Jeroboam I fue el primer soberano de Israel cuando se dividió el reino, del 926 a 907 antes de J.C Una lápida contiene otro nombre conocido: Scheschonk I, faraón de
4. De la Policroma Vida Cotidiana en Israel.
A los hijos de Israel les gustaban los adornos. — Secretos de tocador de
Palestina. — Mirra y áloe para el lecho. — Jardines de bálsamo en Jericó. — Mástix... goma de mascar muy apreciada. — Los aromas de Canaán. — La cama fue inventada por los egipcios. — Ruidosas piedras He moler el grano.
En medio de los testimonios que nos dan razón de la magnificencia que privaba entre los egipcios, los babilonios y los asirios, hemos olvidado la vida cotidiana de Israel, que, hasta ahora, nos había parecido gris y monótona. Desde luego, no es cuestión aquí de un tesoro áureo como en el caso de Troya; no hubo ningún Tutankamon ni ninguna encantadora Nofrete; pero, ¿es que la vida cotidiana era, en Israel, realmente algo incoloro y sin luz alguna que le prestase aliciente y esplendor?
Israel ama la pompa multicolor. Tiñe sus vestiduras, pinta las paredes, las casas y... los rostros de sus mujeres. Ya en tiempo de los patriarcas conoce la alegría del colorido.
"Ahora bien, Israel amaba a José más que a todos sus hijos... y habíale hecho una túnica de varios colores" (Gen. 37:3). Una pintura mural, en una tumba de Beni Hasán,
representa esta túnica con franjas azules y rojas. Rojo y azul son los colores de los vestidos de los hombres. En cambio, el color verde parece reservado a la mujer. "De
púrpura roja y azul y escarlata" se hace ya mención durante la época de la
peregrinación por el desierto (Ex. 25:4). "Hijas de Israel, llorad a Saúl, el que
ricamente os vestía de escarlata" (2 Sam. 1:23), exclama David, lleno de dolor, después
dice de Tamar, la hija de David —, porque así vestían en otro tiempo las hijas del rey
aún doncellas" (2 Sam. 13:18).
FIG. 38. — Instalación de una tintorería a base de recipientes de piedra, en el antiguo Israel.
La Naturaleza proporcionaba a Canaán una de las más bellas paletas del mundo. Los hijos de Israel sólo tenían que elegir. Las granadas y el azafrán proporcionan un color amarillo muy hermoso; la raíz de granza y el alazor, un rojo de fuego; el glasto, un azul celeste. Además, había el ocre y el almagre. El mar enviaba a la playa el rey de todos los colores: el caracol marino llamado "Murex." Su cuerpo delicado e incoloro proporcionaba, bajo el influjo de la luz del Sol, la púrpura. Esto fue su desgracia. Montañas inmensas de conchas vacías fueron halladas en Tiro y en Sidón, lo cual hace presumir que allí estaba el centro de la obtención de la púrpura. Los fenicios, en las ciudades marítimas, fueron los primeros en industrializar la obtención de la púrpura; más tarde, Palestina se dedicó también a la remunerativa pesca de tales caracoles.
El centro textil de Betasbea, al sur de Judá, era celebrado por el biso, el lino de clase más fina teñido de blanco. "Diez camisas de biso," dice una inscripción relativa al poderoso rey de Asiria, Asaradón. Kirjat-Seper y Hebrón gozaban de mucha fama por sus tintorerías. En estos lugares fueron excavados grandes recipientes de piedra c instalaciones en forma de calderas con tuberías de entrada y salida que correspondían a la industria de la tintorería. En Tell Beit Mirsim, el antiguo Debir, se llegó a practicar hasta el arte de teñir en seco.
"Voy a edificarme una casa espaciosa... —dice Jeremías, 22:14—, la artesona de cedro y la pinta de rojo." Las paredes están pintadas; las piedras para los mosaicos, los tejidos,
el cuero y la madera, teñidos, así como también los labios, las mejillas y los párpados de las mujeres hermosas...
"Como cinta de grana son tus labios... Cual mitades de granada son tus sienes." "La cabellera de tu cabeza corno púrpura... y el olor de tus perfumes excede a todos los bálsamos" (Cant. 4:3; 7:6; 4:10), exclama el rey Salomón en su Cantar, uno de los
cánticos más bellos del mundo.
En forma extraordinariamente poética va mencionando el gusto por el adorno de Israel, los secretos del tocador de sus mujeres.
Los perfumes y los afeites, los ungüentos y las pinturas para el cabello, preferidos, costosos y refinados, con los mejores ingredientes que este mundo puede ofrecer, serían aún hoy día productos muy apreciados por la cosmética de Europa y ultramar.
Los perfumes que utilizaron desde tiempos inmemoriales, las resinas aromáticas, no sólo eran altamente apreciados en el servicio del culto para aromatizar los templos, sino que se utilizaban cotidianamente, en el hogar, en el vestido e incluso en el lecho.
"He ataviado mi lecho con paramentos, con tapices multicolores de lino de Egipto. He perfumado mi cama con mirra y aloe y cinamomo" (Prov. 7:16 y sigs). Se dice como
casia son todos tus vestidos; de ebúrneos palacios te alegran los sones de instrumentos de cuerda," canta el salmo 45 en su vers. 9.
Algunos botánicos han analizado los relatos, al parecer tan llenos de fantasía, e investigado sobre los ingredientes que entran en la composición de los perfumes y sobre sus suministradores. Los descubrieron en flores delicadas y en hierbas, en el zumo de algunos arbustos y capullos. Muchos proceden de países extranjeros, pero muchos crecen aún hoy día en Palestina.
De la India procede la casia (cinnamomum cassia), árbol cuya corteza es similar a la canela, y el cálamo (andropogon aromaticus), designado también con el nombre de hierba de jengibre. Por el comercio de altura llegaban a través del océano índico a la Arabia meridional, donde se realizaba el intercambio de las especias, y desde allí eran llevadas, por las caravanas, hasta la orilla del Mediterráneo.
La canela tenía que realizar una larga peregrinación. Desde su patria, que es la China, llegaba primero a Persia y desde allí a la India, donde tomaba carta de naturaleza, y, como artículo de exportación, era recibida en la Arabia.
El incienso se obtiene de una planta llamada bosvelia. Es oriunda de la Arabia y de Somalilandia, como también la commiphora myrrha, el árbol de la mirra. La cuna del áloe es la isla de Socotora, a la salida del Mar Rojo, que también le dio el nombre, pues se designa con el de aloe succotrina.
En cuanto a la procedencia del bálsamo, se han suscitado varias discusiones. Aquí la Biblia parece haber sufrido una equivocación, pues los botánicos saben muy bien que la hierba del bálsamo (commiphora opobalsamum) sólo crece en la Arabia. ¿Cómo podría, pues, afirmar Ezequiel (27:17) que Judea e Israel suministrasen a Tiro "perfumes, miel, aceite y bálsamo"?
Tanto los botánicos como Ezequiel tenían razón. Los primeros se habían olvidado de leer en el gran libro histórico judío de Josefo que, desde los tiempos del rey Salomón, había bálsamo en Palestina. Los arbustos se cultivaban, sobre todo, en los alrededores de Jericó. Josefo contesta también a la pregunta de cómo llegaron hasta allí. Crecieron de las semillas que se encontraron entre los regalos de especias de la reina de Saba. Esto parece una afirmación atrevida.
Pero, entre tanto, se han hallado otros testimonios. Cuando los romanos entraron en Palestina, encontraron, en efecto, plantaciones de bálsamo en la llanura de Jericó. Los conquistadores consideraron en tan alto grado este raro arbusto, que mandaron ramas de él a Roma, como señal de su victoria. Treinta años después de J.C., Tito Vespasiano puso una guardia imperial en las plantaciones, para preservarlas de cualquier destrucción. Mil años después, los cruzados ya no encontraron rastro alguno de tan valioso arbusto. Los turcos los habían descuidado y así se fueron extinguiendo.
El lentisco, del que Ezequiel nos habla, existe aún hoy día en Palestina. Son las lágrimas blancoamarillentas y transparentes de un arbusto llamado pistacia lentiscus. Muy apreciadas por su aroma, se utilizan también en medicina. Los niños sacrifican la
propina por un par de gotas de esta goma de mascar, que los antiguos alababan porque, según ellos, reforzaba los dientes y la garganta.
En la Tierra Prometida existen, además, como productos nativos: el gálbano en una planta umbelífera (Ex. 30:34); el estacte (Ex. 30:34) en el estoraque de flores blancas; el ládano en la heliantema, y el tragacanto en un arbusto trifoliado (Gen. 37:25). Los naturalistas encontraron todas las especies bíblicas.
Los recipientes, a veces costosos, utilizados para contener los perfumes los encontraron los arqueólogos bajo los muros derribados, en las ruinas de las casas patriarcales y en los edificios reales. Redomas de piedra calcárea, de marfil y a veces del más caro alabastro y unas varillas servían para realizar la mezcla de las partes componentes de los ungüentos. Las fórmulas de los buenos maestros eran muy apreciadas. Frascos altamente decorativos de arcilla cocida servían para guardar los perfumes. En las grandes tinajas y ánforas se maceraban las raíces olorosas con aceite de oliva. El aceite, según ya se sabía entonces, hace que la piel y los cabellos sean suaves y sedosos. Hasta los pobres, que vivían en los campos, se untaban con él la piel y los cabellos aunque sin añadirles los costosos perfumes. El aceite se recolectaba en grandes cantidades en sus olivares.
Los lavados con agua eran una necesidad de todos los días y cosa completamente natural. Se lavaban antes y después de las comidas, se le lavaban los pies al huésped y todos se lavaban por la noche. En las excavaciones se han encontrado recipientes de piedra, bañadores para los pies y bandejas de arcilla por todo el país, reforzando así las numerosas citas de la Biblia a este respecto (Gen. 18:4; 19:2; 24:23; Cant. 5:3; Job 9:30; Lc. 7:44; Mc. 7:3; etc.). Lejías a base de plantas y de minerales proporcionaban materiales y jabón para el lavado (Jer. 2:22; Job 9:30).
"Bolsita de mirra es para mí amado, que entre mis pechos descansa" (Cant. 1:13). Este
párrafo describe la discreta costumbre de las damas de llevar, bajo sus vestiduras, una bolsita impregnada de perfume o de mirra. No faltaban en el tocador ni las tenacillas ni los pasadores para el cabello ni el espejo (disco de metal pulimentado). Estas tres cosas, tan importantes para la belleza de la mujer, eran los objetos de lujo que se importaban de la tierra del Nilo, donde eran ya objetos indispensables para las esposas de los faraones desde las primeras dinastías.
FIG. 39. — Barreño lavapiés de piedra con apoyo, grifos y vertedero.
Por más que los profetas predicasen contra tales cosas, no pudieron desterrar de las casas ni los aceites ni los retoques para los ojos.
Con los bellos racimos de flores de juncia las mujeres se adornaban sus cabelleras. Pero apreciaban mucho más un polvo rojo amarillento fabricado con la corteza y las hojas del arbusto de juncia. Los árabes lo llaman "henna." Con este producto se teñían los cabellos y las uñas de los pies y de las manos. Los arqueólogos encontraron, con asombro, su color rojo claro como esmalte en las uñas de los pies y de las manos de las momias egipcias. Los laboratorios y las fábricas de cosméticos siguen empleando hoy día el "henné" a pesar de todos los inventos y novedades que se han producido desde entonces. Las cejas y las pestañas eran teñidas con brillantina; el lapislázuli molido daba a los párpados el sombreado deseado. La cochinilla pulverizada, al igual que en la
actualidad lo procura a los modernos lápices labiales, suministraba también el rojo carmesí para una boca tentadora.
Por los frascos de esencia, las cajitas de marfil para ungüentos, los recipientes de mezcla y los vasos para el colorete que, en gran profusión, se encontraron en las ruinas de las ciudades de Israel, puede colegirse cuan dura debía resultar la amenaza que el profeta Isaías dirigió a ese mundo que tanto amaba los colores, los afeites y los perfumes: "En
lugar de bálsamo, habrá putrefacción; y en lugar de cinturón, una cuerda; y en lugar de trenza, calva; y en lugar de lujoso vestido, ceñidor de saco; quemadura en lugar de belleza" (Is. 3:24).
Si bien en el Antiguo Testamento se habla de que alrededor de la mesa había sillas, nadie se metía en la cama en el sentido que hoy damos a esta palabra, ¡Y es que la cama era un mueble de lujo!
Los faraones y los dignatarios de su corte fueron los primeros en disfrutar de la comodidad de dormir en una cama. En la tierra del Nilo se inventó el primer modelo de este mueble del cual hoy no podríamos prescindir. Lleno de júbilo hace notar Sinuhe a su regreso: "Volví a dormir en una cama." Hasta quinientos años después, la cama sigue siendo una rareza. Pues cuando la princesa mitani Taduchepa (seguramente la que después fue reina Nofrete) contrae matrimonio en la corte egipcia, lleva en calidad de dote tan sólo colchas, aunque primorosamente tejidas. ¡El palacio de su patria no vio jamás una cama! ¡De noche se dormía en el suelo!
En Israel sucedía otro tanto: sólo la corte y los magnates poseían algo tan costoso. La cama del hombre sencillo era un manto. En él se envolvían de noche (Ex. 22:26). La justicia consideraba que esta "cama" podía tomarse en prenda, pero sólo de día. Por la noche tenía que ser devuelta (Ex. 22:25). Este "manto" era, en realidad, una capa de lana dispuesta para que pudiese ser utilizada para los diversos usos a que estaba destinada: además de utilizarse como protección contra el frío en el sentido que nosotros lo concebimos, y como lecho nocturno, servía también de alfombra (2 Re. 9:13; Mt. 21:7-8).
La cama no fue nunca el lugar ideal de reposo ni en Israel ni en el antiguo Oriente. Era y continuó siendo un mueble exótico. En cambio, dio lugar a su primo el "diván," que se hizo célebre, especialmente en el "País del Creciente," lecho mullido, con blandos almohadones. Un dispositivo almohadillado para el día y extenso para la noche, ha servido de modelo para nuestra actual turca. ¡El invento de la bombardeada Europa central y de las pequeñas viviendas del siglo XX fue el "dernier cri" del mobiliario hace nada menos que 3.000 años! El diván fue conocido también por Israel. "... te reclinaste
sobre un lecho precioso, ante el cual había una mesa dispuesta..." (Ez. 23:41).
FIG. 40. — Muela – Moledor – Mortero para especias (a la izquierda) y triturador de piedra para moler el grano.
Nos quejamos del ruido de nuestra época tecnologica, que tanto nos ataca los nervios, y añoramos muchas veces y sentimos nostalgia por el tranquilo tiempo antiguo. ¿Es que en Israel estaban mejor que nosotros en este concepto?
En vez de la fanfarria de los altavoces, (al amanecer se escuchaba desde las casas el ruido de los molinos de piedra. Desde muy temprano se escuchaba a la molienda del grano para convertirlo en harina. Este trabajo correspondía a la mujer como hoy día la operación de moler el café. Sólo que la molienda de la harina era una operación pesada que requería un gran esfuerzo. Muchas veces tenían que ser dos para mover las pesadas piedras.
La amenaza de una lucha contra el ruido, de la cual tanto se habla en nuestros días, hubiera sido entonces algo terrible teniendo en cuenta tales circunstancias. De tener que cesar el ruido de los molinos, el hambre se habría cernido sobre el país. En forma visionaria lo comprende Jeremías al predecir el exilio babilónico: "Y haré desaparecer
de entre ellos el grito de alborozo y el grito de alegría... el rumor de la muela y la luz de la lámpara. Y todo este país se convertirá en ruinas, en desolación" (Jer. 25:10).
FIG. 41. — Lámpara de, aceite sencilla y candileja con siete picos.