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IV. La Guerra del Vietnam

3. Debacle francesa en Dien Bien Phu

Tras la rendición japonesa en Septiembre de 1945, 200 mil tropas francesas, 20 mil británicas y 200 mil chinas tomaron posesión de Vietnam en nombre de la causa aliada. De inmediato los franceses se dirigieron a Saigón a reestablecer su dominio sobre el País. El Viet Minh respondió haciendo uso de los 5 mil rifles americanos y, con el armamento dejado atrás por los japoneses, volaron las centrales eléctricas de Saigón y desataron una violenta campaña de sabotaje.

Británicos y franceses contraatacaron pero, deseando evitarse las bajas derivadas de un enfrentamiento directo, decidieron rehabilitar y rearmar a la policía japonesa que había mantenido a los rebeldes a raya durante la guerra. Independientemente de sus convicciones políticas, la medida enfureció a los vietnamitas que la interpretaron como la resurrección de la antigua camaradería de las potencias imperialistas. Decenas de miles se sumaron a la causa de Ho que, como buen oportunista, había renunciado a la retórica marxista para retomar los ideales de Phan Boi Chau de “deshacerse de los invasores, y crear un Vietnam moderno e independiente”. El Viet Minh se atrincheró en el Norte, en el antiguo reino de Tonkin, donde la ocupación china era más laxa y proliferaban las regiones selváticas, muchas de ellas convertidas en pantanos intransitables para un ejército convencional en la época del monzón. Para Noviembre de 1946 una Francia dispuesta a recuperar parte de la gloria perdida tras la desastrosa invasión nazi de 1940, lanzaba sus fuerzas contra Tonkin y la Marina francesa abría fuego sobre los puertos de Haiphong y Hanoi, ambos en manos del Viet Minh. Los rebeldes huyeron a la jungla, pero la destrucción deliberada de las ciudades le granjeó a los franceses la enemistad de miles de vietnamitas del norte.

Para 1947, aunque habían reestablecido su control sobre la mayoría del territorio indochino, los franceses estaban en una posición poco envidiable: tras el reemplazo del caucho natural por el sintético, el Sur tenía poco valor, mientras el Viet Minh controlaba el Norte donde se producía la mayoría del arroz que los franceses necesitaban para alimentar (y tener contenta) a la población urbana. Para empeorar las cosas, la guerra civil china había convertido la frontera norte en una coladera por donde pasaban armas y guerrilleros comunistas dispuestos a apoyar la causa anti-imperialista de Ho Chi Minh.

Tras dos años de estira y afloja, los franceses estaban hartos. Decididos a acabar con los insurgentes de una vez por todas, le entregaron el poder civil al antiguo emperador pro-Japonés Bao Dai y –echando mano de cuanto vietnamita estuviera dispuesto a luchar a su lado- se lanzaron a las junglas del Norte con la intención de sellar la frontera. La medida resultó desastrosa por partida doble ya que las pocas simpatías que los franceses habían recuperado desde su retorno en 1945 se desvanecieron con la restauración de Bao Dai, un monarca déspota y considerado traidor por la mayoría de sus súbditos.

Por otro lado, tanto en lo organizacional como en la forma de lucha, el ejército francés se había modernizado según las duras lecciones de la Segunda Guerra Mundial. Desgraciadamente para la causa francesa, dichas lecciones de poco servirían en los humedales de la jungla ante un ejército cuyas tácticas derivaban de la guerrilla maoísta. De ahí el comentario sarcástico de MacArthur de que “en una guerra nueva los franceses siempre lucharán con las tácticas de la guerra anterior”. El resultado de la campaña resultó previsible: sin un enemigo que luchara de frente, los franceses

fueron superados en cada renglón y el Viet Minh se apuntó la victoria decisiva en Dang Khe. Para 1950 la frontera seguía abierta y ya con Mao firmemente en el poder en China, las armas y apoyo para el Viet Minh fluían sin restricción, mientras el opio –que los vietnamitas usaban para financiar la compra de armas- salía de Asia desde el puerto de Shangai. Mientras tanto, en el vecino territorio de Laos –también parte de la Unión Francesa o Indochina- la guerrilla maoísta Pathet Lao amenazaba el control galo sobre ese territorio. Horrorizado por la posibilidad de que el Viet Minh y Pathet Lao unieran fuerzas y ante los reiterados fracasos de cerrar la frontera, el gobierno de René Mayer puso al frente del ejército galo en Indochina al General Henri Navarre. Para impedir la fusión de la guerrilla e interrumpir las rutas del opio, Navarre invirtió un préstamos americano de 1 billón de dólares en rehabilitar y fortificar el viejo aeródromo japonés del valle de Dien Bien Phu.

Las intalaciones de Dien Bien Phu consitían en una base central (nombre código Anne Marie) con pista de aterrizaje, rodeada por un perímetro de tres bases adicionales (Isabelle, Gabrielle y Beatrice, todos nombres de amantes de los generales franceses) lo que, según Navarre permitiría patrullar todo el valle e interceptar a los contrabandistas de droga, cortando el suministro de dinero del Viet Minh. Pero para Navarre, Dien Bien Phu tenía un objetivo más estratégico: cuando el dinero del Viet Minh comenzara a escasear, Navarre esperaba un ataque seguro del Viet Minh. Y ese ataque era lo que Navarre más deseaba pues no sólo permitiría a sus tropas ver al enemigo, sino que al atacar sin el tradicional respaldo de la artillería, los guerrilleros serían fácilmente derrotados.

Conocida como la “Línea Maginot con cañones de 360 grados”, Dien Bien Phu estaba destinada al mismo fracaso que su antecesora. Y es que el enemigo no sólo no era tan ingenuo como Navarre creía, sino que –contra los reportes de inteligencia militar francesa- el Viet Minh contaba con piezas de artillería ligera (morteros y howitzers) capturadas por los chinos en Corea, y que Mao había cedido generosamente a Ho Chi Minh. Pero el error clave de la campaña de Dien Bien Phu recaería sobre los hombros de Navarre.

Con la típica arrogancia occidental que años después conduciría al fracaso a los norteamericanos, y contra el consejo unánime de sus generales, el 20 de Noviembre de 1953, Navarre dio luz verde a su pland de Dien Bien Phu sin estudiar el terreno ni consultar a los locales. De ahí que ni los 16 mil soldados ni sus comandantes supieran el destino que les aguardaba. Y es que durante la temporada monzónica el fondo del valle se llenaba de lodo, el terreno se convertía en un pantano intransitable, y cada una de las bases quedaba aislada de las demás a lo largo de tres meses. Para colmo, al frente de la defensa de Den Bien Phu, Navarre puso al General Des Castries un experto en la lucha estilo Blitzkrieg (defensas móviles) cuando lo ideal hubiera sido un hombre docto en la guerra de trincheras (defensa estática).

A lo largo del mes siguiente, cerca de 50 mil guerrilleros vietnamitas rodearon las tres bases, y desde el resguardo de la jungla, analizaron detalladamente los movimientos y rutinas de sus enemigos. La llegada de las lluvias era la señal esperada y el 13 de Marzo a las 5:00 PM la artillería del Viet Minh abrió fuego sobre Beatrice, dañando la pista de aterrizaje y causando caos entre una guarnición que no esperaba a un enemigo dotado de artillería. Una hora y media más tarde un proyectil hizo blanco sobre el centro de comando y la base quedó acéfala. Con la caída de la noche llegó el turno de los guerrilleros que descendieron sobre la base matando cerca de 500 legionarios franceses. A la medianoche Beatrice había caído.

inservible. Ahora reforzar o pertrechar Dien Bien Phu tendría que hacerse por tierra –algo casi imposible dada la densidad de la jungla y lo pantanoso del terreno- o por paracaídas. A las 5:00 PM llegó el turno de Gabrielle. Usando un script idéntico al del ataque a Beatrice, el Viet Minh logró que para las 8:00 PM del día siguiente la base fuera abandonada. Anne Marie caería el día 17, pero no por los embates de la artillería o el ataque de la guerrilla, sino por obra de la propaganda. Defendida por tropas de la minoría étnica T’ai, el 16 de Marzo Anne Marie recibió un bombardeo de volantes propagandísticos donde la dirigencia del Viet Minh les conminaba a abandonar la base. A cambio, el Viet Minh prometía a los soladados T’ai dejarles pasar a través del terreno selvático sin atacarlos. Aterrados ante la perspectiva de sufrir la misma suerte de Gabrielle y Beatrice, los soldados T’ai aceptaron la oferta y, envueltos en la niebla de la madrugada, abandonaron la base el día 17.

Deprimido e incapaz de lidiar con la situación, Des Castries se encerró en su búnker varios días y no salió hasta finales de Marzo en que según algunos historiadores fue relevado en secreto por sus hombres y según otros, ordenó atacar las ametralladoras del Viet Minh. Independientemente de quién haya girado la orden, la operación fue un éxito que no sólo les dio a los soldados de Isabelle un respiro, sino que logró capturar o matar 350 soldados del Viet Minh. Pero los días de Isabelle también estaban contados y aunque la defensa fue heroica –pues a fines de Abril la base se quedó sin agua ni municiones- para el 7 de Mayo los 3 mil soldados que aún quedaban en Isabelle estaban rodeados por 25 mil guerrilleros del Viet Minh. La última transmisión radial recibida por los franceses en Hanoi fue: “el enemigo nos a dado alcance. Estamos dinamitando todo. Vive la France!”