con el Estado.

El Estado, cumpliendo su alta finalidad de “encauzar actividades privadas, estimular el espíritu de iniciativa colectiva y fomentar la solidaridad social”289 y atendiendo a la función de orden e interés públicos de estos institutos, apoyar su creación y proteger su funcionamiento, sin menoscabar en ningún caso su independencia.