Los astrónomos mostraron y demostraron que el universo está expandiéndose en todas las direcciones a gran velocidad, como un globo hinchado por unos buenos pulmones. Luego los astrofísicos y otros científicos pusieron en marcha una especie de moviola para repetir las jugadas en el hacerse o evolución del «balón» o «globo» cósmico. El libro bíblico de los Proverbios (8, 22-31) presenta a «la Sabiduría jugueteando ante Dios con la bola de la Tierra», ahora se diría del universo. El uso de la moviola cósmica les ha permitido llegar hasta «10–35 segundos después del instante inicial» (Alan Guth). ¿Pero qué hubo antes? ¿Qué ocurrió en esa cienmilmillonésima parte de un yoctosegundo? No se sabe. ¿Llegará a descubrirlo el hombre?
Conocemos algo más, no mucho más, de la situación del universo tras la primera
centésima de segundo de su existencia. La temperatura se ha enfriado. Ha bajado hasta unos cien mil millones de grados Kelvin (1011 ºK). Es inferior sin comparación a la de un billón y medio de grados Kelvin, que era la temperatura cuando todas las fuerzas estaban unificadas en una superfuerza. Ahora empiezan a abundar los electrones y su
antipartícula, los positrones, así como las partículas sin masa (fotones, neutrinos y antineutrinos). Pero los electrones andan sueltos, no giran en torno a núcleos de átomos todavía inexistentes. La radiación sigue siendo tan densa que, al comienzo de este periodo, todavía no se diferencian la materia y la energía. Si hay protones y neutrones, permanecen aislados, no cohesionados en un núcleo atómico. Además, son
proporcionalmente pocos, un protón o un neutrón por cada mil millones de fotones, electrones o neutrinos.
4. Desde el primer segundo hasta los 100 primeros segundos tras el Big Bang
Hasta el primer segundo tras el Big Bang los protones y neutrones se habrían
transformado mutuamente, unos en otros, mediante el intercambio de neutrinos. Pasado el primer segundo de la existencia del universo, la temperatura se diezmó. Un
termómetro metido allí marcaría 10.000 millones de grados Kelvin (1010 ºK).
Aproximadamente equivale a mil veces la temperatura en el centro del Sol, también a la temperatura en explosiones de bombas de hidrógeno. Se han reunido ya los primeros quarks. Cuando hayan transcurrido 13,82 segundos, la temperatura habrá bajado hasta los tres mil millones de grados Kelvin. El universo va enfriándose a medida que va expandiéndose. Ya algunas partículas que andaban sueltas, se juntan formando núcleos no siempre estables. Aproximadamente un minuto después del Big Bang aparece el primer núcleo atómico, el de hidrógeno y, antes de los 100 segundos, los núcleos de deuterio, isótopo del hidrógeno. Este proceso es el germen de la nucleosíntesis que desembocará en la vigente en el interior de las estrellas, también del Sol.
5. Tres minutos después del Big Bang
Al finalizar esta etapa, se forman ya los elementos químicos más ligeros: hidrógeno (un protón y un electrón), helio (2 protones, 2 electrones), litio (3 protones, 3 electrones), berilio (4 protones, 4 electrones) y boro (5 protones, 5 electrones). El sexto, el carbono, no pudo formarse por falta de calor. «Solo» hacía un millón de grados. Desde entonces hasta nuestros días, el universo se compone de un 75% de núcleos de hidrógeno y casi un 25% de núcleos de helio.
6. El caos primordial
El relato bíblico de la creación se abre con el caos (Gen 1,2). Luego irán emergiendo la luz y las cosas, haciéndose el «orden». De ahí el nombre griego del universo: kósmos, palabra que ha pasado a casi todos los idiomas, «cosmos» en español, también en su significado primero de «ordenamiento, embellecimiento»: «cosmético». La idea del caos primordial se halla también en otros muchos relatos cosmogónicos o del origen del universo —sumerio, egipcio, babilonio, azteca, etc.—. Pero en estas mitologías, la confusión caótica inicial es descrita como aguas oceánicas revueltas y oscuras. En cambio, el caos primigenio está hecho de radiación o energía lumínica tan densa que es oscura y, por lo mismo, confusa.
Si en una hoguera se echa madera, roca, hierba o tela, éstas pierden sus notas diferenciales y queda todo como fusionado e indistinto. Así ocurre en los primeros segundos tras la Explosión inicial por obra de temperaturas elevadísimas, jamás
experimentadas posteriormente y casi inimaginables. Pensemos también en lo que pasa con el agua. Mientras es líquida la bebemos y la vemos correr en los ríos o moverse sin
cesar en el mar. A 0 ºC se congela, se convierte en hielo sólido. Curiosamente es la única sustancia que pesa menos en estado sólido que en el líquido. Si la calentamos, cuando llega a los 100 ºC se evapora, adquiere el estado gaseoso. El calor adecuado hace que sus moléculas se volatilicen, se muevan independientemente unas de otras, sin apiñarse ni formar grupos. Terminan por desaparecer de nuestra vista, diluidas en la atmósfera. Lo mismo ocurriría si el universo retrocediera a los primeros segundos de su existencia. Según los físicos es lo que pasó entre el tiempo de Planck y una centésima de segundo después del Big Bang, e incluso hasta que «se hizo la luz» unos 380.000 años más tarde. Allí estaba todo concentrado y mezclado con el máximo grado de densidad hasta el extremo de ser opaco, sin luz visible. Allí estaban también las fuerzas de la naturaleza sin distinción, sino unificadas tal vez en una superfuerza. Si no se hubieran diferenciado la tres fuerzas y si no hubieran permanecido perfectamente ajustadas, seguiría todavía el caos primordial.
Allí estaba también lo material del hombre. Pero no había espectadores capaces de
contemplar el misterio primordial con ojos humanos. Era como el caos bíblico y de tantas narraciones cosmogónicas de la Antigüedad. De este caos absoluto, mezcolanza y fusión de todo, fueron emergiendo las cosas y seres desde las mínimas (cuerdas, quarks,
protones, etc.) hasta las más gigantescas (galaxias, estrellas). A medida que el universo se fue enfriando, o sea, deslizándose hacia el rojo, se fue también «materializando». La energía —los fotones— fue convirtiéndose en hidrógeno, helio, etc. Las partículas materiales salieron de la radiación o pura energía.