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Y los cuidados son sobre todo un trabajo

In document economia para cambiarlo todo (página 86-89)

Desde las diversas corrientes de pensamiento androcéntrico de la economía, las actividades que se realizan en torno al bienestar de las personas son invisibili- zadas, reafirmando las relaciones patriarcales en la economía. Así lo expresa la economista feminista Cristina Carrasco (2014), “hay que reconocer que temas rela- cionados con el trabajo de las mujeres han sido abordados por los distintos para- digmas económicos (neoclásico, institucionalista, marxista), pero su tratamiento se mantiene dentro de una perspectiva analítica con sesgo androcéntrico”. Una de las principales disputas entre el pensamiento económico tradicional y las nuevas perspectivas económicas desde el enfoque feminista es el significado del trabajo. Este está determinado por las relaciones en el mercado y el salario, en tanto que todas las acciones que se realizan para la reproducción de la vida no son consideradas como tal.

A partir de la Economía Feminista, así como desde las luchas históricas de las mujeres en la década de 1970 6 en todo el mundo y la lucha de las mujeres negras, que logran poner en la agenda feminista y no feminista la cuestión de la clase y la raza como constitutivos del trabajo, las actividades que sostienen la vida y 6 En el siglo XIX —coincidiendo y, no por casualidad, con la primera ola del feminismo—, estas pioneras ya reclamaban el derecho de las mujeres a tener un empleo y denunciaban las desigualdades laborales y salariales entre los sexos (Carrasco, 2006, pág. 1).

proveen de las condiciones idóneas para que la fuerza de trabajo produzca en el mercado empiezan a ser llamadas “trabajo”. Desde las economías feministas, son consideradas como una actividad que genera valor en las economías nacionales y mundiales7.

A la división injusta y de subordinación femenina del trabajo, se contrapone una nueva visión económica. En esta reafirmamos que la economía no solo se sostie- ne por los trabajos productivos tangibles y “que existe todo un mundo de trabajos por fuera del mundo iluminado del mercado” (Pérez y del Rio, 2012). Aunque suene reiterativo, los cuidados que realizan las mujeres en los hogares son trabajo, uno que conlleva una serie de procesos físicos e intelectuales y hasta emocionales reiterados, pero en su precisión, se hacen acciones diferentes todos los días; son procesos que generen acumulación de vida y también de economía. Es trabajo porque los cuidados no son ontológicos a la feminidad; las mujeres no cuidan por naturaleza, las mujeres aprendieron a cuidar y, efectivamente, a generar habili- dades y sabidurías alrededor de esto. Cuidan porque nadie más ha cuidado his- tóricamente y su trabajo siempre supera los límites: los cuidados implican hacer siempre más de lo que se debe y se puede (sean remunerados o no).

Los trabajos de cuidado que realizan las mujeres en los hogares, por ejemplo, parten de condicionamientos y conciliaciones no estáticas. Como ningún otro tra- bajo, este depende cada día de los arreglos familiares, las condiciones diarias de cada miembro, la solvencia económica y hasta del contexto político-económico más general. Muchos de los cuidados que las mujeres realizan en sus hogares parten (pero no es todo) —como se lo señaló en el acápite anterior— de una “obli- gación por amor”, incidida por patrones culturales, morales, sociales que atosigan cotidianamente el quehacer de las trabajadoras, pues cumplir el mandato de la buena cuidadora todos los días no es nada fácil.

La concepción muy habitual de “madre hay una sola” es el refrán más simbólico y real de la carga afectiva y de dependencia hacia las madres. En los cuidados, se refiere a uno maternalista. Hace referencia a que solo la madre cuida y protege como “debe ser”. Así, el trabajo de cuidar a diario a seres humanos creciendo, volviéndose adultos, llegando a la vejez, enfermos o incapacitados, a los niños 7 Aleksandra Kolontái en la década de 1970; economistas y estudiosas como Lourdes Benería en la década de 1980; Marianne Ferber, Julie Nelson, Nancy Folbre en la década de 1990, Cristina Carrasco, Corina Rodríguez, Amaia Pérez Orozco, Mercedes d´Alessandro en la década de 2000, entre otras autoras actuales y contemporáneas, reflexionan de manera rigurosa sobre cómo la economía tradicional ha reproducido por siglos la desigualdad de género.

y niñas de la vecina, al accidentado o accidentada implica una labor más allá de cualquier receta, protocolo y propaganda de televisión. Esta incluye toda la expe- riencia de vida; no es un trabajo especializado, se trata de acciones que planean la vida del otro u otra en el día a día, se asumen responsabilidades, compromisos y resultados.

Los cuidados no solo se cumplen para el bienestar del otro u otra, sino que ade- más se relacionan a lo útil, lo necesario, lo pertinente, lo contingente en el día a día, lo bello: lo bien hecho, lo que da orgullo;

[el trabajo realizado] está en relación con lo útil y con lo bello. Lo útil se relaciona con las expectativas de la jerarquía y de las personas por las cuales el servicio es coordinado. Lo bello se refiere al trabajo bien hecho, esto es, al trabajo que está de acuerdo con las reglas y tradiciones de la profesión (Dejours, 2014).

Todas las acciones del cuidar (sobre todo las no remuneradas del hogar) son habituales y, al mismo tiempo, requieren cada día actualización, adaptación, acoplamiento e ingenio. Es un trabajo en constante movimiento; a pesar de la reiteración corporal en ciertas actividades, es un trabajo no mecanizado. Las fun- ciones varían según varía la humanidad de la familia, lo prescrito en el afecto se desintegra, pues va más allá de un sentimiento; se concentra en muchos puntos analíticos y toma de decisiones intelectuales, calculadas, precisas para generar contingencia, sostenimiento, bienestar.

En este proceso, entonces, se requiere de más actividades que las previstas o planificadas con antelación: siempre las cuidadoras dan algo más de lo requerido, pues el medio con el cual se trabaja es la vida para condicionar la de otros y otras, un trabajo desde la vida para la vida;

Quienes trabajan ponen algo más que las prescripciones. Trabajar no puede ser ejecutar actividades regidas por la prescripción, las órdenes o las jerarquías sola- mente, pone en marcha de una inventiva a fin de resolver situaciones que no están dadas por la organización prescrita del trabajo (Wlosko y Ros, 2008).

Cuidar, entonces, trasciende el clásico entendimiento económico y organizacional del trabajo. A pesar de eso, es una de las labores fundamentales que sostiene la economía.

Incidencias y presencias de las trabajadoras no remuneradas del

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