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Perrault ya había señalado hacia fines del siglo XVII que las guerras prolongadas podían forzar a que los hombres descuidaran sus estudios y dedicasen todo su vigor a necesidades más imperiosas como la auto-preservación, de manera tal que, luego de un período de adelantos, podía sobrevenir otro de ignorancia o decadencia.

Más de dos siglos después, la historia confirmó su hipótesis. El acaecimiento de las dos guerras mundiales del siglo XX implicó un cambio total en el diagrama político, económico y social y, consecuentemente, científico.

A ello deben sumarse los distintos procesos de descolonización que también provocaron replanteos en torno a la idea de desarrollo. A partir del último tercio del siglo XIX distintos países europeos habían comenzado una nueva oleada de su expansión colonialista sobre territorios situados en otros continentes, impulsados por motivos de lo más diversos pero que, en esencia, fueron causados por la crisis económica y demográfica que aquel continente atravesó hacia la década del ’70 del siglo XIX y que llevó a las potencias europeas a buscar materias primas, mano de obra barata y nuevos mercados allende los mares. Inglaterra, Francia, Italia, Bélgica, los Países Bajos y Alemania fueron los principales protagonistas de esta etapa que tendría uno de sus capítulos finales al terminar la Primera Guerra Mundial y el último al concluir la Segunda Guerra.

La caída del colonialismo en sus dos capítulos trajo aparejadas varias consecuencias, algunas implicaron situaciones más dramáticas que las que existían antes y durante el dominio europeo, pero también coadyuvó al replanteo del concepto de desarrollo.

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Según la “Edinburgh Review” el objetivo de la Exposición de Londres fue captar el desenvolvimiento del progreso humano, cimentado con cada sucesiva conquista del intelecto del hombre (Nisbet, R. op. cit. p. 28).

68 Pese a que la Exposición de Chicago se celebró en medio de una de las peores crisis económicas de

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Es más, hay autores, como Rist, que sostienen que aunque ya previamente se utilizaba ese vocablo, recién a partir del siglo XX, con los efectos provocados por las dos posguerras, se puede hablar de una teoría del desarrollo o de la era del desarrollo69.

5.1. La Primera Guerra Mundial y la Sociedad de las Naciones.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial se creó la Sociedad (o Liga) de las Naciones en 1919, con el objeto de reorganizar las relaciones internacionales y garantizar la paz. Fue la primera institución política internacional permanente creada para intentar lograr lo que la diplomacia entre los países no había podido conseguir hasta ese momento.

Como señala Rist, en lo que hace a la teoría del desarrollo, el texto del Acuerdo que le dio nacimiento a esa Liga fue relevante, en atención a lo establecido por sus artículos 22 y 23.

Téngase presente para ello que las colonias (sobre todo las africanas) jugaron un papel protagónico en la negociación de la redacción de ese texto porque una de las discusiones principales al terminar la guerra giró en torno a qué debía hacerse con las colonias alemanas y con los territorios otomanos70. Por un lado, las potencias

europeas como Francia e Inglaterra pretendían extender sus dominios sobre los otrora territorios alemanes, en tanto que los Estados Unidos de Norteamérica –cuyo apoyo armado había sido decisivo para el triunfo aliado– habían dejado muy en claro tanto su postura anticolonialista como su apoyo a toda forma de libre comercio71.

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Rist, G. op. cit. pp. 47/79.

70 Las colonias alemanas eran: Togolandia, Camerún, África del Sudoeste (Namibia), Tanganica, Ruanda,

Burundi, el Puerto de Kionga y la Nueva Guinea Alemana, que sumaban algo más de 2.000.000 km2. Por su parte, los territorios otomanos abarcaban, además de la actual República de Turquía, Siria, Líbano, Irak y Palestina, entre otros.

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Los denominados Catorce Puntos del Presidente norteamericano Woodrow Wilson fueron la muestra más clara de ello. En efecto, estas propuestas efectuadas el 8 de enero de 1918 fueron las siguientes:

1. Convenios abiertos y no diplomacia secreta en el futuro.

2. Absoluta libertad de navegación en la paz y en la guerra fuera de las aguas jurisdiccionales, excepto cuando los mares quedasen cerrados por un acuerdo internacional.

3. Desaparición, tanto como sea posible, de las barreras económicas. 4. Garantías adecuadas para la reducción de los armamentos nacionales.

5. Reajuste de las reclamaciones coloniales, de tal manera que los intereses de los pueblos merezcan igual consideración que las aspiraciones de los gobiernos, cuyo fundamento habrá de ser determinado, es decir, el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

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La solución acordada intentó alcanzar un punto intermedio entre las pretensiones de unos y de otros. Los artículos 22 y 23 del Convenio dejaron expuesto que las colonias y territorios que habían estado bajo el dominio de los Estados perdidosos estaban habitadas por pueblos aún no aptos para valerse por sí mismos en el mundo moderno por lo que se estipuló que serían tutelados en su bienestar y desarrollo por las naciones avanzadas, que en atención a su experiencia, medios económicos y/o posición geográfica podían llevar a cabo esa misión, algo que harían en carácter de mandatarios de la Liga. Asimismo se reconoció que algunas comunidades antes pertenecientes al Imperio Otomano ya habían logrado alcanzar una etapa de desarrollo en la que su existencia como naciones independientes podía ser reconocida provisionalmente72.

Estos textos resultaron particularmente importantes ya que introdujeron en el pensamiento internacional, por primera vez, la noción expresa que existían etapas o grados de desarrollo y, por ende, diferencias entre pueblos desarrollados y los que no lo estaban73.

6. Evacuación de todo el territorio ruso, dándose a Rusia plena oportunidad para su propio desarrollo con la ayuda de las potencias.

7. Plena restauración de Bélgica en su completa y libre soberanía.

8. Liberación de todo el territorio francés y reparación de los perjuicios causados por Prusia en 1871. 9. Reajuste de las fronteras italianas de acuerdo con el principio de la nacionalidad.

10. Oportunidad para un desarrollo autónomo de los pueblos del Imperio Austrohúngaro.

11. Evacuación de Rumanía, Serbia y Montenegro, concesión de un acceso al mar a Serbia y arreglo de las relaciones entre los Estados balcánicos de acuerdo con sus sentimientos y el principio de nacionalidad. 12. Seguridad de desarrollo autónomo de las nacionalidades no turcas del Imperio Otomano y el Estrecho de los Dardanelos libres para toda clase de barcos.

13. Declarar a Polonia como un estado independiente, que además tenga acceso al mar.

14. La creación de una asociación general de naciones, a constituir mediante pactos específicos con el propósito de garantizar mutuamente la independencia política y la integridad territorial, tanto de los Estados grandes como de los pequeños.

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En especial ver Art. 22. aps. 1 y 2.

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En cuanto a la posición Argentina con respecto a la Liga de las Naciones, cabe recordar que una vez ratificado el tratado de paz en Versailles, el Presidente del Consejo Supremo de la Sociedad de las Naciones, George Clemenceau, se dirigió por telegrama el 20 de enero de 1920 al presidente Yrigoyen, invitando a la Argentina a adherirse al Pacto de la Sociedad de las Naciones. Yrigoyen aceptó la invitación, ratificando los términos de adhesión efectuados en julio de 1919. Tras obtener el acuerdo del Senado, el Poder Ejecutivo nombró, en octubre de 1920, a la delegación que representaría a la Argentina en la Liga de las Naciones. Estaba encabezada por el canciller Honorio Pueyrredón, e integrada por el entonces embajador argentino en París, Marcelo Torcuato de Alvear; el embajador argentino en Viena, Felipe Pérez; el consejero Roberto Levillier y el asesor técnico Daniel Antokoletz. Las instrucciones más importantes del gobierno argentino a su delegación fueron, en lo que aquí interesa, las siguientes:

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Esta contraposición entre desarrollo y no desarrollo o subdesarrollo terminó de tomar forma y fuerza algo más adelante, tal como se verá.

Excede el objeto de este trabajo el analizar las causas y efectos del fracaso de la Sociedad de las Naciones, pero sí debe notarse que en atención a su debilidad institucional, la Liga no pudo jugar el rol de control político internacional para el que había sido creada, ni evitar la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, el esquema trazado con relación a las colonias, sí permitió –sin proponérselo– que algunos de sus líderes políticos comenzaran a tomar protagonismo en el escenario internacional y plantearan cada vez con más fuerza temas vinculados con la necesidad del desarrollo de sus territorios. El desarrollo desde esa óptica, comenzó a adquirir matices íntimamente vinculados con la libertad74.

5.2. La Segunda Guerra Mundial y la Organización de las Naciones Unidas.

Sostiene Rist que la Segunda Guerra Mundial cambió todo.

Europa, para poder librarse del nazismo, tuvo que ponerse en manos de Estados Unidos y de la Unión Soviética, potencias éstas, que no tenían interés alguno en proteger los imperios coloniales75 por lo que el centro de la política internacional

dejó de estar en Europa y el protagonismo sería entonces de los Estados mencionados. Si bien la creación de la Organización de las Naciones Unidas respondió a motivos similares, en principio, a los que habían dado nacimiento a la Sociedad de las Naciones, el rol cumplido por Estados Unidos sería determinante para imprimirle características específicas.

Por empezar, la sede del organismo político internacional ya no estaba en Europa (la Liga tenía su sede en Ginebra), sino en Norteamérica (en Nueva York).

Entre sus finalidades se incluyeron algunas más específicamente referidas al desarrollo que las de su antecesora. El artículo 55, inciso a) de la Carta de la ONU dispuso:

“XVI- Respecto a los mandatos coloniales, propiciará la fórmula que coloque a los pueblos incapaces de gobernarse por sí mismos en condiciones de progresar moral y materialmente y constituir con el tiempo Estados libres e independientes” (“Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina”, en www.argentina-rree.com).

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En 1937, en oportunidad de dirigirse a la Royal Empire Society en Londres, el entonces Gobernador de Nigeria, Bourdillon, dijo: “La teoría de la explotación ha muerto… y la teoría del desarrollo ha tomado su lugar” (Cowen, M.P. y Shenton, R. W. op. cit. p. 6. Traducción propia de la cita).

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Con el propósito de crear las condiciones de estabilidad y bienestar necesarias para las relaciones pacíficas y amistosas entre las naciones, basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, la Organización promoverá: a) Niveles de vida más elevados, trabajo permanente para todos y condiciones de progreso y desarrollo económico y social…” (el subrayado me pertenece).

Además, a partir de 1945 la idea de desarrollo estuvo atada también a la de la caída del colonialismo y a la de la necesidad de la soberanía, porque la soberanía nacional ya no podía tener un significado real a menos que fuera unida a la de desarrollo entendido como un progreso hacia una igualdad social y económica de la que ninguna nación podía ser privada por razones naturales. Soberanía nacional y desarrollo, así definido, pasaron a estar tan íntimamente unidos como el principio de la igualdad de derechos y el de la libertad individual76.

Consecuentemente las distintas colonias fueron adquiriendo su independencia, entre ellas, Birmania y Filipinas, en 1946 e India, Pakistán y Ceilán, en 194777.

76 Kay, G. “Development and Underdevelopment: a Marxist Analysis”, Macmillan, London, 1975, pp. 1/2.

Palazzo señala que con la segunda posguerra se inició un profundo proceso de descolonización de Asia, África y otras regiones. Recuerda el autor que en 1941 los aliados firmaron la Carta del Atlántico en la que reconocieron el derecho a la autodeterminación de los pueblos y el de elegir su forma de gobierno, ambos luego receptados –como se verá– en la Carta de las Naciones Unidas, una de cuyas consecuencias fue la aprobación (en 1960) de la “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”, que proclamó la necesidad de poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo (Palazzo, E. “Mirando a los vecinos. Las etapas del constitucionalismo. Avances y frustraciones en América del Sur”, en El Derecho Constitucional, 2008-598).

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Otro de los principales hitos del fin del colonialismo fue el episodio de la derrota francesa en Diên Biên Phu, al noroeste de Vietnam. El 20 de noviembre de 1953 los paracaidistas franceses ocuparon la hondonada de Diên Biên Phu con la misión de crear una base aeroterrestre para hostigar al Viêt-minh. Pero asediado por las fuerzas del General Giap y sometido a un intenso fuego artillero fue finalmente tomado por asalto el 7 de mayo de 1954 y se convirtió en la tumba de las tropas de élite del cuerpo expedicionario francés. Esa caída significó el fin de la presencia francesa en Indochina (Balbín, J.L. “Diên Biên Phu, el Principio del Fin del Colonialismo”, en “Los Hechos Políticos del Siglo XX”, Hispamérica Ediciones, Madrid, 1982, T. 7, p. 121).

Fue también en esa época que comenzó la denominada Guerra Fría entre EE.UU. y la U.R.S.S. cuando el 2 de marzo de ese año la U.R.S.S. no desocupó el norte de Irán, como estaba previsto, sino que fue demorando su salida hasta noviembre, mes en el que finalmente la llevó a cabo dadas las durísimas advertencias de Inglaterra y EE.UU.

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