EL MUSEO SOCIAL ARGENTINO ASPECTOS INSTITUCIONALES
2. DESARROLLO INSTITUCIONAL
2.3 Financiación y sede
A diferencia del Musée Social parisino, sostenido en la fortuna del Conde de Chambrun, el MSA navegó sobre subvenciones públicas y aportaciones de sus socios.A los ojos del instituto, la financiación oficial no entraba en contradicción con
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la independencia de la que presumía y a la que consideraba un rasgo esencial de los museos sociales. El Consejo Superior consideraba que la labor científica y social de la entidad -“en tanto prepara la opinión con el examen y dilucidación de los fenómenos económico-sociales”315- debía contar con el apoyo económico del Estado y así lo expresó en numerosas peticiones formales a las autoridades. La instalación de exposiciones de Economía Social en el país -para la educación de la población- y en el extranjero –a modo de propaganda comercial y exhibición de progreso-; la organización de grandes congresos; y más adelante, el enriquecimiento de la función educativa, con la puesta en marcha de la Escuela de Servicio social y de un servicio radiofónico de extensión, fueron otras facetas del MSA a que justificaron la petición de subvenciones.
Ilustración 1. Sede del Museo Social Argentino
Las peticiones formales eran simultáneas a negociaciones informales, a veces frente a las mismas autoridades, en ocasiones socios a su vez del MSA. Miembros activos se valían de sus contactos personales y sus redes profesionales para solicitar
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"Octava asamblea anual ordinaria". Libro de Actas de Asambleas ordinarias no. I, 121-130 publicada en "Memoria correspondiente al octavo ejercicio social. 1918-1919." 1919. BMSA:148-151.
133 personalmente recursos, por ejemplo frente a Ministerios, que incluían estas partidas en los presupuestos sometidos a votación en el Congreso de la Nación.
Fueron de propiedad pública algunos de los locales que ocupó el instituto hasta que consiguió construir el suyo propio, también con financiación pública. Aunque no siempre tuvo éxito en sus peticiones, el MSA accedía con facilidad a información sobre traslados o inmuebles en desuso de la Municipalidad de Buenos Aires y podía actuar rápidamente en la solicitud de alquileres o cesiones temporales.
La financiación estatal respondió más a estos mecanismos y estuvo sujeta a los vaivenes políticos y económicos del país y de la ciudad de Buenos Aires. Para su puesta en funcionamiento, el MSA recibió subsidios del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, fundamentados en la tarea de propaganda exterior y la participación en las Exposiciones Internacionales de Gante y San Francisco; del Ministerio de Agricultura, al que pertenecían varias de sus autoridades, entre ellos su Presidente y Secretario, Emilio Frers y Tomás Amadeo; y del Ministerio de Obras Públicas de Buenos Aires y de la Municipalidad de Buenos Aires, cuya intendencia recaía en Joaquín Anchorena, ruralista y socio del MSA. En los tres primeros años de funcionamiento (1911-1914) y coincidiendo con la exposición en Bélgica, se recibieron 113.355$m/n, siendo el aporte del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto el más cuantioso. La liquidación de las piezas de exposición, que provenían en su mayoría de donaciones de instituciones públicas, completó una etapa inicial en la que las contribuciones externas fueron significativas. En ese mismo período las cuotas de los socios ascendieron a 38.810$m/n, como veremos esta proporción será variable en las décadas que estudiamos316.
En los años siguientes, los subsidios fueron disminuyendo hasta extinguirse, el municipal con la finalización del mandato de Anchorena en 1914, y el nacional entre 1916 y 1917 con el cambio de gobierno. A partir de este momento y por diez años, las cuotas de los socios pasaron a ser el principal sostén de la institución, oscilando entre los $10.000 m/n y los $14.000 m/n anuales aproximadamente, sin que lograran cubrir los gastos ordinarios de alquiler, salarios, impresiones, etc. El
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Balances de cuentas de los períodos 1911-1912, 1912-1913, 1913-1914. MSA. Libro de Actas de
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Congreso de Cooperación de 1919 y el de la Habitación de 1920, proveyeron de algunos ingresos directos extras y aportes de los gobiernos provinciales de Entre Ríos y Corrientes317.
La suspensión de los subsidios tuvo como resultado una activa campaña para conseguir recursos, que unió el esfuerzo por captar socios con la creación de un fondo dotal. Con aportaciones en cuota única de la nueva categoría de socios vitalicios, donaciones y un porcentaje de los ingresos de congresos y cuotas de socios, se consiguieron $21.000 m/n que fueron invertidos en cédulas hipotecarias y permitieron financiar el I Congreso de Economía Social en 1924.
Desde 1926, el Ministerio de Relaciones Exteriores volvió a aportar una suma anual. La incorporación a la Universidad de Buenos Aires en 1927, obedeció en buena medida a la situación económica adversa del MSA, pero el aporte anual de $6000 m/n de la casa de estudios fue menor al esperado. En 1929 se consiguieron un nuevo subsidio del Concejo Deliberante de la Capital y dos partidas del Congreso de la Nación que respondían al proyecto de ley presentado por el diputado radical Leopoldo Bard318, una para la construcción de un edificio y otra para sufragar gastos de instalación de la Exposición de Economía social, el acondicionamiento de la biblioteca, la Escuela de Servicios Social y la radio de extensión cultural. Los casi $60000m/n que sumaban junto al subsidio universitario permitieron aumentar los fondos documentales y alimentaron el sueño del local propio. Pero al año siguiente, el subsidio fue cancelado por el gobierno militar en un contexto de crisis económica generalizada y ruptura del orden institucional, y a pesar de las relaciones fluidas de las autoridades del Instituto con el presidente de facto319.
Las excelentes relaciones con los dos principales periódicos del país –La
Prensa y La Nación- se tradujeron en ese momento en un medio para procurarse
ingresos. Además de cubrir ampliamente los eventos organizados por el MSA y ofrecer sus páginas a las autoridades del instituto como venían haciendo hasta el
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Balances de cuentas de los períodos 1914-1915, 1915-1916, 1916-1917, 1917-1918, 1918-1919, 1919-1920, 1920-1921, 1921-1922, 1922-1923, 1923-1924. MSA. Libro de Actas de Asambleas
ordinarias no. I, 86-87, 110-111, 118-119, 128-129, 142-143, 154-155, 168-169, 170-171, 190-191,
206-207.
318 BARD. 1929. "Archivo: Subsidio al MSA." BMSA. no. XVII (80), 81. 319
Balances de cuentas de los períodos 1924-1925, 1925-1926. MSA. Libro de Actas de Asambleas
ordinarias no. I, 222-223, 236-237. Balances de cuentas de los períodos 1926-1927, 1927-1928, 1928,
135 momento, animaron la campaña de recolección de fondos que emprendió el Instituto, con publicación de reportajes fotográficos y notas celebratorias solicitando donaciones monetarias.
La sede que el MSA imaginaba, debía albergar además de despachos y salas de reuniones, una biblioteca, una sala de conferencia y, especialmente, un amplio espacio que permitiera instalar la Exposición de Economía social, leiv motiv de Amadeo. Sólo consideraba emplazamientos en el centro de la ciudad. Pero el edificio propio, sólo se hizo realidad en 1937, hasta entonces cambió con frecuencia de ubicación. Por considerar que cumplía un papel social merecedor de apoyos externos, por sus medianas posibilidades económicas o por ambas cosas a la vez, el instituto buscó instalarse en espacios cedidos, subvencionados o de alquileres reducidos, en no pocas ocasiones gestionados ante la Municipalidad de Buenos Aires.
Las reuniones iniciales del aún proyectado MSA se realizaron en las sedes de la Sociedad Científica Argentina y en el Museo Mitre. Tras cobrar los primeros subsidios, se alquiló un céntrico local en Avenida de Mayo 695. Ante la subida del alquiler y la necesidad de un espacio de mayor tamaño, comenzó apenas dos años más tarde la búsqueda de una nueva sede. Las pesquisas se dirigieron directamente a la posibilidad de que el gobierno municipal cediera o alquilara por un precio simbólico algún local. Se encargó a Eduardo Crespo, miembro del Consejo Superior del MSA, que realizase las gestiones pertinentes frente al Secretario de Hacienda de la Intendencia, Enrique Ruíz Guiñazú, también miembro del Consejo Superior y posterior presidente del Instituto, para conseguir el alquiler de una casa que iba ser expropiada. Se consiguió así alquilar a un precio reducido un lugar en Maipú 1926 en 1915, donde se proyectó el Salón de Economía social. Las gestiones para ser eximidos del pago del alquiler se iniciaron de inmediato y se consiguieron con carácter retroactivo en 1917, aprovechándose la circunstancias para realizar obras de acondicionamiento de biblioteca, salón de actos y despachos.
En 1925, la construcción de la Diagonal Norte afectó al emplazamiento del Instituto; la biblioteca y el Salón de Economía Social se encajonaron, y así se mantuvieron durante el alquiler provisional de un departamento, sin biblioteca ni sala de conferencias. La Exposición nunca había llegado a inaugurarse. Al año
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siguiente, el MSA se instaló en la moderna Galería General Güemes, de estilo Art Nouveau y considerada el primer rascacielos de la ciudad. Allí funcionó hasta un nuevo traslado a un local de mayor amplitud también en la calle Maipú, esta vez en el número 628.
A finales de 1929 el Concejo deliberante de Buenos Aires aprobó la cesión de un terreno situado en la Avenida Santa Fe 1545-53, junto al subsidio de 100.000 que el proyecto de Bard destinaba a la edificación de la sede social, parecía acercar el viejo anhelo, pero la partida no se hizo efectiva. En 1934 una nueva mudanza ubicó al MSA en la calle Viamonte 1453, a pocas cuadras del Teatro Colón. En 1937 finalmente, con subsidios del gobierno nacional, comenzó la construcción del edificio propio en la Avenida Corrientes 1723.
2.4 Periodización
La primera etapa del MSA estuvo marcada por la heterogeneidad de sus miembros y de las sensibilidades políticas que estos representaban; es la etapa de mayor apertura intelectual de la institución, cuando encontramos la presencia de mujeres en el Consejo Superior, y del feminismo y el socialismo en las páginas del
BMSA. En este primer momento se prestó una atención particular hacia la cuestión
social como tal, y a las ideas y herramientas de reforma social desarrolladas en el extranjero; destacaba del Instituto la “preocupación por mantenerse a la vanguardia del movimiento intelectual del país” 320.
A partir de 1917 se percibe un repliegue en las posiciones del Museo, movilizado por la nueva coyuntura nacional -gobierno nacional radical- e internacional -Revolución Rusa, Primera Guerra Mundial-. La defensa de la legalidad institucional y parlamentarismo antes sostenidos, no encontraban ahora el mismo consenso entre los miembros del MSA.
En esta nueva etapa la presidencia del MSA recayó en dos profesores de Economía política, Juan José Díaz Arana y Enrique Ruiz Guiñazú. El MSA siguió con mayor atención los problemas políticos y económicos del país, y emprendió iniciativas que se orientaron explícitamente a la intervención en la vida pública y la
137 acción estatal: se organizaron conferencias de expertos y reuniones entre los socios en los que se evaluaban proyectos de ley en tratamiento en el Congreso de la Nación y se promovían otros; todo era escrupulosamente transcrito en el BMSA, para amplificar “una expresión pública de las opiniones extra-oficiales más autorizadas”321.
El nuevo contexto modificaba la óptica con que sus miembros concebían su intervención en tanto científicos en la vida política del país, y MSA se dispone actuar como grupo de presión. La agudización del conflicto social y los sucesos de la Semana trágica en 1919, “destruyeron definitivamente el consenso reformador”322, y supusieron una reorganización de los grupos conservadores en el país de la que no fue ajeno el MSA; algunas de sus autoridades –entre ellas el propio Tomás Amadeo- formaron parte de asociaciones como la Liga Patriótica y la Asociación del Trabajo323. La organización de grandes congresos durante este lustro buscó contrarrestar las tensiones internas. Sin embargo, es en este período en el que se fueron consolidando las secciones de estudio; las propuestas sobre los ámbitos de la realidad social en la que se buscaba operar se acotaron y diferenciaron, así la relativa autonomía de estos órganos permitió que se desarrollaran en direcciones no siempre convergentes.
En la segunda década del siglo, el MSA buscó su incorporación a la Universidad de Buenos Aires como centro de extensión universitaria, el proyecto se correspondía con la idea de divulgación del conocimiento científico que perseguía el MSA y se veía como la posibilidad de una mayor holgura financiera. Una resolución a favor de la vinculación oficial fue votada en el Primer Congreso Internacional de Economía Social en 1924, y en 1927 el MSA pasó a formar parte de la Universidad.
321
"Reuniones de socios del Museo Social Argentino. Acta de la cuarta reunión." 1917. BMSA no. VI (67-68), 366 -427.
322
NOVICK, 1998, 347.
323
Las Asociación del Trabajo, fue creada en 1918 por empresarios como respuesta a lo que denominaban “política obrerista” del radicalismo, aportaba “obreros libres” no sindicalizados. Uno de sus fundadores fue Joaquín de Anchorena, por entonces Decano de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, ex Intendente de la Ciudad y socio del MSA desde sus inicios. La Liga Patriótica Argentina, fue un grupo de choque parapolicial asociada a la AT, que hizo su aparición durante la semana trágica, participando de la represión a los trabajadores y atacando locales judíos. Tomás Amadeo formó parte de su Consejo ejecutivo, también la integraron otros miembros activos del MSA como Eleodoro Lobos o Manuel Montes de Oca, además algunos de sus socios.
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La relación ya existente de facto por la participación de numerosos profesores universitarios en el MSA, quedaba así institucionalizaba.
Desde este nuevo marco institucional, se crearon en el seno del MSA la Escuela de Servicio Social, los Secretariados de Cooperación, Mutualidad y Gremialismo, y de Previsión e Higiene social. El MSA incorporó además a sus instrumentos tradicionales de extensión educativa las transmisiones radiofónicas, a través de la emisora de la Municipalidad de Buenos Aires.
Tras el golpe de Estado de 1930 y la intervención de la Universidad, el MSA recuperó su autonomía. Su posterior desenvolvimiento queda fuera de los límites que nos hemos marcado en esta investigación.