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II. Surgimiento de la China Comunista

2. Mao y la Larga Marcha

La invasión japonesa de Manchuria en 1931 proporcionó un respiro a los comunistas de Jianxi. Cada vez más popular y carismático, Mao se afianzó en el liderazgo y tomó un par de decisiones que lo llevarían al poder dieciocho años más tarde. La primera determinación era ideológica: modificar el dogma marxista sustituyendo el reclutamiento del proletariado urbano por el campesinado rural. La segunda, una decisión militar: crear un ejército moderno capaz de disputarle el poder al Kuomitang.

A diferencia de la Inglaterra de Marx, China era, como la Rusia de Lenin, una sociedad campesina donde un 80% de la población vivía en el campo. Pero de mayor importancia para las ambiciones de Mao, el proletariado urbano vivía muy lejos del alcance del PCCH, en las ciudades costeras como Shangai donde el gobierno nacionalista y/o los europeos tenían el control. Marginado a las zonas rurales más pobres como Jianxi y pese a los esfuerzos de una dirigencia sumamente ortodoxa, el PCCH no podía ganar adeptos predicando una ideología pensada en las necesidades y relativa sofisticación de los trabajadores industriales.

En Jianxi (y en 80% de China) lo único que importaba a los millones de campesinos era la propiedad de la tierra, de ahí que -contra los deseos expresos de la dirigencia del PCCH- Mao comenzó a predicar la reforma agraria. El nuevo enfoque cayó en tierra fértil y no pasó mucho tiempo antes de que las filas del partido comenzaran a engrosar y Mao se alzara como el líder a seguir no sólo por sus ideas y carisma, sino por su capacidad de transmitir ideas complejas de manera sumamente sencilla (gran parte del pensamiento de Mao se compiló más tarde en el llamado “Pequeño Libro Rojo” de Mao. De lectura obligada para todo ciudadano chino hasta bien entrados los 90s, el librito ofrece una colección de aforismos y refranes atribuidos a Mao).

Sin la amenaza de una represión del Ejército de Chiang, Mao pasó de la teoría a la práctica otorgando a los campesinos de Jianxi pequeñas parcelas de cultivo. La medida catapultó al PCCH al estrellato político y muy pronto Mao estuvo en posición para acabar con aquellos de sus antiguos anfitriones y camaradas que discrepaban de sus medidas revolucionarias. Cerca de 186 mil opositores murieron en medio de torturas diseñadas por Mao con “fines revolucionarios y educativos” (léase acabar con el enemigo mediante castigos ejemplares que desalentaran nuevos desafíos a su poder). Confrontado por sus correligionarios sobre la crueldad de sus métodos Mao simplemente respondió: “la Revolución no es una cena de gala: no puede ser refinada, relajada, gentil, amable, templada, ni puede tener buenos modales, ser restringida o magnánima. Es un acto de violencia mediante el cual una clase social derroca a otra”.

Si la ambición y sangre fría para conducir la revolución lo hicieron invencible al interior del Partido, las técnicas de lucha militar lo harían un hueso difícil de roer para el ENR de Chiang. Y es que con los nuevos miembros y simpatizantes se presentó también la posibilidad de crear y entrenar un ejército propio. Pero el ejército de Mao carecía de la formación y disposición de un ejército regular. Así que Mao los organizó para una lucha guerrillera o, lo que en adelante sería conocido como la “guerrilla maoísta” una forma de lucha donde los soldados se confunden con la población civil (que les da asilo y los camuflajea) de tal modo que los guerrilleros pueden elegir el mejor momento y lugar para emboscar al enemigo. “Cuando te persigan, desaparece. Cuando el enemigo esté cansado, ataca. Cuando se retire, persíguelo.” Las tácticas no sólo rendirían frutos a Mao contra el ENR y los japoneses, sino que ha sido

empleada con éxito por los “ejércitos populares” para confrontar a un enemigo muy superior en hombres y tecnología desde las junglas del Vietnam hasta las montañas de Perú (Sendero Luminoso). El proyecto de consolidar la República Soviética de China y el Ejército Rojo mantuvo ocupado a Mao hasta 1934. Ese año, habiendo hecho las paces con la invasión japonesa de Manchuria, el gobierno del Kuomitang renovó sus intentos de acabar con los comunistas. Esta vez, la ofensiva tomó la forma de las Campañas de Exterminio y su blanco primordial era la provincia de Jianxi donde Mao había declarado la “República Soviética de China”. Aunque sin duda habían avanzado enormemente desde su llegada, las huestes de Mao aún no estaban a la altura del ENR de Chiang así que, de nueva cuenta los comunistas tuvieron que correr. Pero esta vez su refugio más próximo –Shaanxi- estaba a 6,500 Km de distancia en las montañas del Norte de China. La “Larga Marcha” como se conocería la huída de los comunistas a las montañas estaba destinada a convertirse en una leyenda clave del mito de Mao. Perseguidos por las fuerzas de Chiang, en Octubre de 1934, 80 mil comunistas emprendieron la fuga a través del terreno más agreste de China. Tras un año de caminatas y privaciones sólo 4 mil arribarían a su destino. Pero en el camino los comunistas de Mao dejaron algo más que los cuerpos de sus camaradas muertos: tras ellos se extendía una estela de admiración y un campo sembrado por las ideas revolucionarias del nuevo dirigente comunista.

Si bien poco glamorosa, la Larga Marcha se convirtió en la incontestable victoria propagandística de los comunistas. Como escribiría el propio Mao poco después de arribar a su destino: “La Larga Marcha es un manifiesto que ha proclamado al mundo que el Ejército Rojo está hecho de héroes, mientras que los imperialistas y sus perros mandaderos como Chiang Kai-Shek son impotentes. La Marcha ha proclamado su completo fracaso para rodearnos, perseguirnos, obstruirnos o interceptarnos. Es una fuerza de propaganda: le ha anunciado a 200 millones de personas en 11 provincias que el camino del Ejército Rojo es su única vía a la liberación”.

El aislamiento de Shaanxi donde otros ejércitos comunistas se unieron al de Mao en 1936, aunado al recrudecimiento de la conquista japonesa –que para 1937 se abalanzó a la conquista de China- resultó providencial para el futuro del PCCH. De nueva cuenta Chiang tuvo que frenar su campaña de persecución para dedicar sus fuerzas a luchar contra los Japoneses que amenazaban con apoderarse de todo el territorio de China.