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DÍAS PREVIOS A SU MUERTE EN EL HOSPITAL

2. CRISTALIZACIÓN DEL MITO DE SANTA EVITA

2.1 PRIMERA ETAPA

2.1.3 DÍAS PREVIOS A SU MUERTE EN EL HOSPITAL

Este ciclo comienza cuando Evita es internada de urgencias en el hospital, su muerte es inminente, lo importante del final de esta etapa, son los acontecimientos que ocurrieron alrededor del hospital, los rituales que se ofrecieron por la salud de Evita y las oraciones que exclamó ella desde su lecho de muerte; los acontecimientos más importantes en este ciclo fueron: Odiaba su cuerpo, se sentía traicionada por él; no quería verse morir; siempre tuvo una actitud de luchadora para con el pueblo, hasta en los días de enfermedad; continuaba pensando que una guerra se gana con gallardía; sabía que si no llegaban al poder serían perseguidos, torturados, apresados; no olvidó su humildad hasta el día de su muerte; comenzó a sentirse sola; deseaba después de morir no ser olvidada, deseaba seguir siendo recordada, le pidió al General que la gente no la olvidara.

Quiso armar al pueblo pero su salud se lo impidió; el pueblo defiende a Perón y a Evita; la gente lloró cuando Evita renunció a la candidatura vicepresidencial; le pidió al pueblo nunca dejar sólo a Perón; lo que se busca es para el pueblo y que lo defienda el mismo; pidió a Dios que no le levantaran la mano a Perón

porque ella misma saldría a la calle con su pueblo para defenderlo; continuo amando a los pobres y los consideraba como su única esperanza.

El pueblo salió a pedir por su salud, prendiendo cirios y velas y realizando misas; de nuevo conoce los nombres de varias de las personas que estaban al frente del hospital esperando su mejoría; los pobres la querían canonizada; el pueblo comenzó a realizar trabajos difíciles o poco realizados con el propósito de que Evita al morir mencionara sus nombres frente a Dios; sus seguidores ofrendaban sus vidas por la de Evita; el pueblo suplicaba a las cortes celestiales que la recibieran con honores de reina; Evita fue para los pobres una santa.

Predijo el golpe de estado a Perón; sigue siendo una luchadora, quería estar al lado de perón el día de su posesión presidencial, a pesar de su enfermedad; la oligarquía consideraba al pueblo basura; los médicos y los oligarcas desean lo mismo, la muerte de ella; era humilde, agradeció a Perón por todo lo que había hecho por ella; Le pidió al General ser feliz siempre y no abandonar a los pobres porque ellos si saben ser fieles en las buenas y en las malas; se exhibió el letrero que vivan las mujeres como manera de persuadir a los Generales en la vice presidencia; aparecen letreros en las paredes de la ciudad enalteciendo al cáncer.

En esta etapa vemos a una Evita traicionada por su cuerpo; lo que la oligarquía no pudo hacer, lo estaba haciendo la enfermedad, la cual la había carcomido gracias al descuido que ella hizo de la misma; Evita era vista por la oligarquía como una resurrección obscena de la barbarie, era comparada con la esposa de Hitler, ellos al momento de conocer la fatal enfermedad que padecía Evita se alegraron, tanto así, que escribieron letreros dando vivas al cáncer “viva el cáncer”; lo que para el pueblo era tristeza, para la oligarquía era alegría.

En su lecho de muerte continuó apoyando a los pobres; ello nos lo muestra Tomás Eloy como símbolo de perseverancia, constancia y lealtad; consideraba a los médicos de la oposición, pues no confiaba en el dictamen médico, creía que era una estrategia para abandonar la política; no se veía enferma y menos en este momento, justo a vísperas de las elecciones, cuando su proyecto político se estaba consolidando.

Sabía a ciencia cierta lo qué les podría ocurrir en una eventual pérdida de las elecciones, pues la oposición tendría que acallarla y no lo haría de una forma diplomática, una de las apreciaciones que profería en la escuela sindical; tuvo la capacidad de predecir el futuro, por la cual, deseó armar al pueblo para defender a Perón de un posible golpe de estado.

Estando internada en el hospital, a días de su muerte, haciendo un esfuerzo, se hizo presente en el balcón de la Rosada para pronunciar un desgarrador discurso, que concluía diciendo:

"Mis descamisados yo quisiera decirles muchas cosas, pero los médicos me han prohibido hablar. Yo les dejo mi corazón y les digo que estoy segura, como es mi deseo, que pronto estaré en la lucha, con más fuerza y más amor, para luchar por este pueblo al que tanto amo, como lo amo a Perón; pero si no llegara a estar por mi salud, cuiden al General, sigan fieles a Perón como hasta ahora, porque eso es estar con la Patria y con ustedes mismos." (Eloy Martínez, 175)

La ironía acompaño este ciclo, La habitación del hospital en la que Evita se recuperaba tenía cortinas de terciopelo rojo, alfombras de color rosa, un sofá tapizado en rosa y una cama de estilo. Evita, al verla, dijo:

"pensar que tengo que morir para tener una habitación como está." (87)

Afectada por el intento de golpe de Estado del General Menéndez compró armas para la CGT, a fin de que los obreros pudieran defender a Perón. Dos décadas después las palabras de Evita al borde de la muerte, sus palabras y discursos, servirían a una generación distinta de peronistas, para justificar el empleo de la violencia política.

La lucha característica de ella la llevó hasta el final, Cuando Perón asumió por segunda vez la presidencia, Evita acumuló sus últimas fuerzas para ser parte de las ceremonias, pese a la oposición de Perón, gracias a un armazón de yeso y alambre y a una abundante dosis de sedantes, Evita pudo asistir de pie a la ceremonia de juramento y luego recorrer parte de la ciudad, al lado de Perón, saludando a la multitud enardecida.

Las palabras de Evita no eran más que desgarradoras expresiones de dolor e impotencia, estaba tan debilitada que sólo pudo aparecer en el balcón de la Rosada sostenida por Perón, allí y en esas condiciones pronunció uno de sus más violentos discursos, después de defender a Perón como el auténtico líder del pueblo, atacando sus enemigos ferozmente diciendo:

"Si es necesario ejecutaremos la justicia con nuestras manos. Pido a Dios que no permita que esos insensatos levantar la mano contra Perón, porque ¡guay de ese día! Ese día, mi General, ¡yo saldré con el pueblo trabajador, con las mujeres del pueblo, con los descamisados de la Patria para no dejar ni un ladrillo que no sea peronista!".(117)

Ese sería su último discurso, haciendo que estas palabras, como resulta lógico, incrementaron el odio de los opositores contra Evita.

En la novela se aprecia que Evita sentía que la muerte se acercaba, desde su lecho de muerte, al General le da unas recomendaciones muy puntuales, no abandonar a los pobres; pero no sólo le da recomendaciones a Perón, sino también, recomienda a su pueblo cuidar del General.

El pueblo se negaba a la realidad, pues realizaron misas, marchas, actos de diferente índole pidiendo todos por la salud de su Santa; Evita en su lecho de muerte cuestiona la presencia de Dios pues no le ayuda con su salud para continuar con su proyecto, piensa que Dios es de la oposición y no le interesa los pobres.

Para los pobres Evita era una santa en quien podían confiar; pues ella les había demostrado lealtad, apoyo y solución a sus problemas socio-económicos como si ella misma los estuviera padeciendo y le recordaran su vida de pobre; la dualidad es evidente de nuevo después, de sentirse amada y acompañada, comienza a sentirse sola, como si ya nadie la quisiera y maldice su suerte. Algo muy importante en esta parte del mito y predominante para la reelaboración del mismo por parte de Tomás Eloy Martínez, fue el deseo de Evita de no ser olvidada, a lo cual, el General le responde que no será así,

pues todo está arreglado. En la novela lo escribe el autor como indicio de que el embalsamiento de Evita ya era un hecho y solamente estaban esperando su muerte para lograr su inmortalización.