II. La Episteme, la Ciencia y el Amo Moderno
2. El deseo de saber y el cuestionamiento al Amo antiguo
El renacimiento está marcado por el regreso al saber del mundo antiguo. Este paso por los escritores antiguos implica un realce de la filosofía; así pues, la ciencia moderna surge de los escritores clásicos, considerados por los intelectuales modernos como hombres de ciencia. Los antiguos reaparecen como portadores de las artes liberales, lo que como consecuencia desplaza el saber de la teología a un segundo plano. Pero en este espíritu del intelectual del siglo XII, prima el artesano, razón por la cual se ancla la filosofía antigua dentro de su técnica. Así, el saber es puesto en la lógica del saber-hacer, y el intelectual adviene sobre el espíritu del artesano.
239
Le Goff Jacques, Los intelectuales de la edad media (Barcelona: Gedisa editorial, 1993), 25.
240
106 Fue el auge del mercantilismo lo que permitió, el intercambio, del saber de Oriente. Le Goff muestra cómo, mientras Occidente únicamente tenía materias primas para exportar, los productos y objetos, así como los manuscritos de la cultura greco árabe, le llegaban de Oriente: Bizancio, Damasco, Bagdad. Las dos zonas de contacto para recibir estos manuscritos fueron Italia y España, por donde ingresan las obras de Aristóteles, Euclides, Ptolomeo, Hipócrates y Galeno. No obstante, aún queda el trabajo final para poder transmitir este saber a Occidente: se trata del papel que jugarán los traductores. Serán estos obreros de la cultura los que traducirán, no solo el saber antiguo a Occidente, sino al mismo tiempo el método, a saber, el Razonamiento y la Lógica.
El ingreso de este saber a Occidente, va a generar una suerte de deseo de saber generalizado, marcado por dos fenómenos: por un lado la aparición de profesores independientes o agregados, y como consecuencia de esto, la atracción de alumnos en un número cada vez mayor hacia las casas de estos profesores o hacia los claustros eclesiales. Según lo relata Le Goff, París se convertirá en el centro de este fenómeno, por lo que será considerada como la ciudad faro, “fuente de todo goce intelectual”241, mientras es vista por otros como la ciudad de la perdición, llevada por la “perversidad de espíritus entregados a la depravación.”242 Vemos así cómo la imbricación de la ciudad con el conocimiento intelectual va a marcar una estrecha relación entre saber y goce.
A partir de este momento comienzan a oponerse dos tipos de escuela, la monástica (de la soledad y el claustro) y la escuela del ruido y la ciudad. La una es la escuela de Cristo y la otra la de Aristóteles e Hipócrates. Esta oposición sitúa una paradoja, pues por un lado, mientras los intelectuales urbanos absorben el pensamiento greco-árabe, el espiritualismo monástico reclama un retorno al misticismo oriental. Este movimiento culmina con el retiro de los monjes de la enseñanza urbana, dejando abierto el camino para el desarrollo de escuelas nuevas. A partir de la configuración de esta clase intelectual, apareció en París un grupo denominado “Los goliardos”. “Se trata de una caterva de bohemios errantes, vagabundos, bribones, juglares y bufones, turbadores del orden,”243 y por lo tanto considerados peligrosos. Sin embargo, otros los veían como un grupo que encarnaba la oposición al feudalismo, apreciados como inteligencia urbana y medio revolucionario.
Esta clase de vagabundos intelectuales muestra una especie de cuestionamiento al Amo antiguo, gracias a un deseo de saber que se había expandido en las ciudades emergentes; Le Goff cuenta que los Goliardos eran de origen urbano, campesino y en algunos casos nobles. Son producto de la expansión demográfica, que arroja a los caminos y sus cruces marginados y desdichados, configurándose así las ciudades. Los Goliardos escapan al esfuerzo de la Alta Edad Media por hacer que cada uno permanezca en su orden, por lo que remarcan la imposibilidad del discurso del Amo, a saber, que es imposible gobernar.
Pero esta clase de intelectuales urbanos, no se dedica únicamente a vagar por las calles, sino que además forman en las escuelas urbanas bandas de estudiantes pobres que trabajan como domésticos de sus condiscípulos. Le Goff cuenta que para ganarse la vida, estos estudiantes se convierten en juglares y bufones; así, los estudiantes pobres que no tienen domicilio se lanzan a la aventura intelectual siguiendo al maestro que les gusta, trasegando de ciudad en ciudad para difundir sus enseñanzas. Se trata de estudiantes que se han decidido por el estudio antes que por la guerra (hay que recordar que por esa época están en germen las denominadas guerras de las Cruzadas). Los Goliardos expresan fundamentalmente una negación a las 241 Le Goff, op.cit, 37. 242 Ibíd., 37. 243 Ibíd., 39.
107 enseñanzas de la iglesia y la moral tradicional; cuestionamiento a la sociedad del Amo antiguo. Critican fundamentalmente a los que están vinculados políticamente con las estructuras de la sociedad, “el papa, el obispo, el monje.”244 Desde luego las críticas anti-pontificias vienen también de otros sectores, como los gibelinos, que sostienen al partido del imperio pero atacan el papado.245
Pero el desprecio del Goliardo no se limita a los clérigos, sino que está dirigido hacia los campesinos que ellos mismos encarnan, así como también al noble y al militar; gozan además de un gran prestigio con las mujeres, por lo que se jactan de esta superioridad ante los señores feudales. El nacimiento de los intelectuales remarca una estrecha relación entre ciencia y revolución sexual. Lacan había enunciado esta relación, y por esta razón dice que para comprenderlo habría que penetrar “los correlatos de una subversión sexual de escala social, con los momentos incipientes en la historia de la ciencia”246.
El fin de los Goliardos llegaría luego de una serie de persecuciones en el siglo XIII debido a que no se les permitió encontrar un lugar propio en el espacio universitario “del que desertaron… para abandonarse a una vida errante.”247 Paradójicamente sería la Universidad la que terminaría por hacer desaparecer esta clase de vagabundos.
2.1.
El intelectual como artesano
Le Goff comenta que los intelectuales del siglo XII, al estar situados en el taller urbano, ven el universo a la imagen del taller: hombre que se reafirma como artesano que transforma y crea. De esta manera la nueva enseñanza248 debe dar lugar a las “técnicas científicas y artesanales que constituyen una parte esencial de la actividad del hombre.”249Según Le Goff “el intelectual urbano del siglo XII se considera y se siente como un artesano, como un hombre de oficio comparable a los otros habitantes de la ciudad.”250 Su función es la de enseñar las artes251 liberales, que no son una ciencia, sino una técnica. Si el intelectual es un artesano, podría decirse que el trabajo en este punto se encuentra aún constituido por las combinaciones sociales de producción, y el saber del artesano constituye por ahora un saber-hacer, que le permitiría según Hegel252 constituirse como consciencia independiente.
En esta relación entre el saber y el taller el profesor oficia como intelectual y reconoce la relación entre ciencia y enseñanza; considera además que la ciencia debe ponerse en circulación. De esta manera las escuelas se convierten en talleres que fabrican ideas, en donde
244 Ibíd., 43. 245
Por eso, Le Goff define a los Goliardos más que como revolucionarios como Anarquistas. Su crítica se dirige al papado justo cuando están transformando su dependencia feudal por el poder del dinero, y de hecho realizan una denuncia a partir de una frase del Papa para justificar esta transformación, en donde este dice “El Señor no dijo mi nombre es la Costumbre,” los Goliardos los acusan con la frase “Mi nombre es Dinero” Se trata de un momento en el que la nobleza y el clero comienzan a comprometerse con los mercaderes.
246
Lacan Jacques, Psicoanálisis, Radiofonía y televisión, op. cit., 57.
247
Le Goff Jacques, op.cit., 47.
248 Este era un currículo organizado según las artes liberales, a saber, la gramática, la retórica, la
dialéctica, la aritmética, la música, la geometría, la astronomía, la física, la mecánica y la economía.
249
Le Goff Jacques, op.cit., 65.
250 Ibíd., 65. 251
Este arte constituye la especialidad del profesor. De manera que es considerada arte “toda actividad racional y justa del espíritu aplicada a la fabricación de instrumentos, tanto materiales como intelectuales; una técnica inteligente del hacer.”, Ibíd., 65.
108 estas últimas se transforman en mercancías; recordemos que en la denominación que hace Lacan del discurso del Amo se puede leer tanto Amo como Maestro, por efecto del significante
Maître con que lo designa.
Pero a partir de aquí surge una proyección de este saber hacia otras esferas, o más bien, la iglesia que tanto había criticado la emergencia de las artes liberales y que había apartado a sus monjes de las ciudades, comenzó a incorporar en su enseñanza el saber de los innovadores. Esta inspiración de la Iglesia ha surgido fundamentalmente de la filosofía, que le inspira al Amo medieval el deseo de saber, pues recordemos que las tesis de Santo Tomás de Aquino, uno de los más reconocidos exponentes de la filosofía medieval, habrían sido extraídas de Aristóteles. Expoliación de aquello a lo cual se habían hecho los intelectuales como herramienta para cuestionar el orden imperante y que culminará con la organización corporativa de maestros y estudiantes, conocida como Universidad.