ENCONTRAR CAMINOS
DEPÓSITOS REINTEGROS SACRIFICIO NECESARIO PRINCIPIOS INTERIORIZADOS
Procurar primero entender Procurar primero ser entendido Impaciencia, ego, prioridades propias
Comprensión mutua Mantener las promesas Romper promesas Estados de ánimo,
sentimientos, emociones, tiempo
Integridad/ejecución
Honestidad, franqueza Manipulación sutil Ego, arrogancia, control Visión/valores, integridad/ejecución, comprensión mutua Detalles, atenciones No tener detalles, no
prodigar atenciones
Uno mismo, tiempo, percepciones, estereotipos, prejuicios Visión/valores, integridad/ejecución Pensar en ganar/ganar o no hay trato Pensar en ganar/perder o perder/ganar
«Ganar significa "derrotar"», competitividad
Respeto/beneficio mutuo Clarificar las expectativas No cumplir las expectativas Comunicación estilo
«adulación»
Respeto/beneficio mutuo, comprensión mutua, cooperación creativa, renovación Lealtad a los ausentes Deslealtad, duplicidad Algo de aceptación social,
consuelo
Visión/vaíores, integridad/ejecución Disculpas Orgullo, vanidad, arrogancia Ego, arrogancia, orgullo,
tiempo
Visión/valores, i ntegri da d/ejecuci ón Recibir información y
transmitir mensajes de «Yo»
No recibir información y transmitir mensajes de «Tú»
Ego, arrogancia, orgullo, comunicación reactiva
Comprensión mutua
Perdón Guardar rencor Orgullo, estar centrado en
uno mismo
Visión/valores, integridad/ejecución
Tabla 4
¿Cuál es la segunda característica común de los depósitos? Me atrevo a proponer que es la ausencia de egoísmo y la presencia de
humildad. Es la buena disposición para subordinarse a otra persona,
principio o causa mayor. Es darse cuenta de que la vida no sólo es yo y lo mío; empleando las palabras del filósofo Martin Buber, es «yo y tú», sentir una profunda reverencia por la valía y el potencial de cada persona.
La autoridad moral, la confianza y la vinculación afectiva pueden evaporarse con el tiempo si no se realizan continuos depósitos, sobre todo con las personas que trabajan y viven todo el tiempo con noso- tros. Sucede así porque sus expectativas son mucho mayores. A me- nudo, con las personas que llevamos años sin ver, es posible reanudar la relación donde la habíamos dejado. Se restablece de forma inme- diata la confianza, la vinculación afectiva y el amor, porque, sencilla- mente, las expectativas no contemplan depósitos constantes.
Autoridad moral: El ejercicio de la libre elección basado en sólidos principios, lo que casi siempre implica algún tipo de sacrificio.
LA VOZ Y LA RAPIDEZ DE LA CONFIANZA 191 Una tercera característica común es que, como casi todo lo que merece la pena en la vida, exige un sacrificio (recuerde: una buena de- finición de sacrificio es renunciar a algo —incluso a algo bueno— por algo mejor).
Si el lector ya está familiarizado con la cuenta bancaria emocio- nal, le invito a considerarla ahora con nuevos ojos y abrirse a nuevos elementos adicionales que le permitirán encontrar su voz e inspirar a los demás para que encuentren la suya. Habrá observado que cada de- pósito representa una opción para utilizar sus dones de nacimiento en un esfuerzo encaminado a sacrificar un hábito personal ineficaz y sustituirlo por una acción que infunda autoridad moral en las rela- ciones con los demás.
/-— \
Ningún sistema puede dominar por mucho tiempo las lealtades de los hombres y las mujeres si no espera de ellos ciertas medidas de
disciplina y, particularmente, de autodisciplina. Puede tener un alto coste en comodidad. Puede exigir un verdadero sacrificio. Pero esta realidad muy exigente es la esencia de donde emana el
carácter, la fuerza y la nobleza. La permisividad nunca genera grandeza. La integridad, la lealtad y la fuerza son virtudes con unos músculos que se desarrollan con las luchas internas que
acompañan a la práctica de la autodisciplina, con los requerimientos de una verdad que habla de forma sublime.*
GORDON B. HINCKLEY
Procurar primero entender
¿Por qué Procurar primero entender debería ser el primer depósito? Por una sencilla razón: no se sabe lo que significa un depósito para otra persona hasta que no se la comprende desde su marco refe- rencial. Lo que para usted puede ser un depósito de alto nivel puede ser un depósito de bajo nivel para otra persona o, incluso, un reinte- gro. Lo que puede ser una promesa importante para usted, puede ca- recer de importancia para otra persona. Su manera de expresar honestidad, franqueza, amabilidad y cortesía puede percibirse de for- ma completamente distinta cuando otros lo ven a través de sus parti- ülares filtros culturales o personales. Aunque los principios subya- centes a cada depósito son válidos para todas las situaciones, exigen
ornprender a los demás desde su marco referencial para saber cómo aplicar la práctica de forma específica.
1 9 2 ■ EL 8° HÁBITO
Tras haber aprendido la idea de realizar depósitos en la cuenta bancaria emocional, una mujer decidió ponerla a prueba. Esto es lo que me contó sobre la experiencia:
Decidí que iba a mejorar la relación con mi marido haciendo algo especial para él. Me imaginé que tener a los niños vestidos con ropa lim- pia cuando llegara a casa y hacer la colada más rápido le haría real- mente feliz.
Tras dos semanas de ser la Mujer Superlavadora sin recibir ninguna respuesta por su parte —y quiero decir «ninguna»; me parece que ni si- quiera se enteraba de nada—, empecé a sentirme un poco harta. «No va- le la pena», pensé. Entonces, de repente, cuando se fue a acostar una no- che entre sábanas limpias sin percatarse de ello, se me encendió la bombilla. «Oh, Dios, le importa un rábano que Zac tenga la cara limpia o lleve unos vaqueros limpios. Eso es lo que me hace feliz a mí. Seguro que le gustaría más que le rascara la espalda o que organizara una cita para la noche del viernes.» ¡Me hubiera dado de tortas! Ahí estaba yo, matándome por la colada y haciendo todos esos depósitos que no signi- ficaban nada para él.
Aprendí una verdad muy sencilla de un modo muy laborioso: un de- pósito debe significar algo para la otra persona.
He vivido innumerables experiencias propias con la poderosa ca- pacidad de intentar comprender a otro. Nunca olvidaré cuando un ejecutivo de alto nivel, muy prestigioso, me invitó a aportar mi análi- sis y recomendaciones sobre la elección de un nuevo rector universi- tario. Fue una de las experiencias comunicativas más profundas que he vivido nunca. Salió de su despacho para entrar en la sala que había afuera, donde yo le estaba esperando. Tras saludarme, me hizo pasar gentilmente a su despacho y me sentó justo a su lado, enfrente de la mesa, donde podía hablar mirando directamente a los ojos, sin nin- guna estructura física entre nosotros. Básicamente, me dijo: «Ste- phen, muchísimas gracias por venir. Estoy deseoso de comprender lo que quieras que comprenda».
Me había estado preparando para esta visita durante un considera- ble período de tiempo y había desarrollado un esbozo de mi presenta- ción. Le entregué una copia y lo fue examinando lentamente, punto por punto. No me interrumpió, excepto para hacerme algunas preguntas de tipo aclaratorio. Me estuvo escuchando de un modo tan atento y com- pleto que, cuando concluyó la presentación de treinta minutos, me sen- tí totalmente comprendido. No hizo absolutamente ningún comenta- rio, ni de aprobación, ni de discrepancia, ni de transigencia, sino