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Decálogo de los sentidos

SENTIDOS Y ESPIRITUALIDAD

6. Decálogo de los sentidos

Terminemos este capítulo con una especie de síntesis de cuanto se dijo en forma de atenciones normativas para una ges- tión inteligente de los sentidos. Queremos de tal modo no exac- tamente resumir las páginas y análisis anteriores, sino subrayar los elementos que nos parecen más significativos para... no per- der los sentidos.

Y aunque "decálogo" es un término decididamente excesivo y un poco rimbombante, quisiéramos captar y hacer captar el ca- rácter obligatorio de estas indicaciones, que no son pues simples observaciones.

1. Los sentidos, mediación entre el hombre y la realidad, sir- ven sólo si... están vivos, reactivos, cada uno según su pro- pia funcionalidad, y todos sensibles a lo que atrae o debería atraer por naturaleza al ser humano, es decir, lo verdadero, lo bello y lo bueno. Tanto más nuestros sentidos estarán bien cuanto más dispongan de un umbral perceptivo bajo para captar la verdad, la belleza y la bondad aun cuando estén presentes en dosis... mínimas ("el susurro de la brisa ligera") u ocultas o mezcladas con su contrario, o casi

80 Cf. BIANCHI, E. "Ha ancora senso", op. cit.

sofocadas por éste. Los sensores de nuestros sentidos han de estar siempre prendidos.

2. En especial, la vitalidad de los sentidos humanos se de- muestra por su capacidad de asombro y admiración. En cierta manera nuestros sentidos deberían permanecer siempre niños, para descubrir en la realidad que se ha de ver, sentir, oler, tocar y gustar... siempre algo nuevo y cada vez más verdadero, bello y bueno (y rechazando lo que a ello se oponga). El asombro viene favorecido por el ejer- cicio acorde y simultáneo de los sentidos mismos, pero es también lo que activa los sentidos y abre los ojos del corazón.

3. Cada sentido tiene su propia función insustituible respecto a la realidad, aunque exista cierta posibilidad de compen- sación (el invidente, por ejemplo, desarrolla a menudo una importante capacidad auditiva y viceversa). Pero la relación con el objeto es plena sólo gracias a una acción convergente de todos los sentidos81, como fruto de una fun-

cionalidad sensorial total, porque sólo entonces la realidad, de las personas y de las cosas, es captada en su integridad y en sus diversos aspectos y estímulos. Es sólo la totalidad sensorial subjetiva la que permite tener acceso a la totalidad objetiva, es decir, a la posibilidad de una relación auténtica con el objeto en su integridad. También en las cosas de la fe82.

4. Los sentidos humanos siempre van entendidos y dife- renciados como sentidos externos y sus correspondientes

81 Ver el concepto de "relación objetiva total" de Kernberg, donde "todo" el sujeto,

con todas sus potencialidades, no sólo sensoriales, encuentra "todo" el objeto, tomándolo o recibiéndolo en su realidad, positiva y menos positiva (cf. KERNBERG, O. Op. cit.).

82 Un ejemplo muy bonito, para el creyente, es cuanto dice Juan acerca de su propia

experiencia de fe: "Lo que estaba en principio, lo que oímos, lo que vimos con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos del Verbo de la vida..., lo anunciamos a ustedes" (ljn 1, 1-3).

sentidos internos. Entre ellos existe una relación de recipro- cidad causal: los primeros alimentan a los segundos, pero son los segundos los que motivan y controlan a los prime- ros. Todo esto normalmente, pero también aquí funciona el principio de la colaboración entre los sentidos, junto con una relativa autonomía de los sentidos internos: el in- vidente, del que hablamos antes, es muy probable que sea ayudado a "ver" (con su sentido interno de la vista) por los otros sentidos, del oído al tacto, sin depender de manera absoluta y fatal de su vista externa83. ¡Cuántos invidentes

tienen una "vista interior" muy superior, por agudeza y profundidad, a los que ven normalmente!84.

5. Los sentidos son pues educables: el ojo es capaz de ver, pero se le educa y forma a querer y escoger ver lo que sea bello y verdadero y a aprender a gozar de esto y conmoverse. Los sentidos, desde este punto de vista, deben llegar a ser adultos. Extraño, pero es posible, estar allí con los años y encontrarse con sentidos aún niños.

83 Es lo que relata, de manera sólo aparentemente ingenua, esta breve historieta: "Un

niño, al ver cada sábado a un ciego delante de la puerta del templo, luego de haberle dado la limosna, le preguntó: "¿Desde cuándo eres ciego?". "Desde el nacimiento". "¿En qué trabajas?". "En la astrología". "¿Cómo así? ¿No eres ciego?". "Sí. Pero me detengo con gusto a mirar todas las estrellas del inmenso cielo que llevo dentro de mí. ¿Por qué no lo intentas también tú?" (MAZZI, A. Leparabole di un Pierino. Turín-Leumann, 2009).

84 San Fulgencio de Ruspe comenta así la conversión de Pablo en Damasco: "Saulo

fue llevado al camino de Damasco para que se volviera ciego, para que al no ver lograra ver el verdadero camino (Jn 14, 6)... Él pierde la vista de los ojos, pero su corazón es iluminado a fin de que aparezca la verdadera luz a los ojos del corazón y a los del cuerpo..."

(Discurso atribuido a san Fulgencio de Ruspe, n° 59, apéndice; PL 65, 929). Y es también la experiencia del teólogo Laurentin: "Al cabo de seis años me he vuelto ciego. Es una experiencia inimaginable, reveladora de problemas profundos y desconocidos. La ceguera excluye, con múltiples interrupciones de comunicación, no sólo del espacio y de la luz - tan naturales para todos- sino también de la sociedad. De lo cual derivan profundos malentendidos de una y otra parte, malentendidos que el ciego percibe conscientemente y que el vidente ignora. No se ven recíprocamente: el ciego por carencia de vista, el vidente por olvido y marginación. ¿Cómo hacer para que se tenga conciencia fructuosamente de este hecho? ¿Cómo hacer para superar esta interrupción de comunicación, para construir un puente sobre ese abismo?... De manera más radical: "¿Qué es la luz?" (LAURENTIN, R. "Presentazione". En:Nel buio oltre la luce. Cinisello Balsamo, 2011).

6. De manera más especial son dos los dinamismos del pro- ceso pedagógico del desarrollo de los sentidos: el primero es el educativo-ascético, mediante el cual los sentidos son mantenidos bajo control y eventualmente "mortificados" para no favorecer la atracción hacia aquello que no esté en línea con la verdad-identidad del sujeto. El segundo es el dinamismo formativo-estético, que apunta hacia la forma- ción verdadera de los gustos y sabores sensoriales en línea con lo que el individuo está llamado a ser, con la verdad y belleza de su yo ideal. Obvio que se trata de un proceso de formación permanente, arduo y no tan espontáneo, que ha de durar toda la vida. Quien tenga el valor de llevarlo a término experimentará la libertad que nace de la verdad. 7. Los sentidos son una mediación preciosa e indispensable de

la vida, en una doble dirección: por un lado, son el puente hacia la realidad que nos rodea; por otra, pueden ponernos en comunicación con el misterio de la vida humana, con su significado más profundo, con lo que no se ve ni se siente o se toca inmediatamente, pero que contiene e indica la verdad. Las direcciones no son paralelas, pero están desti- nadas a encontrarse. Gracias a los sentidos.

8. Así que es importante vigilar los propios sentidos, prestar atención a su ejercicio, a hábitos y automatismos sensoria- les, a los gustos y sabores que de ellos derivan, sin actitudes que sean rigoristas o permisivas, ni dejando los sentidos a sí mismos, porque cada uno es responsable de la forma- ción de sus propios sentidos. Nadie, pues, puede autojus- tificarse con el trivial "así fui hecho" para absolver toda conducta85. Así como no se puede confundir la cantidad

85 El sociólogo alemán Falko Blask considera que esta actitud falta de responsabilidad

es típica de cierta generación juvenil actual, cuyas otras características serían el bajo cociente

intelectual y emotivo y la indiferencia egocéntrica. Sería la "generación Q", la generación del "Qaos" (BLASK, F. Q como caos. Una ética de la inconsciencia para las nuevas generaciones. Milán, 2000).

de la alimentación de los sentidos con su calidad: el bom- bardeo sensorial de nuestros días no necesariamente es una buena alimentación, por el contrario, podría llevar, y de hecho está llevando, a una hipertrofia y luego pérdida de los sentidos, además de una pérdida de la capacidad de atención.

9. Los sentidos tienen buena memoria, cada una de sus ope- raciones así no sea querida explícitamente y no controlada o considerada menos importante, permanece con todo, impresa y registrada, en algún circuito neurológico-psico- lógico, y por lo tanto tiende a repetirse. Por eso, si no toma una cierta vigilancia inteligente, llega luego a ser cada vez más difícil corregir ciertas deformaciones.

Contrariamente a lo que se piensa, y a como ha sido vivido en algunas épocas de la historia, el cristianismo es la glorificación de los sentidos: "Felices sus ojos porque ven y sus oídos porque oyen"86. Más aún, el

mismo Dios de los cristianos tiene un rostro y sentidos que lo hacen especialmente cercano al hombre: por lo tanto, más feliz todavía quien entra en contacto con los sentidos de Dios, porque poco a poco tendrá los mismos sentimientos divinos, ¡su misma sensibilidad!

10. Los sentidos "crean" sensibilidad, en efecto, o la determi- nan en buena parte o influyen en ella, manifestándola. Es lo que veremos en los dos siguientes capítulos.