3. LA NOVELIZACIÓN DEL MITO DE EVITA PERÓN
3.12 TOMÁS ELOY Y LAS VERSIONES DEL MITO DE SANTA EVITA
Evita ha generado una serie de mitos claramente diferenciables. Se puede decir que las distintas versiones del mito de Eva Perón son expresión de la
visión de mundo del pueblo argentino; cada una de ellas representa el sentir de un determinado sector de la nación, su manera de enfrentarse a la realidad y de darle forma, sus deseos íntimos y su concepto del orden.
Según Alicia Dujovne Ortiz (1999, 153), existe un doble mito de Evita, tipificado siguiendo la tradicional oposición entre Bien y Mal; de ese modo se habla del mito blanco que identifica a Evita con la Virgen, es decir la figura femenina que simboliza auto-sacrificio, dulzura, pureza e incluso martirio. Esta versión es la que propone a Evita como una santa y utiliza la iconografía consecuente en su representación. De acuerdo con la opinión generalizada, el mito blanco predominaría en las clases bajas y el proletariado, quienes serían básicamente los seguidores de la doctrina peronista, al haberse constituido como los destinatarios privilegiados de su política.
Luego se plantea el mito negro que ve a Evita como la encarnación del mal y la caracteriza con todos los vicios y defectos, pero poniendo de relieve el aspecto de voracidad sexual que se genera a partir de su imagen de mujer pública y su pasado de actriz. Para este grupo, constituido por las clases media y alta, Evita es una prostituta, trepadora y sedienta de poder.
Finalmente el mito rojo que aparece en un momento histórico distinto en respuesta a una situación social precisa, rescata la pasión política que atra- viesa ciertos momentos de la vida de Evita, especialmente cuando fue vista como revolucionaria.
Si bien las tres versiones tienen justificación en la personalidad de Eva, no responden a la que fue su realidad y circunstancia, sino que fueron modeladas a partir del imaginario simbólico de la comunidad.
La versión novelada por Tomás Eloy se detiene en una serie de actos humanitarios, ya no sagrados, protagonizados por un ser humano muy particular que proviene de una clase social muy pobre, es humilde y en el transcurso de su vida ha pasado por necesidades de toda índole; de esta manera, Evita comienza a representar la esperanza de un pueblo olvidado por sus dirigentes políticos, lo cual profundizaremos mucho mejor en el siguiente capítulo.
En la percepción del tipo de mitificación, los planteamientos anteriores obedecen a diferentes puntos de vista que corresponden a una misma visión de la mujer, en este caso de Evita, pues entrelaza dos puntos de vista de las conciencias, por un lado la del pueblo en general, y por el otro, el de la oligarquía.
En su obra Eva Perón: The myths of a woman, Julie Taylor (1996)desarrolla dicho tema donde resalta que el valor de lo femenino se encuentra en la base de ambas visiones. Lo femenino visto además en relación directa con la sexualidad; para ella misma el ideal femenino se halla en relación con lo irracional, lo emocional y lo físico.
De la misma manera, señala un elemento común, la pureza, que se encuentra como núcleo en ambos mitos, tanto en su aspecto positivo como negativo; la pureza vista desde el punto de vista de transparencia de Evita en cada una de las acciones sociales hacia los pobres, pero transparencia también en sus discursos de amenaza hacia la oligarquía Argentina.
De este modo, el poder ejercido por Evita se encuentra transgredido por dichos elementos, tanto desde el punto de vista de sus seguidores, que lo viven como positivo, como el de sus detractores, que lo ven simultáneamente de manera negativa; no hay términos medios en la consideración de la persona de Evita, o es una virgen o una prostituta.
Marysa Navarro (2002, 80) y Julie Taylor (1996, 101-112); la primera la ve como una persona virginal, asexuada, transparente de espíritu, ejemplo de madre; mientras que la otra, la percibe como un mito negro, estudia el proceso que se lleva a cabo luego de la muerte de Evita a través de los medios de comunicación y que desemboca en la progresiva santificación de Evita.
El proceso de desantificación, promovido por la oposición después de la caída del peronismo en 1955, fue tomado muy en serio debido a la amenaza que el cadáver simbolizaba para sus fines políticos.
Los autores subrayan la necesidad manifiesta en ambos intentos de mitificar o de neutralizar de alguna manera el poder real que emana del personaje. Todos
los mitos mencionados concuerdan en elevar a un nivel sobrenatural las virtudes y defectos de Evita, desvirtuándola.
Por otra parte, el título de la novela hace mención directa al tema religioso, que se refiere a uno de los dos mitos de Eva, el blanco, aquel que la considera una santa o benefactora. En la novela, la intención de confundir al lector salta a la vista, porque luego de recorrer la macabra historia del cadáver embalsamado y las anécdotas contradictorias acerca de Evita, no es esta faceta la que surge. Lo que se pone en evidencia es la falsedad de quienes pretendieron utilizar políticamente la figura de Eva a través de su cuerpo muerto y la manipulación realizada a partir de ambos mitos.
Más allá de esto, se encuentra el narrador tratando de escribir a una Evita más humana para devolverle su ser. El título no tiene una connotación religiosa, sino política. El dibujo de la tapa, que la muestra tal como una santa, mencionado en capítulos anteriores, evoca la figura de Santa Juana de Arco, una santa de verdad, quien muriera inmolada, también joven, y comprometida con una causa política.
Finalmente, podemos afirmar que no solamente fueron las mitificaciones anteriores las constitutivas del mito novelado, sino que también existe un conjunto de otros mitos: El mito mágico ya que presenta el sentir de una comunidad, la de Argentina, especialmente los pobres, desde el punto de vista cultural en un momento determinado de la historia, mediados y segunda mitad del siglo XX. Además, tiene elementos de un mito etiológico por plantear toda la ritualidad que comenzó a brotar desde el mismo momento en que Evita se encontraba en el hospital y más aún después de su muerte; ritualidad que en la actualidad todavía existe en algunos hogares argentinos de clase baja.
También incluye elementos de un mito de nacimiento y renacimiento, ya que se presenta a Evita como el nacimiento de una nueva esperanza después de su muerte; también es clara una renovación de la vida, pues Evita pasa a otro estadio, el espiritual e inmortal para la mentalidad colectiva de los pobres del pueblo argentino; esta mitificación modifica el tiempo, ya no es importante en
vida, Evita se ha vuelto atemporal inmediatamente después de ocurrida su muerte; ahora la encontramos en todas partes del país: como renovadora, esperanzadora, salvadora de los pobres, es la Mesías junto con Cristo o la Virgen María.
Podemos deducir que el partido peronista utilizó la imagen de Evita como un mito de renacimiento, especialmente a partir de su renuncia, enfermedad y muerte, como una manera de propaganda política que reforzó la imagen del movimiento y le proporcionó una mística.
“El mito de la Señora de la Esperanza y el Hada buena fue generado más bien por la clase media peronista que por el proletariado, quien mantiene una imagen altamente positiva pero realista.”(Taylor, 1996, 106)
Al tratar este punto, no podemos pasar por alto el fenómeno que Floria y García Belsunce (1989) denominan la diarquía peronista haciendo referencia al liderazgo bicéfalo del General y Evita; evidentemente la presencia de ella es un factor relevante, mujer singular, dotada de una personalidad espontánea y arbitraria, producto tanto de sus orígenes humildes, de su cambio abrupto de status pues tenía 27 años al convertirse en Primera Dama y 33 al morir, a lo cual se suma una belleza impactante y frágil a la vez que generaba adhesiones, elemento importante para el mito y odios irracionales.
Ejemplo de estos odios irracionales que la oligarquía realizaban y aún realizan de Evita es la caracterización que se realiza en la novela:
"Eva María Duarte de Perón irrumpió como un cometa desbordado por la energía y el resentimiento. Llevaba cicatrices de la marginación y la injusticia, tenía envidia y necesitaba ser amada. Por sobre eso le sobraba un rasgo decisivo: coraje. Cuando ingresó en el poder evidenció apuro por desquitarse de sus carencias pasadas, gozar de pieles, joyas y viajes, hacerse obedecer por quienes gobernaban y maltratar a los poderosos como ellos la habían maltratado; hasta insultaba con palabrotas a los ministros que resistían sus órdenes. Era bastarda, como bastardos fueron millones
de mestizos, el gaucho y Carlos Gardel y, a medias, el mismo Perón. Le sobraba desenfado para convertirse en una incontrolable diablesa.” (Eloy Martínez, 1996, 75)
Por otra parte, la idea de nacimiento, implícita en el proceso de transformación de la personalidad de Evita, es retomada por el autor, quien la inserta en una determinada estructura temporal, los nueve meses de gestación, acorde con el contenido simbólico de la metáfora. De esa manera al organizar los hechos discordantes en un relato, hace surgir el sentido: muerte y vida pasan a ser las dos caras necesarias del mismo simbolismo, a través del cual la conciencia de la sociedad asume a Evita como heroína en cuanto ser actuante y transformador; Evita muere para nacer a otra vida. En sentido figurado muere a su vida de actriz y pasa a ser la Jefa Espiritual de la Nación. En sentido real, muere a los 33 años en la plenitud de su carrera y como símbolo de incontables facetas.
Para la conciencia de muchos argentinos, Evita representa la intolerancia en lo político y es expresión de la barbarie. Pero en amplios sectores, la figura de Evita sigue siendo el recuerdo de la dignidad del trabajador.
Finalmente, otro elemento primordial, en la mitificación es el de heroína cultural, pues Evita se presenta como una nueva propuesta de heroína, que siente, vive, ama y odia.
El mito que propone el escritor, posee una sinonimia, pues al relato le suceden unos personajes, en su mayoría reales y otros inventados; este tipo de mito se presentó cuando apareció una falencia de valores, en este caso por parte de la oligarquía.
En esto, y otros elementos más, radica la sustancia del mito de Evita, rodeado de virtudes excepcionales, verdaderas o novelescas, que lo dotan de una dimensión sobrehumana, quedando definitivamente instalado como arquetipo y paradigma.
La propuesta de Tomás Eloy se acerca más al mito de heroína moderna, persona del común que posee los mismos problemas de un ciudadano del común y es vista como salvadora de una comunidad, pero con unas
características muy diferenciales, humilde, carismática, indignación frente a la injusticia, deseo de igualdad, con capacidad de congregar a su pueblo, luchadora, trabajadora, con un alto nivel de oratoria y de servicio a la comunidad.
Repetible con las características nombradas anteriormente, pues las acciones de Evita tratan de ser reconocidas como verdaderas por medio de la novela. A través de la novela, Tomás Eloy reconstruye, potencializa y reinserta el mito, para sostener el recuerdo de Evita como heroína moderna a través de la memoria popular colectiva.
“Poco a poco, Evita fue convirtiéndose en un relato que, antes de terminar, encendía otro. Dejó de ser lo que dijo y lo que hizo para ser lo que dicen que dijo y lo que dicen que hizo”. (21)
CONCLUSIONES
Ante todo, la lucha que predicó Evita no tiene antecedentes en América Latina, no sólo porque proviene de una mujer, sino porque esa mujer, fue la esposa del Presidente de la Nación; cuestionó las clases sociales dirigentes, el modo en que las clases se organizaban y cómo se distribuían el poder y la riqueza. Por eso, la figura de santa que suma la revolución a la santidad y que se propone como la figura híbrida de una santa revolucionaria, anticipa las tensiones que se debaten dentro del cuerpo de ella misma.
La conciencia popular viste a Evita de una santidad revolucionaria, pues ellos nunca se habían sentido respaldados por nadie del gobierno; en especial con ese tipo de santidad, pues una mujer que proviene de las clases sociales menos favorecidas, no era la más adecuada para realizar esa revolución social que inicio en la Argentina y mucho menos declarándole la guerra abierta a la oligarquía, amenazándola de erradicarla totalmente del país; esto es, el deseo femenino que vincula sus antepasados como niña, donde sufrió humillaciones pero, gracias al destino conoció al General Juan Domingo Perón, brindándole por primera vez, el apoyo que nunca había tenido, Evita a pesar de escalar status, no olvidó sus raíces, sus antepasados, su ideología, de este modo, esa pensamiento personal de la equidad social, justicia e igualdad de derechos, los pone al servicio de su pueblo, de los más necesitados, de sus grasitas; con el propósito de crear una nueva sociedad.
De esta manera, esa ideología se compara con una nueva doctrina, más aceptada para el mismo pueblo; en contraposición de lo escrito en el nuevo testamento; leemos:
“Le dijo uno de la multitud: maestro, dí a mi hermano que parta conmigo la
herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre nosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La cosecha de un hombre rico había producido mucho. Y el pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré,
porque no tengo donde guardar mis frutos? Y dijo: esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y bienes; y diré a mi alma: Alma muchos bienes tienes guardaos para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el
que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12, 13-31, 132)
Podemos advertir que lo que Evita propuso, no era una nueva doctrina, lo que se advierte es un cristianismo mal predicado por sus promotores, he infundido de manera errada. Pues, si entendemos bien la palabra debemos tener igualdad de derechos y una equidad de recursos, no debe existir la avaricia de unos y la pobreza de otros. Lo importante es estar listos para entregar cuentas a Dios nuestro padre.
Una gran similitud con la política social que profesaba el peronismo en cabeza de Evita, podemos inferir que, la palabra era desconocida por los descamisados y si los oligarcas la conocían no la profesaban o no les interesaba disminuir la brecha de la pobreza.
Pero, Evita ¿por qué hizo todo lo que hizo? Para responder a ese cuestionamiento, vasta con saber sus antepasados, raíces, experiencias, para poder entender la importancia que para ella tenía la justicia social, tanto así, que redactó el catequismo justicialista donde se plantearon las veinte verdades esenciales del peronismo; las más importantes fueron: el eje principal de una democracia es el pueblo y el gobierno hace lo el pueblo quiere; los oligarcas son anti populares, por lo tanto no son justicialistas; el justicialismo es popular; en la Nueva Argentina el trabajo es un derecho; la política es un medio para hacer el bien de la Patria que es la felicidad de los hijos y la grandeza nacional; el justicialismo realiza la justicia social; entre otras.
Puedo concluir que una justicia social racionalmente aplicada es el único remedio eficaz para crear una sociedad uniforme, justa y con equidad; seria una forma de combatir nuestra pobreza y por ende disminuiría notablemente el hurto, la codicia, los grupos al margen de la ley y todo acto que atente contra la integridad humana; convertiría a nuestro país en un lugar tranquilo, lleno de paz y con gente dispuesta a colaborar.
Sería una forma de darle otra oportunidad a las futuras generaciones, donde erradiquemos por completo la desconfianza por el otro y la tolerancia fuera una consigna social, donde “yo” no sea un individuo sino parte de una sociedad; donde mis problemas sociales no son sólo míos sino de todos. Sólo si se tiene claro una concepción de política, económica y social, lograremos esto; nuestro país solamente cambiará cuando alguien de los estratos sociales menos favorecidos llegue al poder pero sin olvidar sus raíces y con un alto grado de humanismo. ¿Qué sería de nuestra sociedad donde nuestros dirigentes tuvieran una concepción altamente humanista dirigida a lo social, acompañada de la palabra de Dios?
Una segunda conclusión sería que Tomás Eloy Martínez no sólo plantea la reconstrucción del mito de Evita, sino también, plantea una Nueva Novela Histórica en Argentina, retomando un hecho histórico de mediados del siglo pasado, el cual fue el peronismo en cabeza de Evita Perón como la primera dama, ella no solamente orienta la dirección de la novela como eje principal, sino que da todas las herramientas para dar una panorámica global de cómo era la Argentina de ese entonces; socialmente hablando, le da paso a la historiografía como elemento esencial para lograr los acometidos de novela histórica, para ello, por un lado, se vale de diferentes personajes de la vida real para darle mayor connotación a la historia y por el otro, maneja la polifonía de voces en su redacción.
Lo anterior nos coloca como lectores en un interrogante que solamente las Novelas Históricas lo pueden hacer, ¿Será esto verdad?, como apunta Lukacs (1970), es otra verdad, es la verdad desde otro punto de vista, desde otro personaje que la vivió; de esta manera, accede a acontecimientos de diferentes índoles que hasta para la propia Historia oficial le eran desconocidos; además, la narración la coloca en primera persona colocando la voz del personaje real o ficcional para crear mayor credibilidad frente a los lectores.
Esta nueva manera de contar historias como estrategia narrativa ficcional, es una motivación de Tomas Eloy por contar otra verdad del suceso; es así como
él nos ayuda a reconstruir una historia que sucedió ya hace más de cincuenta años, pero que para el presente de la Argentina es de vital importancia especialmente para los pobres, pues, Evita fue la encarnación de una esperanza que no ha vuelto.
Mas que narrar un hecho del pasado, lo que hace Tomás Eloy es reinventar la historia a través de diferentes estrategias; para poder realizar su acometido, el autor primero, hace usó de documentos de toda índole, luego retoma episodios de la vida social, en su mayoría reales pero con un grado de exageración, finalmente, incorpora el elemento fantástico y transgrede el tiempo; todo esto lo hace con el propósito de que en el lector aparezca una conciencia histórica, que no la poseemos, pues no tenemos memoria.
Las Nuevas Novelas Históricas, aparecen como algo reiterativo en nuestra literatura latinoamericana con diferentes matices que nos hacen pensar que