LA ORGANIZACIÓN NEUROCOGNITIVA DEL SISTEMA TRADUCTOR
6.2.2. S EMEJANZAS Y DIFERENCIAS ENTRE LA TRADUCCIÓN Y LA INTERPRETACIÓN
Hasta aquí se han utilizado los términos ‘traducción’ (escrita) e ‘interpreta- ción’ (oral) de modo unificado, sin precisar distinciones. Esto no significa que la presente propuesta teórica homologue la traducción y la interpretación como si no hubiera diferencias entre ambas. Al contrario, establecer esas diferencias es vital para dar con los MoNATs. De todos modos, hay aspectos comunes a la traducción y la interpretación que justifican su tratamiento conjunto en de- terminados puntos.
Las diferencias más evidentes entre la traducción y la interpretación se dan en el dominio procesual, es decir, se relacionan con las formas particulares en que el sistema lingüístico y los sistemas de memoria y monitoreo interac- túan en tiempo real durante el proceso de reformulación interlingüística. Por ejemplo, en la interpretación, el texto fuente es efímero; se presenta una única vez y no hay oportunidad de consultarlo nuevamente. Esto supone una mayor intervención de la memoria a corto plazo en la interpretación que en la tra- ducción, tarea en la que el texto fuente puede leerse y releerse constantemente. La labor del intérprete está ceñida a estrictas presiones de procesamiento onli- ne (en tiempo real), restricción ausente en la traducción. Los procesos de aten- ción, necesariamente, son distintos en un caso y en el otro. En la interpreta- ción simultánea, además, la recepción/comprensión del texto fuente y la pro- ducción del texto meta son procesos simultáneos. Por añadidura, el intérprete suele tener un contacto directo tanto con el emisor del texto fuente como con la audiencia de su texto meta, mientras que la tarea del traductor no implica concurrencia espacio-temporal con ellos.
Con todo, el objetivo de este libro es diseñar un modelo neuro-arquitec- tónico del sistema lingüístico del traductor. Lo que se busca es establecer cuáles
son los subsistemas neurofuncionales independientes que intervienen en el proceso de reformulación interlingüística, pero no se avanzará aquí sobre cómo circula la información dentro de dicho sistema (esa labor se reserva para futu- ras investigaciones). Con perdón de la metáfora, diríase que en este libro se busca establecer cuántos barrios, calles e intersecciones hay en la gran ciudad neurocognitiva del traductor, pero no determinar a qué velocidad y bajo qué restricciones transitan los camiones, los autos, las motos y los peatones (a saber, los diferentes flujos de información) dentro de ella.
Por supuesto, incluso en términos neuro-arquitectónicos hay diferen- cias entre la traducción (escrita) y la interpretación (oral). Los estímulos ver- bales en la traducción activan el sistema visual y luego el sistema de reconoci- miento grafémico, mientras que en la interpretación activan el sistema auditi- vo y luego el de reconocimiento fonológico. La fase de producción del texto meta también supone la participación de distintos sistemas. En la traducción, ésta pone en juego los sistemas de producción grafémica y el sistema dígito- manual. En cambio, en la interpretación, la producción activa el sistema de producción fonológica y el sistema articulatorio. También es distinto el rol de otros sistemas cognitivos en una y otra modalidad. Por ejemplo, el input visual no verbal en la traducción suele ser incidental y sin valor comunicativo para el proceso en cuestión, mientras que en la interpretación aun la información no verbal procesada por el sistema visual puede impactar sobre el procesamiento lingüístico (p. ej., el intérprete ve directamente el lenguaje gestual y las expre- siones faciales del orador).
Ahora, los subsistemas que entran en juego entre la fase de percepción de los estímulos verbales y la de producción del texto meta son presumible- mente comunes a la traducción y a la interpretación. En ambos casos, las representaciones activadas en los respectivos sistemas de reconocimiento (gra- fémico y fonológico) se conectan con determinadas representaciones en el sistema léxico y/o en el gramatical. Éstas, a su vez, podrán ocasionar la activa- ción de representaciones semánticas en el mismo subsistema lingüístico o ac- tivar directamente sus contrapartes léxico-gramaticales en la otra lengua, sin mediación semántica (v. 6.5.3). A menos que uno quiera postular la existencia de (i) un sistema léxico para la traducción y otro para la interpretación, (ii) un sistema gramatical para la traducción y otro para la interpretación, (iii) un sistema semántico para la traducción y otro para la interpretación y (iv) siste- mas de conexión interlingüística diferenciales para una y otra modalidad, debe asumirse que los subsistemas léxicos, gramaticales, semánticos y de conexión interlingüística que entran en juego en la traducción son los mismos que in- tervienen en la interpretación.
Una vez más, es vital reconocer la diferencia entre los sistemas represen- tacionales (los sustratos que encarnan los distintos conjuntos de representa- ciones) y los mecanismos que operan sobre dichos sistemas. Las diferencias neurocognitivas entre la traducción y la interpretación, amén del rol diferen- cial que en ellas cumplen los sistemas grafémicos y fonológicos, respectiva- mente, no están dadas por las rutas traductoras que vinculan los sistemas re- presentacionales de la L1 y la L2, sino por los mecanismos que sobre ellos operan (p. ej., memoria a corto plazo, mecanismos de control e inhibición, estrategias comunicativas, inferenciales, atencionales y/o de monitoreo).
De ahí que la discusión de los sistemas neurocognitivos que permiten la reformulación interlingüística ampare el abordaje conjunto de la traducción y la interpretación. En efecto, los modelos que aquí se desarrollan tienen por objeto caracterizar sistemas representacionales y rutas de conexión entre ellos, pero no así los mecanismos que operan sobre ellos. Salvo que se realice alguna salvedad explícita, debe asumirse que el término ‘traducción’, al menos en lo que concierne a los sistemas mencionados en el párrafo anterior, subsume tanto la modalidad escrita (traducción propiamente dicha) como la modali- dad oral (interpretación). El ‘sistema traductor’, por lo tanto, queda definido como el conjunto de subsistemas o rutas neurofuncionales que posibilitan el esta- blecimiento de conexiones entre la L1 y la L2 una vez procesada la información lingüística en un subsistema de reconocimiento determinado (sea éste grafémico o fonológico). A menos que se aclare lo contrario, pues, la presente caracteriza- ción del sistema neuro-arquitectónico traductor se presume válida tanto para el traductor como para el intérprete.