Existen en la actualidad pruebas suficientes de que las normas de la enseñanza se negocian socialmente en el contexto cotidiano de la escuela. Distintos autores hacen referencia a la importancia de la cultura escolar y su influencia en la reflexión que hacen los profesores con respecto a su trabajo y a la visión que tienen de sus alumnos. Es complejo definir lo que se entiende por cultura, Schein dice que tiene que ver con “los niveles más profundos de supuestos básicos y creencias que comparten los miembros de una organización, que actúan inconscientemente para definir la idea que una organización tenga de sí misma y de su entorno”(Ainscow, 2001).
Comprender el concepto de cultura escolar es de suma importancia a la hora de abordar el cambio educativo y los proyectos de mejora de las Escuelas. Se considera que la transformación de la cultura de las escuelas es uno de los más claros indicadores de que un cambio profundo se ha producido en ellas.
La cultura se entiende como las creencias y convicciones básicas que mantienen los profesores y la comunidad educativa en relación con la enseñanza, el aprendizaje de los alumnos y el funcionamiento de la escuela.
La cultura incluye las relaciones que se establecen en el centro, las normas que afectan a la comunidad educativa, los procesos de enseñanza y aprendizaje, los sistemas de comunicación y el tipo de colaboración que se produce entre los profesores.
Los proyectos educativos y planes de acción que las escuelas elaboran pueden o no coincidir con las creencias básicas que explícitamente comparten los profesores. Es así como suele producirse en el interior de los establecimientos, que los profesores no comparten o no conocen el proyecto educativo. Por otra parte, existen diversas culturas entre los profesores y entre los alumnos lo que conlleva a que muchas veces las prácticas en la escuela disten bastante de los planteamientos explicitados en el proyecto educativo.
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El Proyecto Educativo Institucional, es un Instrumento técnico y político que orienta el quehacer de un establecimiento educacional, explicitando la propuesta educativa que la distingue, donde se especifican la organización y los recursos que se pondrán en marcha para realizarla. Es el medio orientador de la gestión institucional que contiene en forma explícita, principios y objetivos de orden filosófico, político y técnico que permiten programar la acción educativa otorgándole carácter, dirección, sentido e integración, articulándose con las siguientes dimensiones de la gestión escolar: Pedagógica-Curricular; Administrativa Financiera; Organizativa-Operacional; Comunitaria; Sistémica y Convivencial.
Es fundamental que el Proyecto Educativo, sea el fruto de la reflexión y respuesta colectiva que la comunidad escolar entrega a preguntas que también se formulan colectivamente, la sola existencia de este instrumento, como hemos señalado, no asegura el compromiso y la dimensión práctica que se necesita para la apropiación de la comunidad en su conjunto. Ante todo debe ser un proceso consensuado donde debe prevalecer el carácter participativo. Su importancia radica en la práctica pedagógica y en la motivación que tienen los agentes educativos en llevarlo a cabo, debe ser claro, socializado, y aplicable, considerando procesos de evaluación permanentes e igualmente participativos.
El principal objetivo orientador del el proyecto educativo, debe ser mejorar la capacidad de las escuelas para fomentar la participación y el aprendizaje de todos los estudiantes, para lo cual se requiere relevar el desarrollo del personal docente y de compartir no sólo la filosofía de la inclusión e integración sino de llevarla a la práctica tanto dentro como fuera del aula. Es clave por lo tanto, la información y participación del profesorado en la planificación de los procesos de inclusión y en las posteriores decisiones relacionadas con dicho proceso.
El marco que ofrece la toma de decisiones en torno al proyecto educativo institucional, del cual se desprende la propuesta curricular, organiza la puesta en práctica de las diferentes estrategias de aprendizaje, que supone adecuar el entorno a todos los alumnos en todas las áreas curriculares, ofreciendo los recursos necesarios y las oportunidades de aprendizaje y socialización para todos ellos en un mismo contexto.
Este instrumento de gestión tendría que responder a la expresión política, social, cultural y económica que dé respuesta a la diversidad lingüística, cultural y personal de cada alumno en concordancia con una sociedad democrática.
En este sentido, cuando los profesores de una escuela consiguen avanzar hacia prácticas más inclusivas, éstos progresos suelen tener influencia general en la forma en que ellos se perciben y en la forma de valorar su trabajo.
Es así como la escuela comienza a adoptar algunas características propias de las llamadas “organizaciones de aprendizaje” o “comunidades de aprendizaje”, lo que implica “una organización que está ampliando continuamente su capacidad de crear futuro” (Senge,1989).
Es necesario entonces, profundizar en los factores y condiciones que hacen posible avanzar hacia prácticas inclusivas, transformando la cultura escolar en una cultura de colaboración y valorización de la diversidad, de respeto por las creencias y condición del otro y de mejoramiento de las expectativas de los profesores con respecto a las potencialidades de aprendizaje de sus alumnos.
La promoción de una cultura de apoyo y colaboración basada en relaciones de respeto y cooperación entre alumnos, profesores, padres y especialistas constituye un factor clave que favorece el desarrollo y aprendizaje de la comunidad escolar en su globalidad.
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La estrategia de resolver problemas colaborativamente es una manera importante de mejorar las competencias de los profesores, así como para crear un motor de cambio en el establecimiento que puede perdurar en el tiempo. La destinación de tiempo para la reflexión y la resolución colaborativa de problemas es un aspecto relevante para el éxito de los proyectos educativos inclusivos. En este sentido es necesario:
• Potenciar a los docentes para que examinen sus propias prácticas en forma crítica, a la luz de un conocimiento detallado de las necesidades de los estudiantes. Ello necesitan hacer esto en un contexto de apoyo mutuo y resolución colaborativa de problemas. Esto puede llevar a procesos muy fructíferos de investigación acción. • Potenciar a los docentes para que resuelvan sus propios problemas, pero para ello
también necesitan relacionarse con otros profesores y especialistas solicitando información y asesoría. Los especialistas a su vez, necesitan trabajar en la escuela y directamente con los profesores.
• Que la transformación de las prácticas docentes ocurran en el contexto de cambios más amplios en la gestión y organización curricular, de manera que el cambio educativo se apoye en estos factores. En la medida que sea posible, el avance hacia la inclusión debe ser visto como parte integral de otras iniciativas internas y externas de la escuela.
• La comunidad general en que se inscribe la escuela, incluida las autoridades locales o municipales deben apoyar el proceso de innovación educativa que supone la inclusión.
Desde la perspectiva de los estudiantes, es fundamental que se incluyan en el currículum objetivos y contenidos de carácter transversal orientados al desarrollo de actitudes de respeto y valoración de las diferencias individuales. Junto con ello, es importante crear en el aula un clima socio emocional armónico que favorezca relaciones positivas de apoyo entre los alumnos, y se promueva el aprendizaje cooperativo a través de diversas estrategias. Por otra parte, es fundamental generar relaciones de colaboración con los padres comprometiendo su participación activa y apoyo tanto en el proceso educativo como en el desarrollo del proyecto educativo institucional de la escuela.
Un último aspecto a considerar es la creación de redes de apoyo a través de acciones debidamente coordinadas con otros servicios y recursos de la comunidad, de modo de expandir la capacidad de respuesta de la escuela a la diversidad de necesidades de los alumnos.