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1.3 CONCEPCIONES DOCTRINALES

1.3.2 Derecho Penal

1.3.2.2 Deontología jurídica

Se considera como una rama principal de la filosofía que trata de la ética y moral del profesional de derecho y como el abogado debería proceder en su vida diaria con sus clientes.

Esto nos permite como futuros abogados tener un perfil profesional adecuado, enmarcados en una tendencia horada, integrada, decente, y correcta, para interactuar y servir a la sociedad de manera justa, que satisfaga a la humanidad y a nosotros mismos el hacer cumplir el derecho.

“Puede consistir en bajarle la pena considerablemente, en concederle inmunidad o remisión total de la pena y, además, en otorgarle protección” (CUEVA CARRIÓN, 2017).

Como servidores profesionales debemos luchar, proteger y garantizar los derechos que son vulnerados, trabajando de forma justa en defensa de la paz y un desarrollo basándonos en nuestro decálogo del abogado.

1.3.2.3 ¿Por qué es importante la Deontología Jurídica?

La respuesta es simple, porque nadie puede vivir sin moral, sin reglas éticas que midan nuestras acciones, que basemos nuestros valores aprendidos desde pequeño, como bien sabemos existen otras ramas que no son de derecho, como por ejemplo médicos o psicólogos que guardan secretos profesionales, actuando con fiabilidad y profesionalismo.

En caso de no existir este secreto profesional podrá ser sancionado de acuerdo a nuestro Código Orgánico Integral penal en su Art. 179 será sancionado de seis meses a un año de pena privativa de libertad.

La Deontología tiene varios principios básicos los cuales son:

1) Conciencia moral: encuentra los valores éticos del profesional en medio de un proceso con su cliente.

2) Equidad y justicia: el jurista debe procurar ser lo más transparente y justo posible que no exista duda alguna sobre su labor diario.

3) Independencia: cada profesional del Derecho tiene el libre albedrio de actuar bajo su libre albedrio siempre que respete las normas jurídicas establecidas.

4) Responsabilidad: cada acto o decisión debe ser tomada de forma segura respetando el debido proceso, siendo responsable de las consecuencias jurídicas que pueda tener.

5) Veracidad y lealtad: ser gratamente leal con nuestros clientes, diciéndoles las consecuencias jurídicas que conlleva cada acto que se va a realizar, no dando falsas esperanzas o expectativas

6) Confidencialidad: respetar la confianza existente entre abogado y cliente, sin divulgar sus secretos.

La principal razón de la rama de Derecho es la justicia, ya que existe una estrecha concordancia entre las dos, puesto que la justicia nace del ius que

significa derecho, es justo considerar que un buen abogado debe acoplarse a las exigencias de su protegido, sin embargo, no todos los juristas actúan de forma íntegra, existen profesionales que operan de mala fe llenando a sus clientes de falsas expectativas y al término del proceso llevándose decepciones y resultados desfavorables, recordemos que es un privilegio ser abogado y un deber moral respetar y velar por lo interese por el cual se le contrato.

Algunos juristas dicen que los abogados son considerados como soldados de la justicia, ya que portan en sus hombros la defensa perfecta para buscar un ambiente justo y verdadero, donde los poderes del Estado no afecten directamente en contra de los bienes tutelados por cada persona y existan mecanismos para un proceso transparente.

La correcta aplicación de los principios deontológicos es totalmente necesario en el día a día al momento de ejercer la profesión, ya que, si el jurista no aplica estos valores éticos son expuestos a una infinidad de seudónimos como tinterillos, ladrones con corbata, coyotes entre otros y esto se da porque algunos juristas realizaron trabajos con sus clientes sin moral, actuando con deslealtad y mala fe.

Desde la antigüedad vemos que la necesidad de la ética en casi todos los ámbitos de la vida humana, pero de modo especial en el ámbito jurídico: corrupción, robos, violaciones, homicidios, delitos de cuello blanco, fraudes, impunidad que contravienen el derecho, que alguien ha descrito con acierto, como el mínimo de ética exigible, estaría destinado a, de algún modo, restaurar el orden y la armonía en la sociedad. Pero si el derecho en su aplicación se corrompe, el caos es mayor, y se hace más urgente recurrir de nuevo a la ética para romper el círculo vicios y que se propicie, al menos, la aplicación justa y equitativa del derecho.

El libre profesionalismo que se ha demostrado en los últimos años deja muchos errores y cosas inciertas, dando motivos de desconfianza en sus clientes que buscan una solución rápida y eficaz, que tienen a perder la calma por la manera más despreocupada con la que llevan sus casos, por motivos como estos pierden credibilidad y en muchos de los casos hasta la plaza de trabajo.

La anhelada armonía de la sociedad no llegara, puesto que, de ser el caso, los profesionales de esta rama ya no tendrían de que subsidiarse, digamos que los conflictos son la base de un jurista.

Desde que el individuo tiene uso de razón comienza actuar bajo la presión de las normas llamadas deberes que lo conducen a hacer aquello que la sociedad ha impuesto en bien de los intereses colectivos y particulares. Puede, entonces, entenderse como cumplimiento del deber, el hecho de relacionarse con lo que uno debe o no debe hacer. El individuo está involucrado con estos deberes a tal punto que llega a vivir en función de ellos; y es con su cumplimiento cuando se le considera como una persona honesta y virtuosa. Así, la persona es buena y actúa correctamente, solo cuando cumple con las tareas y obligaciones que deber hacer (MASCIA, 2011).

Las normas son el pilar básico para regular a una sociedad, las personas carentes de ética y moral son los principales conflictos que burlan las leyes y pasan por encima de ellas, los juristas aprovechan este tipo de situaciones, estableciendo soluciones verídicas.

Es constructivo analizar porque la deontología jurídica es materia en la formación de un abogado, esta asignatura enseña desde el primer momento a tener conciencia integra, una ética profesional y un valor llamado moral de hacer lo correcto, los justo, donde los conocimientos sean a base del éxito de cada profesional.

Tanto el buen nombre como el honor y la honra de las personas, son derechos fundamentales, instituidos en razón de la dignidad del ser humano, en orden a preservar el respeto a esos valores de tanta trascendencia para cada individuo y su familia, deben la Sociedad, el Estado, y los particulares, respetarlos (GARCÍA FALCONI, 2014).

Platón, al referirse a los abogados dice: “Si la justicia es virtud, litigar deber ser una cosa buena, aunque se encuentre desacreditada por un azote que se ha puesto el bello nombre de arte y que en primer lugar admira que existe un procedimiento para pleitear y que este arte como tal y el modo de argumentar que de ella nace pueden serle dados a cualquiera que a cambio de ellos dé

dinero. La Deontología jurídica exige que el abogado actué con su cliente de la manera más recta posible, comportándose siempre en forma veraz y oportuna, velando por los intereses de este. Entre las más comunes exigencias éticas para el abogado esta: la honestidad, el secreto profesional, el cual exige no revelar las confidencias que se le cuentan de manera profesional.

Como servidores profesionales debemos luchar, proteger y garantizar los Derechos que son vulnerados, trabajando de forma justa en defensa de la paz y un desarrollo tranquilo basándonos en nuestro decálogo del abogado.

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