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Aspectos Generales de Atención a la Infancia con Discapacidad.

3.1.2. Aspectos Generales del Desarrollo

3.1.2.2. Desarrollo General del niño:

3.1.2.2.2. Desarrollo Psicomotor:

En lo referente al desarrollo psicomotor es importante tener en cuenta que en el comienzo de la vida humana se produce un proceso de maduración neurológica que comienza en la propia gestación y que nos lleva hasta los 3-5 años. Este límite de edad indica que se producen cotas de maduración alta, suficientes para comenzar un desarrollo cada vez más complejo donde se interrelacionan y se coordinan los procesos, generando otros nuevos (Mora J. y Palacios J., 1990:134).

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Leyes del desarrollo psicomotor (Mora J. y Palacios J., 1990:134-135).

Ley Céfalo-Caudal De acuerdo a esta ley se controlan antes las partes del cuerpo que están próximas a la cabeza, extendiéndose luego el control hacia abajo

Ley Próximo-Distal Se controlan antes las partes próximas al eje corporal que las más alejadas. Teniendo como eje una línea imaginaria que divide al cuerpo en dos mitades.

Ley de Diferenciación Progresiva

Por la que primero se alcanza el control de la masa muscular.

Elaboración propia. Fuente: Mora J. y Palacios J., 1990:134-135.

Un aspecto madurativo fundamental es el control de los esfínteres. Los niños/as consiguen controlarlos entre los dos años y los tres, existiendo un proceso previo, de control por el día (entre los 18- 24 meses) y posteriormente de noche (entre los 2-3 años).

Entre los tres primeros años de vida se produce el control postural, la locomoción y la coordinación perceptivo-motriz. Posteriormente entre los 3 y los 6 años se va produciendo una disociación progresiva de los segmentos corporales que supone mayor control en la psicomotricidad fina, pudiendo realizar tareas más precisas.

En los relativo al movimiento, en torno al segundo año de vida, el niño/a va accediendo progresivamente a sostenerse de pie, caminar solo, corre y saltar (Mora J., y Palacios J., 1990:134.135). En los años posteriores, concretamente del segundo al sexto, el niño va a especializar más sus movimientos, llegando poco a poco al dominio de su propio cuerpo con mayor precisión y armonía.

En lo relativo a la psicomotricidad fina, el niño va adquiriendo mayor madurez, lo que supone el control de tareas precisas, donde la coordinación óculo-manual y su avance en la motricidad le permiten acceder a destrezas como el trazo de líneas verticales y figuras circulares (3 años), el dibujo humano y el recorte con

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tijeras (3-4 años), el comienzo del trazo de las letras y dibujos con combinaciones de curvas y rectas (4-5 años) y los trazos de la escritura convencional (5-6 años). (Picq y Vayer, 1969).

Otro de los aspectos fundamentales en el desarrollo psicomotor es la adquisición del esquema corporal. Este concepto hace referencia a la representación de las diferentes partes del cuerpo, al conocimiento de sus funciones, sus posibilidades de acción y sus diversas limitaciones (Ballesteros, 1982).

Gracias al conocimiento de nuestro propio cuerpo podemos adaptar las distintas partes o segmentos corporales a las actividades requeridas. Se desarrollo es completamente progresivo y está ligado íntimamente a las experiencias que tenemos, además está sujetos a distintos ámbitos del desarrollo como son la percepción, las representaciones, la motricidad y el lenguaje.

La lateralidad es otro aspecto a tener en cuenta, dentro del desarrollo psicomotor, ya que el cuerpo, aunque es simétrico desde el punto de vista anatómico, se presenta como asimétrico desde un punto de vista funcional. La dominación de un lado del cuerpo sobre otro puede ser homogénea, si se da en todo el lado o cruzada, si se va alternando algún lado, es decir si un niño es diestro de mano y zurdo de pie. La lateralidad aparece diferenciada en la primera infancia, aunque con cierto grado de indefinición, produciéndose entre los 3 y 6 años su adquisición.

Existen unos componentes psicomotrices fundamentales en el desarrollo del niño/a que están interconectados de forma que participan todos en el movimiento y a la vez presentan una independencia (no se logra en su mayoría hasta los 6-7 años) que les posibilita dentro de la relación actuar utilizando movimientos precisos. Dentro de este esquema motor podemos resaltar la coordinación, el tono, el control respiratorio, el equilibrio y la estructuración del espacio y del tiempo.

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Entendemos por coordinación al proceso opuesto a la independencia motriz, y supone que patrones motores que eran completamente independientes se encadenan y asocian formando movimientos compuestos (Mora J., y Palacios J., 1990:134-135).

El tono muscular es el grado de contracción en el que se encuentran los músculos y varían desde la hipertonía o exceso de tono, a la hipotonía o excesiva relajación en el tono muscular (Mora J., y Palacios J., 1990:134-135). De este tono muscular depende la postura y el control voluntario del propio cuerpo en las diferentes acciones que se realizan en la vida cotidiana. De esta forma no es igual, el tono muscular cuando un niño coge un cubo lleno de arena que cuando lleva un globo.

El control respiratorio es una función corporal, muy importante que está sujeta a un control automático por parte del sistema nervioso lo que implica que no depende de control voluntario aunque se puede aprender a controlar para afrontar tareas que requieren atención y situaciones donde existe una carga emocional importante (Mora J., y Palacios J., 1990:134-135).

El equilibrio está ligado al desarrollo del cerebelo y es una condición de nuestro propio movimiento y de nuestras acciones. Sin equilibrio el niño/a no podría moverse con autonomía ya que no controlaría su postura (Mora J., y Palacios J., 1990:134-136).

Por último, es necesario hacer referencia a la estructuración del espacio y del

tiempo. Cualquiera de las dos suponen una importante condición para el correcto

desarrollo del niño que involucra aspectos fundamentales como la orientación en el espacio, la comprensión de parámetros importantes para la acción como cerca- lejos, dentro- fuera, grande- pequeño, estrecho- ancho, etc, o conceptos temporales como antes- después, mañana- tarde- noche, ayer- hoy- mañana o los ciclos de vigilia- sueño. Estos últimos aspectos relacionados con las nociones temporales son de mayor complejidad para el niño (Mora J., y Palacios J., 1990:134-137).

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