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De la gran sindéresis o die grosse Obhut seiner selbst

L A GRAN SINDÉRESIS O DIE GROSSE O BHUT SEINER SELBST *

4. De la gran sindéresis o die grosse Obhut seiner selbst

Sin duda, hay reflejos tomistas en la concepción de la sindéresis en Gracián, como no podría ser de otro modo; pero, como siempre ocurre en el jesuita, los conceptos adquieren nuevos matices y enfoques en consonancia con otros conceptos con los que va trazando y tramando su propia moral práctica. De esta forma, cualquier capacidad, don, hábito, valor, conocimiento (naturales o adquiridos) están —o deben estar— al servicio de estrategias que permitan triunfar en un mundo que es milicia contra la malicia.37

La sindéresis para Gracián consiste en una «connatural propensión a todo lo más conforme a razón, casándose siempre con lo más acertado» (OM, 96).38 Supone una acertada elección

moral, que no es necesariamente universalmente válida, pero que es moralmente necesaria: «todas las acciones de la vida de- penden de su influencia, y todas solicitan su calificación» (OM, 96). Aunque «propensión natural» requiere de aprendizaje, es- fuerzo, maduración y experiencia —como casi todo en Gra- cián—, porque los hombres «no de repente se hallan hechos. Vanse cada día perfeccionando al paso que en lo natural, en lo moral, hasta llegar al deseado complemento de la sindéresis, a la sazón del gusto y a la perfección de una consumada virilidad», tal y como lo indica en el realce titulado «El hombre en su punto», de su obra El Discreto (D, XVII).39 Aunque Gracián

37 Gracián y otros muchos autores parten del presupuesto ético-práctico: «la vida es milicia contra la malicia humana», siguiendo la máxima senequista «Vivere,

Lucili, militare est».

38 Cito el Oráculo manual y arte de prudencia (OM) por mi edición, con es- tudio preliminar y notas, que aparecerá en la editorial Tecnos de Madrid (2011) y añado el número de aforismo.

39 Cito El Discreto (D), acompañado del número de realce, por la edición de las Obras completas de Baltasar Gracián, edición de Luis Sánchez Laílla (Madrid: Espa-

también señala que es verdad que algunos entran con ventaja: «Nacénse algunos prudentes: entran con esta ventaja de la sindé- resis connatural en la sabiduría, y así tiene la mitad para los aciertos» (OM, 60).

La «prudentísima sindéresis» templa la imaginación y la enfrena; porque esta «da en tirana, ni se contenta con la especu- lación, sino que obra [...]» (OM, 24). Además, «todo exceso de pasión degenera de lo racional; pero con esta magistral atención nunca atropellará la razón, ni pisará los términos de la sindére- sis» (OM, 155). Si hay todo género de hombres destemplados (entre ellos, desvanecidos, presuntuosos, porfiados, extravagan- tes, figureros...), ¿cómo debe corregirse ese desconcierto común? Es la sindéresis la que tiene también esa función: «Donde falta la sindéresis, no queda lugar para la dirección» (OM, 168).

El hombre, ser racional por naturaleza y ser moral por el arte, debe hallar «entre el natural y el arte, el fiel de la sindéresis: Principio es de corregirse el conocerse; que hay monstruos de la impertinencia: siempre están de algún humor y varían afectos con ellos [...] y no solo gasta la voluntad este exceso, sino que se atreve al juicio, alterando el querer el entender» (OM, 69).

La sindéresis graciana tiene, pues, una especial relevancia en saber «templar la imaginación» (OM, 24);40 en tener «buenos

sa Calpe, 2001). Esta idea de perfectibilidad humana es una constante en Gracián, fundamentalmente ―como es natural― en los tratados ético-políticos («Con la edad y la experiencia viene a sazonarse del todo la razón, y llegan a un juicio muy templa- do», OM, 60), a pesar de que la ponga en duda algunas veces en El Criticón.

40 «Templar la imaginación. Unas veces corrigiéndola; otras ayudándola, que es el todo para la felicidad, y aun ajusta la cordura. Da en tirana, ni se contenta con la especulación, sino que obra, y aun suele señorearse de la vida, haciéndola gustosa o pesada, según la necedad en que da, porque hace descontentos o satisfechos de sí mismos. Representa a unos continuamente penas, hecha verdugo casero de necios. Propone a otros felicidades y aventuras con alegre desvanecimiento. Todo esto puede, si no la enfrena la prudentísima sindéresis.»

dictámenes» (OM, 60);41 en «no rendirse a un vulgar humor»

(OM, 69);42 en el «arte en el apasionarse» (OM, 155);43 y en «no

dar en monstruo de la necedad» (OM, 168).44 En todos estos

aforismos o estrategias, la sindéresis se encuentra ligada a la ra- zón, a la prudencia, a la cordura, a la sabiduría, al juicio y a la dirección de la elección para lograr el éxito del acierto.

El aforismo que Gracián dedica a su naturaleza, y que hemos ido desgranando en parte, dice por entero:

41 «Buenos dictámenes. Nácense algunos prudentes: entran con esta ventaja de la sindéresis connatural en la sabiduría, y así tienen la mitad andada para los aciertos. Con la edad y la experiencia viene a sazonarse del todo la razón, y llegan a un juicio muy templado. Abominan de todo capricho como de tentación de la cordura, y más en materias de estado, donde por la suma importancia se requiere la total seguridad. Merecen estos la asistencia al gobernarle, o para ejercicio o para consejo.»

42 «No rendirse a un vulgar humor. Hombre grande el que nunca se sujeta a peregrinas impresiones. Es lección de advertencia la reflexión sobre sí: un conocer su disposición actual y prevenirla, y aun decantarse al otro extremo para hallar, entre el natural y el arte, el fiel de la sindéresis. Principio es de corregirse el conocerse; que hay monstruos de la impertinencia: siempre están de algún humor y varían afectos con ellos; y arrastrados eternamente desta destemplanza civil, contradictoriamente se em- peñan. Y no sólo gasta la voluntad este exceso, sino que se atreve al juicio, alterando el querer y el entender.»

43 «Arte en el apasionarse. Si es posible, prevenga la prudente reflexión la vul- garidad del ímpetu. No le será dificultoso al que fuere prudente. El primer paso del apasionarse es advertir que se apasiona, que es entrar con señorío del afecto, tantean- do la necesidad hasta tal punto de enojo, y no más. Con esta superior refleja entre y salga en una ira. Sepa parar bien, y a su tiempo, que lo más dificultoso del correr está en el parar. Gran prueba de juicio conservarse cuerdo en los trances de locura. Todo exceso de pasión degenera de lo racional; pero con esta magistral atención nunca atropellará la razón, ni pisará los términos de la sindéresis. Para saber hacer mal a una pasión es menester ir siempre con la rienda en la atención, y será el primer cuerdo a caballo, si no el último.»

44 «No dar en monstruo de la necedad. Sonlo todos los desvanecidos, presun- tuosos, porfiados, caprichosos, persuadidos, extravagantes, figureros, graciosos, nove- leros, paradojos, sectarios y todo género de hombres destemplados; monstruos todos de la impertinencia. Toda monstruosidad del ánimo es más deforme que la del cuer- po, porque desdice de la belleza superior. Pero ¿quién corregirá tanto desconcierto común? Donde falta la sindéresis, no queda lugar para la dirección, y la que había de ser observación refleja de la irrisión es una mal concebida presunción de aplauso ima- ginado.»

De la gran sindéresis. Es el trono de la razón, basa de la pruden-

cia, que en fe della cuesta poco el acertar. Es suerte del Cielo, y la más deseada por primera y por mejor: la primera pieza del arnés con tal urgencia, que ninguna otra que le falte a un hom- bre le denomina falto; nótase más su menos. Todas las acciones de la vida dependen de su influencia, y todas solicitan su califi- cación, que todo ha de ser con seso. Consiste en una connatu- ral propensión a todo lo más conforme a razón, casándose siempre con lo más acertado (OM, 96).

Cuando Schopenhauer lo tradujo, en 1831, el aforismo «la gran sindéresis» se transformó en «die grosse Obhut seiner

selbst»:

Die große Obhut seiner selbst. Sie ist der Thron der Vernunft, die

Grundlage der Vorsicht und durch sie gelingt Alles leicht. Sie ist Gabe des Himmels, und die erste und größte, die wünschenswertheste. Sie ist das Hauptstück der Rüstung und von so großer Wichtigkeit, dass die Abwesenheit keines andern den Mann unvollständig macht, sondern nur als ein mehr oder minder bemerkt wird. Alle Handlungen des Lebens hängen von Ihrem Einfluss ab, und sie ist zu allen erfordert: denn Alles muss mit Verstand geschehn. Sie besteht in einem natürlichen Hange zu Allem, was der Vernunft am angemessensten ist, wodurch man bei allen Fällen das Richtigste ergreift (Hand-Orakel, 96).45

También en el resto de los aforismos, Schopenhauer traducía «sindéresis» por expresiones como «die vernünftige Obhut unsrer ihr» (Hand-Orakel, 24);46 «großen Obhut ihrer

45 Cito por la edición del Hand-Orakel und Kunst der Weltklugheit, Bremen: Carl Schünemann Verlag, 1982.

46 «Die Einbildungskraft zügeln [...] Alles dieses Verlag sie, wenn nicht die vernünftige Obhut unsrer selbst ihr den Zaum anlegt.»

selbst» (Hand-Orakel, 60);47 «der großen Obhut seiner selbst»

(Hand-Orakel, 155);48 «die grosse Obhut seiner selbst» (Hand- Orakel, 168);49 excepto en el aforismo 69, que tradujo el

término por el de «Vernunft» (Hand-Orakel, 69).50

Cuando aparece Parerga und Paralipomena (1851) con los

Aphorismen zur Lebensweisheit (Aforismos sobre la sabiduría de la vida), Schopenhauer recoge la expresión graciana «la gran sindé-

resis» —sin traducirla— y la incluye en las parénesis y máximas concernientes a nuestra conducta para con el curso del mundo y el destino. Concretamente, en el parágrafo 48, en el que refiere los grandes poderes o potencias que ya el mundo antiguo creía fundamentales para el curso de la vida humana: prudencia, fuer- za y fortuna. Esta última —destino, azar o suerte— es la que Schopenhauer considera más influyente porque el curso de nuestra vida no es solo obra nuestra sino producto de dos facto- res: la serie de acontecimientos y la serie de nuestras decisiones. Ni prevemos los acontecimientos, ni somos capaces de anticipar nuestras decisiones, de forma que solo cuando miramos atrás en el camino que llevamos ganado en la vida es cuando abarcamos su conjunto. Ocurre, sin embargo, que hay en nosotros algo más prudente y más profundo que el simple conocimiento de la razón o conocimiento de lo recto y que nos lleva a obrar movi- 47 «Gesundes Urtheil. Einige werden klug geboren: mit diesem Vortheil der angeborenen großen Obhut ihrer selbst treten sie an die Studien, [...].»

48 «Die Kunst, in Zorn zu gerathen. [...] Allein bei jener meisterhaften Aufmerksamkeit wird die Vernunft nie zu Falle kommen und nicht die Schranken der großen Obhut seiner selbst überschreiten.»

49 «Nicht zu einem Ungeheuer von Narrheit werden. [...] Wo die große Obhut seiner selbst fehlt, ist keine Leitung mehr möglich: und an die Stelle eines nachdenkenden Bemerkens des fremden Spottes, ist der falsche Dünkel eines eingebildeten Beifalls getreten.»

50 «Sich nicht gemeiner Launenhaftigkeit hingeben. [...] um zwischen dem Natürlich und Künstlichen den Punkt zu treffen, wo auf der Waage der Vernunft die Zunge einsteht.»

dos por un impulso interno o instinto procedente de nuestro ser (als nach einem innern Impuls, man möchte sagen Instinkt).

Este impulso interno, que probablemente es el que hace que los grandes hombres llamados a hacer grandes obras las rea- licen, es «la gran sindéresis»:

Für Ieben aber ist es Das, was Baltasar Gracián la gran sindére- sis nennt: die instinktive große Obhut seiner selbst, ohne welche er zu Grunde geht.51

Se trata, pues, de ese instintivo cuidado o gran custodia de uno mismo sin el cual el ser perece. Schopenhauer concluye el parágrafo analizando la naturaleza de esos principios innatos y concretos que cada hombre posee. Es difícil obrar en virtud de unos principios abstractos (abstrakten Grundsätzen); incluso, después de un largo aprendizaje, estos resultarían insuficientes. Mas bien en cada hombre hay unos principios innatos y con- cretos (angeborene konkrete Grundsätze), encerrados o alojados en su sangre y en su carne (die ihm in Blut und Saft stecken), que no conoce in abstracto, y que solo volviendo la vista sobre su vi- da se da cuenta de que esos principios lo han guiado en sus ac- ciones y que son el resultado de su pensar, su sentir y su querer (indem sie das Resultat alles seines Denkens, Fühlens und Wollens

sind).52

51 Utilizo la edición de Paränesen und Maximen incluida en Parerga und Paralipomena: Kleine philosophische Schriften, en Arthur Schopenhauer, Sämtliche Werke, Wiesbaden: Brodhaus, 1972. La cita en p. 500.

52 He cotejado algunas ediciones y traducciones de la obra, entre ellas, la traducción de Miguel Chamorro (Aforismos sobre la sabiduría de la vida, Buenos Aires: Aguilar, 1970); y la de E. González-Blanco (El arte de vivir, Buenos Aires: Editorial Central, 1986). Los Aforismos sobre el arte de saber vivir, traducidos por Luis Fernando Moreno Claros, curiosamente no incluyen este último párrafo del parágrafo 48, sin duda, por omisión de la imprenta [incluidos en Parerga y Paralipómena (Escritos filo-