• No se han encontrado resultados

d-59 Ni borrón ni cuenta

In document 2_Docu.pdf (página 180-190)

LA PISADA DEL

NICORNIO

U

U

NI BORRÓN NI CUENTA NUEVA

Una mirada sobre la LIJ Argentina

relacionada con la dictadura.

MARIANO MEDINA (CEDILIJ)

Córdoba, Argentina, 2003

Nota preliminar

A nivel latinoamericano, la conciencia del lugar que comenzó a ocupar la LIJ después de 1950 generó la necesidad de estudiar su historia. Fundamentalmente en los 80, se escribieron diversos artículos y una decena de libros con “panoramas” que se han convertido, en cierta manera, en “historias oficiales”. Estos panora- mas generalmente no incluyen algunas prácticas culturales alternativas de las décadas de 1960 y 70, absolutamente relacionadas con la época y la tecnología (ínter disciplina y medios de comuni- cación), que también permitieron que la literatu- ra infantil creciera y se despegara del discurso escolarizado. De estas practicas, hay escasos registros o ninguno.

En Argentina, la literatura infantil fue también víctima de las dictaduras, y aprovechó la reapertura democrática de 1983 para tomar un impulso que no había tenido antes. Sucedió entonces el fenómeno llamado “Boom de la literatura infantil argentina”, con gran despliegue de obras, autores y editoriales.

Mucho de los hallazgos concretados en dicho “Boom”, relacionados con el humor, la diversi- dad de temas y lenguajes utilizados, tienen raíces en las experimentaciones realizadas en los 60 y

los 70. Este trabajo da cuenta de algunas expe- riencias literarias alternativas, realizadas en Córdoba y enmarcadas entre dos dictaduras: 1966/1973 y 1976/1983.

Es necesario advertir que por la especificidad que toma el artículo alrededor de la persona de Laura Devetach, quedan afuera otras experien- cias valiosas como la labor en los medios de Estela Smania y María Luisa Cresta de Leguizamón. Por la misma razón tampoco se detien en la obra de la villamariense Edith Vera, quien sufrió también la violencia de las

intituciones bajo la dictadura. Es necesario pues, un trabajo más amplio que presente de manera menos fragmentaria lo sucedido en el campo de la LIJ. Haciendo esta justa salvedad, creo legíti- mo reproducir las observaciones que la misma Devetach me hace al respectio, para que el lector enmarque. Además de considerarse más que un paradigma, una beneficiaria de la época, apunta que es importante “reforzar la idea de mecanis- mos culturales, la idea de la RED que se fue armando con la cultura, más allá de lo que aportó cada uno. No creo tanto en los nombres propios puntuales como en las CONDICIONES DE FACTIBILIDAD, en las OPORTUNIDADES y en las MARCAS INTERCAMBIADAS y luego pasadas DE UNO A OTRO para que el mapa se dibuje. Vos lo decís en el trabajo: éramos GENTE HACIEN- DO”

“Soy un monigote de arena. Juguemos, y si me borro, por lo menos me borrare jugando”.

Laura Devetach, Monigote en la arena.

“Mi Señor, tu poder no se basa en tu fuerza sino en la ignorancia que el pueblo tiene de la suya.”

Libre Teatro Libre, «Contratanto1

181

d-59. Ni borrón ni cuenta nueva

LA PISADA DEL

NICORNIO

U

U

H

HH

HH

ace unos días me contaron que se incen dio la biblioteca de Bush. Los daños fueron totales: ninguno de los dos libros que ha- bía en ella se salvaron. Aparentemente, el manda- tario quedó muy afligido, porque a uno no lo había terminado de colorear. Este chiste, me dicen, cir- culaba en Estados Unidos en abril del corriente año 2003, días antes de que se bombardeara Bagdad, ciudad que conservaba manuscritos medioevales, y tablillas de arcilla con mensajes construidos con la primera forma de escritura del hombre. Es increíble la elección de elementos que realiza el humor para concretar sus giros. Duele sostener esa lucidez que denuncia a la vez que devela y exalta.¿Qué podemos esperar nosotros, latinoa- mericanos, si no se respeta ni el legado de las pri- meras urbes del planeta?. Entonces, vamos con la risa y la memoria.

“¿Por qué se ríe la sandía cuando la están asesi- nando?”, preguntaba Neruda2, aunque la interro-

gación ya encierra, en el misterio de su respuesta, una metáfora. Supone una contestación a la altura de las circunstancias. El humor: ese estallido que nos da crédito para sobrevivir.

La literatura infantil ha sido también víctima de los atropellos, aunque en una escala insignificante si se piensa en la Biblioteca de Bagdad. En Argenti- na, mutilada por casi una década, aprovechó la reapertura democrática de 1983, para tomar un impulso que no había tenido antes. Pero no surgió por obra y gracia de ningún escrutinio. Los escri- tores no crecieron como honguitos tras una lluvia de votos: estaban siendo. Existía una actividad pre- via. Y existía una preocupación sostenida mundial para que la literatura infantil tomara su lugar como Literatura.

Esa conciencia generó la investigación y escritura de una decena de libros con “panoramas históri- cos” en Latinoamérica, que gracias a las institu- ciones especificas, eran más fáciles de conseguir que las obras mismas, de escasa o nula circula- ción entre nuestros países. Así, la letra de molde describió un circuito y legitimó gestores, consti- tuyéndose en una especie de “historia oficial”. Quiero dejar bien claro que la gran mayoría de los que conozco son serios y valiosos para leer nues- tro campo y su diversidad. Bajo ningún punto de vista responden a demandas oficialistas, ni pienso que fuera la intención de sus autores censurar o velar. Pero inevitablemente, como dice Ursula Le Guin, al encender una vela, uno también crea una sombra.3

Los panoramas en cuestión, generalmente no in-

cluyen ciertas prácticas culturales alternativas, absolutamente relacionadas con la época y la tec- nología; como son los casos que veremos a conti- nuación. Practicas de las que hay escasos regis- tros o ninguno, y que también permitieron que la literatura infantil creciera y se despegara del dis- curso escolarizado. Específicamente me detendré en algunas experiencias realizadas en Córdoba, segunda ciudad del país; enmarcadas por dos de las dictaduras militares que gobernaron Argenti- na: una entre 1966 y 1973 y otra, la más sangrien- ta, entre 1976 y 1983, que enviaba camiones a sacar ejemplares de las librerías y quemarlos. En esta porción de la red que me toca entramar, y desde comienzos de los 60, resalta como figura paradigmática Laura Devetach4.

Haré la salvedad de que seguramente, desconoz- co experiencias que enriquecerían este panorama. Y entre las que conozco, privilegio algunas que considero más pertinentes a lo que intento remar- car. Intuyo además, que procesos similares han de haber ocurrido en otros países hermanos, tan victimados como el mío por las “doctrinas de se- guridad nacional” que desparramó Estados Uni- dos tras la herida vietnamita.

Cabe recordar que en nuestro caso, la última dic- tadura intentó instaurar silencio intelectual y ge- nerar pobreza lingüística manteniendo el ¨deber ser¨ de los textos escolares como forma de repre- sión 5. Cuenta en su Curriculum más de 30.000

asesinatos, unos 700 niños robados, miles de exiliados e insiliados6; y los responsables hoy to-

man mate en la casa vecina, impunes.

En la evolución de las historias y la diversidad de temas y lenguajes que fueron experimentados en los 60 y los 70, están muchas de las raíces de los hallazgos concretados en lo que se llamó “Boom de la Literatura Infantil Argentina”, sucedido en los ´80 tras la reapertura de la democracia.

Para ayudar a dimensionar tal fenómeno, creo que un dato será suficiente: desde entonces, “una venta considerada escasa para un libro infantil deja bien satisfecho a un escritor para adultos” […] “los autores que escriben para niños son muchas ve- ces más profesionales que los escritores para adultos, en el sentido de vivir -o intentar vivir- de sus libros, de hacer valer sus derechos de autor, de ser cuidadosos en la firma de sus contratos, de estar agrupados en asociaciones, de tener sus re- vistas especializadas”7.

Sobre algunos puntos que voy a señalar, no im- porta quien llegó primero. Me interesa, si, la mar-

182

d-59. Ni borrón ni cuenta nueva

LA PISADA DEL

NICORNIO

U

U

cación de un mapa sobre el que todavía podemos apuntar hallazgos. Sería enriquecedor saber quie- nes compartieron en otros lugares y la misma épo- ca, ideas e intuiciones comunes. Ojalá contribuya a una historia de nuestra literatura infantil más completa y más justa.

Empecemos por la autora anunciada, Laura Devetach, y el caso paradigmático de su libro ¨La Torre de Cubos¨. Archisabido es que, junto a “Un elefante ocupa mucho espacio” de Elsa Bornemann8 fue uno de los libros que prohibió la

dictadura, por “graves falencias tales como simbología confusa”, “objetivos no adecuados al hecho estético” e “ilimitada fantasía”. 9 Hoy pode-

mos considerarlo, junto al “Monigote en la Arena” premiado por Casa de las Américas10 en su primer

convocatoria de literatura infantil (1975), clásicos de la LIJ latinoamericana. Se ha señalado que La Torre “inauguró un nuevo lenguaje en el cuento para niños” y una temática que anunciaba “un com- promiso consigo misma y con el lector”11, una “voz

literaria original particularmente próxima a la cotidianeidad estrictamente infantil»12.

Pero no quiero volver sobre estos datos, que ya son conocidos, sino señalar que en los Panora- mas Históricos ¨La Torre de Cubos¨ suele figurar como de 1973, fecha que corresponde a su im- presión capitalina.13, cuando el libro había sido

editado en Córdoba en 196614. Dos años antes

había sido premiado por el Fondo Nacional de las Artes. En forma independiente, los cuentos que integran ese volumen, no sólo habían sido escri- tos entre finales de los 50 y principios de los 60, y galardonados en varios concursos, sino que cir- culaban en copias por varios establecimientos de la Escuela Nueva. O sea: tenían una vida pública amplia y cotidiana.

La distancia entre 1960 y 1973 hoy puede pare- cernos irrisoria, pero no lo es si comparamos los discursos utilizados en la mayoría de los libros para niños anteriores a los 60. Ubicar fuera de periodo ciertas obras, nos impide dimensionar correcta- mente la magnitud de su propuesta. Esta “historia oficial” pone, por ejemplo, a Devetach, más den- tro de la consolidación de la LIJ Argentina de los 80, que en su misma gestación.

Varios informes existentes afirman que nuestra li- teratura infantil adquiere características especia- les tras la apertura democrática. Entre ellos, en el elaborado por Maria Ruth Pardo Belgrano y Graciela Rosa Gallelli se lee: “La democratización tiende a eliminar las actitudes autoritarias, opre- soras y represivas. Se insiste en el respeto de los

derechos humanos, el destierro de la violencia, el intercambio armónico y comprensivo mas allá de las diferencias ideológicas. Una sociedad dispuesta a rectificar el camino necesita la creación de nue- vas relaciones, más participativas y dinámicas, y hombres y mujeres sin miedos, con juicio crítico e imaginación creadora. […] La libertad de expre- sión y la ampliación de los espacios culturales pone de manifiesto, en el campo de la literatura infantil, distintas concepciones sobre la sociedad, la edu- cación y, especialmente, sobre el niño y su papel en el mundo actual. También se evidencia el inte- rés creciente de autores y editores […] por el lec- tor niño o adolescente. 15

Qué curioso: las características centrales que ex- presa el párrafo que cito, son similares a las que promovían el pensamiento y la acción en los 60. Pero no hay mención alguna en el texto, como si desconociera tal relación. En los 60 incluso, se iba más lejos: Como me relata Perla Suez16, existía el

deseo y la posibilidad cierta de un Hombre Nuevo, en el ejemplo del Che: “El Hombre Nuevo debía ser creativo. Había que prepararse, capacitarse constantemente. Había que ser creativo para de- mostrar que todos podíamos ser creativos”17.

También habría que cuestionar eso del “creciente interés editorial” como nuevo: Susana Itzcovich, promotora de la crítica de literatura infantil, expre- sa en una crónica con motivo de la Feria del Libro de Buenos Aires de 1976, su sorpresa ante la pro- ducción específica de libros para niños. Y la espe- cialista cubana Alga Marina Elizagaray, antes que sufriéramos la Guerra de Malvinas18, ya hablaba

de un auge de LIJ argentina, asegurando: “esta- mos ante un hecho insólito dentro de la pobre tra- dición latinoamericana de libros para niños”19.

Lo que sí es notable en dicho Boom, es la diversi- ficación de temas y formas que se extendió hasta comienzos de los 90.

La literatura infantil también tuvo entonces un lu- gar en la Universidad Nacional de Córdoba, aun- que no legitimada como materia. Maria Luisa Cres- ta de Leguizamón, a cargo de la Cátedra de Litera- tura Hispanoamericana desde l956, fue convirtien- do a la misma en una vía de relación y estimulo hacia este campo. Realizó diversos cursos y pro- movió desde la Secretaria de Extensión Universi- taria una serie de Seminarios-Taller de Literatura Infanto-Juvenil entre 1969 y 1972. Se ha recono- cido a estos seminarios como hitos en la Historia de la Literatura Infantil argentina. María Adelia Díaz Rönner20, dando señales de la historia de la crítica

183

d-59. Ni borrón ni cuenta nueva

LA PISADA DEL

NICORNIO

U

U

los 60 la literatura infantil todavía estaba vulnera- ble, sin posibilidades de responder con rigor, autogestándose, trazando sus fronteras y poblan- do su territorio genérico. Aun no se habían produ- cido los cruces disciplinarios, no se percibía la solidez de un aparato cultural y literario infantil deliberado, desautonomizado de la gran cultura […]; los discursos literarios destinados a los ni- ños exudaban todavía un tufillo protector, autori- tario, pacato y colonizante”. Los seminarios de Córdoba «permitían inéditas articulaciones pro- ductivas gracias a un movimiento interesante de lecturas teóricas que abrieron concepciones fran- camente subvertidoras para el territorio de la lite- ratura infantil. (...) «Hasta entonces, la crítica se forjaba a partir del criterio diacrónico, más bien descriptivo, por el cual se indicaban los vacíos contenidistas en las estructuras textuales, los cli- sés y las cristalizaciones del lenguaje devenidas el arquetipo de «lo infantil» (...).Fue «una importan- te época de aprendizaje inmersa en la práctica lec- tora y en la invención literaria a través de talleres, las interrogaciones respecto a una retórica más convincente sobre la lengua operativa, el esbozo de una poética y de una estética fueron algunas constantes problematizaciones surgidas hasta 1976 en que se produce el gran hiato democrático del país” 21

En estos Seminarios, Laura Devetach tiene una participación destacada, según recuerdan los asis- tentes y puede verificarse en las ponencias resca- tadas en el libro “Oficio de Palabrera”22.

Decía antes que una falencia de los panoramas, es que generalmente no incluyen las prácticas cultu- rales alternativas que permitieron que la literatura infantil se despegara del discurso escolarizado. Quiero referirme con esto, a que no es exclusiva- mente a través de la obra escrita y pensada para libro, que se hizo esta historia. Sobretodo porque hablamos de un período efervescente, de inquie- tudes amplias, done el trabajo interdisciplinario era esencial en la preparación de un mundo nuevo y posible.

Quienes trabajaban en la cultura, tenían la certeza de que, si no con todos, con la mayoría de los hombres es posible trabajar juntos a pesar de las diferencias. Aprender a estar de acuerdo.

Echar una mirada sobre los temas-ejes de los men- cionados Seminarios, afirmará la importancia que tenían la interdisciplina y muy especialmente los medios de comunicación, que en plena expansión, daban la sensación de estar ya viviendo en el futu-

ro: la relación de la LIJ con la familia y la sociedad, con la psicología, el cine, la radio, la televisión, las revistas, las historietas, el teatro, los títeres y la música.

La creación no era sólo el producto de los deseos personales y de un oficio, sino el campo de expe- rimentación y de respuesta a interrogantes estéti- cos y sociales inmediatos. Se defendía el derecho a la palabra distinta.

Antes del 76, la joven Laura Devetach ya había incursionado en todos los niveles educativos y en medios tan distintos como la escuela rural y la universidad. Y había trabajado en teatro, en radio y en televisión con notable éxito. Su labor, enreda- da por azar o planificación a la de los demás – niños incluidos-, nos permite ver una increíble te- laraña de invisible fortaleza, generada para la mis- ma época que Maria Elena Walsh hacía lo suyo desde Buenos Aires. Las obras de ambas, con dis- tinta vertiente pero coincidentes en el concepto de libertad al que aspiran y el respeto por el niño como destinatario-protagonista, alimentan los programas radiales y televisivos de Gigliola Zecchin, joven conductora y cantante más conocida como Cane- la23.

Canela ingresa azarosamente a los medios, cuan- do la Universidad inaugura su canal televisivo y las locutoras profesionales, ya maduras, no se deciden a reunir voz con rostro. No era común to- davía tener un televisor en el hogar.

Con sentido común e inteligencia, Canela consi- gue en muy poco tiempo cautivar a la platea infan- til, haciendo un programa ágil a la vez que rico en alternativas y propuestas: “Hola Canela”, que se emitirá entre 1963 y 1966, llegando a tener fre- cuencia diaria24. En los programas alternaba can-

ciones con bloques informativos, juegos y con- cursos para realizar actividades comunitarias, ar- tísticas y de vida en la naturaleza. Bibliografía para su trabajo eran los artículos que un desconocido Gianni Rodari, publicaba en “Il correo di raggazi”, revista que se le enviaba desde Italia.

Una o dos veces a la semana, el tema era la narra- ción y representación de cuentos. Paralelamente, en la radio, realiza el programa “Historias de Ca- nela” 25. En sus dos últimos años, los libretos y

canciones son escritos especialmente por Laura Devetach. 26. De este período es, por ejemplo, “El

ratón que quería comerse la luna”, que editado recientemente, es uno de los libros más vendidos de la colección a la que pertenece27.

184

d-59. Ni borrón ni cuenta nueva

LA PISADA DEL

NICORNIO

U

U

Laura la capacidad de traspasar todos los clisés y meterse en la esencia de las cosas. Eso estaba en sus guiones, que trataban el racismo, la desigual- dad, el desamor, ¡los grandes temas! A través de historias leves, que parecen como transparentes …”.

En 1972 y 1973, Devetach encararía su propio pro- yecto televisivo, “Pipirrulines”28

“Pipirrulines” eran “estos que parecen dedos”. Que si los ponemos de cierta manera (entrelazán- dolos de diversas maneras frente a los ojos) nos permiten... ¨ver¨... A través de estos “Pipirrulines”, actores y títeres entraban a escena y se maquilla- ba frente a la cámara. Esta manera de entrar en la ficción, obedecía a la idea de reconocer las posibi- lidades imaginativas sin desprenderse del entorno cotidiano, leiv motiv de algunas de sus obras más representativas: La Torre de Cubos, Picaflores de cola roja, Bichoscopio29, El Brujo de los tubitos…

Todo haciendo uso de una poesía y un humor ves- tidos de juegos verbales, pero no de disparate. En Córdoba fue el primer trabajo de títeres sin re- tablos. Acompañaban al perro Martinsul: un Oso que a veces era panadero y a veces periodista, y satirizaba con su “Reporter Osso” al reporte emi- tido por la empresa ESSO; un chanchito tan cum- plidor que se llamaba “Lunes”, como el primer día de la semana… Las historias sucedían a

en ámbitos cotidianos, como aquella en que el

In document 2_Docu.pdf (página 180-190)