Cuando hablamos de educación inclusiva no nos referimos a un nuevo término para designar la integración de los “alumnos con necesidades educativas especiales”. El concepto de inclusión es más amplio que el de integración, pone énfasis en la escuela común y en su tarea de dar respuesta a todos los alumnos y por tanto, incluye la integración del alumnado con necesidades educativas especiales. La inclusión constituye un enfoque diferente para identificar y resolver las dificultades educativas que surgen en todo proceso de enseñanza aprendizaje, orientando acciones para superar los enfoques tradicionales que consideran sólo las condiciones o limitaciones personales de los alumnos para explicar las dificultades de aprendizaje, sin tener en cuenta la influencia de los factores contextuales que muchas veces actúan como barreras al aprendizaje y la participación.
Desde esta perspectiva, el enfoque de educación inclusiva es un paso adelante respecto del planteamiento de la integración que ha tenido como propósito principal facilitar la transición de los alumnos con discapacidad desde la escuela especial a la escuela común y apoyar su proceso de integración y aprendizaje en este nuevo contexto educativo.
La educación inclusiva implica eliminar las barreras que existen para el aprendizaje y la participación de muchos niños, jóvenes y adultos, con el fin de que las diferencias culturales, socioeconómicas, individuales y de género, no se conviertan en desigualdades educativas y, por esa vía, en desigualdades sociales. En definitiva, la educación inclusiva centra su preocupación en el contexto educativo y en cómo mejorar las condiciones de enseñanza y aprendizaje para que todos los alumnos participen y se beneficien de una educación de calidad.
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EL
ENFOQUE DE LA
EDUCACIÓN INCLUSIV
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Tony Booth y Mel Ainscow, resumen las características de la educación inclusiva a través de los siguientes puntos:
• La educación inclusiva implica procesos para aumentar la participación de los estudiantes y la reducción de su exclusión, en la cultura, los currículos y las comunidades de las escuelas locales.
• La inclusión implica reestructurar la cultura, las políticas y las prácticas de los centros educativos para que puedan atender a la diversidad del alumnado de su localidad.
• La inclusión se refiere al aprendizaje y la participación de todos los estudiantes vulnerables a ser sujetos de exclusión, no sólo aquellos con deficiencias o etiquetados como con Necesidades Educativas Especiales.
• La inclusión se refiere a la mejora de las escuelas tanto para el personal docente como para el alumnado.
• La preocupación por superar las barreras para el acceso y la participación del alumno en particular puede servir para revelar las limitaciones más generales del centro a la hora de atender a la diversidad del alumnado.
• Todos los estudiantes tienen derecho a una educación en su localidad.
• La diversidad no se percibe como un problema a resolver, sino como una riqueza para apoyar el aprendizaje de todos.
• La inclusión se refiere al esfuerzo mutuo de las relaciones entre los centros escolares y sus comunidades.
• La educación inclusiva es un aspecto de la sociedad inclusiva.
Índice de inclusión. Desarrollando el aprendizaje y la participación en las escuelas. Booth,T; Ainscow, M ; UNESCO 2000
Para avanzar hacia el desarrollo de una educación inclusiva es necesario que las escuelas generen progresivamente una serie de condiciones que faciliten la respuesta a la diversidad. La experiencia muestra que las escuelas que consiguen buenos resultados con todos sus alumnos se caracterizan por:
• Actitudes de aceptación y valoración de la diversidad por parte de la comunidad educativa
• Proyecto educativo institucional que contemple la atención a la diversidad.
• Liderazgo y compromiso por parte del equipo directivo de la escuela para favorecer el aprendizaje y la participación de todos los alumnos y alumnas.
• Trabajo conjunto y coordinado del equipo docente que permita unificar criterios, adoptar un marco conceptual compartido y colaborar en torno a objetivos comunes.
• Nivel adecuado de formación de los docentes en materia de necesidades educativas especiales y estrategias de respuesta a la diversidad.
• Desarrollo de un curriculum lo más amplio, equilibrado y diversificado posible, susceptible de ser adaptado a las necesidades individuales y socioculturales del alumnado.
• Estilo de enseñanza abierto y flexible, basado en metodologías activas y variadas que permitan personalizar los contenidos de aprendizaje y promuevan el mayor grado posible de interacción y participación de todos los alumnos y alumnas.
• Criterios y procedimientos flexibles de evaluación y promoción.
EL
ENFOQUE DE LA
EDUCACIÓN INCLUSIV
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• Participación activa y comprometida de los Padres de Familia.
• Disponibilidad de servicios continuos de apoyo y asesoramiento orientados a los docentes, los alumnos(as) y los padres.
• Relaciones de colaboración e intercambio con otras escuelas comunes de la comunidad y con escuelas especiales.
• Apertura y relación de colaboración con otros sectores de la comunidad.
Ofrecer una educación que garantice la participación y aprendizajes de calidad para todos los alumnos no sólo exige que las escuelas se desarrollen y progresen globalmente en la dirección de las condiciones antes señaladas. Es imprescindible que dicho proceso de mejora, se traduzca en cambios concretos en las formas de llevar acabo el proceso de enseñanza y aprendizaje en el aula. Sin duda, el aula y los procesos que en ella tienen lugar entre el profesor y los alumnos, es el ámbito que en mayor medida explica el éxito o fracaso de los educandos en su aprendizaje y por tanto, da cuenta en definitiva de la calidad de la educación y de la capacidad de la escuela de potenciar al máximo los aprendizajes de todos y cada uno de los alumnos.
En este sentido, las actitudes y estilos de enseñanza de los docentes constituyen un factor clave para asegurar el éxito de todos los alumnos y alumnas de la clase. Pasar de las prácticas homogeneizadoras a prácticas que consideran la diversidad, supone encarar la enseñanza mediante una actitud docente abierta, flexible y reflexiva sobre la propia práctica educativa.
Tony Booth y Mel Ainscow (2000) plantean un conjunto de indicadores que caracterizan las prácticas inclusivas en el aula y que habría que tener en cuenta para progresar en esa dirección.