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Cuidado físico

In document Pepe Prado ElsecretodePablo (página 44-49)

Pablo es consciente de que su cuerpo ha de estar suficientemente preparado y apto para cumplir la misión que le compete. Por eso afirma:

Golpeo mi cuerpo y lo esclavizo: 1Cor 9,27.

No se trata de una simple mortificación para acallar los gritos de las pasiones, porque resulta contraproducente (Col 2,23), sino de someter su cuerpo bajo la misión que le ha sido encomendada, ya que también el cuerpo debe colaborar en esta empresa.

El cuerpo, que se inclina al pecado (Rom 7,21-25), es vulnerable a las concupiscencias de la carne, por lo que se precisa mantenerlo bajo el control del Espíritu, con disciplina y esfuerzo (Col 3,5). Un ministro de la cruz de Cristo no puede concederse todos los gustos ni vivir bajo la ley del menor esfuerzo; al contrario, ha de estar siempre al servicio de los valores supremos. No vive para el cuerpo, sino que el cuerpo es del Señor y el Señor es para el cuerpo (1Cor 6,13).

El cuerpo del hijo de Benjamín, aunque era débil por naturaleza (2Cor 10,10) y a veces sufría enfermedades (Gal 4,13), estaba capacitado para soportar largos viajes, azotes, cárceles, varios días sin comer y noches sin dormir (2Cor 11,23-27), porque se había ejercitado en el combate. Sabía resistir todo tipo de dificultad y no se acobardaba ante nada ni ante nadie.

3. Preparación psicológica: mentalidad de vencedor

No basta la preparación física. Es mucho más importante la disciplina mental. Si un atleta no se ha preparado psicológicamente para las adversidades y contingencias de la carrera, no podrá jamás alcanzar la meta.

El apóstol a su vez ha renovado su mente y "discierne la voluntad de Dios: lo bueno, lo mejor y lo perfecto" (Rom 12,2).

En todo salimos más que vencedores...: Rom 8,37.

A pesar de los sufrimientos y fracasos, sabe que es "más que vencedor" (Rom 8,37) que participa del desfile triunfal de Cristo Jesús (2Cor 2,14) y que nada ni nadie nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús (Rom 8,38-39). El lema y el grito de guerra de este soldado de Cristo, frente a cualquier adversidad o dificultad era el siguiente: Todo lo puedo en

Aquel que me conforta: Flp 4,13.

Vencer los problemas no es la única forma de triunfar. La fe nos asegura que Dios escribe derecho en renglones torcidos. Por eso Pablo declara: Todo concurre para bien de los que aman a Dios: Rom 8,28.

La mentalidad de vencedor es una de las características de los triunfadores.

4. Conclusión

Es necesario prepararse en todos los sentidos para la misión. Es tan grande e importante que nos exige capacitarnos en cada aspecto de la vida humana: el físico, el cultural, la madurez psicológica y la dimensión pastoral y espiritual.

V

CUATRO ENTRENADORES DE PABLO

Para prepararse para la carrera, Pablo de Tarso tuvo cuatro entrenadores que lo esculpieron como atleta.

1. Rabí Gamaliel

Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres: Hech 22,3.

Uno de los cinceles que más contribuyó para conformar el espíritu y la mente de Saulo fue Rabí Gamaliel, el cual gozaba de gran reputación en el pueblo de Israel. (Hech 5,34). Era nieto del célebre Hillel y en su escuela de discipulado se forjó el alma del joven Saulo de Tarso estudiando, meditando y orando con los santos Manuscritos.

El gran aporte de Rabí Gamaliel para con el fariseo de Tarso fue el profundo conocimiento de las Escrituras. Saulo cita el Antiguo Testamento más de doscientas veces en sus Epístolas. No puede hablar, ni menos enseñar o predicar, sin hacer alusión a la Ley, los Escritos y los Profetas. Atrás de cada mención de la Escritura, aparece la impronta del rabino judío con quien gastó tanto tiempo descifrando los enigmas de los profetas y los consejos de los sabios de Israel. Rabí Gamaliel dejó una huella indeleble en el alma del leal fariseo. Su amor y respeto por la Torah, los Nebiím y los Ketubim fue tan decisiva que se escribió de él: "Con la muerte de Gamaliel vino a menos la veneración por las Escrituras".

Sin el aporte de este rabino, Saulo no hubiera pasado de ser un aficionado al atletismo apostólico. Su maestro dio forma escriturística a su pensamiento; pero lo más importante, le infundió respeto y amor a los Santos Pergaminos. Para Pablo fue tan importante la Sagrada Escritura, que su última voluntad antes de morir fue pedirle a Timoteo que se apresurara en traerle los Manuscritos que contenían la Palabra de Dios (2Tim 4,13).

2. El discípulo Ananías

Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: 'Ananías'. El respondió: 'Aquí estoy, Señor': Hech 9,10.

"Ananías era un hombre piadoso según la Ley, bien acreditado por todos los judíos" (Hech 22,12), que el noventa y nueve por ciento de las veces que Dios le llamaba, contestaba: "Aquí estoy, Señor". Por desgracia había un punto en el que se resistía, pues poseía una base de datos actualizada que había procesado adecuadamente para llegar a una conclusión confiable.

Consciente de que el azote de los cristianos se acercaba a Damasco, rogaba a Dios para que interviniera de forma milagrosa y aniquilara a la terrible amenaza. En ese preciso momento tuvo una visión del Señor que le llamaba por su nombre: "Ananías". El respondió como de costumbre: "Aquí estoy, Señor." 'Puedes pedirme lo que quieras...'.

Se trataba de una tarea muy delicada:

Levántate y vete a la calle Recta, y pregunta en casa de Judas por uno de Tarso, llamado Saulo...: Hech 9,11.

Se le pedía, precisamente, ese uno por ciento que todavía no estaba dispuesto a ceder. Por eso, antes de que el Señor terminara de indicarle su plan, el discípulo lo interrumpió, pues estaba al tanto de cada dato que circulaba entre los santos cristianos con respecto al susodicho Saulo de Tarso. Entonces, con síntesis de reportero, resume el problema en una cápsula informativa: "Señor, he oído hablar a muchos de ese hombre y de los muchos males que ha causado a tus santos en Jerusalén...". 'Puedes solicitarme lo que quieras, Señor; pero conozco perfectamente al tipo y no me es sujeto de crédito. Imagínate que hasta acá han llegado las noticias de todas sus fechorías en Judea... eso que me estás indicando no es ni oportuno ni lógico'.

Ananías actualiza al Señor con los últimos reportajes recién llegados. Con lujo de detalles se refiere a la muerte de Esteban, las amenazas y blasfemias, las cartas de autorización y cómo de un momento a otro el león rugiente invadiría la ciudad para apresar a los seguidores de 'El Camino'. Sin embargo, ignoraba lo acontecido en el último minuto, que también tenía sesenta segundos, y que Dios podía sorprender en cualquier instante, pues acostumbra actuar "de repente".

"Vete", le ordena simplemente el Señor. 'No tengo tiempo para informarte cuanto acaba de suceder en las afueras de la ciudad'.

Para Ananías fue más difícil entregar el uno por ciento que le faltaba, que el 99%. A pesar de sus resistencias se encaminó para cumplir la encomienda. Tardó en encontrar la calle principal de la ciudad y respiró hondo antes de entrar a la casa del famoso Judas. En cuanto descubrió al temido perseguidor, se colocó a su espalda, y antes de saludarlo le aclaró que no estaba allí por propia iniciativa, sino por expresa orden del Señor: "Saulo, me ha enviado a ti el Señor Jesús" (Hech 9,27).

Con reservas le impuso las manos desde lo más lejos posible y con voz temblorosa le ordenó: "recobra la vista y sé lleno del Espíritu Santo". Luego lo bautizó e inmediatamente se retiró.

Tres aspectos resumen la misión de Ananías con Saulo:

• Recobrar la vista: Es el instrumento para que aquel hombre sumido en las tinieblas de la ignorancia del plan de Dios recuperara la vista. Por tanto no se reduce sólo a la curación de la ceguera física, sino que hace caer el velo que pesaba sobre el entendimiento de Saulo, para que reconociera a Jesús como el Mesías anunciado por los profetas.

Aquel que estaba ciego, ahora tiene la misión de conducir a la luz a los que viven en sombras de muerte.

• Ser lleno del Espíritu. El fariseo de Tarso recibió el Don de los dones a través de este discípulo del Señor. De no haber obedecido esta orden, Saulo no habría recibido el Espíritu de filiación y la fuerza para predicar con poder el Nombre de Jesús hasta los confines de la tierra.

A partir de ese momento el Espíritu será su fuerza, su inspiración y el motor de su apostolado.

• Ser bautizado. Ananías fue el instrumento para insertar a Saulo en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo Jesús. La experiencia carismática del camino de Damasco debía ser sellada con el sacramento del bautismo. El encuentro personal con Jesús resucitado era confirmado por la comunidad cristiana, representada por Ananías, que admitía a Saulo de manera formal al grupo de los que se habrían de salvar y que integraban la comunidad de Jesús: la Iglesia.

Fue tan profundo este momento que cuando en el futuro Pablo trate el tema del bautismo de alguna manera estará reflejando su experiencia personal en la casa de Judas, por el ministerio de Ananías.

Nadie ha contribuido tanto en tan poco tiempo como este fiel discípulo del Señor, cuando entregó lo único que no estaba dispuesto a conceder. Tal vez con ese uno por ciento cooperó más en la historia de la salvación, que con el noventa y nueve que ya antes había ofrecido. Si Ananías no hubiera puesto en manos de Dios lo único que se reservaba, hoy día no existiría el Apóstol de los gentiles.

El tercer entrenador de Saulo fue su fiel amigo José, apodado Bernabé (hijo de la exhortación), levita originario de la isla de Chipre, que poseía una mentalidad abierta y conciliadora. Bernabé sobresalió por ser el primero en todo.

Nadie sabe quién fue el segundo hombre que plantó su huella en el Continente Americano hace 500 años. Las estatuas y reconocimiento son sólo para Cristóbal Colón. Hacer las cosas que otro ha realizado antes, no tiene tanto valor. A quien se debe admirar es al primero que se atreve a intentarlo. Bernabé pertenece a esta clase de hombres que se arriesgan a incursionar por caminos vírgenes.

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