3. El desarrollo en la doctrina social de la Iglesia
3.1. El desarrollo como nuevo nombre de la paz: la obra de Pablo VI
Fuertemente influenciado por el pensamiento de Lebret, de Perroux y de Maritain289, Pablo VI estaba convencido de que debía profundizar la obra de Juan XXIII
y del Concilio Vaticano II en torno al ideal del desarrollo.
287 García Bossio, H. “Génesis del Estado Desarrollista Latinoamericano: el pensamiento y la praxis política de
Helio Jaguaribe (Brasil) y de Rogelio Frigerio (Argentina)”, Educa, Bs. As., 2008, en esp. pp. 13 y ss.
288
Cita 14 en “Populorum Progressio”.
289 Su impronta se centró en su idea del hombre Integral; pretendía rescatar las múltiples dimensiones de la
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Aún antes de publicar su Encíclica “Populorum Progressio” el Pontífice había mostrado su preocupación con relación a ese tema. En Bombay, en 1964, había planteado la necesidad de crear una organización mundial del desarrollo para tratar su problemática a gran escala y lograr una respuesta a nivel global.
Por otra parte el 29 de septiembre de 1966, en ocasión de dirigir una carta al X Consejo Episcopal Latinoamericano, Pablo VI señaló: “…resulta muy natural interrogarnos sobre lo que entendemos y queremos por desarrollo en nuestra calidad de cristianos y, sobre todo, como hombres de Iglesia que somos. En la visión cristiana, el desarrollo no debe identificarse con el auge puramente económico de bienes: para ser auténtico debe ser también integral, elevación de la persona en todos los aspectos y elevación universal de toda la humanidad, indivisible y armoniosa, desarrollo ordenado en todas las competencias, sostenido por un principio unificador y guiado por una intervención racional y continua de la inteligencia y de la voluntad del hombre.
En consecuencia, es en la base del concepto del desarrollo que debe ser realizada la obra esclarecedora e irreemplazable de la Iglesia: es decir, darle un alma a fin de que no sea un fin en sí, sino un medio para facilitar la formación completa de las facultades del hombre…”290.
La X Asamblea Extraordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) se hizo eco de las palabras del Santo Padre y las incorporó casi textualmente en su Mensaje Final291.
estructuras productivas estuvieran impregnadas de un espíritu conforme a la concepción “comunitaria- personalista” de la vida social (García Bossio, H. op. cit. p. 17).
290 Carta de Pablo VI al X Consejo Episcopal Latinoamericano reunido en la Ciudad de Mar del Plata,
Argentina, del 9 al 11 de octubre de 1966. Texto completo en Revista SIC (de los sacerdotes jesuitas venezolanos) Año XXIX, Nº 289, Centro Gumilla, Caracas, 1966, pp. 425 y ss.
291 Mensaje de la X Asamblea Extraordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano, en Revista SIC (de los
sacerdotes jesuitas venezolanos) Año XXIX, Nº 289, Centro Gumilla, Caracas, 1966, pp. 469 y ss.
En realidad el Consejo Episcopal Latinoamericano desarrolló los temas vinculados con la problemática social en esa región en sus cinco Conferencias Generales, comenzando por una referencia genérica en Río de Janeiro en 1955. Luego, en Medellín, en 1968, los obispos latinoamericanos influenciados por la labor de Pablo VI se pronunciaron fuertemente en contra de la miseria como hecho colectivo atentatorio contra la paz. En Puebla, en 1979, durante el papado de Juan Pablo II, se profundizó el rechazo de las estructuras injustas y se remarcó la importancia de realizar una opción por los pobres más decidida y generalizada. En 1992, en Santo Domingo, los obispos retomaron esa idea y sostuvieron: “Como expresión de la Nueva Evangelización nos comprometemos también a trabajar por una promoción integral del pueblo latinoamericano y caribeño, teniendo como preocupación que sus principales destinatarios sean los más
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Algunos meses más tarde, el 26 de marzo de 1967, Pablo VI dio a conocer su Encíclica “Populorum Progressio” dirigida a los “obispos, sacerdotes, religiosos y fieles de todo el mundo y a todos los hombres de buena voluntad, sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos”.
En ella el Papa manifestó que el desarrollo de los pueblos, en especial el de aquellos que se esfuerzan por escapar del hambre y de la miseria, entre otros males, era observado por la Iglesia con atención292. Todo el documento se destinó al análisis de los
problemas planteados a nivel mundial en torno a las ideas del desarrollo y a las desigualdades entre los países y los pueblos más poderosos y los menos desarrollados.
En esta Encíclica Pablo VI bregó por un desarrollo integral del hombre293,
sostuvo, recordando a Lebret, que para ser auténtico el desarrollo “…debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre (…) Nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera…”294; marcó las responsabilidades de todos los
hombres, en especial con relación a la promoción del desarrollo solidario de la humanidad295; señaló los obstáculos a remontar, entre ellos ciertas ideologías como el
nacionalismo y el racismo296; y resaltó la necesidad de practicar la caridad universal297.
Al título del Punto 76 de este documento pertenece la frase “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, ya que según el Pontífice “Las diferencias económicas, sociales y culturales demasiado grandes entre los pueblos provocan tensiones y discordias y ponen la paz en peligro (…) Combatir la miseria y luchar contra la injusticia es promover, a la par que el mayor bienestar, el progreso humano y espiritual de todos y
pobres” (Mensaje 31). Y se refirieron a la promoción humana como una dimensión privilegiada de la Nueva
Evangelización (Conclusión 159). Esa línea fue seguida en 2007 en la V Conferencia General en Aparecida, en cuyo Mensaje Final los obispos afirmaron: “Queremos favorecer un desarrollo humano y sostenible basado en la justa distribución de las riquezas y la comunión de los bienes entre todos los pueblos” (Pto. 5).
292
“Populorum Progressio”, Pto. 1.
293 “Populorum Progressio”, Primera Parte. 294
“Populorum Progressio”, Pto. 14.
295
“Populorum Progressio”, Segunda Parte.
296 “Populorum Progressio”, Ptos. 62 y 63. 297 “Populorum Progressio”, Ptos. 66 a 80.
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por consiguiente, el bien común de la humanidad. La paz no se reduce a una ausencia de guerra, fruto del equilibrio siempre precario de las fuerzas. La paz se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres”.
En la misma línea, hacia el final de la Encíclica y luego de un amplio llamamiento a los “…apóstoles del desarrollo auténtico y verdadero que no consiste en la riqueza egoísta y deseada por sí misma, sino en la economía al servicio del hombre”298…
Pablo VI concluyó: “…si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, ¿quién no querrá trabajar con todas las fuerzas para lograrlo?”299