* Publicaciones del autor sobre Schopenhauer:
N IETZSCHE , LECTOR DE S CHOPENHAUER
1. El reconocimiento de una experiencia de formación
Schopenhauer es un autor que ocupa un lugar de primera magnitud en Nietzsche. Esa presencia es muy notable en todas las etapas de su filosofar. Muchas de sus obras están escritas dialogando con ese maestro, bien para seguir sus pasos a su modo y manera, bien para discutir con él y llevarle la contraria, presentando otras alternativas, un nivel que intenta ser más crítico y radical en la consideración de los problemas. Las referencias a este autor son también innumerables en el epistola-
rio, en los escritos póstumos y en los fragmentos póstumos que se
han conservado de ese grafómano excepcional, de manera que ofrecer los diferentes perfiles de la imagen contrastada que nos dibuja va más allá de las dimensiones de un artículo. Por tanto, aquí y ahora nos concentraremos en un solo escrito del por entonces catedrático de Filología Clásica de la Universidad de Basilea, su Tercera consideración intempestiva titulada Schopenhauer
como educador. Deseamos recordar uno de los testimonios
principales de la historia efectiva de este filósofo en la historia de las ideas, una de las reinvindicaciones más bellas y sugerentes de su persona y de su obra.
Este texto relativamente breve, de unas cien páginas, se publicó en el otoño de 1874 y tiene un encuadre histórico bien preciso. M. Montinari, en el apunte con el que finaliza su edición italiana de esta Intempestiva,1 subraya el elemento generacional del
escrito, que es, ciertamente, un testimonio de los hijos de la
generación de 1848, de uno de sus miembros que ha vivido la guerra franco-alemana de 1870-71 y la conmoción de la Comuna de París, de alguien que ha sufrido en carne propia la fragilidad de
la civilización moderna y los peligros que corre la cultura, en especial en Alemania, por culpa del militarismo y el nacionalismo fervorosos, del historicismo predominante, herencia de la filosofía hegeliana, y por la multitud de filisteos de la formación que por entonces ocupan los institutos de bachillerato y las universidades, exponentes típicos de una generación mediocre sin grandes personalidades. El joven Nietzsche, como es sabido, apostó por dos remedios, la metafísica de Schopenhauer, con sus características supranacionales y suprahistóricas, supraoccidentales y supracientíficas, artísticas, heroicas y en cierto modo religiosas, y
la música de Wagner, entendida como fruto de la sabiduría trágica
y como renacimiento de la tragedia antigua. Su antropología metafísica a favor del genio no promete un mundo feliz lleno de rosas, ni una búsqueda placentera de la verdad, más bien lo contrario, insiste en el sufrimiento que conlleva la heroica dedicación al conocimiento y la lucha por el nacimiento de verdaderos humanos que digan sí a la vida y rediman de la existencia. No puede negarse, por tanto, el tono romántico que predomina en este escrito.
Un par de años después su autor vivirá una fuerte ruptura explícita con tales planteamientos y comenzará en soledad un 1 F. Nietzsche, Schopenhauer come educatore (5.ª ed.), edición de M. Monti- nari, Milano: Adelphi, 2005, pp. 111-115.
nuevo camino que le llevará por parajes insospechados. Este cambio tan llamativo se estaba gestando a fuego lento, pero en su fuero interno, sin demostraciones públicas, según la propia versión de su autor, que en el «Prólogo» de 1886 al segundo volumen de Humano, demasiado humano dice:
No se debe hablar sino cuando no cabe callar; y solo hablar de lo que se ha rebasado: todo lo demás es charlatanería, «literatura», falta de disciplina. Mis escritos no hablan más que de mis victorias... En tal medida todos mis escritos, con una única, por cierto esencial, excepción, han de ser fechados con antelación —siempre hablan de un «tras de mí»—: algunos, como las tres primeras Consideraciones intempestivas, incluso antes aún del periodo de nacimiento y de vivencia de un libro anteriormente publicado (el Nacimiento de la tragedia en este caso, como no puede ocultársele a un observador y comparador más sutil)... Cuando en la tercera Consideración intempestiva expresé mi veneración por mi primer y único educador, por el
gran Arthur Schopenhauer —lo haría ahora todavía con mucha
más fuerza, también más personalmente—, ya me encontraba, por lo que a mi propia persona se refiere, metido en medio del escepticismo y la disolución morales, es decir, tanto de la crítica
como de la profundización de todo pesimismo habido hasta entonces, y, como dice el pueblo, ya no creía «en nada en
absoluto», ni siquiera en Schopenhauer.2
Nos hemos de plantear, por consiguiente, algunas cuestiones ineludibles: ¿qué veracidad tiene lo expresado en esa
2 F. Nietzsche, Humano, demasiado humano, vol. II, trad. de A. Brotons, Madrid: Akal, 1996, pp. 7-8. Sobre estas líneas véase el comentario de Germán Me- léndez «L’approfondissement du pessimisme comme clé de la formation de la pensée de Nietzsche», en Paolo D’Iorio y Olivier Ponton (eds.), Nietzsche et la philosophie de
incipiente Intempestiva?, ¿estamos ante un documento de mera transición?, ¿contiene afirmaciones que perdurarán a lo largo del filosofar nietzscheano respecto al gran Schopenhauer?, ¿qué rasgos caracterizan tanto este texto juvenil como el proyecto global de su autor, quien en su madurez todavía podría expresar de manera más fuerte y personal su nunca desmentida veneración por su único educador?