Manuel G. Velazquez
2000
Índice general
2
I
Principios básicos
5
1. Ética y negocios 7
1.1. La naturaleza de la ética en los negocios . . . 11
1.1.1. Moralidad . . . 12
1.1.2. Ética . . . 15
1.1.3. La ética en los negocios . . . 17
1.1.4. ¿Son los estándares morales aplicables a las corporaciones o sólo lo son a los individuos? . . . 19
1.1.5. La corporación multinacional y la ética en los negocios . . . 21
1.1.6. ¿Se deben aplicar las mismas normas morales a las multinacionales en todas partes? . . . 24
1.2. Desarrollo moral y razonamiento moral . . . 26
1.2.1. Desarrollo moral . . . 26
1.2.2. El razonamiento moral . . . 31
1.2.3. Análisis del razonamiento moral . . . 34
1.3. Argumentos a favor y en contra de la ética de los negocios . . . 36
1.3.1. Tres objeciones a llevar la ética a los negocios . . . 36
1.3.2. Una defensa de la ética en los negocios . . . 39
1.4. Responsabilidad y culpa . . . 43
1.4.1. Responsabilidad corporativa . . . 48
1.4.2. Responsabilidad de los subordinados . . . 50
2. Principios de Ética en los negocios 59 2.1. Utilitarismo: estimación de los costos y beneficios sociales . . . 62
2.1.1. Utilitarismo tradicional . . . 64
2.1.2. Problemas de medición . . . 67
2.1.3. Réplicas utilitaristas a las objeciones en cuanto a medición . . . 68
2.1.4. Réplicas utilitaristas a las objeciones en materia de derechos y justicia . . . . 72
2.2. Derechos . . . 75
2.2.1. El concepto de derechos . . . 77
2.2.2. Derechos positivos y negativos . . . 80
2.2.3. Derechos y obligaciones contractuales . . . 81 1
2.2.4. Una base para los derechos morales: Kant . . . 82
2.2.5. Primera formulación del imperativo categórico de Kant . . . 83
2.2.6. Segunda formulación del imperativo categórico de Kant . . . 84
2.2.7. Derechos kantianos . . . 85
2.2.8. Problemas con la teoría de Kant . . . 87
2.2.9. La objeción libertaria: Nozick . . . 89
2.3. Justicia y equidad . . . 90
2.3.1. Justicia distributiva . . . 93
2.3.2. La justicia como igualdad: igualitarismo . . . 94
2.3.3. Justicia basada en la contribución: justicia capitalista . . . 96
2.3.4. Justicia basada en necesidades y capacidades: socialismo . . . 98
2.3.5. Justicia como libertad: libertarismo . . . 100
2.3.6. Justicia como equidad: Rawls . . . 101
2.3.7. Justicia retributiva . . . 104
2.3.8. Justicia compensatoria . . . 105
2.4. La ética del cuidado . . . 106
2.4.1. Parcialidad y cuidado . . . 108
2.4.2. Objeciones al cuidado . . . 112
2.5. Integración de la utilidad, los derechos, la justicia y el cuidado . . . 113
2.6. Una alternativa para los principios morales: ética de la virtud . . . 116
2.6.1. La naturaleza de la virtud . . . 118
2.6.2. Las virtudes morales . . . 118
2.6.3. Virtudes, actos e instituciones . . . 120
2.6.4. Virtudes y principios . . . 122
2.6.5. Moralidad en contextos internacionales . . . 123
II
El mercado y los negocios
137
3. El sistema comercial 139 3.1. Mercados libres y derechos: John Locke . . . 1443.1.1. Críticas a los derechos lockeanos . . . 146
3.2. La utilidad de los mercados libres Adam Smith . . . 148
3.2.1. Críticas a Adam Smith . . . 152
3.2.2. La crítica keynesiana . . . 154
3.2.3. La utilidad de la supervivencia del más apto: darwinismo social . . . 155
3.3. Críticas marxistas . . . 157
3.3.1. Alienación . . . 157
3.3.2. El verdadero propósito del gobierno . . . 159
3.3.3. Empobrecimiento de los trabajadores . . . 161
3.3.4. Las réplicas . . . 162
4. La ética en el mercado 172
4.1. Competencia perfecta . . . 173
4.1.1. Equilibrio en mercados perfectamente competitivos . . . 175
4.1.2. La ética y los mercados perfectamente competitivos . . . 179
4.2. Competencia monopolista . . . 184
4.2.1. Competencia monopolista: justicia, utilidad y derechos . . . 185
4.3. Competencia oligopolista . . . 187
4.3.1. Convenios explícitos . . . 188
4.3.2. Convenios tácitos . . . 194
4.3.3. Soborno . . . 195
4.4. Oligopolios y política pública . . . 196
4.4.1. La perspectiva de no hacer nada . . . 197
4.4.2. La perspectiva antimonopolios . . . 198
4.4.3. El punto de vista de la regulación . . . 198
III
Los negocios y sus intercambios externos
210
5. Ética y medio ambiente 212 5.1. Las dimensiones de la contaminación y el agotamiento de recursos . . . 2145.1.1. Contaminación del aire . . . 215
5.1.2. Contaminación del agua . . . 220
5.1.3. Sustancias tóxicas . . . 223
5.1.4. Desechos sólidos . . . 224
5.1.5. Desechos nucleares . . . 226
5.1.6. Extinción de especies . . . 227
5.1.7. Agotamiento de combustibles fósiles . . . 228
5.1.8. Agotamiento de minerales . . . 229
5.2. La ética del control de la contaminación . . . 231
5.2.1. Ética ecológica . . . 232
5.2.2. Derechos ambientales y prohibiciones absolutas . . . 236
5.2.3. Utilitarismo y controles parciales . . . 238
5.2.4. Costos privados y costos sociales . . . 239
5.2.5. Remedios: las obligaciones de la compañía . . . 241
5.2.6. Justicia . . . 242
5.2.7. Costos y beneficios . . . 243
5.2.8. Ecología social, ecofeminismo y las exigencias del cuidado . . . 248
5.3. La ética de conservación de los recursos que pueden agotarse . . . 251
5.3.1. Derechos de las generaciones futuras . . . 251
5.3.2. Justicia para con las futuras generaciones . . . 252
5.3.3. ¿Crecimiento económico? . . . 255
6. La ética de la producción y el marketing 269 6.1. Mercados y protección de consumidores . . . 272
6.2. Las obligaciones de las empresas hacia los consumidores . . . 276
6.2.2. La obligación de revelar información . . . 280
6.2.3. La obligación de no falsear . . . 281
6.2.4. La obligación de no coaccionar . . . 282
6.2.5. Problemas de la teoría contractual . . . 282
6.3. La teoría del debido cuidado . . . 284
6.3.1. La obligación de ejercer el debido cuidado . . . 286
6.3.2. Problemas del “debido cuidado” . . . 288
6.4. Costos sociales de las obligaciones del fabricante . . . 289
6.4.1. Problemas de la perspectiva de los costos sociales . . . 290
6.5. Ética en publicidad . . . 291
6.5.1. Una definición . . . 291
6.5.2. Efectos sociales de la publicidad . . . 292
6.5.3. Publicidad y creación de deseos en el consumidor . . . 296
6.5.4. La publicidad y sus efectos sobre las creencias del consumidor . . . 297
IV
La empresa y sus grupos internos que la componen
311
7. La ética de la discriminación en el empleo 313 7.1. Discriminación en el empleo: su naturaleza . . . 3157.1.1. Formas de discriminación: aspectos intencionales e institucionales . . . 316
7.2. Discriminación: su alcance . . . 319
7.2.1. Comparaciones de ingresos medios . . . 320
7.2.2. Comparaciones de los grupos con más bajos ingresos . . . 325
7.2.3. Comparaciones de ocupaciones deseables . . . 326
7.3. Discriminación: utilidad, derechos y justicia . . . 333
7.3.1. Utilidad . . . 334
7.3.2. Derechos . . . 335
7.3.3. Justicia . . . 336
7.3.4. Prácticas discriminatorias . . . 337
7.3.5. Acoso sexual . . . 338
7.3.6. Más allá de la raza y el sexo: otros grupos . . . 340
7.4. Acción afirmativa . . . 342
7.4.1. Acción afirmativa como compensación . . . 344
7.4.2. Acción afirmativa como instrumento para alcanzar metas sociales . . . 346
7.4.3. Implementación de la acción afirmativa y manejo de la diversidad . . . 351
7.4.4. Remuneración comparable por trabajos de valor comparable . . . 353
7.4.5. Conclusiones . . . 355
7.4.6. Brian Weber . . . 360
8. El individuo en la organización 362 8.1. La organización racional . . . 364
8.2. Las obligaciones del empleado hacia la compañía . . . 366
8.2.1. Conflictos de interés . . . 366
8.2.2. Empleados que roban . . . 369
8.3. Las obligaciones de la compañía para con el empleado . . . 374
8.3.1. Salarios . . . 375
8.3.2. Condiciones de trabajo: salud y seguridad . . . 376
8.3.3. Condiciones de trabajo: satisfacción en el empleo . . . 378
8.4. La organización política . . . 381
8.5. Derechos de los empleados . . . 383
8.5.1. El derecho a la intimidad . . . 385
8.5.2. Libertad de conciencia . . . 389
8.5.3. Denuncia de actividades impropias . . . 390
8.5.4. El derecho a participar y dirección participatoria . . . 393
8.5.5. El derecho a un proceso ideal, en contraposición al empleo a capricho . . . . 396
8.5.6. Derechos de empleados y cierres de plantas . . . 398
8.5.7. Sindicatos y el derecho a organizarse . . . 401
8.6. Política en la organización . . . 402
8.6.1. Tácticas políticas en las organizaciones . . . 403
8.6.2. La ética de las tácticas políticas . . . 405
Prefacio
Aunque Ética en los negocios: Conceptos y casos ha continuado siendo un texto de gran aceptación y ámpliamente utilizado, ha ocurrido cambios importantes –tanto en el mundo de los negocios como en la filosofía moral– desde que fue publicada la edición anterior de la presente obra, y esos cambios han motivado esta nueva edición revisada. Mientras que esta nueva edición actualiza el contenido de la anterior, mantiene tanto la organización básica como el marco conceptual de la edición que le precedió. Sin embargo, se ha añadido nuevo material a todos los capítulos; los casos al final de cada capítulo han sido revisados por completo; y lo más importante, esta edición tiene en cuenta la “ética del cuidado”, un nuevo enfoque de la ética iniciada por los mensadores morales feministas. Para el profesor o lector que quiera conocer qué cambios precisos e importantes se le han hecho al texto, he añadido un párrafo final de este prefacio en el que detallo tales cambios.
Los propósitos primarios del texto siguen siendo los mismos: (1) introducir al lector los conceptos éticos adecuados para resolver las cuestiones morales en los negocios; (2) enseñar habilidades de razonamiento y de análisis necesarias para aplicar los conceptos éticos en las decisiones de negocios; (3) identificar los asuntos morales involucrados en el manejo de áreas de problema específicas en los negocios; (4) proporcionar un entendimiento de los entornos sociales y naturales dentro de los que surgen los asuntos morales en los negocios; y (5) proporcionar estudios de casos de dilemas morales reales que atañen al entorno de los negocios.
Aunque el autor de un texto sobre ética en negocios no necesita justificarse por escribir sobre el tema, debe dar a los lectores por lo menos alguna indicación de los supuestos normativos que se hallan detras de lo que ha escrito. En la esperanza de que valga en descargo de tal deuda y con el fin de delinear la estructura de este libro, describiré a continuación sus partes principales y algunos de los principios clave en que me he basado.
El texto está organizado en cuatro partes, cada una de las cuales consta de dos capítulos. La Primera parteproporciona una introducción a la teoría ética básica. La perspectiva fundamental que se desarrolla en ella es el punto de vista de que el comportamiento ético es la mejor estrategia de un negocio a largo plazo para una compañía. Con esto no quiero decir que el comportamiento ético nunca tenga un costo. Tampoco que el comportamiento ético es siempre recompensado o que el com-portamiento no ético recibe siempre su castigo. Es evidente, en realidad, que el comcom-portamiento no ético algunas veces compensa, y que el comportamiento ético puede acarrear pérdidas importantes a una compañía. Cuando afirmo que el comportamiento ético es la mejor estrategia a largo plazo para un negocio, quiero decir que simplemente a largo plazo, y en la mayor parte de las veces, el com-portamiento ético puede proporcionar a una compañía ventajas competitivas importantes sobre las compañías que no son éticas. Presento esta idea y la argumento en el capítulo 1, en donde también señalo cómo llegamos a aceptar estándares éticos y cómo tales estándares pueden ser incorporados en nuestros procesos de razonamiento moral. El capítulo 2 examina críticamente cuatro clases de principios morales: los principios utilitarios, los principios que se basan en los derechos morales, los principios de justicia, y los principios de una ética del cuidado; estos últimos suponen una nueva
adición al marco ético presentado en ese capítulo. Estos cuatro tipos de principios morales, se argu-menta, proporcionan un marco para resolver casi toda la diversidad de dilemas y cuestiones éticas que surgen en los negocios. Además, el capítulo 2 argumenta la teoría de la virtud como una alternativa al enfoque basado en los principios.
Habiendo definido la naturaleza y la importancia de los estándares éticos y habiendo identificado los cuatro criterios básicos para resolver los asuntos morales en los negocios, presento luego la teoría consiguiente con el fin de abordar los asuntos morales específicos. A continuación, la Segunda parte examina la ética de los mercados y los precios; la Tercera parte discute las cuestiones del medio am-biente y los consumidores; la Cuarta parte analiza las cuestiones de los empleados. Doy por hecho, en cada parte, que de cara a aplicar una teoría moral en el mundo real debemos tener alguna infor-mación (y teoría) sobre lo que es realmente ese mundo. En consecuencia, cada capítulo en cada una de las partes dedica varias páginas a explicar la información empírica que debe poseer la persona que toma decisiones, si tiene que aplicar moralidad a la realidad. El capítulo sobre ética de mercado, por ejemplo, proporciona un análisis neoclásico de la estructura de los mercados; el capítulo sobre dis-criminación presenta varios indicadores estadísticos e institucionales de disdis-criminación; el capítulo sobre el individuo en la organización se basa en dos modelos de estructura organizacional.
Cada capítulo del texto contiene dos clases de materiales. La parte principal del capítulo expone el material conceptual necesario para comprender algunos de los asuntos morales particulares. A él le siguen los casos de discusión que describen la situación real de negocios en la que surgen aquellos asuntos morales. He proporcionado esos casos de discusión suponiendo que puede ser mejorada la habilidad de una persona para razonar sobre temas morales, si esa persona intenta pensar en algunos problemas morales concretos y se permite a sí misma compararse frente a otros que resuelven el asunto basándose en estándares morales diferentes. Esta clase de retos nos obliga a confrontar la adecuación de nuestras normas morales y nos motiva a buscar principios más adecuados, cuando nuestro punto de vista es inadecuado. Espero haber proporcionado material suficiente para que el lector desarrolle una serie de normas éticas que finalmente pueda aceptar como válidas.
Tengo contraída una inmensa deuda con mis colegas y amigos en todo el país, de quienes he toma-do atrevidamente ideas y materiales. Totoma-dos ellos, espero, han sitoma-do debidamente reconocitoma-dos en las notas. Me siento obligado de manera especial con mis colegas en el Departamento de Administración donde ahora imparto clase. Mi disciplina original, así como mi preparación de doctorado, pertenecen al campo de la filosofía, pero hace unos años acepté y ocupé una cátedra en el Departamento de Administración de la Universidad de Santa Clara. Trabajar estrechamente con el profesorado de la escuela de negocios no sólo me dio un entendimiento más profundo de las necesidades especiales que los profesores de la escuela de negocios tienen de material pedagógico en ética de los negocios, sino que profundizó mi concepción de lo significativos que son los lazos entre la ética en los negocios y la estrategia de negocios. Este nuevo entendimiento y conciencia más cabal han influido especialmente en la presente edición y me han llevado a una revisión completa del capítulo 1.
Aunque las revisiones se han hecho en cada sección de esta edición, los cambios sustantivos que siguen a la edición anterior son importantes y habrán sido advertidos por quienes ya conocen el texto. Casi todos los casos de los finales de capítulo han sido reemplazados con casos nuevos. Los profe-sores que han utilizado las ediciones anteriores y desean continuar usando los casos de las ediciones anteriores encontrarán esos casos viejos, así como los nuevos, visitando la página de World Wide Web de Prentice-Hall (www.prenhall.com) dedicada a Ética en los negocios: Conceptos y Casos (en la sección de Filosofía de la División de Humanidades). El capítulo 1 ha sufrido una reorganización importante, y varias secciones son nuevas o se han vuelto a escribir en su totalidad, entre las que se incluyen, en particular, las secciones de “Introducción”, “Ética”, “Ética en los negocios”, “¿Se deben
aplicar las mismas normas morales a las multinacionales en todas partes?”, y“Una defensa de la ética en los negocios”. El nuevo capítulo 2 incluye dos secciones totalmente nuevas tituladas “La ética del cuidado” y “Una alternativa para los principios morales: ética de la virtud”. Un cambio decisivo en el capítulo 2 (y que influye en el resto del libro) es la adición de un enfoque de “cuidado” en el marco de la ética que antes sólo hablaba de utilidad, derechos, y justicia. Otros cambios en el capítulo 2 comprenden una nueva sección titulada “Integración de la utilidad, los derechos, la justicia y el cuidad”: se trata de la revisión de una sección en la edición anterior que llevaba por título “Sumario: utilidad, derechos y justicia”, así como nuevos casos escritos para presentar cada una de las cuatro secciones del capítulo. Los capítulos 3 y 4 han sido revisados en numerosos puntos para actualizar la información estadística e incorporar una perspectiva del cuidado. El capítulo 5 ha sido sustancial-mente revisado para actualizar la información basada en hechos del capítulo; se ha añadido una nueva sección que lleva por título“Ecología social, ecofeminismo y las exigencias del cuidado”; se han re-visado varias secciones, en particular las que llevan por título: “Introducción”, y “Ética ecológica”. Dos de las principales secciones del capítulo 6, “Introducción” y “La teoría del debido cuidado”, han sido revisadas. El capítulo 7 ha sido revisado en sus tres primeras secciones (en particular, en la actu-alización de sus principales tablas estadísticas) que llevan por título “Introducción”, “Discriminación en el empleo: su naturaleza” y “Discriminación: su alcance”. El capítulo 8 tiene una nueva sección con el título de “La organización que ejerce el cuidado”, y ha tenido numerosas revisiones de menor alcance en sus otras secciones.
Reconocimientos
Deseo expresar mi agradecimiento a las publicaciones que me permitieron reimprimir el siguiente material:
El extracto de las páginas 390-394 es de Lester R. Brown et al., State of the World, 1996 (New York: W. W. Norton & Company). Reimpreso con autorización del Worldwatch Institute. Copyright (D 1996 por Worldwatch Institute. Todos los derechos reservados.
Manuel G. Velasquez Aptos, California
Parte I
Principios básicos
La ética de los negocios es una ética aplicada. Es el uso de lo que
entendemos como bueno y correcto, dentro de esa diversidad de
in-stituciones, tecnologías, transacciones, actividades y ocupaciones que
llamamos “negocios”. Una exposición sobre ética en los negocios debe
comenzar proponiendo un marco de principios básicos con el fin de
en-tender qué se quiere decir con los términos “bueno” y “correcto”; sólo
entonces podremos proceder a debatir con provecho acerca de las
im-plicaciones que tales conceptos tienen en nuestro mundo de los
nego-cios. Los dos primeros capítulos de este libro proporcionan ese marco.
El capítulo 1 describe lo que, en términos generales, es la ética en los
negocios y explica la orientación general del libro. El capítulo 2
de-scribe varios puntos de vista específicos de la ética en los negocios los
cuales, en conjunto, proporcionan la base para analizar las cuestiones
éticas en ese medio.
Capítulo 1
Ética y negocios
1
Introducción
No hay mejor camino para iniciar una investigación sobre la relación ética y los negocios que considerar cómo las empresas en la realidad han intentado incorporar la ética en los negocios. Con-sideremos, entonces, cómo una empresa, Merck and Company, enfrentó la cuestión de la “ceguera de los ríos”.
La ceguera de los ríos es una enfermedad dolorosa que afecta a 18 millones de personas empobre-cidas que viven en los poblados alejados, en las márgenes de los ríos de las regiones cálidas de África y América Latina. La enfermedad es causada por un diminuto gusano parásito que se transmite de una persona a otra mediante la picadura del jején, un insecto que se cría en las aguas de los ríos. Los pequeños gusanos excavan penetrando la piel de una persona, donde alcanzan una longitud de hasta 60 cm, enrollados en el interior de desagradables nódulos redondos de entre 12 y 25 mm de diámetro. En el interior de los nódulos, los gusanos se reproducen liberando millones de larvas microscópicas llamadas microfilarias que se mueven debajo de la piel, decolorándola a medida que migran, al tiempo que causan lesiones y un escozor tan intenso que a veces los pacientes se suicidan. Eventualmente invaden los ojos y, poco a poco, dejan ciega a la víctima.
La aspersión de pesticidas para erradicar la mosca no sirvió de nada cuando el insecto desarrolló inmunidad contra esos productos. Es más, los únicos fármacos disponibles para tratar el parásito en humanos han sido tan caros, tie nen tales efectos secundarios graves, y requieren tan largas estancias hospitalarias, que los tratamientos no pueden ser aplicados en las desamparadas víctimas que viven en poblados apartados. En muchas regiones, la gente ha abandonado las orillas de los ríos, dejando deshabitadas grandes extensiones de tierra fértil. Muchos de estos pueblos, sin embargo, regresan después, porque las tierras distantes resultan de difícil cultivo. La mayoría de los pobladores en las cercanías de los ríos llegan a acostumbrarse a los nódulos, al escozor torturante y la eventual ceguera, como una parte inevitable de la vida.
1Los lectores que deseen investigar el tema general de la ética de los negocios en Internet deberían empezar por
entrar en los sitios de la Web de las siguientes organizaciones. El Depaul Univerity’s Ethics Institute proporciona en-lace a varias fuentes de ética en Internet, más su propia colección de materiales (http://condor.depaul.edu/ethics); el departamento de Comunicaciones de California State University at Fullerton proporciona listas similares de enlace y recursos (http://www5.fullerton.edu/les/ethics_list.html); la Essential Organization proporciona enlaces a numerosas or-ganizaciones y recursos de datos, tanto radicales coo conservadores, que tienen que ver con la responsabilidad moras de las corporaciones (http://www.esentia.org); la Wall Street Research Net proporciona enlaces y datos sobre empresas comerciales públicas y sobre economía (http://www.wsrn.com); la Stern School of Business de la New York University proporciona acceso registrable a todos los informes SEC de las empresas (http://edgar.stern.nyu.edu/edgard.html).
En 1979, el doctor William Campbell, un científico que trabajaba en investigación para Merck and Company, una empresa farmacéutica estadounidense, descubrió que el Ivermectin, uno de los medicamentos para animales más vendidos de la empresa, podía matar el parásito que causa la ceguera de los ríos. Un análisis más profundo señaló que el Ivermectin podía proporcionar una cura segura, sencilla y de bajo costo para esta enfermedad. Campbell y su equipo de investigadores solicitaron al presidente de Merck, el Doctor P. Roy Vagelos, que les permitiera desarrollar la versión humana del fármaco que hasta entonces había sido utilizado solamente para tratar animales.
Los directivos de Merck se dieron cuenta rápidamente de que, aunque la empresa lograra desar-rollar la versión humana del medicamento, las víctimas de la enfermedad eran demasiado pobres para poder pagarlo. La investigación médica y las pruebas clínicas a gran escala requeridas para desarrollar la versión del fármaco para humanos costarían más de 100 millones de dólares. No era probable que la empresa recuperara esos costos o que un mercado viable pudiera desarrollarse en las empobrecidas regiones en donde la enfermedad era endémica. Es más, incluso si el fármaco podía ser adquirido, era virtualmente imposible distribuirlo, ya que las víctimas vivían en áreas lejanas y no tenían acce-so a médicos, hospitales, clínicas o a establecimientos comerciales que distribuyeran medicamentos. Algunos directivos señalaban también que si el medicamento llegara a tener efectos secundarios ad-versos cuando se aplicara en humanos, ello ocasionaría una mala publicidad que desacreditaría al medicamento y afectaría adversamente las ventas de la versión para animales del producto, las cuales ascendían a cerca de 300 millones de dolares anuales2. El riesgo de efectos secundarios prejudiciales se vio aumentado por la posibilidad de que el uso incorrecto del medicamento en los países en de-sarrollo incrementara el potencial daño y mala publicidad. Finalmente, si quedara disponible una versión a bajo precio del medicamento, sería desviada a los mercados negros y vendida para su uso en animales, derrumbando con ello las lucrativas ventas de Ivermectin de la empresa de veterinarios.
Los gerentes de Merck no sabían qué hacer. Aunque la empresa vendía en todo el mundo 2000 millones de dólares anuales, su utilidad neta como porcentaje de las ventas estaba decayendo, debido a los costos rápidamente en aumento del desarrollo de nuevos fármacos, regulaciones cada vez más restrictivas y costosas impuestas por las entidades gubernamentales, un estancamiento en los adelantos científicos básicos, y una caída en la productividad de los programas de investigación de la empresa. El Congreso de los Estados Unidos estaba listo para aprobar la ley sobre regulación de medicamentos (la Drug Regulation Act) que intensificaría la competencia en la industria farmacéutica al permitir a los competidores copiar y vender con mayor rapidez medicamentos diseñados originalmente por otras empresas3. Como resultado de las crecientes preocupaciones del público acerca de los costos cada vez más altos de la salud, los programas gubernamentales como Medicare y Medicaid habían recientemente establecido topes a los reembolsos para medicamentos y exigían fármacos genéricos más baratos, en lugar de los de la marca, que eran la fuente principal de ingresos de Merck. En vista de estas condiciones que empeoraban en la industria farmacéutica, los gerentes de Mercck no querían emprender proyectos costosos que mostraban poca promesa económica, como la del sugerido diseño de un medicamento para la ceguera de los ríos. Sin embargo, si el fármaco, millones de personas serían condenadas a vidas de intenso sufrimiento y ceguera total o parcial.
Después de numerosas y acaloradas discusiones entre Vagelos y su equipo de administración, llegaron a la conclusión de que los beneficios potenciales de un medicamento para la ceguera de los ríos eran demasiado importantes para no tenerlos en cuenta. Muchos de los directivos sentían, de hecho, que debido a esos beneficio humanos la empresa estaba moralmente obligada a seguir adelante, a pesar de los costos y de la posibilidad escasa de recuperación económica. A finales de la década
2Wall Street Journal, “Merck to Donate Drug for River Blindness”, 22 de octubre de 1987, p.42.
del 1980, Vagelos y sus colegas de la administración aprobaron un presupuesto que proporcionó un considerable fondo necesario para desarrollar la versión humana de Ivermectin. Después de siete años de investigación costosa y numerosas pruebas clínicas, Merck tuvo éxito en el desarrollo de la versión humana de Ivermectin: una sola cápsula del nuevo medicamento tomada una vez al año erradicaba del cuerpo humano todo rastro del parásito que causaba la ceguera de los ríos y prevenía nuevas infecciones. Por desgracia, exactamente como en la empresa se había sospechado al principio, nadie dio un paso hacia adelante para la compra de la píldora milagrosa. Los funcionarios de Merck trataron de convencer a la Organización Mundial de la Salud, el Gobierno de Estados Unidos, y los gobiernos de los países afectados por la enfermedad de que alguien -quien fuera- comprara el medicamento para proteger a 85 millones de personas que estaban en riesgo de enfermarse. Nadie respondió a la petición de la empresa. Merck decidió, en consecuencia, regalar el medicamento para liberar a las víctimas potenciales4. Sin embargo, este plan fue difícil de llevar a cabo debido a que, como la empresa lo había previsto, no existían canales establecidos de distribución para hacer llegar el medicamento a quienes lo necesitaban desesperadamente. Al trabajar con la Organización Mundial de la Salud, en consecuencia, la empresa financió un comité internacional con el fin de proporcionar la infraestructura para la distribución segura del fármaco a las personas del tercer mundo y asegurar que no fuera desviada al mercado negro y se vendiera para su uso en animales. En 1996, el comité, trabajando con los gobiernos y organizaciones privadas de voluntarios, proporcionó el medicamento a millones de personas, transformando en efecto sus vidas, y aliviando los intensos sufrimientos y la ceguera potencial de la enfermedad.
Preguntando por qué la empresa había invertido tanto dinero y esfuerzo en la investigación, de-sarrollo, manufactura, y distribución de un fármaco que no generaba dinero, el doctor Roy Vagelos contestó en una entrevista que una vez que la empresa sospechó que unos de sus medicamentos para animales podría curar una grave enfermedad humana que estaba haciendo estragos en la población, la única elección ética fue desarrollar el fármaco. Más aún, la gente del tercer mundo “recordaría” que Merck les ayudó, dijo, y en el futuro responderían de manera favorable hacia la empresa5. Con los años, la empresa había aprendido, decía Vagelos, que tales acciones tienen ventajas estratégicamente importantes a largo plazo. “Cuando llegué a Japón hace quince años, los hombres de negocios japone-ses me dijeron que fue Merck la que llevó la estreptomicina a Japón, después de la II Guerra Mundial, para eliminar la tuberculosis que estaba acabando con la sociedad. Eso hicimos. No ganamos dinero. Pero no es por casualidad que hoy Merck es la empresa farmacéutica más grande de Japón6.
Después de ver cómo Merck and Company manejó su descubrimiento de una cura para la ceguera de los ríos, reflexionemos sobre la relación entre ética y negocios. Los eruditos a veces dicen que “la ética de los negocios” es una contradicción porque hay incompatibilidad implícita entre la ética y la búsqueda egoísta del lucro. Cuando la ética entra en conflicto con el lucro, argumentan, los negocios siempre prefieren el lucro a la ética. Pero el caso de Merck and Company sugiere una perspectiva algo diferente, una perspectiva que cada vez más, muchas empresas está adoptando. La administración de esta empresa gastó decenas de millones de dólares en el desarrollo de un producto que sabían que iba a tener pocas probabilidades de ser una inversión rentable, debido a que sintieron que tenían la obli-gación ética de poner a disposición de la gente sus beneficios potenciales. En este caso, por lo menos, un negocio grande y próspero prefirió la ética al lucro. Más aún, los comentarios de Vagelos al final del caso sugieren que, a la larga, puede no existir un conflicto inherente entre el comportamiento ético y la búsqueda del lucro. Los comentarios de Vagelos sugieren, por lo contrario, que el
comportamien-4Wall Street Journal, “Merck to Donate Drug for River Blindness”, 22 de octubre de 1987, p.42. 5David Bollier, “Merck & Company” (The Business Enterprise Trust: Standford, CA, 1991). p.5. 6Bollier, ibíd, p.16.
to ético crea una especie de buen crédito comercial y buena reputación que amplían las oportunidades de ganancias.
No todas las empresas, naturalmente operan como Merck, y muchas de ellas -quizás la mayoría-no invertirían en un proyecto de investigación y desarrollo en el que tengan buenas razones para sospechar que no será rentable. Un vistazo a los titulares de los periódicos, de hecho, nos revelará muchos casos de empresas que prefieren las ganancias a la ética, y bastantes casos de empresas que han obtenido pingües beneficios mediante un comportamiento falto de ética. Aunque las empresas a menudo se ven envueltas en comportamientos faltos de ética, sin embargo, un comportamiento no ético, de manera sistemática y habitual, no constituye por necesidad una buena estrategia de negocios a largo plazo, para una empresa. Pregúntese, por ejemplo, si, como cliente, ¿prefiere comprarle a una empresa cuyas acciones hacia usted son justas y respetuosas, o a una que por lo común le trata a usted y a los otros trabajadores injustamente y sin respeto? Claramente, cuando las empresas compiten entre sí por los clientes y los mejores empleados, la empresa que tiene la fama de llevar un comportamiento ético tiene la ventaja sobre la que tiende a no ser ética.
Este libro adopta el punto de vista de que el comportamiento ético es la mejor estrategia de ne-gocios a largo plazo para una empresa, un punto de vista que ha sido aceptado cada vez más durante los últimos años7. Esto no quiere decir que nunca surjan ocasiones en las que el proceder con ética demuestre ser costoso para la empresa. Tales ocasiones son comunes en la vida de una empresa y de ello veremos muchos ejemplos en este libro. Tampoco significa que el comportamiento no ético reciba siempre su castigo. Por lo contrario, el comportamiento no ético algunas veces compensa y los buenos, a veces, pierden. Decir que el comportamiento ético es la mejor estrategia de negocios a largo plazo significa simplemente que a la larga, y la mayor parte de las veces, puede dar a la empresa ventajas competitivas importantes sobre las empresas que no se conducen con ética. El ejemplo de Merck and Company sugiere este punto de vista, que se ve apoyado, por un poco de reflexión sobre cómo nosotros, como clientes y empleados, respondemos a las empresas que no se comportan ética-mente. Más adelante veremos qué más puede decirse a favor o en contra del punto de vista de que el comportamiento ético es la mejor estrategia de negocios a largo plazo, para una empresa.
El problema esencial es, naturalmente, que un curso de acción ético no siempre está claro para los directivos de una empresa. En el caso de Merck, algunos gerentes, incluido el CEO8, el doctor Roy Vagelos, sintieron que estaba claro que la empresa tenía la obligación ética de proceder con el desarrollo del medicamento. Pero el asunto tal vez no era tan diáfano como afirmaban.
Aunque la ética puede ser la mejor política, el curso ético de la acción no siempre está claro. El propósito de este libro es ayudar al lector a manejar esta falta de claridad. Aunque muchos asuntos éticos continúan siendo difíciles y oscuros, incluso después de un estudio profundo, sin embargo, adquirir un mejor entendimiento de la ética ayudará al gerente a enfrentar las incertidumbres éticas de manera más adecuada y más informada.
Este texto, por tanto, trata de esclarecer los asuntos éticos que enfrentan los gerentes de las or-ganizaciones modernas de negocios; ello no significa que pretenda dar consejo moral a la gente en los negocios, ni que pretenda persuadirla de actuar de ciertas maneras “morales”. El mayor propósito del texto es proporcionar un conocimiento más a fondo de la naturaleza de los principios y conceptos éticos y un entendimiento de cómo se aplican éstos a los problemas éticos que se presentan en los ne-gocios. Este tipo de conocimiento y entendimiento puede ayudar a los gerentes a ver más claramente
7Thomas J. Peters y Robert M. Waterman, Jr., por ejemplo, mantienen este punto de vista en su popular libro, In Search
of Excellence(Nueva York: Harper and Row, 1982).
8Chief Executive Officer (CEO), o Chief Executive, el funcionario de mayor nivel con capacidad de ejecución, es decir
su camino a través de incertidumbres como las que enfrentan en su vida en el medio de los negocios, incertidumbres como las que enfrentaron la gente de Merck.
Los dos primeros capítulos de este libro presentan al lector algunos métodos de razonamien-to moral y algunos principios morales fundamentales que pueden ser usados para analizar asunrazonamien-tos morales en los negocios. Los capítulos siguientes se aplicarán esos principios y métodos a las clases de dilemas morales a los que se enfrentan las personas en los negocios. Comenzaremos en este capí-tulo con la discusión de los cuatro temas preliminares: (1) la naturaleza de la ética en los negocios, (2) el razonamiento moral. (3) la legitimación de la ética en los negocios, y (4) la responsabilidad moral. Una vez clarificadas estas nociones, dedicaremos el próximo capítulo a discutir algunas de las teorías básicas de la ética y cómo se relacionan con los negocios.
1.1.
La naturaleza de la ética en los negocios
En un estudio, ahora clásico de la ética de los gerentes de negocios, Raymond Baumhart preguntó a más de cien hombres de negocios “¿Qué significa ética para usted?” Las respuestas típicas fueron9:
Antes de venir a la entrevista, para asegurarme de que conocía de lo que íbamos a hablar, busqué ética en mi diccionario. Leí la descripción y no puedo entenderla. No sé qué significa el concepto.
Ética es lo que mis sentimientos me dicen que es correcto. Pero esto no es un estándar fijo, y ello crea problemas.
Ética significa estándares aceptados en términos del bienestar personal y social de uno; lo que uno cree que es correcto. Pero lo que me confunde . . . es la posibilidad de haber sido mal orientado, o de que alguien no haya tenido la preparación suficiente. Tal vez cada uno de nosotros piensa que conoce lo que es ético, pero diferimos. ¿Cómo puede uno saber, entonces, quién tiene la razón?
De la gente de negocios entrevistada por Baumhart, el 50 % definió ética “como lo que mis sentimien-tos me dicen que es correcto”; el 25 % lo definió en términos religiosos, como lo que está “de acuerdo con mis creencias religiosas”; y un 18 % definió la ética como aquello que se ajusta a “la regla de oro”10. Pero, los sentimientos son una clara e inadecuada base sobre la que uno toma decisiones de cualquiertipo, y la autoridad religiosa y la “regla de oro” has sido criticadas de manera bastante de-structiva como fundamentos que no son válidos para juzgar la ética de las empresas en los negocios11. ¿Qué significa entonces “ética” y “ético”?
9Raymond Baumhart, An Honest Profit: What Businessmen Say About Ethics in Business(Nueva York: Holt, Rinehart
and Winston, 1968), pp. 11-12; para una actualización posterior del estudio de Baumhart, véase Steven N. Brenner and Earl A. Molander, “Is the Ethics of Business Changing?” Harvard Business Review, 55, no. 1 (enero-febrero de 1977); 57-71.
10Ibíd., p. 13.
11Vea, por ejemplo, las críticas de James Rachels de la autoridad y el sentimiento religioso como la base para el
razonamiento ético en The Elements of Moral Philosophy (Nueva York McGraw-Hill, Inc., 1986), pp. 25-38 and 39-52; Craig C. Lundberg critica la regla de oro en “The Golden Rule and Business Management: Quo Vadis?”Journal of Economics and Busines20 (January 1968): 36-40.
De acuerdo con el diccionario, el término ética tiene varios significados diferentes. Uno de ellos es el siguiente: “los principios de conducta que gobiernan a un individuo o a un grupo”12. A veces usamos el término “ética personal”, por ejemplo, para referirnos a las reglas por las cuales un indi-viduo vive su vida personal y así utilizamos el término de “ética de la contabilidad” para referirnos al código que guía la conducta profesional de los contadores.
Pero un segundo significado de ética -y para nosotros el más importante-,conforme al diccionario es éste: la ética es el “estudio de la moralidad”. Los éticos utilizan el término para referirse primari-amente al estudio de la moralidad, igual que los químicos usan el término “química” para referirse al estudio de las propiedades de las sustancias químicas. Esto significa que, aunque la ética tiene que ver con la moralidad, no es del todo lo mismo que moralidad. La ética es una clase de investigación -e incluye tanto la actividad de investigar, como los resultados de esa investigación- mientras que la moralidad es la materia que la ética investiga.
1.1.1.
Moralidad
Entonces, ¿qué es la moralidad? Podemos definir la moralidad como los estándares o normas que un individuo o grupo posee acerca de lo que es correcto o incorrecto, o lo que es bueno o malo. Para clarificar lo que significa, consideremos un caso concreto.
Hace varios años, B. F. Goodrich, un fabricante de partes automotrices, ganó un contrato con el ejército para diseñar, probar y fabricar frenos para el A7D, una nueva aeronave que la Fuerza Aérea de Estados Unidos estaba diseñando. Para conservar el peso, Goodrich se comprometió a que su freno compacto no pesaría más de 48 kilos, no contendría más de cuatro pequeños discos de frenado o “rotores”, y detendría las aeronaves dentro de una cierta distancia. El contrato era potencialmente muy lucrativo para la empresa y por ello los gerentes estaban ansiosos de entregar un freno que “calificaba” con pruebas exitosas que demostraban que podía detener la aeronave como se requería. A Kermit Vandivier, un empleado de Goodrich, se le dio la instrucción de trabajar con los ingenieros de Goodrich para redactar el informe de las pruebas efectuadas con el freno; se le dijo, además, que era muy poco probable que el gobierno cuestionara tales pruebas y mucho menos que exigiera repetirlas. Desafortunadamente, escribió luego Vandivier, cuando el pequeño freno se probó, los forros de éste sobre los rotores se desintegraron una y otra vez, debido a que “simplemente no había bastante superficie sobre los discos como para detener la aeronave sin generar calor excesivo que hacía que los forros se echaran a perder”13. Sus superiores, sin embargo, le dijeron: “A pesar de los resultados de las pruebas del freno, vamos a darle el visto buen”14. Después de que hicieron varias pruebas, le de dijo a Vandivier que redactara un informe atestiguando que el freno había pasado las pruebas. Vandivier explicó a sus superiores que “la única manera de que un informe de este tipo podía redactarse era falsificando los datos de las pruebas”, a lo que su superior le contestó que él “sabia muy bien qué era lo que se pedía, pero que se le había ordenado dar un informe por escrito, independientemente de cómo y de qué debía de hacerse”15. Vandivier, en consecuencia, tuvo que decidir si iba a participar en la elaboración del informe falso. Más tarde aclaraba:
12“Ethic”, Websters Third New International Dictionary, Unabridged (Springfield, MA: Merriam-Webster Inc., 1986),
p. 780. Definiciones similares pueden encontrarse en cualquier diccionario reciente.
13Kermit Vandivier, “Why Should My Conscience Bother Me?” En In the Name of Profit (Garden City, NY- Doubleday
& Co., Inc., 1972), p. 8.
14U.S. Congress, Air Force A-7D Brake Problem: Hearing before the Subcommittee on Economy in Government of the
Joint Economic Committee, 91st Congress, Ist session, 13 de 1969, p2.
Mi trabajo estaba bien pagado, era agradable y estimulante, y en el futuro se veía ra-zonablemente prometedor. Mi esposa y yo habíamos comprado una casa . . . Si me negaba a participar en el fraude del A7D, tendría que renunciar o me despedirían. El informe sería redactado por alguien de todos modos, pero yo tendría la satisfacción de saber que no par-ticipé en el asunto. Pero los gastos de uno no se pagan con satisfacciones personales, ni los gastos de la casa con principios éticos. Tomé mi decisión. A la mañana siguiente telefoneé a mi superior y le dije que estaba listo para iniciar el informe de calificación16. Mientras trabajaba en el informe, dijo Vandivier, habló con el alto ejecutivo asignado al proyecto y le preguntó “si su conciencia le iba a martirizar en caso de tal cosa causara la muerte de un piloto, y me respondió que me estaba preocupando por demasiadas cosas que no me concernían, aconsejándome que hiciera ‘lo que se me había dicho’ ”17.
En este caso de B. E Goodrich, las creencias de Vandivier de que lo correcto es decir la verdad y que está mal poner en peligro la vida de los demás, así como que la integridad es buena y la falta de honestidad es mala, son ejemplos de los estándares morales a los que él se atenía. Los estándares morales comprenden las normas que seguimos para la clase de acciones que creemos son moralmente correctas o equivocadas, así como los valores que atribuimos a las clases de objetos que pensamos son moralmente buenos y moralmente malos. Las normas morales pueden ser expresadas como reglas generales o afirmaciones: “Debes decir siempre la verdad”, “Es malo matar a gente inocente”, o “Las acciones son correctas en la medida en que producen felicidad”. Los valores morales pueden normalmente expresarse con declaraciones que describen objetos o características de objetos que tienen un valor, como “La honestidad es buena”, “La injusticia,es mala”.
¿De dónde nos llegan esos estándares? Típicamente, los estándares morales de una persona son primero absorbidos, durante la infancia, de la familia, los amigos, y de varias influencias sociales como la iglesia, la escuela, la televisión, las revistas, la música y las asociaciones. Después, a medida que crece, la experiencia, el aprendizaje y el desarrollo intelectual pueden llevar a la persona madura a revisar esos estándares. Algunos serán desechados, y otros nuevos serán incorporados o adoptados para reemplazar a los primeros. Cabe esperar que, a través de este proceso de madurez, la persona desarrollará estándares que son más adecuados intelectualmente y más convenientes para enfrentar los dilemas morales de la edad adulta. Como las propias declaraciones de Vandivier ponen en claro sin embargo, no siempre vivimos por encima de los principios morales que mantenemos; esto es, no siempre realizamos lo que creemos que es moralmente correcto ni siempre perseguimos lo que creemos que es moralmente bueno.
Los estándares morales pueden ser contrastados con los estándares que mantenemos acerca de cosas que no son morales. Ejemplos de estándares no morales comprenden los estándares de urban-idad, según los cuales juzgamos qué modales son buenos o malos, los estándares que llamamos “la ley”, con los cuales juzgamos lo que ante la ley es bueno o malo, los estándares de lenguaje mediante los cuales juzgamos lo que gramaticalmente es correcto o incorrecto, los estándares de la estética con los cuales juzgamos si una obra de arte es buena o mala, y los estándares atléticos según los cuales juzgamos si se ha jugado bien el partido de fútbol o de baloncesto. De hecho, donde quiera que emiti-mos juicios sobre la manera correcta o incorrecta de hacer las cosas, o juicios de las cosas que son buenas y malas, nuestros juicios se basan en estándares de algún tipo. En el caso de Vandivier, por ejemplo, podemos suponer que probablemente creyó que los informes debían redactarse con buena gramática, que el ser despedido de un empleo bien pagado, agradable y estimulante tenía más
impor-16Kermit Vandivier, “Why Should My Conscience Bother Me?” p. 4. 17U.S. Congress, Air Force A-7D Brake Problem, pp. 5 and 6.
tancia que redactar un informe apegado a la verdad, y que es correcto seguir la ley. Las reglas de una buena gramática, el valor de un empleo bien pagado, agradable y estimulante, y las leyes del Gobierno son también estándares, pero éstos no son estándares morales. Como también lo demuestra el caso de Vandivier, sin embargo, a veces preferimos los estándares no morales a nuestros propios estándares morales.
¿Cuáles son las características que distinguen los estándares morales de los que no son morales? Ésta no es una pregunta fácil de responder. Sin embargo, los éticos han sugerido cinco característi-cas que ayudan a precisar la naturaleza de los estándares morales. Primero, los estándares morales tienen que ver con cuestiones que creemos pueden lesionar o beneficiar muy marcadamente a los seres humanos18. Por ejemplo, la mayoría de la gente de la sociedad estadounidense se atiene a es-tándares morales contra el robo, la violación, la esclavitud, el asesinato, el maltrato infantil, el asalto, la difamación, el fraude, la infracción de la ley, etc. Todos ellos claramente tienen que ver con prob-lemas que la gente considera que son formas serias de agravio. En el caso de Vandivier, estaba claro que mentir en el informe gubernamental y poner en peligro la vida de los pilotos eran dos cosas con-ceptuadas como daños graves, de modo que los dos eran problemas morales, mientras que atenerse a estándares gramaticales no lo era.
Segundo, los estándares morales no se establecen ni se cambian por las decisiones de determi-nados cuerpos de autoridad. Las leyes y los estándares legales se establecen por la autoridad de una legislatura o las decisiones de los electores. Sin embargo, los estándares morales no los establece la autoridad ni su validez descansa en los procedimientos de votación. La validez de los es tándares morales descansa, en cambio, en la adecuación de las razones que se adoptan para sustentarlos y justificarlos, y mientras esas razones sean adecuadas, los estándares permanecerán válidos.
Tercero, y quizás lo más sorprendente, sentimos que los estándares morales deberían ser preferidos a otros valores, incluido (¿de manera especial?) el propio interés19. Esto es, si una persona tiene la obligación moral de realizar algo, entonces se supone que tiene que hacerlo, incluso si ello entra en conflicto con valores no morales o con el propio interés. En el caso de Vandivier, por ejemplo, pensamos que él debió haber preferido los valores morales de la honestidad y el respeto por la vida a los valores no morales de conservar su empleo bien pagado, agradable y estimulante. Naturalmente, esto no quiere decir que siempre esté mal actuar a favor del propio interés; sólo significa que está mal preferir éste a la moralidad.
Cuarto, y en general, los estándares morales se basan en consideraciones imparciales20. El hecho, por ejemplo, de que usted se beneficie con una mentira y yo me sienta perjudicado, es algo muy aparte de si mentir o no mentir está mal moralmente. Filósofos modernos han expresado este punto de vista al decir que los estándares morales se basan en “el punto de vista moral”, esto es, un punto de vista que no evalúa los estándares según si éstos favorecen los intereses de un individuo o grupo en particular, sino que va más allá de los intereses personales hasta un punto de vista “universal”, según el cual los intereses de cada quien son considerados imparcialmente como iguales21. Otros filósofos han expresado el mismo punto de vista al proponer que los estándares morales se basan en las clases de razones imparciales que un “observador ideal” o un “espectador imparcial” aceptaría,
18H. L. Hart, The Concept of Law (London: Oxford University Press, 1961), pp. 84-85. Véase también Charles Fried,
And Anatomy of Values(Cambridge: Harvard Univerity Press, 1970), pp. 91.142.
19El punto es citado en Michael Scriven, Primary Philosophy (Nueva York: McGraw-Hill Book Company, 1966), pp.
232-33.
20Vea, por ejemplo, Rachels, Elements of Moral Philosophy, pp. 9-10. (Hay traducción al español por Gustavo Ortiz
Millán, James Rachels. Introducción a la filosofía moral. México:FCE, 2007).
o que en la decisión sobre cuestiones morales “cada uno cuenta por uno y solamente uno”22. Sin embargo, como veremos en el siguiente capítulo, aunque la imparcialidad es una de las características de los estándares morales, debe ser equilibrada con ciertas clases de parcialidad, en particular con la parcialidad que surge del cuidado legítimo y la preferencia hacia esos individuos con los que tenemos una relación especial, como los miembros de la familia y los amigos. Mientras que la moralidad dice, por ejemplo, que deberíamos ser imparciales en esos contextos en los que se recurre a la justicia -como en la asignación de salarios en una empresa pública- también identifica ciertos contextos --como cuidar a los miembros de la familia- en donde el cuidado preferencial hacia los individuos puede ser moralmente legítimo y quizás incluso moralmente necesario.
Por último, los estándares morales están asociados con emociones especiales y un vocabulario especial23. Por ejemplo, si actúo de forma contraria a un estándar moral, por lo común me sentiré culpable, avergonzado, o lleno de remordimiento; caracterizaré mi comportamiento como “inmoral” o “equivocado” y me sentiré mal conmigo mismo, sufriendo una pérdida de autoestima. Una cuidadosa lectura de las declaraciones de Vandivier, por ejemplo, sugiere que más tarde él sintió vergüenza y remordimiento de lo que había hecho (en realidad, Vandivier testificó más tarde ante el Congreso, en un intento por actuar correctamente). Por otro lado, si vemos que otros actúan en contra de un estándar moral aceptado por nosotros, comúnmente sentiremos indignación o resentimiento incluso disgusto, hacia esas personas; diremos que no están “cumpliendo” con sus, obligaciones morales” y las tendremos en menor estima. Esto es, tal vez, la propia respuesta del lector a la lectura del caso de Vandivier.
Los estándares morales, pues, son estándares que tienen que ver con problemas que pensamos que son de serias consecuencias, que se basan en buenas razones y no en la autoridad, que están por encima del interés propio, que se basan en consideraciones imparciales, y cuya transgresión está acompaña da de sentimientos de culpa y vergüenza y de un vocabulario moral especial. De niños asimilamos esos estándares de distintas influencias y volvemos a revisarlos cuando maduramos.
1.1.2.
Ética
¿Qué es, pues, ética? Ética es la actividad de examinar los estándares morales de uno mismo o los estándares morales de la sociedad, y de preguntarse cómo se aplican éstos a nuestras vidas y si son razonables o irrazonables, esto es, si se hallan sustentados por buenas o por malas razones. Por consiguiente, una persona empieza a hacer ética, cuando toma los estándares morales asimilados de la familia, la iglesia, y los amigos, y pregunta: ¿Qué implican esos estándares para la situación en la que me encuentro? ¿Tienen sentido en realidad esos estándares? ¿Cuáles son las razones a favor o en contra de ellos? ¿Por qué continuaré creyendo en ellos? ¿Qué puede decirse a su favor, y qué puede decirse en contra? ¿Son realmente razonables para que me atenga a ellos? ¿Son razonables sus implicaciones en ésta o en otra situación determinada?
Tome el caso de Vandivier y la B. E Goodrich como ejemplo. Vandivier aparentemente fue edu-cado para aceptar el estándar moral de que uno tiene la obligación de decir la verdad, y por eso sintió que en su situación particular hubiera estado mal redactar un informe falso sobre el freno. Pero cabría preguntarse si redactar lo que en su concepto fue un informe falso estuvo mal en realidad, en sus circunstancias particulares. Vandivier tenía varios compromisos financieros importantes, tanto con él
22El punto se cita en Peter Singer, Practical Ethics, 2nd ed., (Nueva York: Cambridge University Press, 1993), pp.
10-11.
mismo como con otras personas. Plantea, por ejemplo, que acababa de casarse, que acababa de com-prar una casa y que, por eso, tenía que hacer pagos de hipoteca cada mes, y tenía que mantener a su familia. Si no escribía el informe como se le había ordenado que lo hiciera, sería despedido y no po-dría cumplir con sus obligaciones. ¿Acaso esas obligaciones morales para con él mismo y su familia no tienen más peso que la obligación de no escribir un informe falso? ¿En qué se basa su obligación de decir la verdad, y por qué es la obligación de decir la verdad mayor o menor que las obligaciones personales hacia uno mismo o la familia? Considere luego las obligaciones de Vandivier con su pa-trón, B. E Goodrich. ¿No tiene un empleado la obligación moral de obedecer a su patrón? ¿Pesa más la obligación de obedecer al patrón que la obligación de no redactar un informe falso? ¿Cuál es la fuente de ambas obligaciones y qué hace que una sea mayor o menor que la otra? Considere también, que la empresa, B. E Goodrich y todos sus gerentes, insístían en que el mejor curso de acción era el de redactar un informe que diera el visto bueno al freno. Si había algo indebido en relación con el freno o el contrato, la empresa, B. E Goodrich, sería la responsable, y no Vandivier, que era un empleado de nivel medio. Puesto que la empresa, y no Vandivier, sería la responsable, ¿tenía la empresa el deseo moral de tomar la decisión final respecto del informe, en vez de Vandivier, que era un empleado de nivel medio? ¿Pertenece el derecho moral de tomar una decisión a la parte que será responsable de la decisión? ¿En qué se basa ese derecho, y por qué lo aceptaríamos? Considere, por último, que Van-divier señala que al final, su negativa personal a participar en escribir el informe le hubiera reportado alguna “satisfacción”, pero no importa lo que ocurriera, porque alguien más hubiera sido contratado para redactar el informe. Puesto que las consecuencias hubieran sido las mismas tanto si hubiera es-tado de acuerdo como si se hubiera negado, ¿tenía en realidad alguna obligación moral de negarse? ¿Tiene alguien alguna obligación moral de hacer algo que no tiene repercusiones?
Note la serie de preguntas que el caso de Vandivier nos lleva a plantear. Son preguntas acerca de si es razonable aplicar varios estándares morales a su situación, preguntas acerca de si es razonable decir que una norma moral es más o menos importante que otra, y preguntas acerca de qué razones deberíamos tener, incluso para atenemos a esas normas. Cuando una persona se plantea esa clase de preguntas acerca de sus propias normas morales o acerca de las normas morales de la sociedad a que pertenece, la persona ha empezado a hacer ética. La ética es el estudio de las normas morales porque es el proceso de analizar los estándares morales de una persona o sociedad de cara a determinar si esos estándares son razonables o irrazonables, y de cara a aplicarlos a situaciones y asuntos concretos. El propósito principal de la ética es desarrollar un cuerpo de normas morales que conceptuamos como lo suficientemente razonables para atenemos a ellas y sobre las que hemos pensado cuidadosamente y decidido que son estándares justificados para que los aceptemos y los apliquemos a las elecciones que rigen nuestras vidas.
Ética no es sólo el modo de estudiar la moralidad. Las ciencias sociales, de hecho, también estudi-an la moralidad, pero lo hacen de una mestudi-anera completamente diferente al enfoque de la moralidad que es característico de la ética. Mientras que la ética implica un estudio normativo de ésta, las ciencias sociales se encargan del estudio descriptivo de la ética. Un estudio normativo es una investigación que intenta llegar a conclusiones normativas, esto es, conclusiones acerca de qué cosas son buenas o malas, o acerca de qué acciones son correctas o incorrectas. En pocas palabras, el estudio normativo pretende descubrir qué se debe hacer. Como hemos visto, la ética es un estudio de estándares morales cuyo propósito explícito es determinar en la medida de lo posible qué estándares son correctos o están sustentados por las mejores razones, y así intenta llegar a conclusiones acerca de la moralidad justa o injusta y el bien o el mal moral.
Un estudio descriptivo, por otro lado, es el que no intenta extraer conclusiones acerca de qué es lo verdaderamente bueno o malo, justo o injusto. Más bien, el estudio descriptivo simplemente pretende
describir o explicar el mundo, sin llegar a conclusión alguna acerca de si el mundo es como debe ser. Los antropólogos y los sociólogos, por ejemplo, pueden estudiar los estándares morales de un pueblo o de una cultura en particular. Al hacerlo, tratan de desarrollar descripciones precisas de los están-dares morales de esa cultura y, tal vez incluso, formular una teoría que explique su estructura. Como antropólogos o sociólogos, sin embargo, no es su propósito determinar si esos estándares morales son correctos o incorrectos.
La ética, por otro lado, es un estudio de los estándares morales cuyo propósito explícito es deter-minar en lo posible si una norma moral dada (o juicio moral basado en esa norma) es más o menos correcto. Mientras que el sociólogo se pregunta, por ejemplo, “¿creen los estadounidenses que el soborno es incorrecto?”, el ético se pregunta “¿es incorrecto el soborno?”. El ético, pues, se ocupa de desarrollar exigencias y teorías razonables y normativas, mientras que el estudio antropológico o sociológico de la moralidad tiene como fin procurar las caracterizaciones descriptivas de las creencias de las personas.
1.1.3.
La ética en los negocios
Esta caracterización de la ética ha sido pensada para transmitir una idea de qué es ética. Nuestro interés, aquí, sin embargo, no es con la ética en general sino con un campo específico de la ética: la ética de los negocios. La ética de los negocios es un estudio especializado de lo moralmente correcto o incorrecto. Se concentra en las normas morales en la medida en que éstas atañen concretamente a las políticas, instituciones y comportamiento de los negocios. Una breve descripción de la naturaleza de las instituciones de negocios aclarará todo esto.
Una sociedad consta de personas que persiguen fines comunes y cuyas actividades están organi-zadas por un sistema de instituciones diseñadas para alcanzar esos fines. Que los hombres, las mujeres y los niños tienen fines comunes es obvio. Están el fin común de establecer, nutrir, y proteger la vida de la familia; el de producir y distribuir los materiales de los que depende la vida humana, el de re-stringir y regularizar el uso de la fuerza; el de organizar los medios para tomar decisiones colectivas; y el de crear y preservar valores culturales como el arte, el conocimiento, la tecnología, y la religión. Los miembros de una sociedad alcanzarán esos fines mediante el establecimiento de patrones de ac-tividad relativamente fijos que llamamos “instituciones”: familiares, económicas, jurídicas, políticas, y educativas.
Las instituciones más influyentes dentro de las sociedades contemporáneas pueden ser las institu-ciones económicas. Están diseñadas para alcanzar dos fines: (1) la producción de los bienes y servicios que los miembros de la sociedad desean y necesitan; y (2) la distribución de esos bienes y servicios a los distintos miembros de la sociedad. Por ello, las instituciones económicas determinan quiénes se encargarán del trabajo de producción, cómo se organizará ese trabajo, qué recursos consumirá ese trabajo, y cómo sus productos y beneficios serán distribuidos entre los miembros de la sociedad.
Las empresas de negocios son las instituciones económicas primarias a través de las cuales los miembros de las sociedades modernas se ocupan de las tareas de producir y distribuir bienes y ser-vicios. Ellas proporcionan las estructuras fundamentales dentro de las cuales los miembros de la so-ciedad combinan sus insuficientes recursos -tierra, trabajo, capital y tecnología- en bienes utilizables, y proporcionan canales a través de los cuales esos bienes son distribuidos en forma de productos de consumo, salarios de empleados, rendimiento de los inversionistas e impuestos gubernamentales. La minería, la fabricación, la venta al detalle, la banca, el marketing, el transporte, los seguros, la construcción, y la publicidad son las diferentes facetas de los procesos productivo y distributivo de nuestras modernas instituciones de negocios.
Las clases más importantes de empresas modernas de negocios son las corporaciones: organi-zaciones que la ley dota de derechos y poderes legales especiales. Hoy las grandes organiorgani-zaciones corporativas dominan nuestra economía. En 1995, General Motors, la corporación industrial más grande del mundo, tuvo ventas por más de 168.8 mil millones de dólares, poseía activos valorados en 217 mil millones de dólares, y empleaba a más de 745,000 trabajadores. De las 190 naciones del mundo, sólo unas cuantas (por ejemplo, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Estados Unidos, Rusia, Reino Unido) tenían presupuestos gubernamentales más grandes que los ingresos por ventas de General Motors, y sólo unos treinta países tenían un número mayor de trabajadores empleados en la manufactura que los que tenía esta empresa. Cerca de la mitad de las ganancias e ingresos combi-nados de Estados Unidos están en manos de alrededor de un centenar de grandes corporaciones de ese tipo, cada una de las cuales tiene activos valorados en más de mil millones de dólares. Las 195,000 empresas industriales más pequeñas, con activos con un valor de menos de 10 millones de dólares, controlan sólo el 10 % de los activos y las ganancias industriales de ese país. Como se informó en el resumen anual de la revista Fortune, las 500 corporaciones industriales estadounidenses más grandes combinaron en 1995 ventas por 4.69 billones de dólares, ganancias combinadas por 244 mil millones de dólares, activos combinados de 10.49 billones de dólares, y una fuerza combinada de trabajo de 20.2 millones de empleados. Esas 500 corporaciones dan razón de cerca del 65 % de todas las ventas industriales, el 80 % de todas las ganancias industriales, el 80 % de todos los activos industriales y cerca del 75 % de todos los empleados industriales. Aun así, comprenden sólo un 0.2 % del total de empresas industriales que operan en Estados Unidos.
La corporación de negocios en su actual forma es una clase relativamente nueva de institución (tal y como funcionan las instituciones). Aunque procede de la “empresa de capital social” del siglo XVI, muchas de sus actuales características fueron adquiridas durante el siglo XIX. Las corpora-ciones modernas son organizacorpora-ciones que la ley considera como “personas” ficticias inmortales que tienen derecho a demandar y a ser demandadas, poseer y vender propiedades, y celebrar contratos, todo en su propio nombre. Como organización, la corporación moderna consiste en: (1) accionistas que aportan capital y que son dueños de la corporación, pero cuya responsabilidad por los actos de la corporación está limitada al dinero que aportaron, (2) directores y funcionarios que administran los bienes de la corporación y que la dirigen a través de varios niveles de “gerentes medios”, y (3) em-pleados que proporcionan el trabajo y que realizan operaciones básicas relacionadas directamente con la producción de bienes y servicios. Para encarar los complejos problemas de coordinación y control, los funcionarios y los gerentes de las grandes corporaciones adoptan sistemas burocráticos formales de reglas que enlazan las actividades de los miembros individuales de la organización para alcanzar ciertos resultados u “objetivos”. Siempre que el individuo siga esas reglas, se alcanzará el resultado, incluso si el individuo no conoce en qué consiste ni se preocupa por él.
La ética de los negocios es un estudio de normas morales y de cómo éstas se aplican a los sis-temas y organizaciones a través de los cuales las sociedades modernas producen y distribuyen bi-enes y servicios, y a la gente que trabaja dentro de esas organizaciones. La ética de los negocios, en otras palabras, es una forma de ética aplicada, y comprende no sólo el análisis de normas y valores morales, sino que también trata de aplicar las conclusiones de ese análisis a la serie de instituciones, tecnologías, transacciones, actividades, y procedimientos que llamamos “negocios”.
Como lo sugiere esta definición de ética de los negocios, los asuntos de que trata la ética de los negocios abarcan una amplia variedad de temas. Para poner un poco de orden a esa diversidad, será de ayuda si distinguimos tres clases diferentes de asuntos que la ética de los negocios investiga: asuntos sistémicos, corporativos, e individuales. Asuntos sistémicos en la ética de los negocios son las cuestiones éticas que surgen sobre sistemas económicos, políticos, jurídicos y otros, dentro de los
cuales los negocios operan. Entre ellos se encuentran las cuestiones sobre la moralidad del capitalismo o de las leyes, las regulaciones, las estructuras industriales y las prácticas sociales dentro de las que operan los negocios estadounidenses. Un ejemplo sería cualquier pregunta sobre la moralidad del sistema gubernamental de compromisos, mediante el cual, a B. F. Goodrich se le autorizó probar la suficiencia de su propio diseño de frenos para el A7D.
Asuntos corporativos en la ética de los negocios son las cuestiones éticas que surgen acerca de una empresa en particular. Forman parte de ellas preguntas acerca de la moralidad de las actividades, políticas, prácticas o estructura organizacional de una empresa determinada, tomada como un todo. Ejemplos de este tipo serían las cuestiones acerca de la moralidad de la cultura corporativa de B. F. Goodrich o acerca de la decisión corporativa de la empresa para “dar el visto bueno” al freno A7D.
Por último, asuntos propios de la ética de los negocios son las cuestiones éticas que surgen sobre un individuo en particular, dentro de una empresa. Se trata de las cuestiones acerca de la moralidad de las decisiones, acciones o carácter de una persona. Ejemplo de ello sería preguntar si la decisión de Vandivier de participar en la elaboración de un informe sobre el freno del A7D que él creía que era falso estaba moralmente justificado.
Es útil cuando se analizan las cuestiones éticas que surgen de una decisión o un caso en particu-lar, seleccionarlas en términos de si se trata de cuestiones sistémicas, corporativas o individuales. A menudo el mundo nos presenta decisiones que involucran una gran diversidad de asuntos interrela-cionados, extremadamente complicados, que pueden confundimos, a menos que los distintos tipos de cuestiones sean primero cuidadosamente separados y distinguidos unos de otros.
1.1.4.
¿Son los estándares morales aplicables a las corporaciones o sólo lo son
a los individuos?
Las organizaciones corporativas plantean problemas importantes a cualquiera que trata de aplicar las normas morales a actividades de los negocios. ¿Podemos decir que los actos de esas organizaciones son “morales” o “inmorales”, en el mismo sentido que lo son las acciones de los seres humanos? ¿Y podemos decir igualmente que. esas organizaciones son “moralmente responsables” de sus actos, en el mismo sentido que lo son los seres humanos? ¿o deberíamos decir que no tiene sentido aplicar tér-minos morales a las organizaciones como un todo sino a los individuos que integran la organización? En un caso reciente, por ejemplo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos condenó a la E. F. Hutton Corporation de haber realizado un complicado fraude en el que los empleados habían suscrito sobregiros sobre las cuentas bancarias que permitieron a la E. F. Hutton desviar ganancias en intereses que justamente pertenecían a los bancos. Los críticos después se quejaron de que el Departamento de Justicia debería de haber condenado a los gerentes de E. F. Hutton, y no a la corporación, puesto que “las corporaciones no cometen delitos, los cometen las personas”24. ¿Acaso nociones morales como “responsabilidad”, “delito” y “obligación” pueden ser aplicadas a grupos como corporaciones, o son los individuos únicamente los agentes morales reales?
Dos puntos de vista han surgido en respuesta a este problema25. En un extremo está el punto de
24“Corporate Criminal or Criminal Corporations?” Wall Street Journal, 19 June 1985; “Who Pays for Executive Sins?”
New YorkTimes, 4 de marzo de 1984.
25Para el primer punto de vista véase Peter A. French, Collective and Corporate Responsibility (New York: Columbia
University Press, 1984); Kenneth E. Goodpaster y John B. Matthews, Jr., “Can a Corporation Have a Conscience?” Harvard Business Review, 60 (1982): 132-41; Thomas Donaldson, “Moral Agency and Corporations”, Philosophy in Context, 10 (1980): 51-70; David T. Ozar, “The Moral Responsibility of Corporations”, en Ethical Issues in Business, Thomas Donaldson y Patricia Werhane, eds. (Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, 1979), pp. 294-300. Para el segundo