II. Del discurso a los cuatro discursos
1.1. El goce y la repetición en el discurso
Si bien la repetición es un elemento analizado por Lacan en su articulación del concepto de discurso a partir de la lógica del Fort-da de Freud, el énfasis que le dará luego tiene que ver con el goce. De esta forma, el énfasis pasa a tenerlo ahora lo Real. Retomemos la idea de que un discurso es una Matrix de significantes que dibuja la realidad para el sujeto. En
108 Lacan Jacques, El seminario 2, “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica”, (Barcelona:
Ediciones Paidós, 1983), 141. 109 Ibíd., 419. 110 Ibíd., 422. 111 Ibíd., 423.
53 radiofonía112, Lacan dice que el discurso es una estructura que “reproduce relaciones tomadas de lo real.”113 Al estar emparentado con lo real, su función es la de reproducir. ¿Pero qué reproduce esta estructura? El discurso es aquello que “modela la realidad del sujeto, sin suponer ningún consenso.”114. Así que es posible homologar discurso a Matrix. Es decir, lo que
vemos, como lo entendemos, o en fin, la manera de comprender el mundo, está definido por el discurso, lo que supone entonces que, dependiendo del discurso, tendremos una realidad particular. Nuestra realidad es modelada por el discurso, pero además este discurso es arbitrario, no hay consenso. Un discurso modela la realidad y reproduce el goce. Es por la reproducción del goce que el sujeto queda prendado allí. Y rehúsa distanciarse de la alienación en el Otro115.
El sujeto, al quedar adscrito a la realidad que le proporciona el discurso, queda dividido tanto al ser enunciado como al plantearse enunciante. Un discurso es una estructura que modela la realidad del sujeto, reproduce el goce, lo que como consecuencia produce un sujeto dividido. Si el discurso modela la realidad, tiene una forma particular de hablar del mundo, y por supuesto del sujeto: al hacerlo su efecto es la división. El discurso es entonces una estructura, anclada en lo real, que reproduce el goce, modela la realidad y como efecto aparece un sujeto dividido, lo cual vale para todo discurso.
Si la repetición en el discurso tiene que ver con el goce, es en cuanto el goce del cuerpo se encuentra comprometido. La repetición es la manera particular del funcionamiento de la máquina del lenguaje, ¿pero en qué sentido tiene que ver con el goce? Es porque el significante se convierte en testigo de la primera huella de satisfacción, que se eterniza la pérdida del objeto, y se conmemora por vía del significante el momento de la introducción del sujeto en el lenguaje. Desde luego no se trata de un goce vivido como satisfacción, sino como displacer, en tanto reactualiza la pérdida del primer objeto. Una marca del lenguaje en el viviente que le condena a la eterna búsqueda, sin que sepa él nunca cuál fue su sentencia. Kafka116 describió muy bien el funcionamiento de este aparato peculiar: se trata de una condena que está a punto de ejecutarse, y que un oficial debe llevar a cabo. El condenado se encuentra sujetado de pies y manos, y es trasladado hacia el aparato automático, que ejecutará la condena. El oficial se encuentra conmocionado por la visita de un viajero, y quiere explicar en detalle el funcionamiento del aparato. Empieza por señalar cada una de sus partes, a la cual se le ha asignado un sobrenombre popular. Consta de unas agujas ordenadas como la punta de un rastrillo y una mordaza que debe entrar directamente en la boca del hombre. El rastrillo, cuya función es inscribir la condena en el cuerpo del condenado, realiza unos movimientos minuciosamente sincronizados. Al condenado se le escribe sobre el cuerpo con el rastrillo el mandamiento que ha violado. El viajero pregunta, si el sentenciado conoce su sentencia. El oficial responde que sería inútil decírselo, pues lo sabrá en carne propia. Este hombre, no solo no conocía su sentencia, sino que ignoraba el motivo de su condena y de hecho no había tenido oportunidad de defenderse. Sencillamente este hombre era culpable, y la culpa, dice el oficial, siempre es indudable. El rastrillo está diseñado de tal forma que se ajusta a la forma del cuerpo humano. Trabaja uniformemente. “Vibrando, clava sus agujas en
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Conferencia de Lacan pronunciada en la misma época del seminario 17, Lacan Jacques, “Psicoanálisis, radiofonía y televisión”, (Barcelona: Editorial Anagrama, 1977).
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Ibíd., 10.
114
Ibíd., 15.
115 En The Matrix, Un hombre (Cypher) que había sido liberado tiempo atrás está dispuesto a entregar a
sus compañeros porque se le hace insoportable renunciar a todos los objetos, que aun cuando imaginarios, le proporcionan cierta satisfacción; realiza entonces un pacto con el agente Smith, a cambio de una vida en la que sería millonario.
54 el cuerpo, el cual a su vez es estremecido por la cama.”117 A lo largo de la condena, todo el mundo podía ver cómo se llevaba a cabo la inscripción en el cuerpo. Al enseñarle de cerca el rastrillo al viajero, el oficial le pregunta por la inscripción que se introducirá, pero el viajero, luego de hacer un esfuerzo por comprender el mensaje, le dice que no puede descifrarlo. “Si, dijo el oficial… no es precisamente caligrafía para escolares. Hay que leerlo con atención. Seguramente, también usted terminaría por entenderlo. Naturalmente no puede ser una inscripción sencilla…El escrito original sólo ocupa una estrecha faja del cuerpo, el resto se reserva para los adornos.”118 Al principio el rastrillo comienza a escribir, mientras va profundizado la inscripción, y al comienzo el condenado solo sufre dolores; después de un tiempo ya no tiene fuerzas para gritar, y luego el hombre “comienza a descifrar su inscripción, pone en punta los labios como si escuchara… el hombre lo lee a través de sus heridas.”119. Al final, el viajero, quien había sido encargado de evaluar el sistema penitenciario, se niega a dar un concepto favorable sobre el aparato. El oficial, ante la respuesta del viajero, decide inmolarse en el aparato.
Esta condena en carne propia, que instala unas inscripciones desconocidas por el condenado, y cuyas marcas debían ser descifradas durante la ejecución, ilustra la función del aparato discursivo en la instalación de unas marcas de goce, que escribe la condena del acusado, sin que conozca el motivo de su condena. Este es el punto en que el discurso se encuentra en relación con el goce y la repetición, que se inscribe en relación con una huella primera.
La estructura fundamental del discurso inconsciente ha sido desarrollada por Lacan a partir de la frase: “un significante es lo que representa a un sujeto para otro significante”. Estos significantes primordiales hace bastante tiempo Lacan los ha denominado significantes S1 y S2; se encuentran relacionados entre sí, en cuanto “S1 es lo que representa a un sujeto para S2”120, es decir, que entran en relación porque es solo en tanto se es representado para, que vale la representación. Entonces S1 representa a un sujeto, representa su rasgo específico, punto de marca, que no puede entrar por el campo del saber. De esta operación surge una pérdida, aquello que Lacan denomina objeto a, cuya función es instalar la repetición en cuanto vendrá a señalar el goce. Entonces lo que es del orden de los significantes articulados es al mismo tiempo del orden del goce, máquina del lenguaje que en su funcionamiento no hace más que introducir la muerte. De manera que todos estaríamos en la juntura de un goce, que es el de la castración, y es por ello que surge la repetición, que da cuerpo a la relación S1 y S2, en donde S1, habiendo surgido en un primer tiempo, se repite luego en S2.
Si la repetición se juega en función del goce, el goce es aquello que necesita la repetición. Es en la búsqueda de goce que se produce la repetición; pero si la repetición se funda en ese retorno del goce, es en la repetición que se produce el fracaso, porque no se logra obtener la satisfacción buscada. Así, lo que se repite es la pérdida de goce, en donde cobra valor el objeto perdido. Pero además, esta repetición, en tanto señala el goce, aparece puntuando el rasgo de aquel goce primero, que Lacan ha denominado rasgo unario. Marca que sitúa lo que “es el origen del significante.”121.A partir del rasgo unario se origina el saber que interesa al psicoanálisis. Este rasgo unario, llevado al campo de las formulaciones discursivas de Lacan, es un saber trabajando (saber-hacer del esclavo) que produce entropía, es decir pérdida, señalada por Lacan como objeto a. Este objeto constituye la raíz del fantasma; es la marca sobre la carne, que en un sujeto “se identifica como objeto de goce.”122
117 Ibíd., 185. 118 Ibíd., 188. 119 Ibíd., 190. 120
Lacan Jacques, El seminario 17 “El reverso del psicoanálisis”, (México: Paidós, 1999), 43.
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Ibíd., 49.
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