1.2. Desarrollo moral y razonamiento moral
1.2.1. Desarrollo moral
A veces se supone que los valores de una persona se forman durante la infancia y que después ya no cambian. De hecho, una gran cantidad de investigación en psicología, así como la propia expe- riencia personal, demuestra que, a medida que una persona madura, cambian sus valores de manera muy profunda y notoria. Así como se desarrollan las capacidades físicas, emocionales y cognitivas de la persona, a medida que crece, así se desarrolla también su capacidad de manejar las cuestiones morales, a medida que avanza en su vida. De hecho, del mismo modo en que hay etapas identificables de crecimiento en el desarrollo físico, la capacidad de llevar a cabo funciones morales razonables también se desarrolla en etapas identificables. Como niños, simplemente se nos dice lo que está bien y lo que está mal, y obedecemos para evitar el castigo: la adhesión del niño a los estándares morales se basa esencialmente en la evasión ensimismada del dolor. A medida que maduramos hacia la ado- lescencia, esas normas morales convencionales son gradualmente internalizadas. La adhesión a los estándares morales se basa ahora en vivir conforme a las expectativas de la familia, los amigos, y la sociedad que nos rodea. Hacemos lo que es correcto porque eso es lo que nuestros grupos esperan de nosotros. Sólo como adultos racionales y experimentados adquirimos la capacidad de reflexionar críticamente sobre los estándares morales convencionales que nos han transmitido nuestras famil- ias, compañeros, la cultura, o la religión. Luego, empezamos a evaluar racionalmente esas normas morales y sus consecuencias, y a revisarlas cuando son inadecuadas, inconsistentes, o irrazonables. Comenzamos, en pocas palabras, a hacer ética, y nuestra moralidad ahora consiste cada vez más en estándares morales que son más imparciales y que toman en cuenta más de los intereses de los demás, o que equilibran de manera más adecuada el cuidado hacia los demás con el cuidado hacia nosotros mismos. Existe una gran cantidad de investigación psicológica que muestra que los puntos de vista morales de las personas se desarrollan más o menos de esa manera. El psicólogo Lawrence Kohlberg, por ejemplo, pionero de la investigación en ese campo, concluía, basándose en más de veinte años de investigación, que hay una secuencia de seis etapas identificables en el desarrollo de la capacidad de una persona para afrontar las cuestiones morales. Kohlberg agrupó esas etapas de desarrollo moral en tres niveles, conteniendo cada uno de ellos dos etapas a su vez, la segunda de las cuales es la forma más avanzada y organizada de la perspectiva general de cada nivel. La secuencia de las seis etapas puede resumirse como sigue:
NIVEL UNO:ETAPAS PRECONVENCIONALES28En estas dos primeras etapas, el niño
es capaz de responder a las reglas y expectativas sociales y puede aplicar las etiquetas de “bueno”, “malo”, “correcto” e “incorrecto”. Esas reglas, sin embargo, son vistas como algo externo que le es impuesto. Correcto e incorrecto son términos interpretados en fun- ción de consecuencias placenteras o dolorosas de las acciones o en términos del poder físico de quienes imponen las reglas. Si se le preguntara a un niño de cinco años, por ejemplo, si robar es incorrecto, él diría que lo es; si luego se le pregunta porqué es incor- recto, la respuesta sería algo como “porque si robo, mamá me castigará”. El niño puede contemplar situaciones sólo desde su punto de vista, y como no tiene todavía la capacidad de identificarse mucho con los demás, la motivación primaria es egocéntrica.
Etapa uno: orientación de castigo y obediencia. En esta etapa las consecuencias físi- cas de un acto determinan totalmente la bondad o maldad de ese acto. Las razones del niño para actuar correctamente son las de evitar el castigo o acatar el poder físico superior de las autoridades. Hay en ello poca conciencia de que los demás tienen necesidades y deseos similares a los suyos.
Etapa dos: orientación de instrumento y relatividad. En esta etapa las acciones cor- rectas se convierten en acciones que pueden servir como instrumentos para satisfacer las necesidades propias del niño o las necesidades de aquellos que el niño ama. El niño aho- ra es consciente de que los demás tienen necesidades y deseos similares a los propios y empieza a acatarlas con el fin de asimilarlas para hacer lo que él quiere.
NIVEL DOS: ETAPAS CONVENCIONALES
Mantener las expectativas de la propia familia, del grupo de compañeros o del país es algo que ahora se considera válido en su propio derecho, sin tener en cuenta las conse- cuencias. La persona en este nivel de desarrollo no se atiene meramente a las expectativas sino que demuestra lealtad al grupo, a sus normas. Si se le preguntara a un adolescente en este nivel qué debe considerarse como incorrecto o correcto, por ejemplo, probable- mente contestaría en términos de “lo que piensan mis amigos”, “lo que mi familia me ha enseñado”, “lo que rige entre nosotros, los estadounidenses” o incluso, “lo que señalan nuestras leyes”. En esta etapa, el adolescente es capaz de ver las situaciones desde el pun- to de vista de los demás, si bien las únicas perspectivas que puede captar son los puntos de vista conocidos de las personas que pertenecen a los grupos sociales de él, tales como su familia, sus compañeros, sus organizaciones, su país, su clase social, y da por hecho que “todo el mundo” es como ellos. La persona es motivada a atenerse a las normas del grupo y subordina las necesidades individuales a las del grupo.
28Este resumen se basa en Lawrence Kohlberg, “Moral Stages and Moralization: The Cognitive-Developmental Ap-
proach”, en Thomas Lickona, ed., Moral Development and Behavior: Theory, Research, and Social Issues (Nueva York: Holt, Rinehart and Winston, 1976), pp. 31-53; otros trabajos recogidos en el libro de Lickona revisan la literatura tanto de apoyo como de crítica de Kohlberg. Para un panorama más reciente de la investigación y bibliografía sobre Kohlberg y su importancia para la enseñanza, véase Edward J. Conry y Donald R. Nelson, “Business Law and Moral Growth”, American Business Law Journal, vol. 27, no. 1 (Spring 1989), pp. 1-39. El trabajo de Kohlberg se basa en las teorías de Piaget; véase Jean Piaget, The Moral Judgment of the Child, Marjorie Grabain, traducción. (Nueva York: The Free Press, 1965).
Etapa tres: orientación de concordancia interpersonal. El buen comportamiento en esta etapa convencional temprana es vivir según las expectativas de aquellos por los que se siente lealtad, afecto y confianza, como la familia, los amigos. La acción correcta es la conformidad con lo que generalmente se espera en el rol de uno como buen hijo, buena hija, buen hermano, buen amigo, etc. Hacer lo que es correcto es motivado por la necesi- dad de ser visto como un buen actor, ante los propios ojos y ante los de los demás.
Etapa cuatro: orientación legal y de orden. Lo correcto y lo incorrecto en esta etapa convencional más madura ahora llega a ser determinado por la lealtad al propio país y a la sociedad que a uno le rodea. Las leyes existen para ser cumplidas, excepto cuando entran en conflicto con otras obligaciones fijadas socialmente. La persona ahora es capaz de ver a los demás como partes de un sistema social más amplio que define los roles y las obligaciones individuales, y puede separar las normas generadas por ese sistema de sus relaciones interpersonales y los propios motivos.
NIVEL TRES: ETAPAS POSTCONVENCIONALES, AUTÓNOMAS O DE PRINCIPIOS
En estas etapas, la persona ya no acepta simplemente los valores y normas de los grupos a los que pertenece. En lugar de ello, trata ahora de ver las situaciones desde un punto de vista que imparcialmente toma en cuenta los intereses de todos. Así, cuestiona las leyes y las normas que la sociedad ha adoptado y las redefine en función de principios morales autoelegidos que pueden ser justificados en términos racionales. Si en esta etapa se le pregunta a un adulto por qué algo es incorrecto, la persona responderá en términos de lo que se ha decidido a lo largo de procesos que son “Justos para todos”, o en términos de “Justicia”, o “derechos humanos”, o “bienestar de toda la sociedad”. Las propias leyes y valores son los que se conforman a principios a los que toda persona razonable estaría motivada a atenerse.
Etapa cinco: orientación de contrato social. En esta primera etapa postconvencional, la persona se vuelve consciente de que los seres humanos mantienen puntos de vista y opiniones personales conflictivas, y pone énfasis en la manera adecuada de alcanzar el consenso a través del consentimiento, el contrato y el proceso debido. La persona cree que todos los valores y normas son relativos y que, aparte de este consenso democrático, todo debería ser permitido.
Etapa seis: orientación de principios éticos universales. En esta etapa final la acción correcta llega a ser definida en términos de principios morales elegidos por su inclusividad lógica, su universalidad y su consistencia. Esos principios éticos no son algo concreto como los diez mandamientos, sino principios generales abstractos que tienen que ver con la justicia, el bienestar social, la igualdad de los derechos humanos, respeto por la dignidad de los seres humanos individuales y con la idea de que las personas son fines en sí mismas y deben ser tratadas como tales. Las razones personales para hacer lo que es correcto se basa en un compromiso con esos principios morales y la persona los ve como criterios para valorar las demás reglas morales y los convenios, incluido el consenso democrático.
La teoría de Kohlberg nos ayuda a entender cómo se desarrollan nuestras capacidades morales y revela cómo podemos volvemos cada vez más sofisticados y críticos al utilizar y entender las normas morales a las que nos atenemos. La investigación realizada por Kohlberg y otros ha demostrado que, aunque la gente siempre avanza a través de etapas en la misma secuencia, no todo el mundo pasa por todas ellas. Kohlberg encontró que muchas personas permanecen detenidas en una de las primeras etapas a lo largo de toda su vida. Para los que se detienen en un nivel preconvencional, lo correcto e incorrecto siempre continúa siendo definido en los términos egocéntricos de evitar el castigo y en hacer lo que los representantes de la autoridad de poder dicen. Para los que alcanzan el nivel convencional pero nunca van más allá, lo correcto y lo incorrecto continúa siendo definido en términos de las normas convencionales de sus grupos sociales o de las leyes de la nación o sociedad. Sin embargo, para los que alcanzan el nivel postconvencional y que arrojan una mirada reflexiva y crítica a los estándares morales que han surgido para ser mantenidos, lo correcto y lo incorrecto será definido en términos de principios morales que ellos han elegido para sí como más razonables y adecuados.
Es importante observar que Kohlberg quiere decir que el razonamiento moral de la gente en las últimas etapas del desarrollo moral son mejores que el razonamiento de las etapas más tempranas. Primero, las personas en las últimas etapas tienen la capacidad de ver las cosas, desde una perspectiva más amplia y completa que quienes se encuentran en etapas más tempranas. Las personas en el nivel preconvencional pueden ver las situaciones sólo desde un punto de vista egocéntrico; la persona en el nivel convencional pue de ver las situaciones sólo desde los puntos de vista que son familiares a las personas que pertenecen a los grupos sociales de esa persona; y la persona con el punto de vista postconvencional tiene la capacidad de contemplar las situaciones desde una perspectiva que intenta tener en cuenta a cualquiera que pueda resultar afectado por la decisión. Segundo, la gente en las últimas etapas tiene mejores modos de justificar ante los demás sus decisiones que los que se encuentran en las etapas tempranas. La persona en el nivel preconvencional puede justificar sus decisiones sólo en los términos en cómo los propios intereses resultarán afectados, y por lo tanto, las justificaciones son, en última instancia, sólo persuasivas para uno mismo. La persona en el nivel convencional puede justificar sus decisiones en términos de las normas de los grupos a que pertenece y, por ello, las justificaciones son en última instancia persuasivas sólo para los miembros de su propio grupo. Por último, la persona en el nivel postconvencional puede justificar lo que se hace sobre la base de principios morales que son imparciales y razonables y que, por ello, pueden interesar a cualquier persona razonable.
La teoría de Kohlberg, sin embargo, ha sido sometida a muchas críticas. Primero, Kohlberg ha sido criticado por pretender que las últimas etapas son preferibles a las primeras. Tales críticas segu- ramente tienen razón. Aunque los últimos niveles de Kohlberg incorporan perspectivas más extensas y justificaciones ampliamente aceptables, no debe deducirse que esas perspectivas son moralmente mejores que las primeras. Para determinar que las últimas etapas son moralmente mejores será nece- saria más argumentación que la que proporciona Kohlberg. En los últimos capítulos veremos qué clase de razones pueden darse para el punto de vista de que las perspectivas y justificaciones de la característica de los principios morales de las últimas etapas de Kohlberg son moralmente preferibles a las de las etapas más tempranas.
Una segunda crítica a Kohlberg de importancia es la que surge del trabajo de Carol Gilligan, una psicóloga que sugiere que, aunque la teoría de Kohlberg identifica correctamente las etapas por las que los hombres pasan durante su desarrollo, no logra trazar adecuadamente el patrón de desarrollo de las mujeres.29 Debido a que la mayoría de los sujetos de KohIberg eran hombres, Gilligan argumentaba,
29Véase Carol Gilligan, In a Different Voice: Psychological Theory and Women’s Development (Cambridge, MA: Har-
su teoría no tomó en cuenta los patrones del pensamiento moral de las mujeres.
Existen, argumenta Gilligan, dos modos diferentes de analizar las cuestiones morales. Primero, hay un enfoque “masculino” en el que pone énfasis la teoría de Kohlberg. De acuerdo con Gilligan, los hombres tienden a enfrentar los asuntos morales en términos de reglas morales impersonales, imparciales y abstractas, exactamente la clase de enfoque que es ejemplificado por los principios de justicia y derecho que según Kohlberg son características del pensamiento postconvencional, Sin embargo, insiste Gilligan, existe un segundo enfoque, el “femenino”, para los asuntos morales que Kohlberg no reconoce. Las mujeres, continúa Gilligan, tienden a verse a sí mismas como parte de una “red” de relaciones con la, familia y los amigos, y cuando ellas enfrentan asuntos morales se preocupan por sostener esas relaciones, evitando lastimar a los demás en esas relaciones y cuidando de su bienestar. Para las mujeres, la moralidad es primariamente una materia de “cuidado” y de “sentirse responsable” hacia los demás con los que se involucran en las relaciones personales, y no un asunto de adhesión a reglas imparciales e ¡inpersonales. Además de definir este nuevo enfoque “femenino” de la moralidad, Gilligan argumenta que las mujeres que adoptan este enfoque en la moralidad siguen etapas algo diferentes a medida que maduran y desarrollan sus puntos de vista morales. El desarrollo moral para las mujeres está marcado por el avance hacia modos más adecuados de cuidado y de ser responsables por uno mismo y los demás. En su teoría, el nivel más temprano o “preconvencional” del desarrollo moral en las mujeres es el marcado por el cuidado sólo de sí misma. Las mujeres se mueven a un nivel segundo o “convencional” cuando internalizan las normas convencionales acerca del cuidado por los demás y al actuar así se olvidan de sí mismas. A medida que se mueven al nivel “postconvencional” o más maduro, sin embargo, se vuelven críticas de las normas convencionales que antes habían aceptado, y llegan a alcanzar un equilibrio entre el cuidado por los demás y el cuidado por ellas mismas.
¿Tiene razón Gilligan? Aunque más investigación ha mostrado que el desarrollo moral masculino y femenino no difieren en las maneras sugeridas originalmente por Gilligan, esa misma investigación ha confirmado que Gilligan ha identificado un enfoque o “perspectiva” hacia los asuntos morales que es diferente del enfoque en el que pone énfasis Kohlberg30. Los asuntos morales pueden ser abordados desde una perspectiva de imparcialidad impersonal, o desde una perspectiva de cuidado por las per- sonas, y esas dos perspectivas son distintas. Sin embargo, las mujeres al igual que los hombres algunas veces enfocan los asuntos morales desde la perspectiva de reglas morales imparciales e impersonales, y los hombres y las mujeres a veces enfocan los asuntos morales desde la perspectiva del cuidado y la responsabilidad en las relaciones31. Aunque la investigación sobre la “perspectiva del cuidado” que Gílligan describe está todavía en pañales, ya está claro que es una perspectiva moral importante que tanto los hombres como las mujeres deberían tener en cuenta. En el próximo capítulo echaremos una mirada cuidadosa a esta nueva y emocionante perspectiva y valoraremos su aplicabilidad a los
30Para revisiones de la bibliografía que tiene que ver con Kohlberg, y la crítica de Gilligan, véase Norman Sprinthall y
Richard Sprinthall, Educational Psychology, 4a. ed. (Nueva York: Random House, 1987) pp. 157-77, y Nancy Eisenberg, Richard Fabes y Cindy Shea, “Gender Differences in Empathy and Prosocial Moral Reasoning: Empirical Investigations,” en Mary M. Brabeck, Who Cares? Theory, Research, and Educational Implications of the Ethic Of Care (Nueva York: Praeger, 1989).
31Entre los estudios que no han hallado diferencias significativas de género en el razonamiento moral están Robbin
Derry, “Moral Reasoning in Work Related Conflicts,” en Research in Corporate Social Performance and Policy, William Frederick, ed., vol. 9 (Greenwich, CT: JAI, 1987), pp. 25-49; Freedman, Robinson, y Freedman, “Sex Differences in Moral Judgment? A Test of Gilligan’s Theory,” Psychology of Women Quarterly, vol. 37 (1987); para estudios más recientes que exploran las diferentes perspectivas véase Eva Feder Kittay y Diana T. Meyers, eds., Women and Moral Theory (Totowa, NJ: Rowman y Littlefield, 1987). Un intento de lograr una ética del cuidado es Nell Noddings, Caring: A Feminine Approach to Ethics and Moral Education(Berkeley, CA: University of California Press, 1984).
negocios.
Para nuestros propósitos, sin embargo, lo que es importante señalar en este momento es que tanto Kohlberg como Gilligan coinciden en que existen etapas de crecimiento en nuestro desarrollo moral. También están de acuerdo ambos autores en que el desarrollo moral se mueve desde una etapa pre- convencional enfocada en el sí mismo, a través de una etapa convencional en la que aceptamos acríti- camente los estándares morales de los grupos a los que pertenecemos, y hacia una etapa madura en la cual aprendemos a examinar crítica y reflexivamente la adecuación de los estándares morales conven- cionales que antes habíamos aceptado y a idear estándares más adecuados de nosotros mismos, tanto estándares de cuidado hacia personas determinadas, como estándares de imparcialidad hacia todo el mundo.
Decíamos antes que se empieza a hacer ética cuando se empiezan a examinar críticamente los estándares morales que se han aceptado de la familia, los amigos, y la sociedad, y a preguntarse si esos estándares son razonables o irrazonables. En términos de las etapas de desarrollo moral que propone Kohlberg y Gilligan, la ética comienza cuando uno se traslada de una simple aceptación de los estándares morales convencionales que ha absorbido de la sociedad, y trata de desarrollar crítica y reflexivamente más estándares maduros que se basan en razones más adecuadas y que son capaces de enfrentar una gama más amplia de asuntos morales de manera más adecuada. El estudio de la ética