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evaluación, metodología,

pedagogía, reflexión,

transformación.

En los centros educativos de los distintos niveles de enseñanza compartimos espacio todos los días varios centenares de personas. Algun@s, docentes, estudiantes, personal de administración y servicios, vamos todos los días; para padres, madres u otros familiares y responsables legales de los estudiantes, la visita al centro es puntual. Tod@s integramos la comunidad educativa, pero cada un@ tenemos nuestra propia perspectiva sobre lo que es y sobre lo que debería ser la educación. Sin embargo, el debate y el intercambio de pareceres sobre lo que hacemos, el objetivo y la función de la escuela, no suele trascender el comentario superficial o la queja. La inercia nos lleva a tod@s de una evaluació a la siguiente, de un curso a otro, como en un ritual repetitivo y reglado, en un lugar donde todos los días pasan cosas pero parece que nunca pasa nada. Cada año académico, eso sí, genera un ingente volumen de actas de resultados, gráficas y estadísticas, pruebas diagnósticas, amén de informes PISA, a los que, en breve, se sumarán más datos, gracias a las evaluaciones externas previstas en la LOMCE. Evaluaciones e informes que se cumplimentan, se amontontonan y se analizan, en el mejor de los casos, por parte de las altas instancias educativas. Con ellos en la mano, se redactan nuevas normas, a veces con rango de Ley Orgánica, que nos obligan a todos a seguir transitando por el sistema, sin tiempo ni espacio para preguntarnos seriamente: ¿Qué propósito tiene, para qué sirve hoy y para qué debería servir ir a la escuela? Proponer esta cuestión como núcleo vertebrador para el diálogo abierto a toda la comunidad educativa ha sido el objeto del presente trabajo. Hemos aprovechado nuestra condición de docentes, el contacto directo con l@s estudiantes y con nuestr@s compañer@s, para plantearnos qué es lo que hacemos, qué enseñamos, qué aprendemos, qué necesitamos. En las páginas siguientes, recogemos algunas de las respuestas que han surgido de la reflexión de tod@s quienes hasta el momento han participado en el análisis; el trabajo no ha hecho más que empezar, nuestro propósito es seguir propiciando encuentros, dentro y fuera del tiempo lectivo y de los muros de los centros, para continuar con la indagación. Se trata de un trabajo de investigación cooperativo, fundamentado en el diálogo y en la participación. El objetivo, ambicioso y sencillo al mismo tiempo, es evaluar, desde su base y desde distintas miradas, el sistema educativo. Se nos disculpará que no presentemos nuestros resultados en términos estadísticos, a modo de porcentajes de satisfacción de los usuarios; para nosotr@s, las vivencias no son traducibles a términos cuantificables. Hemos planteado preguntas y hemos escuchado las res- puestas. Esto es lo que transcribimos a continuación.

¿Qué es la educación para tí? ¿La escuela prepara para la vida?

¿Qué escuela necesitamos?

“La educación para mí es el mecanismo del que disponemos los ciudadan@s para

comprender y entender el mundo en que vivimos, prepararnos para formar parte del mismo y conseguir las herramientas suficientes para cambiarlo.” (Docente de primaria)

“Lo que echo de menos de la escuela actual es que no forma a personas críticas, estamos en un mundo con un control enorme de los grandes núcleos de poder mediante los medios de comunicación que te comen el coco. La escuela debiera de hacer frente a esa situación, hace falta una escuela que sea capaz de formar personas críticas, que no se crean lo que dicen los medios y que analicen la realidad y se formen su propio criterio, eso para mí en estos momentos sería lo más importante.” (Docente de secundaria)

“La escuela sirve para adoctrinar, es un instrumento del sistema para obtener lo que necesita el sistema. En un “sistema pedagógico”... casi todos los profesores siguen la misma metodología. La única función es la de crear individuos aptos para una sociedad que no se basa en las necesidades de cada estudiante. En una clase de 35 personas es imposible que todos queramos aprender las mismas cosas y lo hagamos al mismo ritmo, lo que se pretende es convertir todos los estudiantes en el mismo estudiante, para obedecer y no cuestionar. Si no aportas pensamiento crítico, tienes al esclavo perfecto. En secundaria, en muchos casos, solo acumulamos datos que no tienen utilidad en la vida.” (Estudiante de Bachillerato)

“En principio necesitaría una escuela con apoyo para reafirmar tus capacidades y tu seguridad como individuo. Para ello, interpreto que los profesionales que se dediquen a ayudar a los que están estudiando, tienen que tener una formación fina, capaz e importante”. (Ciudadano)

“Como padre, necesito que cuando vengan mis hijos y me cuenten cosas sean cosas que les ilusionen, que les han hecho pensar, reflexionar, que les han sorprendido. Necesito una escuela que transforma a las personas que entran en ciudadanos, no en consumidores, ni en competidores. Necesito una escuela solidaria, autocrítica y cooperativa; si no, lo que creamos es un tipo de hijo, de ciudadano que en el fondo busca siempre lo mismo, autosatisfacción.” (Docente y Padre)

¿Son útiles las sanciones disciplinarias? ¿Por qué hay tanto fracaso

a la hora de reeducar?

“Las expulsiones del centro no sirven para nada, son como unas vacaciones y no favorecen la integración del estudiante a la vuelta del centro, ni un cambio de conducta, al contrario, les cierras la puerta. Hay alternativas, darle más responsabilidad en el centro y buscar las motivaciones individuales de estos estudiantes.” (Estudiantes de Secundaria y Bachillerato) “En el momento en el que un joven pisa un centro de menores hay que empezar a plantearse las circunstancias individuales que envuelven a cada uno de nosotros. Hay que buscar la raíz del problema, plantearse cómo serán nuestras viviendas, nuestro barrio, nuestra clase social, nuestra escuela. Cómo ha sido la educación que hemos recibido, y una vez hayamos repasado todos estos aspectos ya nos podemos plantear ‘el qué’ trabajar con cada uno de nosotros. No tiene ningún sentido seguir los 365 días del año una rutina establecida en la cual las cosas están tan cuadriculadas que uno puede saber con cinco meses de antelación lo que va hacer cada día. No podemos pretender buscar un avance educando así a los jóvenes. Obligando a realizar actividades forzadamente, y si no, son castigados. Otra de las cosas que son incompatibles con la educación desde mi perspectiva es limitar la libertad de expresión ¿cómo voy a conocer y enseñar realmente el que soy si no puedo opinar libremente y voy a ser castigado si lo hago? No existen debates internos en los que se pueda hablar sobre las cosas que a uno inquietan o le parecen mal. ¿Cómo debemos aprender entonces principios éticos fundamentales?”

“La reeducación requiere de un sistema que imponga contratos, asegure derechos, resuelva conflictos y sobre todo de una educación en este proceso que aporte a los jóvenes conocimientos básicos del funcionamiento del mundo.” (Estudiantes en un Centro de Reeducación)

¿La escuela te cuida? ¿Pensáis que la educación emocional es un tema

pendiente en los centros educativos?

“La escuela debería de cuidarnos, pero me da la impresión de que nos cuida poco, porque tradicionalmente el profesorado considera al grupo como una persona única y atiende poco a la problemática de cada uno.”

“Una cosa que la escuela no hace, es reconocer las diferencias de cada ser humano e intentar potenciar las cosas buenas que tienen para ayudarnos a desarrollarnos como seres vivos, humanos, creativos y emocionalmente competentes.” (Docentes)

“El gran problema de la educación actual es la distancia que separa estudiantes y docentes. Además, los estudiantes pensamos que no podemos cambiar nada, que tenemos que obedecer. Lo único que nos une es la información que se repite, pero no el intercambio de saberes. Nosotros conocemos nuestras posibilidades, podríamos ayudar a establecer la base de nuestro aprendizaje.”

“Sin embargo, ciertos profesores y maestros se esfuerzan por romper esta cadena de adoctrinación, de fabricación y ensamblaje, con clases interactivas, nuevos métodos de enseñanza y sobre todo ganas.”

“Trabajar en grupo, muchas veces hace que te veas forzado a hacer cosas que no harías normalmente, como decirle a un compañero qué piensas sobre ese ejercicio, y te obliga a no ser tan tímida, y no guardártelo todo para ti.”

“Los intercambios educativos, investigar, trabajar de otra forma nos ayuda a superar retos, a perder la vergüenza, a enfrentarnos a los miedos, trabajar juntos para perder el miedo. Los intercambios educativos (‘trobadas’) tienen un objetivo principal, que es compartir y aprender. Es muy difícil relatar con palabras cómo nos sentimos al salir de una ‘trobada’, cuando vamos tenemos unas expectativas sobre la jornada, y la sensación al volver es que nos traemos mucho más de lo que teníamos antes, emociones, sentimientos, amistades, que pasan a formar parte de nuestra vida. Lo que aprendes no se te olvida, porque lo vives.” (Estudiantes de secundaria y bachillerato)

¿Qué cambiarías en la escuela para que cubra tus necesidades y sea

emancipadora? ¿Cómo puedes ser partícipe de este cambio?

“Para empezar como docente, creo que debería empezar por nosotros el cambio. Echo de menos un estudio mucho más significativo del currículum escolar. Un estudio formativo y crítico a la vez que nos permita crear nuestro propio curriculum. No hablo de un análisis hecho por eruditos que se sientan en despachos y escriben en periódicos, hablo de un análisis hecho por los docentes de cada centro antes, durante y/o después de cada curso escolar. La ley permite que nosotros, mediante los distintos niveles de concreción curricular adaptemos dicho currículum a las necesidades de nuestro centro y de nuestro alumnado en particular. Con el mencionado estudio podríamos saber cuáles son las necesidades que oficialmente debemos cubrir en nuestros alumnos y, a partir de estas, poder trabajar con nuestro estilo (el de cada docente), sin depender de unas editoriales que son las que en la actualidad deciden qué se estudia y qué no en las escuelas.” (Docente de primaria)

“Cambiaría el horario. Trabajo en Secundaria, y me parece antinatural y estresante, que en cincuenta minutos suena el timbre y hay que parar y cambiar de tarea. Cuando la clase está empezando a funcionar suena el timbre, y es el momento más rico y más bonito. No es un ritmo natural, no acompaña a nuestra forma de funcionar, solo acompaña a las clases magistrales, pero no para trabajar de otra manera. Creo que sube el nivel de angustia, al profesor y a los estudiantes. Una forma de cambiarlo, sería juntarnos algunos profesores cuando hacemos horarios, entrar juntos, romper el concepto de asignatura y trabajar por proyectos. El pensamiento fraccionado solo lleva a repetir contenidos y no a un aprendizaje de verdad.” (Directora de un IES)

“Desde mi punto de vista debería existir una alternativa donde los contenidos procedan de los problemas sociales relevantes y que se organice el aprendizaje a partir de una

metodología que se apoye en formas de conocimiento que abordan las dimensiones básicas del ser humano (espacio y tiempo). En consecuencia, para innovar en estos aspectos de la educación, en primer lugar se debe tener claro qué piensan los estudiantes de los problemas del hombre en el mundo, del derecho a una vivienda digna, a un lugar donde disfrutar de su tiempo de ocio… Para investigar e innovar hay que cambiar la rutina de las prácticas de enseñanza, hay que terminar con la monotonía de estudiar cosas ya hechas muchas veces convertidas ya en tópicos. Cambiar la práctica de estudiar todo lo que aparece en el libro de texto para luego repetirlo sin entenderlo, de hacer ejercicios solo para comprobar si el estudiante sabe hacer una cosa concreta.

La gran mayoría de los menores que pasan por aquí tienen algo en común, no persiguen ningún sueño o no persiguen un sueño que les haga realmente felices, y tan solo la

educación, en edades como las que tienen los jóvenes que entran aquí debería de ser capaz de decirles a cada uno de ellos que la brújula que les orienta en este camino está en su interior.” (Estudiante en un Centro de Reeducación)

“A los que ponen las normas les diríamos que entren a las aulas, que conozcan la realidad antes de escribir más leyes.”

“Investigar, trabajar de forma cooperativa nos enseña la problemática actual, aprendemos con lo que nos rodea, con la vida. Trabajamos en grupo y aprendemos con las opiniones de los demás, escuchamos y somos escuchados, cambia la relación entre nosotros y con nuestros profesores. El ritmo de aprendizaje es más lento, pero se te quedan más las cosas. Además, esta experiencia favorece la comunicación con la familia de los conocimientos aprendidos en clase. Es fundamental aprender a trabajar en grupo para vivir en sociedad. Para que funcione el trabajo en grupo con grupos numerosos, los estudiantes tenemos que querer, es un proceso, no se trabaja bien en grupo el primer día. Nos enseña a ser autónomos, evaluarnos, y seguir avanzando, y el profesor nos acompaña en ese proceso.” “Cuando estás en una clase normal, a lo mejor has trabajado durante todo el trimestre, y llega la hora del examen y fallas. En cambio, trabajar de otra forma, donde se valora el trabajo día a día, los trabajos voluntarios… trabajar y aprender. La mayoría de la nota la sacas de ahí, de tu trabajo, de tu esfuerzo, después tienes que hacer los exámenes, pero tú te relajas, ya que trabajando diariamente vas a aprobar. Aparte de eso, me voy a relajar porque puedo, y aún así voy a aprender, te libera.”

“Queremos una escuela pública y democrática. Queremos una escuela donde se nos escuche, que nos ayude a madurar como personas, y que lo que estudias no sea sólo aprender de libro, fechas y nombres, sino cosas que después te sirvan para la vida real. Queremos una escuela donde evalúen nuestro trabajo diario, nuestro esfuerzo, y no sólo la nota de los exámenes, una escuela flexible y con igualdad de oportunidades. Queremos una escuela donde se asuman compromisos. Queremos una escuela participativa, en la que también estén los padres, donde nos preocupemos unos por otros, donde nos cuidemos.” (Estudiantes de secundaria y bachillerato)

Conclusiones

Las perspectivas que hemos recogido en estas pocas páginas son solo unas cuantas de las muchas voces que se han decidido a participar en el debate, únicamente ha sido necesario proponérselo y disponer un espacio y un tiempo para permitir que el diálogo se desarrollara con calma. Creemos que la muestra es significativa y refleja bien el descontento, la apatía, la resignación, el malestar, en suma, ante una institución que, sin embargo, suele

ser la primera en invocarse cuando se busca una solución a nuestros problemas como sociedad. Refleja algo más: la comunidad educativa tiene mucho que decir, muchísimo que aportar en la construcción de una escuela que sirva a los propósitos de la emancipación humana, basta, ya lo hemos dicho, con preguntar. Queremos des- tacar aquí un aspecto que a nosotr@s mism@s nos ha llamado la atención: las sensaciones de estudiantes y docentes vienen a coincidir más de una vez, y las alternativas que ofrecen para solventar los problemas también. Decíamos al principio que el trabajo no está terminado. Quedan muchas más perspetivas que todavía no apa- recen aquí para que se pueda esbozar una semblanza del sentir de las comunidades educativas, semblanza que habría que empezar a esbozar de nuevo una vez terminada, porque la escuela está viva, se renueva con cada nuev@ integrante. Lo que sí podemos constatar a día de hoy es que la realización del análisis ya ha supuesto la puesta en marcha de un proceso de transformación. Las personas que hemos participado en el diálogo perte- necemos a distintos entornos, niveles y lugares; desde cada uno de ellos hemos expresado nuestras inquietudes, y hemos tenido la oportunidad de descubrir que no estamos solos. Todo lo contrario, somos muchos los que pensamos que la escuela puede y debe ser de otra manera.

Hemos titulado a esta comunicación, “¿Qué vamos a hacer contigo?”, el sujeto al que se dirige el interrogante es nuestro sistema educativo. Pero el sistema educativo, nos damos cuenta cuando lo miramos de cerca, somos tod@s y cada un@ de nosotros, la escuela nos pertenece. En cada encuentro que realizamos nos reafirmamos en esta idea y vamos ganando fuerza para resistir a las fuerzas que tratan de hacer de la educación un asunto ajeno a sus propios miembros, y que legislan desde las alturas para ponerla a disposición de la rentabilidad económica. La pregunta sigue abierta e interpelándonos.

Vinculación con la Línea Temática 4

El proceso que queremos analizar es el de una transformación, la del sistema educativo que, desde nuestra ex- periencia docente, creemos imprescindible. Si lo que queremos son reformas, deberíamos estar content@s: hoy estamos otra vez en pleno tránsito, de un marco legislativo a otro, con una nueva Ley Órgánica sobre la mesa, esperando a la llegada del otoño para iniciar el curso y empezar su implantación escalonada, según establece el calendario del Ministerio. Además, es una ley que dice defender la mejora de la calidad educativa, empresa a la que no podemos sino sumarnos. Y, sin embargo... no estamos content@s, más bien, todo lo contrario. Tal vez sea porque nuestra concepción de lo que es la calidad, de lo que es la educación y, por ende, de lo que es la calidad educativa, difiere profunda y radicalmente de la que abanderan nuestras autoridades. Hay un abismo entre la escuela que tenemos y la escuela que queremos tener, y la LOMCE, desde nuestra perspectiva, supone un ensan- chamiento de la brecha que amenaza con desmembrar no sólo el cuerpo de la comunidad educativa, escindien- do todavía más a los miembros que tratan de integrarla, sino de pulverizar la igualdad de oportunidades que el marco constitucional garantiza mediante el derecho a la educación. La transformación del sistema educativo es necesaria, pero no para hacer más competitivos entre ellos a sus integrantes, y más dóciles ante los mecanismos del poder y sus representantes. Es necesaria para que realmente el paso por el sistema educativo sirva a quien lo recorra como herramienta para su crecimiento como ser humano. Y la transformación debe comenzar desde la base. Porque el cambio sólo será posible si el sujeto de esta transformación siente y entiende que es necesaria. De ahí que nuestro análisis del proceso comience planteando a quienes han participado en esta comunicación, sencillamente, si la escuela que conocen es la escuela que necesitamos, como personas y como sociedad.

Análisis del proceso educativo hacia la inclusividad

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