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D IFERENCIAS ENTRE EL SISTEMA BILINGÜE Y EL SISTEMA TRADUCTOR

LA ORGANIZACIÓN NEUROCOGNITIVA DEL SISTEMA TRADUCTOR

6.2.1. D IFERENCIAS ENTRE EL SISTEMA BILINGÜE Y EL SISTEMA TRADUCTOR

Así como entender el MoNAM resulta útil pero insuficiente para comprender los MoNABs (pues el sistema bilingüe no es dos sistemas monolingües en uno), entender los MoNABs es indispensable pero también insuficiente para caracterizar el sistema neuro-arquitectónico del traductor/intérprete. De he- cho, la traducción humana interlingüística presupone el bilingüismo, pero tener la habilidad de comprender y hablar o escribir dos lenguas no alcanza para traducir o interpretar en ámbitos profesionales (Hurtado Albir, 1999, 2001). Lo más interesante es que las diferencias entre el bilingüe no traductor y el traductor/intérprete profesional también se manifiestan en el plano cere- bral. Tales diferencias, sin embargo, posiblemente no existan a nivel neuro- arquitectónico, sino sólo a nivel neurofisiológico (es decir, microscópico). Además, una vez que se hayan especificado las propiedades distintivas del sis- tema traductor, se habrán erigido no uno sino dos Modelos Neuro-Arquitec- tónicos Traductores (MoNATs). Si bien se los desarrollará paulatinamente, conviene ya poner en juego este rótulo.

Utilizar la L1 en determinadas circunstancias donde sólo se habla esa lengua y luego emplear la L2 en otras situaciones en las que sólo ella rige la comunicación verbal no equivale de ningún modo a traducir o interpretar. La traducción y la interpretación difieren de dichas tareas tanto funcional como cognitivamente. En efecto, traducir e interpretar pueden ser tareas totalmente prescindibles para un bilingüe que se maneja en entornos monolingües (p. ej., un marplatense que habla sólo castellano en Argentina y sólo alemán en Ale- mania, cuando viaja allí de vacaciones o por negocios). Obler (1983: 36. Trad. mía. Cursivas en el original) está en lo cierto al afirmar que «la traducción constituye una capacidad independiente de otras capacidades lingüísticas. El bilingüe, así como el unilingüe, puede vivir perfectamente sin ningún deseo ni necesidad de traducir».

Esto no quita que todo bilingüe sea capaz de llevar a cabo alguna forma de traducción/interpretación. Incluso aquel bilingüe hipotético que jamás tuvo

ni el deseo ni la necesidad de traducir estaría en condiciones de enfrentarse a un enunciado en una de sus lenguas y reformularlo en la otra. Podría pensarse, entonces, que la traducción es un fenómeno emergente del bilingüismo.26 En términos neurocognitivos, se aducirá que esto es cierto en el plano neuro- arquitectónico (es decir, en lo que concierne a los subsistemas y las rutas inter- lingüísticas que están presentes tanto en el bilingüe lego como en el traductor experto). Sin embargo, es evidente que existen diferencias entre un traductor/ intérprete profesional y un bilingüe que sólo ocasionalmente intenta llevar a cabo un acto de traducción.

En la literatura se ha propuesto una distinción entre la ‘traducción na- tural’ y la ‘traducción profesional’. El primer término se refiere a cualquier instancia de reformulación interlingüística realizada en situaciones coloquia- les o cotidianas por un bilingüe que carece de formación específica como tra- ductor (Harris y Sherwood, 1978; Malakoff, 1992). La traducción profesio- nal, en cambio, es atributo exclusivo de aquellos bilingües expertos que han dedicado años de su vida a la práctica de la traducción y/o la interpretación, y presupone la adquisición previa de una competencia traductora (Hurtado Al- bir, 1999, 2001; PACTE, 2000). Entre estos dos extremos, además, se puede ubicar al estudiante de traducción o interpretación que está atravesando el proceso de apropiación de un saber traductor experto.

El hecho es que un bilingüe puede pasar más o menos tiempo comuni- cándose en un ‘modo discursivo’ determinado. Grosjean (1985) sostiene que un bilingüe, en el transcurso de su vida cotidiana, puede ubicarse en diversos puntos de un continuo situacional, cada uno de los cuales induce un modo discursivo (speech mode) particular. Según Grosjean, cuando un bilingüe inte- ractúa con hablantes monolingües de la lengua A o la lengua B, lo cual lo obliga a restringirse al uso de una o la otra, se encuentra en el extremo del ‘modo discursivo monolingüe’ (monolingual speech mode). En cambio, cuando un bilingüe se comunica con otros bilingües que comparten sus dos lenguas, de suerte que en la interacción pueden cambiarse y mezclarse códigos irrestric- tamente, se halla en el polo del ‘modo discursivo bilingüe’ (bilingual speech mode). Grosjean (1985: 351. Trad. mía) explica que

26 En este sentido, el experimento de ERPs de Thierry y Wu (2007) sobre el procesamiento mono-

léxico en bilingües demuestra que los bilingües tardíos, al realizar tareas de comprensión en L2, traducen palabras a la L1 de modo automático e inconsciente. Estos resultados confirman la con- clusión tentativa a la que arriban Klein et al. (2006) en un estudio con la técnica de fMRA. Sin embargo, Chee et al. (2001) demuestran que, en bilingües con alto nivel de fluidez en L2, la activación de conceptos al procesar estímulos en L2 puede darse en ausencia de traducciones automáticas hacia la L1.

[e]n el modo discursivo bilingüe, donde los interlocutores comparten las mismas lenguas, los hablantes escogen una como base para la interacción y luego pueden entremezclar la otra de modo deliberado […] de varias ma- neras: cambiando completamente a la otra lengua para dar con una pala- bra, frase u oración (en lo que se conoce como cambio de código) o to- mando prestada una palabra de la otra lengua e integrándola fonológica y morfológicamente a la lengua base.

En el espíritu de estos constructos, me permitiré identificar un tercer modo discursivo. Desde una perspectiva socio-comunicativa, lo que distingue al tra- ductor y al intérprete de otros bilingües es que los primeros pasan muchísimo más tiempo inmersos en un ‘modo discursivo traductor’. A diferencia del modo discursivo bilingüe, propio de situaciones en que todos los interlocutores ma- nejan las mismas lenguas y las mezclan por razones estratégicas (p. ej., para ser irónico) o compensatorias (p. ej., para evitar que la comunicación se inte- rrumpa por no dar con el término buscado en la lengua base), el modo discur- sivo traductor supone lo siguiente:

(a) la interacción entre uno o más sujetos que manejan la lengua A pero no la B, uno o más sujetos que manejan la lengua B pero no la A, y un tercer individuo (el traductor o intérprete) que maneja las dos; (b) la activación controlada por parte del traductor/intérprete de sólo

la lengua fuente para la comprensión;

(c) la activación controlada por parte del traductor/intérprete de sólo la lengua meta para la producción (lo cual implica la inhibición de los componentes productivos de la otra lengua);

(d) la prevención deliberada de mezclas de códigos a menos que resulte indispensable.

En tanto que el bilingüe no traductor puede pasar toda su vida sin jamás participar del modo discursivo traductor (cf. Obler, 1983), o hacerlo sólo esporádicamente y de modo asistemático e intuitivo (cf. Harris y Sherwood, 1978; Malakoff, 1992), el traductor/intérprete profesional pasa varias horas cada día inmerso en tal modo discursivo. No es éste un contraste trivial. Suce- de que todo patrón conductual-funcional sostenido en el tiempo construye o consolida esquemas cognitivos específicos; y como todo esquema cognitivo depende de alguna estructura cerebral, se sigue que dichos patrones conduc- tuales-funcionales traerán aparejada una (re)organización cerebral distintiva a nivel neurofisiológico/microscópico (p. ej., fortalecimiento de conexiones neura- les, disminución de los umbrales de activación de las neuronas involucradas).

En resumen, el empleo reiterado y sistemático del modo discursivo tra- ductor hace que el cerebro del traductor/intérprete sea distinto del cerebro del bilingüe sin experticia traductora. Estas diferencias, sin embargo, se dan a nivel neurofisiológico (es decir, microscópico) y no neuro-arquitectónico. En otras palabras, el traductor experto no desarrolla nuevos subsistemas en nue- vas regiones cerebrales, sino que modifica el grado de fuerza y/o la cantidad de conexiones que hay en las rutas que vinculan la L1 con la L2.

Varios experimentos conductuales demuestran que hay diferencias de procesamiento entre el traductor/intérprete profesional y el bilingüe que no tiene experticia traductora. Bajo et al. (2000) realizaron un experimento para comparar la velocidad de categorización semántica de cuatro grupos, a saber: (i) intérpretes profesionales, (ii) estudiantes de interpretación, (iii) bilingües no traductores, y (iv) profesionales de otras áreas. Los resultados revelaron que los intérpretes categorizan los miembros no prototípicos de las diversas cate- gorías más rápido que los estudiantes y los bilingües, lo cual sugiere mayor velocidad de acceso semántico en los intérpretes. Estos cambios suponen dife- rencias en los requisitos de activación neuronal a nivel neurofisiológico, pero no implican diferencias neuro-arquitectónicas en los sistemas de uno y otro grupo de bilingües.

En otro estudio, Christoffels et al. (2006) formaron tres grupos de ha- blantes nativos de holandés que habían aprendido inglés como L2 para eva- luar su desempeño en diversas tareas. El grupo 1 estaba integrado por 13 intérpretes con 16 años de experiencia profesional en promedio; el grupo 2 constaba de 39 estudiantes universitarios sin experiencia profesional en tra- ducción o interpretación; el grupo 3 estaba formado por 15 profesores de inglés con aproximadamente 19 años de experiencia docente, pero sin ningu- na experiencia en traducción o interpretación. En un primer experimento, se cotejó la velocidad y la precisión de los intérpretes con la de los estudiantes en tareas lingüísticas y de memoria. En un experimento adicional, se comparó a los intérpretes con los docentes en términos de las mismas variables. Los resul- tados indicaron que los intérpretes tienen un mejor desempeño que los estu- diantes en ambos tipos de tarea, y que también superan a los docentes en tareas de memoria. Nuevamente, estos resultados son explicables por ajustes neurofisiológicos (o sea, microscópicos) y no por la existencia de subsistemas específicos exclusivos del grupo de intérpretes.

También hay evidencia de que las diferencias de procesamiento lingüís- tico en los traductores/intérpretes comienzan a desarrollarse durante la etapa formativa. Fabbro y Darò (1995) realizaron un experimento con un grupo de estudiantes de interpretación simultánea y otro grupo de sujetos monolingües a fin de determinar si diferían en la resistencia a los efectos de interferencia

que produce el feedback auditivo retrasado. Los estudiantes de interpretación demostraron ser mucho más resilientes a tal obstáculo. Según los autores, esto se debe a que, en el curso de su formación, los futuros intérpretes habían alcanzado un alto grado de fluidez verbal y también habían aprendido a pres- tarle menos atención a su propia producción verbal (en la interpretación si- multánea, el texto fuente continúa su flujo en tiempo real a la vez que el intérprete genera el texto meta).

Toda tarea de producción lingüística pone en juego varios sistemas de monitoreo. Ellos incluyen los sistemas de feedback periféricos, como el auditi- vo y el somatosensorial; y los sistemas de feedback internos, como los circuitos de programación premotora (p. ej., el bucle córtico-cerebelo-tálamo-cortical). La mayor resistencia de los estudiantes de interpretación a la interferencia provocada por la simultaneidad de los procesos de habla y audición, según Fabbro, «demuestra que los intérpretes poseen o han desarrollado una organi- zación neurofisiológica particular para la producción lingüística» (Fabbro y Gran, 1997: 12. Trad. mía). Aquí sí hay diferencias marcadas entre los siste- mas neuro-arquitectónicos de los dos grupos, por la sencilla razón de que el sistema monolingüe no tiene subsistemas neurofuncionales independientes encargados de representar una L2 y, por lo tanto, no poseen rutas traductoras que vinculen la L1 con la L2.

Para investigar las adaptaciones neuronales producidas por la práctica especializada y la experticia, Elmer et al. (2010) diseñaron un experimento de ERPs con un grupo de 11 intérpretes simultáneos y 11 bilingües sin forma- ción traductora. Los intérpretes se desempeñaban profesionalmente sólo en dirección directa (L2-L1). Todos los sujetos eran hablantes nativos de alemán que usaban el inglés como L2. Además, los dos grupos poseían el mismo nivel de conocimiento de la L2 y presentaban la misma edad de apropiación en promedio. A los participantes se les presentaron pares de sustantivos disilábi- cos en cuatro condiciones: (i) ambos en L1, (ii) ambos en L2, (iii) el primero en L1 y el segundo en L2, y (iv) el primero en L2 y el segundo en L1. En algunos casos, el par era semánticamente congruente y en otros, incongruen- te. Los registros demostraron que tanto al procesar sustantivos congruentes como incongruentes, los intérpretes producían deflexiones más amplias en el componente N400 en las primeras tres condiciones, pero no así en la condi- ción (iv), es decir, la correspondiente a su dirección entrenada profesional- mente. A la luz de los resultados obtenidos, los investigadores concluyeron: «[…] evaluamos el cerebro del intérprete simultáneo como un modelo de la reorganización inducida por la práctica en el dominio del procesamiento lin- güístico y demostramos que la práctica intensiva experimentada por los intér- pretes va acompañada de adaptaciones en el acceso a la información léxico-

semántica» (Elmer et al., 2010: 152. Trad. mía). Tales adaptaciones son, vale repetirlo, neurofisiológicas.

En conclusión, no es cierto que el cerebro del traductor posea subsiste- mas propios que no están presentes en el cerebro del bilingüe sin experticia traductora. Ambos poseen la misma neuro-arquitectura general. La diferencia entre ellos es neurofisiológica. A causa del uso repetido, el traductor profesio- nal seguramente ha fortalecido las conexiones neuronales de las rutas traduc- toras mucho más que el bilingüe, de modo que los circuitos traductores tienen umbrales de activación mucho más bajos en el experto que en el lego. Sin embargo, dichas conexiones se emplazan en los mismos subsistemas específi- cos para uno y otro.