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El aprendizaje cooperativo

In document Educar en la Diversidad (página 198-200)

La utilización del aprendizaje cooperativo es un medio de subsanar este tipo de dificultades. Más adelante veremos que existen varios argumentos importantes en pro de un incremento de la aplicación de estrategias de aprendizaje cooperativo en las escuelas de calidad para todos los alumnos.

Conviene recalcar que no estamos preconizando la abolición de otras formas de organización del trabajo. En algunas ocasiones el trabajo competitivo e individualizado es perfectamente apropiado. De hecho, es importante que los niños tengan la oportunidad de participar en diferentes tipos de experiencias de aprendizaje para que puedan descubrir sus propias preferencias. Las escuelas deberían ser sitios en que los niños, además de aprender “cosas”, aprendan también sobre sí mismos como educandos, es decir, tomen conciencia de su propio proceso de aprendizaje. Esto sólo puede producirse si los alumnos ejecutan una amplia gama de tareas y actividades presentadas en distintas formas y tienen la oportunidad de reflexionar sobre estas modalidades e interpretarlas.

¿Cuáles son los principales argumentos a favor de tareas y actividades planteadas de tal modo que los alumnos tengan que trabajar en colaboración con sus compañeros? ¿Cómo puede esta estrategia, en particular, propiciar el éxito en clase?.

Aprender implica asumir riesgos. Exige de nosotros andar a tientas, intentar algo sin estar seguros del resultado. Mucha gente considera que es más fácil correr riesgos cuando se tiene la seguridad de que tiene la posibilidad de compartir las decisiones y experiencias con otras personas. Así, por ejemplo, muchas personas se sienten más dispuestas a gastar más dinero si van de compras con algún amigo en vez de ir solas. Por ello, es ciertamente útil brindar a los niños la oportunidad de tomar riesgos en clase en colaboración con sus compañeros que pueden prestarles apoyo e infundirles ánimo.

Los lectores convendrán en que muchas de sus más importantes experiencias de aprendizaje se han producido cuando participaban en algún tipo de encuentro que permitía el debate, la discusión o la resolución de problemas en colaboración con otras personas. Si bien el hecho de escuchar en silencio una conferencia o leer en privado puede ser una forma eficaz de obtener información, para la mayoría de nosotros las ideas importantes y

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los avances hacia una comprensión de problemas complejos tienen más probabilidades de producirse cuando tenemos la oportunidad de pensar en voz alta y de confrontar nuestras ideas con las de otras personas.

La mayor parte de los profesores reconocen que el desenvolvimiento personal y social es un tema importante del currículum. Queremos que nuestros alumnos se realicen mejor viviendo, trabajando y jugando en contextos que les permitan relacionarse y desarrollarse socialmente. Si el aprendizaje escolar se efectúa sobre todo mediante la competencia entre alumnos o de forma aislada, se reducen entonces las posibilidades de alcanzar los objetivos sociales antes mencionados. En las aulas en que se los estimula y ayuda a trabajar de forma cooperativa, en cambio, los alumnos tienen al mismo tiempo la oportunidad de progresar en estos aspectos del desarrollo personal y de alcanzar sus objetivos académicos.

Desde un punto de vista más práctico, el aprendizaje cooperativo puede ayudar a los alumnos a depender menos de sus profesores. Se insta a los alumnos a que trabajen juntos, apoyándose mutuamente y buscando soluciones a los problemas planteados en diversas situaciones y actividades de aprendizaje. Cuando se logra poner en práctica (y no siempre es fácil), esta forma de trabajo deja tiempo a los profesores para concentrarse en otros aspectos importantes de la vida del aula. Por el contrario, muchas otras organizaciones del trabajo en clase refuerzan la dependencia de los alumnos para con el profesor, consumiendo así el recurso educativo más valioso: el tiempo del profesor. Este problema se resume quizás en la siguiente paradoja: ¡la institución escolar es la única empresa en la que el patrón efectúa todo el trabajo mientras los trabajadores están sentados mirando!.

No existe ningún argumento definitivo a favor de una mayor utilización del aprendizaje cooperativo. Tiene que ver más bien con las ventajas que representa para la formación integral del alumnado, en particular para aquellos niños que experimentan situaciones especiales. Nos referimos a cualquier alumno que acaba de mudarse al barrio y que tal vez proviene de otra cultura o país, que habla otra lengua, que proviene de un hogar desestructurado, o de un niño ciego, etc. Todos estos niños tienen la necesidad de integrarse en un nuevo contexto social y adaptarse a las demandas de la vida escolar.

Cuando esta integración no se da de manera adecuada hay muchas probabilidades que los alumnos se sientan inferiores por ser rechazados y etiquetados, eviten hacer frente a situaciones difíciles; se distancien de sus compañeros, o sean tratados por éstos de modo paternalista. Por ello, tenemos que encontrar un modo de introducirlos en la nueva clase que propicie su éxito académico y social. Opinamos que una clase en donde existe un grado suficiente de trabajo cooperativo tiene más probabilidades de ayudarnos a alcanzar estos objetivos.

En resumen, los argumentos a favor de una mayor utilización del aprendizaje cooperativo, se relacionan con beneficios tanto académicos, como sociales y organizativos.

La práctica

En vista de la solidez de los argumentos a favor del aprendizaje cooperativo, sería razonable suponer que este tipo de práctica está muy difundida. Sin embargo, la realidad es muy distinta.

En muchas escuelas primarias, por ejemplo, se insiste en la importancia del aprendizaje mediante el descubrimiento y la resolución de problemas. Por consiguiente, cabría esperar que los profesores recurriesen a menudo a técnicas destinadas a que sus alumnos trabajen colectivamente en ejercicios o actividades comunes. Los resultados de las investigaciones indican, que si bien los niños a veces se encuentran sentados en grupos en la clase, rara vez se les pide que trabajen en colaboración con los demás.

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La falta de formación del personal docente puede explicar por qué no se recurre más a los métodos cooperativos. Es muy probable que muy pocos de nosotros hayamos recibido una capacitación específica sobre cómo organizar nuestras aulas para facilitar el trabajo en grupo. Por consiguiente, es posible que carezcamos de las competencias y la seguridad para tratar de aplicar formas de enseñanza que nos hagan correr riesgos frente al más exigente de los públicos: los alumnos.

Se debe recalcar que para que los métodos de aprendizaje cooperativo sean eficaces, éstos se deben planear, aplicar y evaluar con sumo cuidado. Una mera adhesión teórica a la idea no es suficiente y puede inspirar, de hecho, unas actividades colectivas mal pensadas, que pueden volverse muy confusas. Los métodos cooperativos pueden sin duda propiciar el buen desempeño de los alumnos en clase, pero para ello tienen que formar parte de un proceso sistemático y bien coordinado.

Para quienes desean adoptar o intensificar el uso de estos métodos, conviene empezar por considerar algunas posibles dificultades:

• ¿Cómo impedir que uno o dos alumnos hagan todo el trabajo? • ¿Por qué deberían ayudarse mutuamente los alumnos a aprender? • ¿Por qué les debería interesar lo que hagan sus compañeros?

• ¿Cómo impedir que los mejores alumnos menosprecien las contribuciones de otros alumnos?

• ¿Cómo pueden aportar los alumnos menos capaces una contribución significativa? • ¿Cómo puede estructurarse el trabajo cooperativo para propiciar un mejor aprendizaje

para todos los alumnos?

• ¿A qué tipo de materiales y actividades puede recurrirse?

• ¿Cómo podemos convencer a nuestros colegas de que intenten aplicar los métodos cooperativos?

Teniendo presente esta serie de interrogantes, examinaremos a continuación algunas de las principales características del aprendizaje cooperativo.

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