Capítulo 3 Referente conceptual del estudio
3.2. Currículo
En el mundo de hoy, la escuela y universidad tienen como objetivo formar a los individuos a través de las teorías de enseñanza, que se centran en el lenguaje cuya función es reflexionar en torno a las prácticas de estas mismas; vale la pena destacar que cada comunidad desarrolla sus formas propias de lenguaje que sirven de mecanismo para expresar sus ideas, sentimientos y pensamientos, que desde las teorías socioculturales se encargan de estudiar todo lo referente a la generación de una cultura específica y proporcionan significado a lo que aprenden; por otra parte se encuentran las corrientes Constructivistas o cognitivas que reflexionan sobre los procesos mismos de aprendizaje.
La definición del término Currículo, proviene del latín currículum, de currere, “correr”.
Debido a la trascendencia de esta palabra en términos pedagógicos, algunos filósofos se han dado a la tarea de propiciar algunas definiciones; según Marx “son contenidos de enseñanza, el plan de actividad escolar, las experiencias de enseñanza y aprendizaje”. De otro lado Kelly, define currículo como “todo aquello que se pretende que los estudiantes logren y es guiado por la escuela”. (Kelly, 2004, pág. 1)
Al adoptar la implementación a una nueva política educativa como la Educación Media Fortalecida, se hace necesario la transformación del currículo para las instituciones educativas, aquí es necesario retomar la definición del Ministerio de Educación a fin de conocer los criterios y conceptos. En el decreto 230 del año 2002 se define
El currículo como el conjunto de criterios, planes de estudio, metodologías y procesos que contribuyen a la formación integral y a la construcción de la identidad cultural nacional, regional y local, incluyendo también los recursos humanos, académicos y físicos para poner en práctica las políticas y llevar a cabo el proyecto educativo institucional (Educación, 2002, pág. 1).
Los anteriores conceptos educativos dan luces de cómo se desarrolla el proceso educativo, el cual se caracteriza porque no es universal sino situacional, porque da respuesta a un evento en contexto, en otras palabras es variable, se comporta de acuerdo a una situación y es cambiante de acuerdo al espacio, tiempo y población. Aquí la función del docente frente a las teorías curriculares es mejorar y transformar los procesos de enseñanza – aprendizaje, en otras palabras el currículo debe ser diseñado teniendo en cuenta las necesidades del mercado.
A continuación se describen algunas características imprescindibles que deben dar respuesta a qué se va enseñar, cómo y cuándo se va enseñar y qué y cómo y cuándo se va a evaluar.
Útil: que sea aplicable por la comunidad educativa.
En contexto: que responda las necesidades de una población situada en un tiempo y espacio definido.
Incluyente: que participen todos los estamentos de la comunidad educativa.
Pertinente: que sea apropiado.
Flexible: que tenga la posibilidad de tener modificaciones.
Simple didáctico y accesible: que sea fácil de comprender y cualquier miembro de la comunidad pueda conocer.
No discriminatorio: debe tener en cuenta las condiciones de todos los miembros de la
institución educativa.
Progresivo o secuencial: debe estar en continua construcción, deber tener planes de acción y reflexión para su mejoramiento.
Social: debe ser conocido por toda la comunidad, debe tener objetivos claros y cumplibles y proyección.
De esta forma, es evidente que las instituciones educativas tienen la potestad para administrar el currículo en forma autónoma siguiendo las siguientes condiciones:
Organizar las áreas obligatorias y fundamentales definidas para cada nivel, Introducir asignaturas optativas dentro de las áreas establecidas en la ley,
Adaptar algunas áreas a las necesidades y características regionales,
Adoptar métodos de enseñanza y organizar actividades formativas, culturales y
deportivas, dentro de los lineamientos que establezca el Ministerio de Educación Nacional.
En consideración a lo anterior, y apoyados en López, se puede precisar que El currículo puede asumirse, además, “como estrategia educativa, como una secuencia de experiencias, como camino de preparación, como un ambiente en acción o como todas las actividades, experiencias, materiales, métodos de enseñanza y, en general, como el conjunto de fuerzas interactuantes en el ambiente total ofrecido a los estudiantes en la escuela” (López, 2003: 23).
Las apuestas a la Educación Media EM en términos curriculares, han ubicado al currículo como un Proyecto que permite articular y concretar la apuesta por el desarrollo humano, social y cultural, esta ha sido y es la que enmarca la visión que hoy se propone desde el contexto de Bogotá. Asumida desde este enfoque la visión del currículo, se entiende entonces que a través de la EM y sus manifestaciones Media Especializada y Media
Fortalecida, se contribuye a dar respuestas a interrogantes referidos a la formación de la ciudadanía, a la pregunta por cómo la educación contribuye al fortalecimiento y defensa de los derechos humanos, a la pregunta de cómo la escuela ofrece alternativas y posibilidades distintas para los jóvenes para que se vuelvan agentes de su propia vida, a la manera cómo la escuela puede dar respuesta a la emergencia de las subjetividades juveniles, y por tanto a la manera cómo la escuela responde a las demandas de la diversidad, la inclusión, la multiculturalidad y por tanto, al desarrollo humano.
Los posibles caminos a estos interrogantes, permiten entonces situar al currículo en dimensiones distintas, ya no como un proceso reduccionista, organizado desde los contenidos de las disciplinas, sino más desde una perspectiva social y cultural que pasa de dar relevancia a dichos contenidos y se pregunta por el sujeto, por la sociedad, por la pertinencia de lo que se enseña y por sus impactos en términos de lo humano.
De ahí que aquellas perspectivas teóricas que han mostrado tendencias diversas en torno al currículo, pueden permitir ver desde la EMF si la respuesta que éste debe dar se ubican, tal como lo propone Angulo Rasco (1994), citado por Hoyos (2004: 15), en una idea de currículo comocontenido, como planificación educativa o como relación interactiva.
El primero, enfatiza en el valor de las disciplinas, su estructura y por tanto en la organización de los contenidos en la escuela de manera secuencial, de modo que se garantice el acceso al conocimiento a los sujetos desde esa lógica de construcción; el segundo, sugiere un énfasis en la planificación de las distintas actividades y procesos educativas, sugiriendo la mirada al currículo eminentemente desde la idea de plan de estudios, o más aún como suele darse en el contexto de la Educación Media en Bogotá como malla curricular; finalmente, el tercero, establece la importancia de comprender el currículo como un proceso de intercambio, de encuentro y de diálogo de saberes entre docentes y estudiantes, como posibilidad para construir nuevos conocimientos y para fortalecer los procesos tanto de quienes enseñan, como de quienes aprende; para propiciar nuevas alternativas y capacidades en los sujetos, de modo que se promueva su propio agenciamiento.
Para el caso de la EMF aparece como perspectiva y como enfoque esta última tendencia, en la que se busca en consecuencia generar una transformación curricular que coadyuve en nuevas oportunidades para los y las jóvenes, adicionalmente, sugiere a las IED pensar de manera creativa en otras estructuras que superen la organización curricular por contenidos.