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DEPORTACIONES A CHELMNO

In document Enciclopedia Del Holocausto (página 80-111)

Las SS y la policía efectuaron operaciones de exterminio en Chelmno desde el 8 de diciembre de 1941 hasta marzo de 1943, y luego hicieron lo mismo en el campo del bosque por un breve periodo entre junio y julio de 1944. Desde comienzos de diciembre

de 1941 hasta mediados de enero de 1942, las SS y la policía deportaron a judíos en camiones desde ciudades y localidades cercanas; los primeros transportes incluyeron judíos de Kolo, Dabie, Sompolno, Klodowa, Babiak y Kowale Panskie.

Desde mediados de enero de 1942, las SS y las autoridades policiales deportaron a Chelmno a judíos que viajaban hacinados en trenes de carga desde el ghetto de Lodz. Estos transportes incluían a judíos previamente deportados a Lodz procedentes de Alemania, Austria, Bohemia, Moravia y Luxemburgo. Durante todo 1942, las SS y la policía continuaron deportando a judíos de la región del distrito de Wartheland a Chelmno, donde eran asesinados. También fueron víctimas del campo de exterminio de Chelmno varios cientos de prisioneros de guerra polacos y soviéticos. Entre las

primeras víctimas del campo también se encontraban muchos de los 5.000 romaníes (gitanos) que en 1941 habían sido deportados desde Austria y encerrados en el ghetto de Lodz.

Después de haber exterminado a casi la totalidad de los judíos que residían en el

distrito de Wartheland (además de los que quedaban en el ghetto de Lodz), en marzo de 1943, las SS y la policía pusieron fin a los transportes a Chelmno. Obligaron a los últimos sobrevivientes del destacamento especial judío de trabajos forzados a demoler la casa señorial y los hornos al aire libre que se encontraban en el campo del bosque y luego los fusilaron. Pero en junio de 1944, los alemanes reiniciaron las deportaciones a Chelmno para facilitar el exterminio del ghetto de Lodz. El Destacamento Especial Bothmann de las SS volvió al campo del bosque y supervisó las nuevas operaciones de exterminio. Después de pasar una noche en la ciudad de Chelmno, las víctimas de 1944 eran llevadas al campo del bosque, donde las autoridades del campo habían construido dos cabañas de recepción y dos hornos al aire libre. Los oficiales de las SS y de la policía vigilaban a los judíos mientras se desnudaban y entregaban sus objetos de valor, y luego los mataban por asfixia en un furgón de gas o los fusilaban. Desde mediados de julio de 1944, las SS y la policía deportaron a Auschwitz-Birkenau al resto de los habitantes del ghetto de Lodz.

A comienzos de septiembre de 1944, un grupo de prisioneros judíos, supuestamente traídos de fuera del distrito de Wartheland, fue obligado a exhumar y cremar los cadáveres que quedaban en las fosas comunes de Chelmno, como parte de la Operación 1005 y para eliminar cualquier prueba de las operaciones de exterminio. Una vez finalizado este trabajo en noviembre de 1944, las SS y la policía fusilaron a alrededor de la mitad de los 80 hombres del destacamento. Los alemanes abandonaron el campo de exterminio de Chelmno el 17 de enero de 1945, ya que las tropas soviéticas se

aproximaban. Las SS asesinaron al menos a 152.000 personas en Chelmno entre diciembre de 1941 y marzo de 1943 y en el periodo de junio y julio de 1944.

CHIUNE (SEMPO) SUGIHARA

Chiune Sugihara, cónsul general japonés en Kovno, Lituania, quien entre julio y agosto de 1940 emitió más de 2.000 visas de tránsito para refugiados judíos. Helsinki,

Finlandia, 1937–1938.

— US Holocaust Memorial Museum

Chiune (Sempo) Sugihara, nacido el 1 de enero de 1900, fue el primer diplomático japonés enviado a Lituania. Nació en el seno de una familia de clase media de Yaotsu, en la Prefectura de Gifu, en la isla japonesa principal de Honshu, al norte de Nagoya. A veces también se conoce a Sugihara como “Chiune”, una interpretación anterior de la grafía japonesa para “Sempo”, parte de su nombre formal.

Sugihara se recibió del exclusivo Harbin Gakuin, un centro de capacitación japonés para expertos en la Unión Soviética. Como director del Ministerio de Asuntos

Exteriores en Manchukuo, un estado títere que Japón había establecido en Manchuria bajo supervisión japonesa, Sugihara negoció la compra del ferrocarril del norte de Manchuria a la Unión Soviética en 1932.

Como Sugihara hablaba ruso con fluidez, los japoneses lo enviaron a Kovno, la capital de Lituania, en noviembre de 1939. Había aprendido el idioma de emigrantes rusos durante 16 años en Harbin, Manchuria. Se le ordenó que proporcionara a Japón información de inteligencia sobre los movimientos de las tropas soviéticas y alemanas en la región báltica.

Sugihara también intercambió información con miembros de organizaciones

clandestinas polacas en Lituania y emitió para ellos visas para el tránsito por Japón en 1940. Reconoció la urgencia de la situación de Lituania después de la ocupación de las fuerzas soviéticas en junio de 1940 y la ola de arrestos por parte de la policía secreta soviética que la acompañó. Es posible que Sugihara también haya comprendido que, con Europa occidental sumida en la guerra, la mejor vía de escape para los refugiados de Lituania era una ruta oriental por la Unión Soviética hacia Japón.

En el verano de 1940, cuando los refugiados llegaron con visas falsas para Curazao y otros territorios holandeses en América, Sugihara decidió facilitar su escape de la Europa devastada por la guerra. Como no había recibido instrucciones claras desde Tokio, concedió visas de 10 días para el tránsito por Japón a cientos de refugiados que tenían visas con destino a Curazao. Antes de dejar su consulado en el otoño de 1940, Sugihara incluso dio visas a los refugiados que no tenían documentos para viajar.

Después de que Sugihara emitió unas 1.800 visas, recibió un cable desde Tokio que le recordaba: “Debe asegurarse de que ellos [los refugiados] hayan terminado el

procedimiento correspondiente para las visas de ingreso y de que tengan dinero suficiente para viajar o para su estadía en Japón. De lo contrario, no debe darles la visa de tránsito”.

Como respuesta al cable, Sugihara admitió haber emitido visas a personas que no habían terminado todos los trámites necesarios para las visas de destino. Explicó las circunstancias atenuantes: Japón era el único país de tránsito disponible para los que iban en dirección a los Estados Unidos, y sus visas eran necesarias para salir de la Unión Soviética. Sugihara sugirió que a los viajeros que llegaran al puerto soviético de Vladivostok con la documentación incompleta no se les debería permitir subir a bordo de un barco con destino a Japón. La respuesta que llegó desde Tokio fue que la Unión Soviética insistía en que Japón cumpliera con todas las visas ya emitidas por sus consulados.

Cuando Sugihara se fue de Lituania, ya había emitido visas a 2.140 personas. Estas visas cubrieron también a otras 300 personas aproximadamente, en su mayoría niños. Sin embargo, no todos los que tenían visas pudieron irse de Lituania antes de que la Unión Soviética dejara de otorgar visas para la salida.

Sugihara se fue de Lituania a principios de septiembre de 1940. Los japoneses lo trasladaron a Praga en Bohemia y luego a Bucarest, Rumania, aliado de Alemania, donde se quedó hasta el final de la guerra. Durante la victoriosa marcha del ejército soviético por los Balcanes en 1944, los soviéticos arrestaron a Sugihara junto con otros diplomáticos de naciones enemigas. Las autoridades soviéticas los retuvieron a él y a su familia, en buenas condiciones, durante los tres años siguientes. Cuando Sugihara regresó a Japón en 1947, el Ministerio de Asuntos Exteriores lo jubiló con una pequeña pensión, como parte de una gran reducción de personal establecida durante la

Sugihara tuvo varios trabajos después de la guerra, entre ellos uno para una empresa industrial japonesa en Moscú desde 1960 hasta 1975. Un año antes de su muerte en 1986, Yad Vashem, la Autoridad Nacional para el Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto en Jerusalén, honró a Sugihara con el título “Justo entre las naciones” por su ayuda a los refugiados en Lituania durante la Segunda Guerra Mundial.

COLABORACIÓN

Miembros de la Guardia Hlinka marchan en Eslovaquia, un estado satélite nazi. Fecha incierta.

— Czechoslovak News Agency

En Europa, el antisemitismo, el nacionalismo, el odio étnico, el anticomunismo y el oportunismo indujeron a ciudadanos de los países ocupados por Alemania a colaborar con los nazis en el genocidio de los judíos de Europa. Esa colaboración fue un elemento crucial de la "solución final". Los colaboradores cometieron algunas de las peores atrocidades del Holocausto.

Una serie de aliados alemanes (los países del Eje) cooperaron con los nazis

promulgando y haciendo cumplir leyes antisemitas y ayudando en la deportación de judíos a campos de exterminio. En los estados aliados de Alemania, las organizaciones paramilitares fascistas aterrorizaron, robaron y asesinaron a judíos locales, tanto por indicación alemana como por iniciativa propia. La Guardia Hlinka de Eslovaquia, la Guardia de Hierro de Rumania, los Ustasha de Croacia y la Cruz Flechada de Hungría fueron responsables de las muertes de miles de judíos en su territorio nacional. El gobierno croata pronazi de los Ustasha construyó sus propios campos de

concentración. A fines de 1941, dos tercios de los judíos de Croacia (más de 25.000) fueron deportados a los campos. La mayoría fueron asesinados al llegar. Los croatas también mataron al menos a unos 250.000 serbios.

Los regímenes colaboracionistas de Italia y Hungría no entregaron judíos para

deportarlos hasta que Alemania ocupó esos países. Bulgaria cooperó con los nazis en la deportación de judíos extranjeros, pero no deportó a los judíos que tenían ciudadanía búlgara. La policía y las unidades militares rumanas asesinaron tanto a judíos rumanos deportados como a judíos ucranianos de la Ucrania bajo ocupación rumana, pero se negaron a deportar a judíos de la propia Rumania.

Además de los países del Eje, muchas personas de los países ocupados por los nazis colaboraron con los nazis. Los colaboradores bálticos y ucranianos desempeñaron un papel particularmente importante en el asesinato de judíos de Europa oriental. Muchos sirvieron como guardias en los campos de exterminio y estuvieron involucrados en el gaseo de cientos de miles de judíos. Lituanos, letones, estonios, bielorrusos y

ucranianos formaron espontáneamente grupos que la policía y las SS alemanas luego organizaron. Estas unidades se convirtieron en auxiliares de policía despiadados y confiables que apoyaron a las SS y la policía alemana en la masacre de cientos de miles de judíos en la Unión Soviética bajo ocupación.

El gobierno francés de Vichy cooperó con los nazis promulgando el Statut des Juifs (Ley de los judíos), que definía a los judíos por su raza y restringía sus derechos. Las

autoridades de Vichy también colaboraron activamente estableciendo campos de reclusión en el sur de Francia, arrestando a judíos extranjeros y franceses y ayudando en la deportación de judíos (principalmente judíos extranjeros que residían en Francia) hacia los campos de exterminio de la Polonia ocupada.

Tras la invasión alemana de Noruega en abril de 1940, Vidkun Quisling, un fascista noruego, se proclamó primer ministro. Los alemanes rápidamente se desilusionaron de él y establecieron su propia administración, pero en ocasiones lo usaban como figura decorativa. La policía y las formaciones paramilitares noruegas ayudaron a las SS y a las unidades de la policía alemana en la deportación de judíos a Auschwitz-Birkenau.

La colaboración de los países del Eje y de los gobiernos pronazis fue esencial para que los nazis implementaran la "Solución final". La policía y los gobiernos pronazis

ayudaron en el arresto y la deportación de judíos a campos de exterminio, participaron activamente en la matanza de judíos y en muchos casos cometieron atrocidades contra sus conciudadanos judíos dentro de sus propias fronteras nacionales.

¿CÓMO ENJUICIAR CRÍMENES SIN PRECEDENTES?

El Tribunal Militar Internacional fue convocado conjuntamente por los gobiernos aliados vencedores. Detrás de los jueces, se ven las banderas de la Unión Soviética, Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia.

— National Archives and Records Administration, College Park, Md.

El Holocausto fue un crimen sin precedentes compuesto de millones de asesinatos, encarcelamientos ilegales, torturas, violaciones, robos y destrucción. En las secuelas

inmediatas del Holocausto, el mundo se enfrentaba a un desafío: cómo procurar justicia para un comportamiento criminal que alcanzaba dimensiones casi imposibles de imaginar. El Tribunal Militar Internacional (IMT) que tuvo lugar en Núremberg, Alemania, intentó abordar este inmenso desafío sobre una base legal. El año 2005 marca el 60.º aniversario del Tribunal Militar Internacional, el cual fue un hito en la justicia internacional. La conmemoración de este aniversario coincide con numerosas atrocidades cometidas en el mundo actual; crímenes que nuevamente nos desafían a preguntarnos: ¿podrá alguna vez hacerse justicia?

La Alemania nazi planificó e implementó el Holocausto al amparo de la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto se creó el Tribunal Militar Internacional, un juicio para los crímenes de guerra. El Tribunal Militar Internacional no fue una corte convocada para imponer condenas por el Holocausto solamente. El Tribunal se constituyó para documentar y enmendar los crímenes cometidos durante el conflicto más masivo que el mundo haya conocido jamás.

En el lenguaje legal del Tribunal Militar Internacional, el Holocausto fue “un crimen contra la humanidad”. Convocado pocos meses después de finalizada la guerra, desde el 20 de noviembre de 1945 hasta que se dictó la sentencia el 1 de octubre de 1946, el tribunal de Núremberg sentó precedentes: en el derecho internacional, en la

documentación de registros históricos y en la intención de comenzar de alguna manera, nunca suficiente, la búsqueda de la justicia.

¿CÓMO SE DEFINIERON LOS CRÍMENES?

“Nunca antes en la historia jurídica se hizo el esfuerzo de reunir en el ámbito de un único litigio los acontecimientos de una década, que afectan a todo un continente e involucran a muchas naciones, incontables individuos e innumerables hechos”. Robert H. Jackson, fiscal principal estadounidense

Hoy la legislación internacional sobre crímenes contra la humanidad ha alcanzado un desarrollo radicalmente mayor que cuando se creó el Tribunal Militar Internacional (IMT) hace 60 años. En la actualidad existen tribunales especiales para la ex Yugoslavia y para el genocidio de Ruanda. El marco y el vocabulario rector para estos tribunales se fundamentan en los precedentes sentados en Núremberg.

Incluso antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de las naciones aliadas resolvieron enjuiciar a los responsables de la guerra y de la violencia contra la

criminales de guerra cuyos delitos no podían asignarse a una ubicación geográfica en particular serían castigados por decisiones conjuntas de los gobiernos aliados.

En agosto de 1945, se firmó el estatuto del Tribunal Militar Internacional, que traducía la visión de los tiempos de guerra a la realidad. El estatuto establecía un tribunal militar formado por un juez titular y uno suplente de cada uno de los países aliados

vencedores: Francia, Gran Bretaña, la Unión Soviética y Estados Unidos. Todas las decisiones del tribunal requerían un voto mayoritario del jurado.

Al tribunal se le confirió autoridad “para intentar castigar a las personas que, actuando en el interés de los países europeos del eje”, cometieron alguna de estas cuatro categorías recientemente definidas de crimen:

Cargo uno: conspiración. Conspirar para cometer crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. El cargo de conspiración, y la decisión de juzgar organizaciones alemanas y nazis específicas como acusados ante el tribunal permitió futuros juicios contra todo individuo perteneciente a estas organizaciones criminales.

Cargo dos: crímenes contra la paz. Planear y hacer la guerra.

Cargo tres: crímenes de guerra. Violaciones de leyes existentes sobre el maltrato de combatientes enemigos y prisioneros de guerra, causando deliberadamente la muerte o hiriendo a la población civil sin necesidad militar.

Cargo cuatro: crímenes contra la humanidad. El “asesinato, la exterminación, la esclavitud, la deportación… o la persecución de un individuo por razones políticas, raciales o religiosas”. Este fue el marco jurídico en el cual se juzgaron los crímenes del Holocausto.

Uno de los conceptos legales más significativos que surgieron en el Tribunal Militar Internacional fue que el argumento de defensa de seguir órdenes no era una excusa válida para el comportamiento criminal.

COMUNIDADES JUDÍAS EN LA ALEMANIA DE LA PREGUERRA

Los judíos constituían menos del uno por ciento de la población de Alemania durante la República de Weimar, el período desde el fin de la Primera Guerra Mundial hasta el surgimiento del nacionalsocialismo. Si bien vivían casi exclusivamente en aldeas y pueblos a comienzos del siglo XIX, en el año 1900, la mayoría de los judíos alemanes -- aunque no todos ellos -- vivían en grandes ciudades. Mientras que en 1910 el sesenta por ciento de los judíos alemanes vivían en áreas urbanas con más de 100.000

por ciento vivía en el campo, mientras que el veinte por ciento vivía en pueblos más pequeños y aldeas. Según un censo de 1925, 564.973 judíos registrados vivían en la República de Weimar, 71,5% de los cuales residían en la mayor provincia de Alemania, Prusia.

Los académicos han comprendido por mucho tiempo que el antisemitismo más

agresivo, los repetidos reveses económicos y la inestabilidad política asociada marcaron los límites de la aculturación judía durante la República de Weimar. Sin embargo, en años recientes, investigadores han explorado el modo en que estas tendencias ayudaron a fomentar un sentido de identidad comunitaria entre una amplia gama de judíos alemanes.

Una organización que se encontraba sólo en Europa central, Gemeinde (comunidad; en plural, Gemeinden), actuaba como centro de la vida judío-alemana. Creada para centralizar las actividades judías locales, la Gemeinde incluía a todos los judíos dentro del país, incluso los que no eran ciudadanos. Las Gemeinden, que, durante la República de Weimar, se convirtieron en empresas públicas, eran facultadas por el gobierno para organizar los asuntos locales comunitarios y rituales de los judíos. Contrataban rabinos y funcionarios religiosos, mantenían y construían sinagogas y dirigían diversas

instituciones, tales como periódicos, sociedades, bibliotecas, centros de salud y fondos de caridad. Los impuestos, recaudados por el gobierno en nombre de los judíos o por la propia comunidad, sustentaban las actividades comunitarias.

Dentro de las Gemeinden, los judíos expresaban las identidades comunitarias de muchas formas: participación local en movimientos juveniles, grupos sionistas, tales como Brit Shalom, nuevas escuelas judías, fraternidades judías de alumnos, sociedades de atletas, bibliotecas judías, logias B'nai B'rith, sociedades de canto, artes visuales y museos judíos.

A nivel nacional, en 1893, los judíos se organizaron en contra de los ataques antisemitas en la Unión Central de Ciudadanos Alemanes de la Fe Judía. Otras

organizaciones, tales como la Asociación de Soldados Judíos del Frente del Reich (más de 100.000 judíos alemanes prestaron sus servicios durante la Primera Guerra

Mundial; unos 12.000 murieron por su país) o la feminista Liga de Mujeres Judías, fundada en 1904, representan las muchas formas de solidaridad étnica entre los judíos alemanes antes de la Primera Guerra Mundial y después de ella.

Los intentos de promover un sentido de la identidad judía en Alemania eran muy diferentes a la manera en que se asociaban los judíos en Europa oriental. Los judíos

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