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Cultura y sustentos cognitivos de la condición simbólica de los

In document Estudios Culturales Libro (página 46-49)

vínculos y los procesos sociales

La orientación cognitiva en las ciencias sociales tiene su propia dignidad y su tradición en la comprensión de lo social que pone en relieve su peso en los pro- cesos simbólicos y el lugar de éstos en la consolidación de las visiones contem- poráneas. La convicción del rol determi- nante de la cognición como eje central tanto de la constitución de los sujetos, como de lo social mismo, constituye uno de los elementos cruciales de la vi- sión contemporánea de la cultura. De- fine claramente corrientes significativas en la génesis de la visión antropológica que marca el estado contemporáneo de la disciplina. En efecto, la antropología, desde principios del siglo XX, expresa el peso de la cognición en las reflexiones de James Frazer, de Lucien Lévy-Bruhl, de Marcel Mauss o, más contemporá- neamente, de Lévi-Strauss, o de una manera más compleja —centrada no sólo en la construcción de ordenamien- tos conceptuales, sino en la formulación

de composiciones de la afección— Gre- gory Bateson, por mencionar sólo los momentos en que la orientación cog- nitiva indujo una inflexión disciplinaria de la antropología. Estas visiones de la participación estructurante de lo cogni- tivo en los procesos sociales asumen de manera abierta o tácita, una compren- sión de la historia de la cultura como una concatenación de transformaciones en los ordenamientos conceptuales que sustentan los mecanismos subjetivos de conocimiento. El proceso de trans- formación de la cultura, en la mirada de Frazer, se desplegaba como una se- cuencia evolutiva cuya raíz mágica ce- día su lugar, en el trayecto evolutivo de la humanidad, al pensamiento religioso, para culminar en la primacía del conoci- miento científico.

Desde otra perspectiva, no menos ten- diente a responder a la pregunta por la transformación cognitiva de los pro- cesos culturales, Lévy-Bruhl asume no sólo una transformación en la compo- sición conceptual sino una mutación catastrófica de las formas lógicas que

sustentan la comprensión mítica y, con ello, la edificación simbólica de la cul- tura. Cada una de estas contribuciones conlleva, necesariamente, una meta- morfosis de la caracterización y la in- corporación del concepto de sujeto y subjetividad en la comprensión de la experiencia individual y colectiva, y su expresión en los procesos sociales. La visión de lo social, así, involucra una noción de “razón histórica” fundada en la transformación cognitiva que no es ajena a las búsquedas de una amplia- ción kantiana de los fundamentos ra- cionales del trayecto humano. Así, no es extraña la participación, en la com- prensión del social, del concepto de experiencia de Dilthey que involucra la inscripción del sujeto en una relación objetivada con los saberes y las normas históricas, a partir de pautas comprensi- vas y creación de estructuras significati- vas en las que se conjugan la cognición, la voluntad, el deseo, la afección. La tentativa de recreación de la razón his- tórica, y con ello la comprensión de la subjetividad en lo social, se apuntala en

una comprensión hermenéutica —fruto de la conjugación de una visión psicoló- gica e histórica—.

No obstante, el impacto de la contribu- ción de Dilthey tiene un lugar excén- trico en la comprensión de la cultura. Definitivo en la antropología filosófica de Groethuysen, tiene una incidencia oblicua en las exploraciones contem- poráneas de la antropología hasta la exigencia contemporánea de integrar a la comprensión de la cultura la noción de experiencia. Pero es quizá la obra de Victor Turner la que, como un mero esbozo, recupera la contribución de Dilthey para sugerir una dirección que habrá de ofrecer un horizonte particular a la antropología a fines del siglo XX. El lugar de la noción de experiencia ofre- cida por Dilthey encontró cabida como elemento crucial de la reflexión sobre la cultura. La visión hermenéutica de Dilthey privilegia la noción de signifi- cación como expresión de las estructu- ras dinámicas que articulan los diversos procesos y capacidades anímicas con los procesos de objetivación histórica

de la significación. La experiencia surge de la recreación incesante de las signi- ficaciones constituidas por la composi- ción de procesos de la afección, de la inteligibilidad de normas y conocimien- tos objetivados en procesos sociales y simbólicos, de los impulsos del deseo y de las expresiones y horizontes de la voluntad, derivados de la acción del su- jeto en una condición histórica determi- nada. Se hace patente que esta visión filosófica, histórica y psicológica de la experiencia conlleva una fertilidad para la comprensión del vínculo entre subje- tividad y procesos sociales que la an- tropología contemporánea comienza a explorar ahora en varias direcciones — privilegiadamente en la reflexión sobre el ritual, la experiencia de identidad so- cial e individual y las experiencias esté- ticas—, ante la fatiga de ciertas tentati- vas disciplinarias.

El momento en el que las ciencias so- ciales celebraron “la muerte del su- jeto”—que se expresó en tentativas extremas de una lingüística, una teo- ría del discurso y la argumentación,

o en una filosofía, una antropología, una política e incluso un psicoanáli- sis o una estética “no subjetivas”—, la visión disciplinaria de lo social de- rivó en expresiones significativas pero crepusculares. La tentativa marcada y permanente de des-subjetivar, de con- cebir lo social a partir de la atribución de una primacía e incluso el papel de- terminante de estructuras simbólicas o tramas discursivas autónomas, de ór- denes discursivos, o de dinámicas de transformación social exclusivamente determinadas por estructuras econó- micas, de gobernabilidad, de control o de poder, engendraron una visibilidad inédita pero patentemente empobreci- da de los procesos sociales. No menos reductiva apareció la tentativa, ema- nada de las transformaciones discipli- narias que enlazaron la matemática, el conocimiento y el lenguaje a la lógica decimonónicas —el llamado “giro lin- güístico”, que definió el momento de inflexión de la reflexión filosófica sobre lenguaje, expresado canónicamente en el trabajo de Frege y en algunas de sus secuelas—, que culminó en las tentati-

vas “analíticas” de aprehensión de las condiciones de significación, de acción y de verdad. La visión analítica buscó así fundamentar en las determinaciones formales de un semantismo y una prag- mática de base proposicional no sólo una teoría de la cognición sino, even- tualmente, de la ética y de la emergen- cia de lo social.

Arrancar al sujeto de los procesos de in- tercambio simbólico, de la aprehensión cognitiva y afectiva de los intercambios y de las situaciones, buscar sustraer al vínculo social del acontecimiento y los contextos del juego de la acción simbó- lica, de las facetas contingentes de la regulación social y de las singularidades de las formas de vida y la subjetivación, desvirtúa radicalmente la experiencia constitutiva de la cultura,

7. Las reinvenciones contradic-

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